Podcast Aviva Nuestros Corazones

Vivir la vida como una mujer verdadera

Annamarie Sauter: Hace un tiempo, a las niñas se les enseñaba a poner su esperanza futura en conocer a un príncipe azul. Ese fue el caso de una mujer llamada Cora.

Cora: Crecí en una época en que «felices para siempre», era la respuesta. Crecías y te casabas con el hombre de tus sueños, y vivían felices para siempre.

Annamarie: El matrimonio era el boleto a la seguridad y a la plenitud.

Cora: Mi madre era la que solía estar en control. Así que ese fue el modelo con el que crecí.

Annamarie: Y si el príncipe azul no te hacía feliz, tenías que tomar el asunto en tus manos y conseguir que el príncipe actuara de la manera en que querías que él actuara. Una vez conoció a su príncipe azul, Cora siguió el ejemplo que vio al crecer.

Cora: En consecuencia, estuve casada con un hombre por más de 30 años y yo lo controlaba. Desafortunadamente, no es posible ya volver el tiempo atrás porque él no está con nosotros. Ahora no soy la mujer que era cuando me casé con él. Nunca tuve la oportunidad de ser la esposa que ahora quisiera ser.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia De Saladín.

Nancy ha estado compartiendo con nosotras —punto por punto— el documento llamado «Manifiesto de la Mujer Verdadera». Hemos escuchado acerca de su fundamento, acerca de las afirmaciones que contiene, y en nuestra serie actual hemos estado hablando acerca de sus declaraciones.

Hemos escuchado acerca del diseño de Dios...

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ya sea que seas hombre o mujer no es un accidente. No es una cuestión de azar. No es un error. Se trata del diseño de Dios.

Annamarie: Hemos examinado la verdadera virtud.

Nancy: Si tienes un comportamiento lleno de virtud sin tener un corazón virtuoso, ¿sabes lo que vas a llegar a ser? Una farisea.

Annamarie: Y hablamos acerca del respeto a los hombres y de crear un ambiente acogedor en el hogar.

Nancy: Piensa en cómo se siente cuando tú y tu marido vuelven a casa al final del día. ¿Haces que para él sea un gozo, una alegría? ¿O lo haces sentir como una carga? ¿Haces que desee haberse quedado en el trabajo?

Annamarie: Hoy escucharemos de algunas mujeres que compartirán con nosotras cómo estas enseñanzas han afectado sus vidas.

Primero continuaremos escuchando de Cora.

Cora: Nunca tuve la oportunidad de ser la mujer que quise ser. Le doy gracias a Dios porque Él ha estado en mi vida todos estos años, aunque yo no estuviera caminando con Él. Él nunca me abandonó, yo fui la que me aparté. Tuve la oportunidad de acercarme de nuevo a Él y comenzar a convertirme en la persona que Él quiere que yo sea. Le doy muchas gracias a Dios por eso.

Nancy: Gracias, Cora. Qué hermoso recordatorio de que tenemos un Dios bondadoso, un Dios redentor que está haciendo todas las cosas nuevas. Y cuando dices que no hay segundas oportunidades que no hay oportunidades para volver a intentarlo, eso es cierto en un sentido. Pero en otro sentido, no tendríamos ninguna esperanza si no existiera la posibilidad de que toda nuestra vida fuera una nueva oportunidad de intentar hacerlo de nuevo, porque no soy yo haciéndolo todo de nuevo, sino que es Cristo dándome una nueva vida y convirtiéndonos en mujeres nuevas, en nuevas mujeres.

Ahora, eso no significa que no haya consecuencias y que no haya que sufrir pérdidas. Yo estoy muy agradecida, por cierto, de que tenemos en nuestra audiencia una combinación de mujeres jóvenes y de mujeres mayores que escuchan el programa, porque hay mujeres mayores que dicen: «Si pudiera volver atrás y vivir mi vida otra vez, así es como yo lo haría de manera diferente». Mi esperanza es que hay mujeres jóvenes que están escuchando y recibiendo este consejo. Nuestro deseo para ti es que vivas de una manera tal que seas capaz de tener ese tipo de matrimonio y de familia, y si Dios te llama como una mujer soltera, que seas capaz de mirar hacia atrás y decir: «Por la gracia de Dios he vivido mi vida para la gloria de Dios».

