Podcast Aviva Nuestros Corazones

Una despedida muy dolorosa

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos recuerda que el apóstol Pablo desarrolló relaciones profundas en sus viajes.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Pero, aquí está la clave: él aprendió a no apegarse mucho a estas relaciones. Y cuando el Señor lo mandaba a otro lugar, él estaba listo y dispuesto a dejarlas y seguir adelante.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Aviva Nuestros Corazones empezó en asociación con el ministerio FamilyLife, y por varios años se grabó en su sede en Little Rock, Arkansas. Cuando la producción se mudó a la sede de Life Action Ministries, en Michigan, la última grabación en el lugar inicial fue muy emotiva. Nancy basó su enseñanza en una despedida que Pablo pronunció en Hechos 20. El programa de hoy concluye la serie titulada, Despedida.

Nancy comienza con un evento que tomo lugar el 11 de febrero de 1861.

Nancy: Abraham Lincoln dejó Springfield, Illinois para ir a Washington, D.C. para su toma de posesión. Mientras se iba, miles de ciudadanos se reunieron para verlo partir. Y poco antes de que él se fuera, Lincoln dio un discurso improvisado desde su vagón de ferrocarril. Fue un discurso conmovedor, un tributo emotivo a sus amigos y a sus vecinos. Y fue un discurso que llegó a conocerse como el Discurso de Despedida “Farewell Address”. Permítanme leerles una porción de este discurso.

Mis amigos, nadie que no esté en mi lugar puede comprender mi sentir de tristeza en esta despedida. A este lugar y a la amabilidad de esta gente le debo todo. Aquí he vivido un cuarto de siglo, he pasado de joven a anciano. Aquí han nacido mis hijos, y uno está sepultado aquí. Ahora me voy, sin saber cuando y si alguna vez podré volver, con una tarea ante mí, mayor que la de Washington.

Sin la ayuda del Ser Divino, que siempre lo ayudo a él,  no puedo tener éxito. Con esa ayuda no puedo fallar. Confiando en Él que puede ir conmigo, y que se puede quedar con ustedes, y que puede estar en todas partes para bien, esperemos confiadamente que todo seguirá estando bien. Los encomiendo a Su cuidado, como espero que en sus oraciones me encomienden a mí, me despido de ustedes con un afectuoso adiós.

¿Las despedidas son difíciles, no es así? Tú has tenido que vivirlas, todas hemos tenido que vivirlas.  He tenido muchas de esas despedidas y mientras se cerraba aquel capítulo en aquel tiempo en Little Rock y regresábamos a nuestra base de operaciones en Michigan. No fue fácil porque nunca es fácil dejar a los que amas y con los que vives de cerca. Tendemos a echar raíces, a establecernos y ponernos  cómodas.   Y es tan fácil, no es así, aferrarnos a las cosas que Dios nos da, a los regalos que él nos da, pero que nunca se tuvo la intención de que fueran tan esenciales como lo es Dios mismo para nosotras.

Y hemos estado viendo estos últimos días el discurso de despedida de Pablo, que Pablo dio a sus amigos y a sus compañeros de ministerio, sus hermanos amados en el Señor, de la Iglesia de Éfeso. Creyendo que nunca vería sus rostros de nuevo, él compartió con ellos su corazón.

Y él compartió acerca de su vida, de su ministerio, su mensaje, lo que él había dicho. Y les hablo de lo que vendría, la oposición, los ataques que enfrentarían en los días por venir. Él les dijo cómo protegerse, cómo evitar ser presas de depredadores espirituales. Y el confió en ellos, los encomendó a Dios y a la Palabra de Su gracia, sabiendo que ellos estarían mucho más seguros ahí de lo que podrían estar en las manos de Pablo.

Y entonces llegamos al último párrafo de este pasaje, a los versículos 36-38, el cual quiero que veamos en el día de hoy. Y es una escena íntima y tierna como se lo pueden imaginar después de que el apóstol había tenido tres años de ministerio con estos creyentes, y también es una escena con lágrimas. Y no es la única despedida difícil que el apóstol Pablo tuvo.

