Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Una deuda de gratitud

Annamarie Sauter: En ocasiones, en medio de los quehaceres diarios, la gratitud parece algo imposible.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Si retienes esos derechos, si tienes expectativas de cómo mereces ser tratada, te predispones a la desilusión. Pero si sometes todos tus derechos a Dios, entonces cualquier cosa que Dios te dé será una bendición y estarás agradecida por ello.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Por qué es tan importante escoger la gratitud sobre la ingratitud? ¡Y la gratitud no siempre llega fácil! Algunas veces implica decisiones difíciles. Bueno, de esto es de lo que Nancy nos hablará hoy. Aquí está ella con nosotras.

Nancy: El Día de Acción de Gracias del año pasado recibí una carta de una querida pareja de unos 89 años de edad, Del Fehsenfeld y su esposa, Dot. Yo los llamaba abuelo y abuela Fehsenfeld. Esta es una pareja llena de gratitud. Aquí está la carta que ellos enviaron como una carta de gratitud a todos sus amigos. La carta decía:

Mis queridos amigos y colaboradores en Cristo, «este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él» (citando el Salmo 118: 24).

Debemos regocijarnos sin importar nuestro estado físico (saludable o no). Cuando nos damos cuenta de nuestra posición en Cristo, no tenemos opción. Al tomar un inventario personal le damos gracias a Él porque:

Y ellos listaron cinco razones por las cuales ellos daban gracias al Señor y a cada razón le seguía una referencia bíblica.

  • Nosotros hemos sido salvos,
  • Santificados
  • Sellados por el Espíritu Santo.
  • Eternamente asegurados.
  • Estamos satisfechos

Al lado de esta última razón anotaron el Salmo 103 versículo 5 que dice: «el que colma de bienes tus años». Y continuaron diciendo:

No necesitamos cosas materiales, entretenimiento, o provocar un sentimentalismo emocionante para tener gozo. En Cristo tenemos todo lo que necesitamos y todo lo que queremos. Aun cuando a Sra. Fehsenfeld y yo hemos frecuentado las oficinas de los doctores más de lo que hubiéramos preferido (y eso sería quedarse corto, de hecho el año pasado los dos experimentaron desafíos serios en cuanto a su salud) aun así nosotros estamos contentos y nos regocijamos porque Él ha sido nuestro sostén en medio del dolor, del sufrimiento y de las cirugías. Te invitamos a unirte a nosotros a obedecer Su mandato que dice:

«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18).

Y qué gran reto es esto para mí cuando me quejo sobre las cosas tan insignificantes de la vida cotidiana que me desorientan y me perturban, y oír decir a esta pareja que se aproxima a sus noventa años, «nosotros estamos agradecidos, estamos agradecidos».

¿Sabes lo que ellos están haciendo? Están ofreciendo a Dios lo que la Escritura llama «un sacrificio de alabanza». En el libro de Hebreos leemos sobre esto. Hebreos capítulo 13 dice: «Por tanto…mediante Él» (mediante Jesucristo), «ofrezcamos continuamente un sacrificio de alabanza a Dios, es decir el fruto de labios que confiesan su nombre» (v.15).

Un sacrificio de alabanza. El Salmo 116 habla de este mismo tipo de sacrificio. El salmista dice, «te ofreceré sacrificio de acción de gracias, e invocaré el nombre del SEÑOR» (v.17).

Hay veces que es muy fácil estar agradecidas con el Señor. Cuando brilla el sol y tienes dinero en tu cuenta de banco, y tienes salud, y tu esposo está locamente enamorado de ti, y tus hijos se levantan y te bendicen obedeciendo cada una de tus instrucciones…bueno, cualquiera puede estar agradecida bajo esas circunstancias.

Pero muchas veces es difícil dar las gracias. Hay veces que cuesta dar las gracias. Hay veces que ofreces un sacrificio de acción de gracias por medio de lágrimas y dices, «Señor no entiendo por qué permites que yo esté pasando por estas circunstancias, y aunque no entienda por qué he recibido estos papeles de divorcio que yo no quiero, y aunque no entienda por qué mi hijo o mi hija están respondiendo de esta manera que no te agrada, he decidido que en medio de esta batalla, en medio de esta presión, en medio de estos problemas he decidido darte gracias porque Tú aún eres Dios, y aún eres bueno. Y estás cumpliendo Tus propósitos por medio de cada una de las circunstancias en las que me encuentro».