Así que estas son palabras sabias. Y aquellas de ustedes, las mujeres de mayor edad que piensan que no pueden guiar a otras porque lo han echado todo a perder, déjenme decirles que a veces las mentorías más eficaces surgen de cómo lo echaste todo a perder. Las cosas que Dios te ha enseñado realmente son poderosas cuando se ilustran en un mensaje de vida.

Annamarie: La mujer de la que escuchamos, Cora, creció en una época en la que las mujeres eran animadas a encontrar su príncipe azul y vivir «felices para siempre».

La siguiente mujer, de quién escucharemos, creció en una época diferente. A ella se le dijo que no necesitaba un príncipe azul en lo absoluto.

Kim: Yo sí recuerdo en los años 70, cuando algunas de ustedes no estaban aún nacidas. Yo iba a la universidad, y me encontraba en medio de estas ideas «Somos mujeres, podemos hacer todo por nosotras mismas y sin ayuda de nadie». En ese momento yo era la primera mujer que trabajaba en el área de ventas en la estación de radio donde vivía, y ya esto era algo inusual en el sur. Yo fui criada por una madre soltera y su deseo era que yo tuviera todo lo que la vida me pudiera dar.

Bueno, pero entonces conocí a Tom, mi esposo. Éramos jóvenes, y cuando nos casamos, no pensábamos en esas cosas. Pasado el tiempo cuando yo ya estaba en mis 30 años, llegando casi a los 40, tuvimos a Virginia (nuestra tercera hija, cariñosamente Ginni). Aunque el Señor ha estado trabajando en mí por muchos años, desde que me convertí a los 17 años, no fue hasta que yo tuve a Ginny que Tom y yo empezamos a caminar más de cerca con el Señor.

El embarazo de Ginny no fue planificado. El Señor lo tenía planificado. Desde que supe que estaba embarazada de Ginni, empezó a operar en mí un cambio en el que iba soltando cosas en mi vida; pasé de ser una mujer de los años 70 que era parte de la generación de los Baby Boomers, hasta convertirme en una esposa y madre, dándome cuenta de que eso era exactamente lo que Dios quería que yo hiciera.

Creemos que tenemos el control de las cosas pero no lo tenemos. Dios es quien lo tiene. Al darme cuenta de eso y renunciar a tener el control, fui capaz de soltar un montón de cosas. Dejé a un lado mis preocupaciones. No sé si alguna de ustedes vive en hogares de madres solteras o algo parecido, pero si es así, aprenderán de su madre sobre las preocupaciones. El Señor me enseñó a no preocuparme por mi embarazo, me enseñó a no preocuparme por el dinero. Durante mi embarazo pasamos por dos situaciones difíciles, donde mi marido renunció a cosas que él pensaba que el Señor no quería que él hiciera, y el Señor fielmente proveyó. Me mostró la gracia. Me enseñó cómo ser una mujer.

Yo no me había dado cuenta para lo que Dios me estaba preparando, hasta que fui a la conferencia Mujer Verdadera, y a la atinada ayuda de este ministerio que fue desde perdonar a mi padre, hasta soltar cosas que nosotras las mujeres tenemos la tendencia a aferrarnos.

Si hoy alguien te dice que ser una mujer moderna es la cosa más grande del mundo, pues no, no lo es. La cosa más grande de este mundo es ser la mujer que Dios ha diseñado para que tú seas.

Nancy: Hemos estado hablando de vivir en una cultura donde hay mucha confusión sobre la identidad sexual, y los estragos que esto ha causado y cómo esto está destruyendo a las mujeres, a las mujeres jóvenes y a las mayores. Cuando estábamos hablando de todo esto un nombre vino a mi mente, y fue el nombre de Renata. Renata en el momento en el que se grabó esta serie trabajaba con nosotros, y ella es una ilustración tan clara de cómo Dios puede cambiar radicalmente toda la visión de lo que significa ser una mujer y sobre la sexualidad. Quisiera compartir con ustedes lo que ella tenía en su corazón acerca de todo esto.