Quiero iniciar con el último párrafo en el capítulo 20. Y después quiero continuar leyendo una larga porción en el capítulo 21 porque pienso que aquí se nos da una apreciación global que es importante, aunque no todo esto se relaciona directamente con la Iglesia de Éfeso.

Mientras leo este pasaje, quiero que escuches cada referencia que Pablo hace a su relación con otros creyentes. Y quiero que pienses en lo que estas amistades significaban para Pablo. Trata de imaginar cómo se sentía al tener que decirles adiós una y otra vez a aquellos que  había servido y que había aprendido a amar.

Así que permíteme iniciar en el versículo 36 en el capítulo 20.

«Cuando terminó de hablar, se arrodilló y oró con todos ellos. Y comenzaron a llorar desconsoladamente, y abrazando a Pablo, lo besaban, afligidos especialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta el barco» (vv. 36-38).

Y seguimos en el capítulo 21, en el versículo 1, «Después de separarnos de ellos...», «nosotros» queriendo decir Lucas, el doctor, que estaba escribiendo el libro de los Hechos y Pablo que estaba con él. Aquí hay una relación, un «nosotros» en este pasaje.

«Después de separarnos de ellos...» Y la palabra separarnos es muy interesante. Porque significa literalmente « desprendernos, arrancarnos a nosotros mismos de ellos». Esta fue una partida difícil. Cuando nos desprendernos a nosotras mismas de aquellos que amamos y que nos aman. 

«Después de que [nos arrancamos, nos desprendimos], zarpamos y fuimos con rumbo directo a Cos, al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara; y encontrando un barco que partía para Fenicia, subimos a bordo y nos hicimos a la vela. Cuando avistamos Chipre, dejándola a la izquierda, navegamos hacia Siria, y desembarcamos en Tiro porque la nave debía dejar su cargamento allí. Después de hallar a los discípulos, (y otra vez hace referencia a las relaciones)  nos quedamos allí siete días, y ellos decían a Pablo, por el Espíritu, que no fuera a Jerusalén.»

Y voy hacer una pausa aquí. Leímos anteriormente en este pasaje que Pablo dijo que iba a Jerusalén constreñido por el Espíritu Santo. Y en este mismo pasaje dice que por medio del Espíritu Santo le estaban diciendo a Pablo que no fuera a Jerusalén. Y esto parece ser una contradicción. ¿El Espíritu Santo le dijo que fuera o el Espíritu Santo le dijo que no fuera?

Bueno la mayoría de los comentaristas creen que este pasaje no es un mandato de Dios para no ir, Dios no está cambiando su instrucción, El Señor lo había mandado en esta misión. Y lo vemos anteriormente en el capítulo 20. Pero el Espíritu Santo le había revelado a estos creyentes que Pablo iba a sufrir en Jerusalén, y nosotras sabemos que esto fue verdad. Y debido a la preocupación por él, ellos trataron de convencerlo de que no fuera.

Pero vemos que Pablo estaba convencido, determinado. ¿Recuerdas? Porque él no estimaba  su propia vida. «Ninguna de estas cosas me mueve.» Él estaba diciendo, estaba determinado a seguir la dirección del Espíritu Santo, y así retomamos en el versículo 5,

«Y pasados aquellos días partimos y emprendimos nuestro viaje mientras que todos ellos, con sus mujeres e hijos, (otra vez las relaciones)  nos acompañaron hasta las afueras de la ciudad. Después de arrodillarnos y orar en la playa, nos despedimos unos de otros. Entonces subimos al barco y ellos regresaron a sus hogares. Terminando el viaje desde Tiro, llegamos a Tolemaida, y después de saludar a los hermanos, nos quedamos con ellos un día. Al día siguiente partimos y llegamos a Cesarea, y entrando en la casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, nos quedamos con él.»

¿Estás marcando las relaciones en el texto? ¿Hay muchas no es así?

«Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban. v.10 Y deteniéndonos allí varios días, descendió de Judea cierto profeta llamado Agabo, quien vino a vernos, y tomando el cinto de Pablo, se ató las manos y los pies, y dijo: Así dice el Espíritu Santo: “Así atarán los judíos en Jerusalén al dueño de este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles." Al escuchar esto, tanto nosotros como los que vivían allí le rogábamos que no subiera a Jerusalén» (vv. 5-12).