Martin Rinkart fue un pastor en Alemania quien a la edad de 31 años llegó a ser el pastor de la iglesia en su pueblo de Eilenberg. Llegó ahí en 1618, justo cuando la Guerra de los 30 Años había iniciado, una de las guerras más sangrientas en toda la historia. Esa guerra trajo gran destrucción a todos los países de Europa. De hecho, la población de Alemania fue reducida de 16 millones de habitantes a 6 millones durante esos treinta años.

La ciudad de Eilenberg donde Rinkart fue pastor, experimentó ola tras ola de pestilencia y hambre; y la llegada y la salida de ejércitos invasores que marchaban a través de la ciudad dejando a su paso muerte y destrucción. La ciudad se llenó de refugiados de la guerra.

En 1637 en medio de esta guerra se desató una plaga. Los otros dos ministros de esa misma ciudad fallecieron, pero Rinkart se quedó en esa ciudad y llevó a cabo la labor de los dos ministros al igual que la suya. Todo el día, día tras día a lo largo de ese año, él iba de cama en cama cuidando a los enfermos, orando y animando a los moribundos.

Él enterró a casi 5,000 personas ese año incluyendo a su propia esposa, algunas veces haciendo el servicio funeral sobre 40 o 50 cuerpos a la vez. Rinkart mismo falleció un año después del final de la guerra.

Durante ese tiempo tan desalentador en su vida, y en la vida de su ciudad, él compuso un gran himno de gratitud. Se dice que fue escrito como un ejemplo de gracia para sus hijos, escrito en medio de esas circunstancias tan devastadoras. Tal vez tú estés familiarizada con este himno.

«Démosle todos gracias a nuestro Dios con corazón, manos y voces. Quien ha hecho cosas maravillosas y en quien este mundo se regocija. Quien desde los brazos de nuestra madre nos ha bendecido en el camino con innumerables regalos de amor y todavía hoy es nuestro.

Toda alabanza y gratitud a Dios el Padre sea dada, el Hijo y el Espíritu Santo supremo y altísimo cielo. El único Dios eterno quien adoran el cielo y la tierra. Quien fue, quien es y siempre será».

Ese es un sacrificio de acción de gracias y ese mismo sacrificio de gratitud que Martin Rinkart ofreció en los años 1600 es el mismo que nos bendice a nosotras hoy. Tú no sabes cómo puede bendecir a otras tu disposición de ofrecer un sacrificio de acción de gracias especialmente cuando más te cuesta.

Una de mis heroínas favoritas de la fe es la Dra. Helen Roseveare quien fue por muchos años una cirujana misionera en lo que antes era el Congo Belga. Ella fue misionera en ese lugar creo que por unos 20 años.

Pero llegó el día –alrededor del año 1970– cuando un grupo de rebeldes llegaron a la ciudad y empezaron a robar y azotar a la nación. La doctora Roseveare y algunos de sus colegas del ministerio sintieron la necesidad de quedarse y continuar sirviendo a la gente que Dios los había enviado a ministrar.

Durante ese tiempo, la doctora Roseveare describe la noche cuando los rebeldes llegaron al terreno de la misión donde ella vivía. Ellos azotaron el lugar y ferozmente golpearon y abusaron sexualmente de las mujeres misioneras en ese lugar. Al tratar de darle sentido a esa atrocidad, ella cuenta la lucha que llevó a cabo los días posteriores a esa noche tan terrible.

Ella había llegado a ese lugar para dar su vida y servir a esta gente solamente para experimentar lo que ella sufrió.

Dios usó un sinnúmero de cosas durante el tiempo de restauración en su vida, pero hay una que yo nunca olvidaré. Ella cuenta cómo el proceso de restauración comenzó cuando ella escuchó como si el mismo Dios le preguntara, «¿Helen estás dispuesta a agradecerme por algo que tal vez yo nunca te dé el privilegio de entender?» 

¿Te das cuenta? Nosotras tendemos a pensar que si tan solo pudiéramos entender los propósitos de Dios en estas circunstancias en nuestras vidas, entonces le podríamos dar gracias. Pero la prueba de la fe es esta: «¿Estoy dispuesta a ofrecer un sacrificio de acción de gracias aun cuando no tengo las respuestas a todas mis preguntas, a los porqués de las circunstancias en las que me encuentro, cuando no hay manera de entender lo que me ha sucedido?»

Recuerdo una temporada en mi propia vida cuando me sentía muy dolida a causa de una serie de circunstancias que llegaron a mi vida. Y por unos dieciocho meses yo no pude dar gracias.