Renata: Bueno, he sido realmente una creyente durante los últimos tres y medio a cuatro años. El Señor cambió radicalmente mi vida, y quiero decir radicalmente. Pasó casi en una sola noche. Yo viví un estilo de vida homosexual por 11 años. Esto absolutamente rompió el corazón de mis padres, fue devastador. Me crié en un hogar cristiano, pero aun así me alejé del Señor. Yo no quería tener nada que ver con eso. Estaba muy enojada con el Señor porque pensaba que yo había nacido así. No entendía el conflicto que estaba teniendo en mi corazón. «¿Por qué me siento así?» No sentía que estaba tomando una decisión, aunque en realidad si la estaba tomando.

Yo estaba moldeando mi percepción de quién yo era como mujer en base a lo que decía la cultura. Yo no estaba utilizando la Palabra de Dios como punto de referencia, ni abriéndola y diciendo: «¿Quién soy yo? ¿Cómo me ves?»

Mis padres oraron por años para que el Señor me hiciera tocar fondo, y que trajera influencias piadosas a mi vida y que me diera receptividad a ellas. Fue un proceso muy, muy duro. Les di la espalda a mis padres completamente. No quería tener nada que ver con ellos. Abracé ese estilo de vida. Básicamente era un emblema de ese estilo de vida. La persona que está aquí hoy, no es la misma.

Es muy fácil, casi da miedo lo fácil que es que yo pueda hablar de esto, porque es como que estoy hablando de alguien que no existe. Pero yo sencillamente estaba muy confundida, estaba involucrada en los deportes. Sobresalí como atleta. Fui reclutada por casi todas las universidades del país que tenían las mejores selecciones deportivas. Así que era una atleta muy exitosa.

En la cultura, ese estilo de vida se celebra y se glorifica. Y yo abracé eso. En ese contexto yo era una persona importante, y como necesitaba desesperadamente una identidad, encontré mi identidad allí. Anhelaba ser aceptada. Sobresalí en el aula y me destaqué en los deportes. Así que fue difícil para los hombres jóvenes acercarse a hablar conmigo, y yo hice que pasara así. Me volví muy inaccesible. Nunca supe cómo construir relaciones con los hombres.

Pero ha sido increíble lo que el Señor ha hecho en mi vida. El Señor, a lo largo de un período de tiempo, comenzó a contestar las oraciones de mis padres. Tengo tantas mujeres que estaban de rodillas orando por mí durante esos años. Ahora el saber que estoy sirviendo en este ministerio es absolutamente increíble.

Como dije, fui salva hace tres y medio a cuatro años. En realidad, yo contraté a una entrenadora asistente (yo era un entrenadora de baloncesto en la universidad) y mi asistente era cristiana. Mi madre conoció a esta joven e inmediatamente la abrazó y le dijo: «Tú eres la respuesta a mis oraciones».

Y yo dije: «¡Mamá, ella va a pensar que eres loca! ¿Por qué haces eso?» Pero mamá había estado orando para que yo tuviera una influencia piadosa en mi vida diaria. Bueno, Callie fue esa influencia para mí. Ella fue sal y luz, y yo desesperadamente quería lo que ella tenía. Su fundamento era el Señor. Y a pesar de las circunstancias de su vida, había algo sólido en Callie.

Así que simplemente hablábamos, y yo quería lo que ella tenía. Realmente pienso que cuando yo estaba en ese estilo de vida y siendo criada en un hogar cristiano, me parecía que yo era creyente. Realmente pensé que lo era. Pero yo no tenía una relación con el Señor en absoluto –ninguna relación.

Inmediatamente el Señor me dio convicción de pecado. Él dijo: «No eres mía, y no tienes una relación conmigo». Me incliné ante el Señor y confesé todo. Llamé a mi mamá y a mi papá en el teléfono y les dije: «¿Puedo ir a hablar con ustedes?»

Y ellos dijeron: «Claro, puedes venir a hablar con nosotros». Fue, quiero decir, no hablábamos. Nosotros no teníamos nada que ver el uno con el otro.