¡Te amamos Pablo! Y queremos que te quedes con nosotros, y no solo  porque queramos que te quedes con nosotros sino porque tu vida está en peligro. Bueno Pablo ya había resuelto este asunto. No importaba que su vida estuviera en peligro. Si él estaba siguiendo al Señor, eso era lo que él tenía que hacer. Pero ellos no lo comprendieron perfectamente. Así que en el versículo 13 dice:

«Entonces Pablo respondió: v.13 ¿Qué hacéis, llorando y quebrantándome el corazón? Porque listo estoy no sólo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús. Como no se dejaba persuadir, nos callamos, diciéndonos: Que se haga la voluntad del Señor. Después de estos días nos preparamos y comenzamos a subir hacia Jerusalén. [Y aquí está otra relación] Y nos acompañaron también algunos de los discípulos de Cesarea, quienes nos condujeron a Mnasón, de Chipre, un antiguo discípulo con quien deberíamos hospedarnos (vv. 13-17). Cuando llegamos a Jerusalén...

Y quiero tomar un momento aquí solo para meditar en este pasaje que trata este asunto de las relaciones en el cuerpo de Cristo. Estas relaciones son importantes. Son una expresión de nuestra unidad en Cristo. Si yo estoy en Cristo y tú estás en Cristo, entonces somos uno en Cristo. Somos familia. Somos parte la una de la otra. Somos parte de Su Cuerpo.

Los vínculos más fuertes que tendrás en la tierra no son los lazos familiares, los de la familia humana; son los lazos de la familia de Dios. Puede que tengas lazos familiares muy cercanos, pero nunca tendrás con una familia no creyente el tipo de unidad de alma y de corazón que puedes tener con los del cuerpo de Cristo, que pueden venir de trasfondos totalmente diferentes al tuyo, estratos socioeconómicos completamente diferentes, de antecedentes familiares completamente diferentes.

Pero si tienen a Cristo en común, tienen más en común de lo que puedas tener con parientes consanguíneos, que no están contigo en Cristo. Los vínculos más fuertes se encuentran en la familia de Dios porque tienen una fe y una misión en común.

Y necesitamos las relaciones en el cuerpo de Cristo. Porque estas nos ayudan a crecer y a convertirnos en todo lo que Dios desea que seamos. Pienso en cuántas de ustedes han hablado a mi vida. Me han animado, me han amonestado, me han exhortado, me han apoyado, me han hecho rendir cuentas. Y he podido hacer lo mismo por algunas de ustedes también. Y estas son [relaciones] cercanas, de amor, íntimas, piadosas y pueden ser relaciones sanas.

El reino de Dios es establecido y avanza mientras caminamos juntas y servimos juntas al Señor en su reino. Pablo tuvo este tipo de relaciones. Y se ve abundantemente en el pasaje que acabamos de leer. ¿Pudiste captar todas esas referencias a las relaciones?

Y puedes decir, «Y ¿No es el gran  apóstol  Pablo, un predicador, no? Y ¿No tiene que escribir más epístolas? ¿No está muy ocupado para esas relaciones?» No, él no estaba muy ocupado como para relacionarse. Y vemos que él tenía relaciones íntimas, cercanas, piadosas con otros creyentes.

Pero, aquí está la clave, él aprendió a no apegarse  demasiado a estas relaciones. Cuando el Señor lo mandaba a otro lugar, él estaba listo y dispuesto a dejarlas y seguir adelante. Bueno él mantuvo a estas personas en su corazón, y puedes leer de esto en las epístolas cuando él dice, «Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros» (ver Filipenses 1:3-4).

Siempre estuvieron en su corazón, pero él estuvo dispuesto a dejarlos geográficamente cuando Dios lo llamaba a hacerlo, para ir a otro lugar a predicar el evangelio de la gracia de Dios.