No era como si conscientemente dijera, «yo no voy a dar gracias», simplemente no lo hacía.

Al recordar ese periodo en mi vida, creo que en realidad renuncié a una gran medida de gracia que Dios deseaba darme para poder atravesar esas circunstancias, pero yo no estuve dispuesta a ofrecer un sacrificio de acción de gracias.

Te puedo decir cuándo y dónde comenzó el proceso de restauración para mí. Fue en una cabaña en las montañas en Carolina del Norte, arrodillada en un piso de madera al lado de una silla de madera, y ahí ofrecí a Dios el sacrificio de acción de gracias por primera vez. Le dije, «Señor aun no entiendo por qué Tú has escogido estas circunstancias en mi vida, y no sé si algún día lo llegue a comprender, pero en fe te doy las “gracias”. Gracias por permitirlo, gracias por escoger esto en mi vida. Yo sé que cualquier cosa que haces es buena, y te doy las gracias». Ahora, ¿el hacer esta declaración, hizo desaparecer instantáneamente todo el dolor? No, aún hubo lágrimas y un sentimiento de pérdida que se convirtió en un sentimiento de pérdida saludable. Al ofrecer un sacrificio de acción de gracias, Dios comenzó a restaurar, a renovar y a reconstruir mi espíritu.

Hoy puedo mirar hacia atrás y sentir una verdadera gratitud sobre esas circunstancias. Durante ese tiempo no me sentía agradecida. Pero al final mi respuesta fue una expresión de fe. Fue un acto de la voluntad y ahora puedo mirar hacia atrás y ver cuánto ha hecho Dios por mí, en mí y por medio de mí.

He descubierto en mi propio caminar con el Señor que básicamente en cada circunstancia de la vida yo tengo dos opciones.

Me puedo quejar o puedo adorar.

Puedo quejarme o adorar. Necesitamos ayudarnos unas a otras a no ser quejumbrosas. Necesitamos ayudarnos unas a otras a ser adoradoras, y a fomentar la belleza de una actitud de gratitud.

Y hoy al completar esta serie hablemos de cómo podemos fomentar un espíritu de gratitud.

Primero, somete todos tus derechos a Dios. Si retienes esos derechos, si tienes expectativas de cómo mereces ser tratada, te predispones a la desilusión. Pero si sometes todos tus derechos a Dios, entonces cualquier cosa que Dios te dé será una bendición y estarás agradecida por ello.

En una de mis lecturas sobre este tema encontré un pasaje pequeño escrito por un hombre llamado Russell Kelfer, quien ahora se encuentra con el Señor. Él fue un gran maestro de la Biblia, y muchas de sus enseñanzas han sido publicadas. En algunos de sus escritos sobre la actitud de gratitud él sugiere a las personas que tomen un pequeño juramento. Permíteme leer la manera en la que él sugiere rendir todos tus derechos a Dios.

«Al haber nacido de nuevo en la familia de Dios, yo por este medio reconozco que Dios ha comprado mi vida incluyendo todos mis derechos y el control de esta vida por la eternidad.

También reconozco que Él no me ha garantizado una vida libre de dolor, o una vida exitosa o próspera. Él no me ha garantizado salud, padres perfectos, hijos perfectos. Él no me ha garantizado la ausencia de problemas, dificultades, malos entendidos o persecuciones.

Lo que Él sí me ha prometido es la vida eterna. Lo que Él sí me ha prometido es una vida abundante, amor, gozo, paz, paciencia, mansedumbre, humildad y dominio propio. Él se dio a Sí mismo por mí, a cambio de los derechos de mi vida.

Por lo tanto, yo renuncio a todos mis derechos y expectativas y humildemente le pido a Él que por medio de Su gracia los reemplace por un espíritu de gratitud por cualquier cosa que Él en Su sabiduría permita en mi vida. Y firma: Su servidor».

Él sugiere firmar este documento y someter todos tus derechos a Dios.

En segundo lugar, permíteme animarte a confesar y a arrepentirte de cualquier ingratitud que Dios descubra en tu corazón. Hemos visto que el pecado de ingratitud no es un pecado pequeño. Entonces, donde sea que Dios te haya revelado el pecado de ingratitud, que has fallado en dar gracias por todo, confiésalo como pecado y arrepiéntete.

En tercer lugar, permíteme sugerir una semana de gratitud, una semana entera donde tu enfoque sea la gratitud. Comprométete por una semana a no pedirle nada a Dios, al contrario, busca cada oportunidad para darle las gracias a Dios y a otros.