Me quedé literalmente despierta toda la noche con mis padres, hasta las 3 o las 4 de la mañana, y solo lloré y les pedí perdón y les dije: «Estoy muy apenada de haberlos decepcionado. Perdón por hacerles daño. Por favor, perdónenme». Y por supuesto, ellos dijeron: «Sí, te perdonamos».

El Señor realmente reparó nuestra relación. Entregué mi vida al Señor en ese momento y le dije: «Señor, lo que Tú quieras hacer conmigo, soy tuya. Voy a hacer lo que sea que Tú pidas».

Así que fui salvada en octubre y luego en junio el Señor me dijo que dejara mi trabajo y me fuera a trabajar en un ministerio de mujeres. Y yo le dije: «Está bien». Así que fui a la oficina de mi director y renuncié a mi trabajo y pensé que iba a trabajar en un ministerio de mujeres. Pero no tenía ni idea de cómo se vería ese trabajo.

Yo escuché a Nancy en la radio. Fue muy interesante. Cuando ella estaba hablando sobre el movimiento feminista, y cómo su mensaje no era popular, yo estaba como, «bueno, yo era una feminista, porque si hubiera oído ese mensaje hace cuatro o cinco años, habría lanzado el radio del vehículo por la ventana».

Pero fue simplemente increíble. Ese año después de que llegué a conocer al Señor, yo solo la escuchaba y la escuchaba y la escuchaba. Fue tan increíble como yo pensé: «Esto es verdaderamente cierto». Así que me iba a casa, y buscaba todos los textos de las Escrituras de los que ella había hablado. Yo los buscaba en internet. Entonces escuchaba el programa de nuevo al día siguiente, y me iba a casa a buscar todo lo que había dicho y decía, «ella realmente sabe de lo que está hablando. ¡Esto sí que es cierto!» Eso era lo importante: era verdad!

No eran sus ideas, sus pensamientos, era verdad. Proclamada con coraje. Y ahí estaba la diferencia, y es por eso que estamos viendo al Señor utilizar este ministerio de manera tan profunda. ¡Es porque es verdad! Es verdad, y podemos aferrarnos a esta verdad y descansar en ella en los momentos difíciles.

Ha sido increíble lo que el Señor ha hecho en mi vida, y ver lo que ha hecho y los efectos que ha tenido en mi familia. Esto ha sido increíble porque sus ojos han sido abiertos a ver lo que el Señor ha hecho en mi propia vida. Oro que pueda ser un testigo ante otros del poder transformador del Señor y una evidencia de que la oración sí importa. Realmente importa, porque hace cinco años yo no habría estado frente a ustedes. Estoy tan agradecida del lugar al cual el Señor me ha traído y de que Él me llevara a un ministerio tan maravilloso que proclama su verdad.

Nancy: Todo esto es un recordatorio poderoso de dos cosas. En primer lugar, de que Dios puede realmente cambiar la vida desde adentro hacia afuera. Es fácil mirar a nuestro alrededor en la cultura y cómo todo se lleva a cabo tan contrario a los caminos de Dios y podemos pensar: «Bueno, es que no hay manera en que la gente pueda abrazar este mensaje, ellos nunca lo abrazarán, nunca abrazarán la verdad, nunca responderán a ella». Y entonces no tener ninguna esperanza. Bueno, siempre que exista un Dios redentor, ¡hay esperanza! El testimonio de Renata ilustra esto fielmente.

Pero también es un poderoso recordatorio a las mamás cuyos hijos no están caminando con el Señor, o compañeros que no están caminando con el Señor o la relación que sea; nuestro Dios es un Dios que escucha y que contesta nuestras oraciones, y sé que hay algunas de ustedes madres y abuelas que claman en la noche por un hijo pródigo o descarriado, por un hijo o hija o nieto o compañero con problemas; déjenme decirles, no dejen de orar. No dejen de pedirle a Dios que atrape los corazones de ellos, que transforme esos corazones para hacer lo que nosotras no podemos hacer pero que Él sí puede.