Y mientras he estado meditando en este pasaje, me sorprende que tendemos a tomar dos extremos poco saludables cuando se trata de las relaciones. Algunas personas se sienten orgullosas por ser independientes. «Yo no necesito a nadie. No me voy a acercar a nadie.»

Hablé con una mujer el otro día, una mujer cristiana, dulce y piadosa. Y yo estaba hablando acerca de algunos amigos con los que el Señor me ha bendecido, y estaba nombrando alguno de ellos, simplemente mucha gente en diferentes esferas de mi vida. He sido bendecida con relaciones valiosas en el cuerpo de Cristo.

Y ella me miró como si nunca hubiera escuchado algo como esto, y me dijo, «nosotros realmente solo estamos cerca de otra pareja.» Y me sentí triste por ella. Sentí que tal vez ella no se daba cuenta de lo que se estaba perdiendo. Ahora, puede haber muchas razones para esto, y no estoy meditando negativamente en estas. Sólo estoy diciendo que algunas personas van a extremos para ser independientes y no tener estas relaciones íntimas.

Sé que algunas veces cuando te mudas frecuentemente o cuando la gente se muda lejos de ti, te da miedo acercarte. O tal vez has sido lastimada en una relación, y hay miedo de acercarse. Simplemente te escondes en tu pequeño caparazón de tortuga y no sacas la cabeza porque tienes miedo de que te lastimen de nuevo. Tal vez alguien más se vaya, o alguien más se muera. Y es como un reflejo casi instantáneo de no acercarse mucho a la gente. Eso no es saludable. No es  como Dios pretendió que fuera  en el cuerpo de Cristo.

Pero otros se van al otro extremo y entonces desarrollan lo que los psicólogos llaman relaciones de codependencia. Lo que significa realmente es que se tiene una dependencia poco saludable de otros.  Y en verdad, un nombre más adecuado para la codependencia es idolatría. Significa que hemos convertido a esa otra persona en un ídolo. Cuando se alejan de nosotras o cuando la relación se mueve o cambia, no podemos sobrevivir. Y un ídolo es cualquier cosa o cualquier persona  aparte de Dios sin la cual no puedes sobrevivir.

  • Puedes darte cuenta si tu esposo es un ídolo, cuando el Señor se lo lleve al cielo.
  • Y puedes darte cuenta si tus hijos son ídolos para ti, cuando el Señor se los lleva a una universidad o cuando los envíe a otra parte del mundo para servir como misioneros.

Y Dios sabe cuándo la gente significa más para nosotras de lo que es apropiado. Y Él nos reta con esta historia de Pablo. Ten relaciones cercanas, valóralas. Invierte en ellas. Disfrútalas. Pero cuando sea el tiempo de seguir adelante, deja que Dios te lleve.

La voluntad de Dios y el reino de Dios deben siempre tener prioridad sobre las relaciones humanas. Y he llegado a creer que para el cristiano, la vida en esta tierra es una serie de despedidas con una gran reunión eterna. Dios usa esto nuevamente, para mantener nuestros corazones desprendidos de esta tierra y cada vez más unidos a nuestro hogar celestial eterno, y mantener nuestro enfoque en la eternidad.

Así que permíteme regresar al último párrafo en Hechos 20, a esa escena, esa tierna escena en la costa de Mileto mientras Pablo se estaba despidiendo, diciéndole adiós a estos líderes de la Iglesia de Éfeso, los que se habían vuelto queridos, amigos valiosos, y consiervos. El versículo 36 dice,

«Y se arrodilló y oró con todos ellos. Y comenzaron a llorar desconsoladamente, y abrazando a Pablo, lo besaban, afligidos especialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostro.»

Y mientras leo este pasaje, quiero decirte que está bien estar triste. Está bien lamentar la pérdida de amigos, la muerte de aquellos que has querido profundamente, y que se han ido, que se han mudado. Está bien, es una buena cosa expresar amor, ternura, compasión. Y lo vemos aquí en Hechos 20, es simplemente la escena más hermosa y tierna.