Me encanta este himno antiguo.

¡Bendiciones, cuantas tienes ya!

Cuando combatido por la adversidad creas ya perdida tu felicidad, 

Mira lo que el cielo para ti guardó, cuenta las riquezas que el Señor te dio.

¡Bendiciones, cuántas tienes ya! Bendiciones, Dios te manda más; 

Bendiciones, te sorprenderás cuando veas lo que Dios por ti hará.

¿Andas agobiado por algún pesar? Duro te parece amarga cruz llevar,

Cuenta las promesas del Señor Jesús, y de las tinieblas nacerá la Luz.

¡Bendiciones, cuántas tienes ya! Bendiciones, Dios te manda más;

Bendiciones, te sorprenderás cuando veas lo que Dios por ti hará.

Un escritor dijo, «la gratitud nace en los corazones que se toman el tiempo para contar las misericordias del pasado».

Tengo un amigo que habla de aquel día cuando él se cepillaba los dientes y meditaba en este versículo: «Den gracias en todo» (ver 1 Tesalonicenses 5:18). Ese día él fue retado a dar gracias a Dios en todo.

Él cuenta, «yo empecé a darle gracias a Dios por mi cepillo de dientes. Después por la pasta de dientes. Entonces, me di cuenta que yo nunca le había dado gracias a Dios por mis dientes». Si la provisión en el futuro dependiera del agradecimiento de hoy, ¿cuánto tendría yo mañana?

Después de haber contado y nombrado tus bendiciones una por una, haz inventario de tus cuentas de gratitud. ¿Qué quiero decir con eso? ¿Hay alguien a quien no le has pagado tu deuda de gratitud?

Todas nosotras tenemos una deuda de gratitud con Dios que jamás por toda la eternidad podremos pagar. Entonces ¿cómo te va en tus cuentas de gratitud? ¿Le debes gratitud a Dios o a otras personas? ¿Hay personas específicas en tu vida a quienes les debes gratitud? ¿Hay un individuo, un miembro de tu familia, una amiga que ha tocado o beneficiado tu vida? ¿A quién todavía no le has dado las gracias?

Ahora, no pases por alto a las personas que viven contigo. Tu esposo, ¿trae el cheque de pago a la casa? ¿Estás agradecida por ello o estás acostumbrada a ello? ¿Expresas gratitud por las cosas cotidianas?

Haz una lista de las personas a quienes necesitas agradecer y comienza a dar gracias con tarjetas, con llamadas telefónicas, con correos electrónicos o en persona. Cuenta tus bendiciones una por una y después da las gracias a cada persona una por una. No esperes hasta el funeral de esa persona para dar las gracias, será demasiado tarde, bendícelos hoy con tu gratitud.

Y después da gracias por todo. Proponte en tu corazón dar gracias en todo. ¿Hay alguna circunstancia o problema en tu vida por el cual nunca has dado gracias?

Y finalmente, mantente al día expresando gratitud al Señor y a otros.

Hace algún tiempo unas amigas me regalaron una libreta que dice en la portada Contando mis Bendiciones. Dentro de la libreta hay páginas con cinco líneas en blanco para cada día. En esas líneas escribes la fecha y después anotas 5 o 6 cosas por las cuales estás agradecida ese día.

Ya casi completo esta libreta, pero me puse a revisar algunas de las cosas que escribí hace un año, y qué lindo fue regresar y repasar lo que Dios hizo y lo bondadoso que Él ha sido.

Mantente al día, no solamente expresando gratitud a Dios, sino también a otros. Te quiero animar a que tengas una canasta con tarjetas de agradecimiento con notas y sobres. Coloca esta canasta al lado de tu cama o en tu escritorio. Mantenla cerca de ti porque si tienes que ir a buscar apresuradamente esas tarjetas cuando te llega a tu mente algo por lo que estás agradecida es muy probable que nunca la envíes.

Y por cierto, estoy muy agradecida por los padres que nos hicieron escribir notas de agradecimiento cuando éramos niños. Ellos nos preguntaban, «¿has escrito tus notas de agradecimiento? Si ustedes tienen hijos, enséñenles a escribir notas de agradecimiento.

Llevo conmigo tarjetas de agradecimiento, entonces cuando tengo unos minutos libres puedo pausar y escribir notas de gratitud hacia aquellas personas que han bendecido mi vida. Este ejercicio diario te ayudará a mantener tus deudas de agradecimiento al día.