Y todo esto de la identidad sexual está muy arraigado en todos nosotros. Este tema ha sido moldeado por muchas cosas. Pero Dios puede transformar nuestros pensamientos, nuestros corazones, nuestras inclinaciones, nuestros afectos. Renata realmente tiene razón cuando dijo que la persona que era ya no existe más. Ese era el viejo yo ¡ahora ella es una nueva creación! Y ahora ella es útil, por la gracia de Dios, como instrumento de justicia en la vida de otras mujeres. Quién podría haber escrito ese guión que no fuera Dios.

Annamarie: Dios te ha diseñado como mujer con un propósito. Algunas mujeres han estado hablando con Nancy DeMoss de Wolgemuth sobre su diseño y sobre cómo vivirlo día a día.

En Aviva Nuestros Corazones también hemos escuchado de oyentes alrededor del mundo, quienes comparten con nosotras cómo la verdad de Dios acerca de la feminidad ha impactado sus vidas.

Escucha de algunas oyentes en Europa quienes comparten con nosotras su historia.

Mujer: Gracia, paz y gozo para todas ustedes amadas hermanas en Cristo, soy boliviana de nacimiento. Llegué a Italia con mi familia hace 11 años, estoy casada y tengo dos niñas de once y tres años. Vivo en una pequeña ciudad en el norte de Italia. Somos cuatro hermanas y yo soy la tercera. Cuando era pequeña, mis padres que eran cristianos afrontaron un divorcio. No tengo recuerdos de haber vivido cerca de mi padre.

Mi corazón anhelaba verlos juntos, pero no pudo ser posible. Recuerdo ver a mi madre afrontar sola la carga familiar, el sufrimiento y el desconsuelo por nosotras cuatro. Toda esta situación creó en mi corazón un gran resentimiento, dando lugar a ideas equivocadas acerca del rol que tenemos las mujeres, y en edad adulta pude perdonar a mi padre por su ausencia.

Cuando nuestro Padre celestial llenó esa ausencia y me hizo sentir su hija amada, liberándome de esa cárcel... ¡Ahora amo tanto a mi padre! Hace dos años, tras un anhelo inmenso de sabiduría y consejo de Dios para la educación e instrucción de mis hijas, encontré una enseñanza de nuestra amada hermana Nancy. ¡Cuánto refrigerio trajo a mi alma!

Empecé a buscar más y más enseñanzas, y encontré el portal de Aviva Nuestros Corazones. Cuánto lloré al saber que Dios tuvo misericordia de esta pecadora, cuánta gracia Dios tuvo conmigo. Desde ese día amé y abracé el divino diseño que Dios tiene para las mujeres para mi matrimonio. Aprendí a amar y a respetar a mi esposo, a amar mi familia, a orar por ella. A pesar de haber sido creyente desde niña, la Palabra de Dios no había sido revelada con esa intensidad.

Todos los programas me animaban a poder sumergirme en la Palabra de Dios. Mi corazón estaba más y más hambriento, y tuve un gran peso de poder compartir el lema de Aviva Nuestros Corazones, llamando a las mujeres italianas e hispanas, a que vivan una vida libre, plena y abundante en Cristo. Cada día el peso era más profundo y empecé a orar para que Dios me guiara a través de Su Espíritu Santo.

El pasado mes de marzo, Dios me contactó con la embajadora de Aviva Nuestros Corazones en Europa. Gloria a Dios por ello. Me pude unir al equipo de oración que se está levantando en Europa, donde las mujeres, con el mismo sentir clamamos de día y de noche para que haya un avivamiento en Europa.

Padre, hazlo otra vez. Dios me puso en medio de italianas con hambre y sed de la Palabra de Dios, dándome la oportunidad de poder orar por ellas aún en el baño del trabajo, donde postradas de rodillas ellas decían, sí, Señor, y recibían a Cristo en sus corazones con gozo de lágrimas, ¡qué dicha, gloria a Dios por ello! Estamos empezando a traducir algunos recursos y programas al italiano, compartiendo los programas a grupos de mujeres, orando por jóvenes y adolescentes y también por maestras. Hay tanto por hacer, tanto por clamar.

Mi corazón está profundamente agradecido con Dios por Su inmensa gracia, y también con la hermana Nancy por sus excelentes enseñanzas, por su perseverancia en el estudio de la Palabra de Dios.