Pero si no quieres que se convierta en un ídolo, entonces hazlo en el contexto de la oración y de la adoración en la presencia del Señor. Lo que hizo de esta despedida algo correcto, fue que la hicieron en sus rodillas. Ellos fueron al Señor juntos y sometieron sus sentimientos, sus emociones, sus deseos, sus pensamientos al Señor. Que se haga la voluntad del Señor.

Y mientras decimos adiós en los diferentes ámbitos de la vida, con nuestros corazones rendidos le decimos al Señor, “Te alabamos y te amamos más a Ti que a cualquier ser humano. Y queremos que nuestras vidas estén centradas en Dios”.

Y quiero compartir con ustedes aquí mientras concluyo brevemente, una experiencia que pienso que nunca había compartido públicamente. En mayo de 1989, a la edad de 43 años, el fundador de nuestro ministerio matriz, Life Action Ministries, Del Fehsenfeld Jr. fue diagnosticado con un tumor cerebral maligno. Yo había sido cercana a él y a su esposa. Él había sido mi mentor, un mentor desde que mi padre había pasado a la presencia del Señor, cuando yo tenía 21 años.

Habíamos servido juntos, había estado en el ministerio con él y con su esposa durante diez años. Y estaba devastada al igual que estábamos todos en nuestro ministerio con esa noticia. Con el paso de los meses, mientras él pasaba por cirugía, nosotros esperábamos y orábamos que Dios salvara su vida. El diagnóstico se hizo en mayo. El 11 de agosto de ese año, mientras yo estaba leyendo mi devocional, el libro de Oswald Chambers, En Pos de lo Supremo, llegué a esta lectura, y te voy a leer solo un extracto.

Se titula «Esta Experiencia Debe Venir.» La Escritura para la lectura del devocional de ese día era 2 Reyes capítulo 2:12 que dice, «Y nunca más lo vio.» El contexto era el pasaje de 2 Reyes 2, en donde el profeta Elías le pasa su manto y su ministerio a Eliseo y después Dios se lleva a Elías al cielo en un carruaje de fuego. Y aquí está lo que Oswald Chambers dice acerca de este versículo, «y nunca más lo vio.»

No es malo depender de un «Elías», mientras Dios sea quien te lo dé. Pero recuerda que vendrá el tiempo en que tendrá que irse y ya no será más tu guía ni tú líder porque Dios no quiere que él permanezca. Y tú dices: «No puedo seguir sin  Elías», pero Dios dice que lo debes hacer.

Tienes que poner a prueba lo que aprendiste cuando estabas con tu Elías...cuando ya no sepas qué más hacer y te sientas inclinado a sucumbir al pánico, no lo hagas... pon en práctica lo que aprendiste al lado de tu Elías... Y decídete a confiar en Dios y no busques más a Elías.

Nuestro amigo y líder, Del Fehsenfeld, estaba muriendo de un tumor cerebral mientras yo leía esas palabras. Nosotros esperábamos y orábamos  que Dios salvara su vida. Eso fue en agosto, y mientras leía esto no podía dejar de pensar en Del, mi Elías en muchos aspectos, estaba muy enfermo. Y me encontré a mí misma pensando, «oh Señor, por favor no te lo lleves.» Tenía esa tensión dentro de mí, «Señor, no permitas esto.»

Pero Dios sabía lo que era mejor. Él sabía lo que era mejor para mí y para nuestro ministerio. Él sabía lo que le traería mayor gloria a Él, y tres meses después el Señor escogió llevarse a nuestro Elías al hogar celestial. En ese momento hubo muchas de nosotras que pensamos, «No podremos seguir sin Elías.» Pero Dios dijo que debíamos hacerlo.

Y en los días que siguieron hubo momentos en que me sentí inclinada a sucumbir al pánico, como Oswald Chambers dice. Tuve que determinarme a confiar en Dios y a poner en práctica lo que habíamos aprendido de este hombre. Y ahora más de 20 años después, quiero testificar que Dios ha demostrado ser  fiel con nosotros así como lo fue con Del.