Yo creo que una de las cosas más importantes que Dios quiere hacer por medio de Aviva Nuestros Corazones es llamar a las mujeres a ser agradecidas. Hoy en día las mujeres en muchos casos se encuentran demasiado enfadadas, amargadas, y lastimadas. Creo que una de las cosas clave que va a liberar a las mujeres en esta tierra, y llevarlas a vivir vidas abundantes y fructíferas, es aprender a ser mujeres agradecidas.

Hay un gran poder en tener un espíritu de gratitud. Un espíritu de gratitud puede vencer la amargura, el desánimo, la depresión, el egoísmo y la soledad. Un espíritu de gratitud anima a otras.

Y lo más importante de todo, un espíritu de gratitud honra y glorifica al Señor. Él es digno de todo nuestro agradecimiento y de nuestra alabanza.

Al recordar los últimos meses, mi corazón está tan agradecido con Dios por todo lo que Él está haciendo en todo el mundo y en especial en el mundo de habla hispana a través de Aviva Nuestros Corazones. Nuestras oraciones han sido contestadas mucho más abundantemente de lo que pedimos o jamás entendimos, Dios ha sido glorificado y será glorificado y llevará Su mensaje, el mensaje del evangelio y de Cristo para seguir llamando a las mujeres a libertad a plenitud y abundancia en Cristo.

Así que únete a nosotras y da gracias por Aviva Nuestros Corazones. Dale gracias a Dios por haber permitido que el mensaje de Cristo y Su evangelio llegue a tantas mujeres en el mundo de habla hispana y que continúe esa obra hasta ese día cuando la gloria de Dios llene la tierra como las aguas cubren el mar.

Annamarie: ¡Amén! Dios nos conceda continuar llamando a muchas mujeres más a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, y que nuestros corazones rebosen de gratitud a la luz de la salvación que Él ha provisto en Cristo. 

Nancy DeMoss Wolgemuth regresará para orar con nosotras. Esta semana ella ha estado compartiendo contigo enseñanzas que se encuentran en su libro titulado, Sea Agradecido: Su camino al gozo. Encuéntralo hoy en nuestra tienda en línea en avivanuestroscorazones.com.

Asegúrate de regresar el lunes para una próxima conversación que acompaña nuestro Reto Mujer Verdadera 365, en la que estaremos hablando acerca de las cartas que Pablo escribió a iglesias locales. Si no has escuchado acerca del reto, entérate de los detalles allí en nuestro sitio web, avivanuestroscorazones.com. En nuestras lecturas de estos días estaremos finalizando el libro de los Hechos. Hoy leemos los capítulos 22 y 23. 

Bien, aquí está Nancy con nosotras para cerrar este episodio en oración.

Nancy: Oh Señor, queremos venir ante ti con un espíritu, con una actitud de gratitud. Padre simplemente queremos decirte gracias, gracias pero la palabra es muy pequeña para poder expresar todo lo que hay en nuestros corazones, que Tú has venido haciendo a través de Aviva Nuestros Corazones por todo este tiempo. Te alabamos y te damos gracias por cada una de nuestras oyentes, gracias por cada país donde este mensaje ha llegado. Oramos que Tú avives Tu obra en medio de los tiempos y te damos gracias porque nos estás permitiendo ser testigos de Tu obrar. 

Padre gracias por cada embajadora de Aviva Nuestros Corazones, gracias por cada traductora de Aviva Nuestros Corazones por cada voluntaria que desinteresadamente Señor, pone sus dones a Tu servicio para hacer la obra de la expansión de Tu reino en este mundo. Padre gracias infinitas gracias por todo lo que Tú eres y por todo lo que Tú has hecho por nosotros en la persona de Jesucristo, gracias por Él que es el motivo mayor de nuestra gratitud, glorifica Señor Tu Hijo, Tu nombre, Tu evangelio y que como siempre decimos, como dice Tu Palabra Señor, que Tu Palabra corra hasta que Tu gloria, la gloria de Dios, llene esta tierra como las aguas cubren el mar. En el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

1 "Now Thank We All Our God." Martin Rinkart. Our Daily Bread, Feb. 20, 1994.

2 Russell Kelfer. "A Grateful Spirit, Part 2." (176-B), 14.

3 "Count Your Blessings." Johnson Oatman, Jr.

Gracias Dios, Para Su Gloria, El Fin Desde El Principio ℗ 2018 PSG.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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