A todo el equipo que trabaja arduamente en la traducción y emisión de los programas para que mujeres como yo podamos ser bendecidas, Dios bendiga inmensamente sus vidas, Dios bendiga este ministerio. Las amo en el amor del Señor.

Mujer 2: Soy peruana de nacimiento, pero vivo en Alemania en la ciudad de Hanover. Conocí al Señor cuando llegué a Alemania, hace casi diez años ya. Tenía mucha hambre de conocer a ese Cristo del que había escuchado pero no conocía.

Por medio de otras hermanas conocí este grupo y llegué al grupo de Yadira. Ahí aprendí a amar al Señor, y uno de los instrumentos que Dios ha usado y que está usando hasta ahora ha sido este ministerio Aviva Nuestros Corazones.

Yo fui con muchos planes a Alemania para mí y para mis hijos, pero Dios me los cambió todos. Yo soy sola, divorciada, me fui con mis dos hijos. No tenía a nadie en Alemania, pero Dios proveyó en el camino muchas hermanas en la fe, y me dio una familia en Cristo, una iglesia en la que me congrego y vivo realmente agradecida por lo que el Señor ha hecho y lo que está haciendo en mi vida.

Como madre, el Señor está trabajando más porque ahora no tengo esposo, y si hubiera sabido todo esto antes, tal vez no me habría divorciado.

Soy una mujer que crecí en esta generación donde el hombre y la mujer eran iguales y tenían los mismos derechos y luché mucho con eso en mi matrimonio y no funcionó. Tuvimos que divorciarnos, y tengo casi 18 años de estar divorciada.

Me quedé sola con mis hijos, pero el Señor me ha dado mucha sabiduría para ser madre. Mi hijo menor tiene 20 años y mi hija tiene 22 años. Prácticamente mis hijos crecieron sin su papá. Cuando conocí al Señor llevé a mis hijos también a la iglesia, porque yo quería que ellos también conocieran de ese amor que Cristo me ha dado; me ha dado una vida nueva, un corazón nuevo.

Mi hija empezó muy bien y se bautizó, pero ahora que empezó a trabajar se envolvió mucho con el trabajo y está un poco apartada de las cosas del Señor. Yo tengo fe, sigo orando por ella y sé que el Señor está en sus propósitos y que Él nunca llega tarde.

Mi hijo fue a la iglesia hasta que tuvo 15 años, yo no tenía mucha sabiduría en ese entonces y lo obligaba, y lo castigaba cuando no quería ir a la iglesia. Yo pensaba que él necesitaba oír la Palabra. No fui sabia y mi hijo me dijo a los 15 años: mamá tú me puedes castigar pero yo ya no quiero ir más a la iglesia.

Desde ahí dejó de ir y estoy orando que el Señor trabaje, y que a través de mi vida él pueda ver el amor de Cristo, y la necesidad de Cristo en su vida.

Nancy: Has estado escuchando de diversas oyentes que han compartido con nosotros cómo la verdad de la feminidad bíblica ha afectado sus vidas. Es nuestra oración que así como ellas, miles de mujeres alrededor del mundo puedan encontrar libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Mantente sintonizada para la segunda parte de esta serie titulada, «El Manifiesto de la Mujer Verdadera: Declaraciones».

Si has sido bendecida a través de este programa compártelo con otras mujeres. En nuestro sitio web,  , encontrarás tanto la transcripción como el audio. Puedes compartirlo a través de las diferentes redes sociales. Y cuando nos visites, no olvides enterarte de los detalles de nuestra próxima Conferencia Mujer Verdadera, a llevarse a cabo los días 13 y 14 de marzo del año 2020, en Monterrey, México.

El próximo lunes haremos una pausa en esta serie para hablar acerca de un personaje de la Biblia que nos da un ejemplo de rendición a Dios. ¿Cómo puedes glorificar a Dios aún a través de las desilusiones y anhelos insatisfechos en tu vida? Escucha la respuesta en la próxima serie.

¡Qué seas bendecida en tu iglesia local en el día del Señor!, y te esperamos el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Abrazando el diseño de Dios para nuestras vidas juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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