Durante años, he amado a las mujeres que Dios me ha permitido servir. Nuestros corazones se han entretejido, y mientras terminamos cada etapa de ministerio, ese día es un día difícil. En el tiempo en que Revive Our Hearts se mudó desde Little Rock hacia Michigan fue un tiempo difícil pero tengo que decirle que no planee morirme en ese momento o ser transportada al cielo en un carruaje, solamente estábamos mudándonos a otro estado donde planeábamos seguir grabando con otro grupo de mujeres que de la misma manera necesitaban y necesitan la gracia de Dios.

Espero que todas sigan conectadas con este ministerio y con este mensaje a través de la radio y del internet, pero sé que cada etapa será diferente. Para muchas de ustedes que habían establecido relaciones más estrechas con el paso de los años, ese día fue un día en que había un sentimiento de pérdida. Pero quiero asegurarles que Dios siempre esta con nosotros. Dios siempre esta con ustedes. Él no se va a ningún lado. Él se queda aquí. Y quiero animarte a poner tu confianza en el Señor.

Él nunca te va a dejar. Él nunca te abandonará. Búscale. «Os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados» (vv. 32).

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella estará de regreso para orar por nosotras y por las mujeres reunidas en el estudio. El programa de hoy es el último que originalmente se grabó en Little Rock, Arkansas. Los programas de Aviva Nuestros Corazones se grabaron ahí por ocho años, y luego se transfirió la producción a las nuevas instalaciones en Michigan. Esta serie fue grabada en un tiempo de gran transición para nuestro personal y para Nancy.

Y hablando de transición, octubre del 2008 también fue un momento de gran cambio para muchas mujeres. En ese entonces se llevó a cabo la primera conferencia Mujer Verdadera, a través de la cual Dios obró en muchas mujeres que fueron impactadas por la verdad de Su Palabra, incluyendo a un grupo de mujeres de habla hispana, procedentes de la República Dominicana. 

Este impacto trajo muchos cambios en sus vidas, y abrió puertas para el inicio de la producción de estos programas en español, de modo que muchas mujeres más pudieran escuchar el mensaje de avivamiento y del diseño de Dios para la mujer.

Dios ha levantado personas que han apoyado este ministerio de diversas maneras, haciendo posible que el mensaje se siga expandiendo alrededor del mundo y entre mujeres de habla hispana.

Y quizás te preguntas, “¿cómo puedo ser parte de este alcance?”. Bueno puedes ser parte de diferentes maneras:

  • Orando por el ministerio
  • Donando mensualmente para ayudar a cubrir el costo de la producción de los programas y numerosos recursos en español.
  • Y también compartiendo acerca del ministerio y el mensaje con otras en tu círculo de influencia.

Puedes encontrar muchos recursos para tu edificación y para compartir con otras de tus hermanas en nuestro sitio web AvivaNuestrosCorazones.com. A través de este también podrás hacer una donación si así Dios lo pone en tu corazón. Por una donación de cualquier monto hoy te enviaremos una copia impresa del folleto titulado “Retrato de una mujer usada por Dios”. Este te ayudará a responder a preguntas como: ¿Cómo luce una mujer piadosa? ¿Cómo pueden nuestras vidas cumplir el eterno propósito para el cual Dios nos creó?, entre otras.

Anímate, apóyanos y pide tu copia de este folleto al dar tu donación a través de nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com. Los envíos están disponibles para EEUU y Canadá.

Aquí esta Nancy para concluir el programa de hoy en oración.

Nancy: Oh Señor como te doy gracias por las mujeres que has traído a mi vida en esta etapa y por el gozo de estudiar tu Palabra juntas, crecer juntas, buscarte juntas, arrepentirnos juntas, orar y clamar juntas por avivamiento.

Que Dios mismo, el Dios de paz, las santifique por completo, y conserve todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que las llama es fiel, y así lo hará. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con ustedes. Amén. (1 Tesalonicenses 5:23, NVI)

Annamarie: Cuando Rosaria Butterfield fue invitada a la casa de un pastor y su esposa, pensó que la convertirían en "su proyecto". Como atea y lesbiana, ella esperaba ser "sermoneada" durante la cena; pero lo que descubrió fue algo diferente. Conoce cómo Dios utilizó a Sus hijos y Su Palabra para ayudar a Rosaria a dar un giro en su vida. No te pierdas nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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