Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mujer Verdadera 365: Cartas de Pablo a iglesias, día 1

Annamarie Sauter: Con nosotras Patricia de Saladín. 

Patricia de Saladín: Estas cartas fueron tan valiosas cuando se escribieron para estas iglesias originales, como lo deben ser para nosotras hoy, para encontrar nuestro alimento, nuestro sustento, nuestra guía, nuestro ánimo, también nuestra reprensión, y vernos retratadas en ellas y saber que es la Palabra de Dios para nosotras hoy. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Patricia de Saladín.

Patricia: Las que nos siguen en nuestro Reto Mujer Verdadera 365, saben que estamos ya casi en la recta final. Estamos casi cerrando el año y parece increíble. Hemos ido avanzando en las lecturas en el Nuevo Testamento y ya pasamos por los evangelios; y en los programas anteriores mencionamos brevemente el libro de los Hechos, y vimos cómo nace la iglesia, el derramamiento del Espíritu Santo, y desde ese entonces hasta ahora estamos en los últimos tiempos. Estamos esperando el glorioso regreso de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

En estos programas que vamos a comenzar vamos a ver las cartas o las epístolas que son parte del Nuevo Testamento. Hay 21 cartas en total en el Nuevo Testamento y fueron escritas por los apóstoles. Cartas a las iglesias, cartas para individuos específicos, pero que forman parte de toda la Escritura. Esas cartas fueron escritas específicamente en el tiempo del Imperio Romano, y Cristo, cuando vino, vino a romper con esquemas sociales, con esquemas de la cultura, a derribar barreras entre las personas, y los retaba con Su evangelio, con las buenas nuevas.

Y son esas mismas buenas nuevas y esas mismas cartas, que hoy transforman nuestra cultura. Hoy y mañana vamos a ver, a vuelo de pájaro, nueve de un conjunto de trece cartas que fueron escritas por el mismo autor. Y es curioso porque en el Nuevo Testamento por lo general las cartas llevan el nombre de quien las escribió.

Primera, segunda y tercera de Juan; primera y segunda de Pedro, pero en este caso fueron tantas escritas por el mismo autor que se les puso el nombre de sus destinatarios, porque hubieran tenido que ser trece cartas con el nombre de este autor. Me imagino que muchas ya saben de quién estamos hablando, estamos hablando del apóstol Pablo, quien escribió 13 de las 21 cartas que se encuentran en el Nuevo Testamento.

Y en este día y para estos dos programas me acompaña mi querida Annita, compañera en el ministerio, con quien siempre estamos juntas aquí grabando los programas de Aviva Nuestros Corazones, Annamarie Sauter. Bienvenida Annita.

Annamarie: Gracias Patricia, es un privilegio estar aquí sentada en esta mesa contigo y poder compartir estas preciosas verdades con nuestras oyentes.

Patricia: Yo sé cómo Dios ha puesto esto en tu corazón y creo que Dios nos va a dar un muy muy buen tiempo, a nosotras y a nuestras oyentes. 

Y antes de que entremos a hablar de ese autor, del apóstol Pablo, en los programas que hemos visto de Mujer Verdadera 365, siempre preguntamos cómo encaja este libro en todo el hilo de la Escritura. Siempre decimos que la Biblia es un todo, es un solo libro; entonces ¿cómo diríamos que encajan estas cartas en todo el panorama bíblico?

Annamarie: Bueno, es un cuadro precioso y grande pero glorioso. Por una gráfica que encontramos en un video de Bible Project, podemos ver que es como si estuviéramos viendo un teatro donde hay escenas. Ellos lo plantean así. Entonces estamos en una escena muy preciosa porque es en la que el telón se ha abierto, y aún falta más por abrirse –lo veremos cuando lleguemos a la epístola de los Hebreos– pero en este punto, de lo que se nos revela en las cartas escritas por el apóstol Pablo a las iglesias, hemos pasado por: Dios y la humanidad, la creación. Dios decide crear y creó la tierra, los animales y al ser humano: varón y hembra. Y esa humanidad que creó, Adán y Eva, desobedecieron y vimos la caída cuando grabamos el pentateuco.

Adán y Eva fueron expulsados del Edén. Esa comunión íntima que tenían con Dios fue quebrada, fue rota por el pecado, por la desobediencia, por el engaño de Satanás. Después llegamos a Dios y el pueblo de Israel. Dios escoge a Abraham, de él forma una nación, le hace promesas preciosas –la primera la vimos en Génesis, que vendría la simiente que aplastaría la cabeza de la serpiente– y entonces con Israel vemos la desobediencia también de Israel. La desobediencia de todo un pueblo a un Dios que lo rescató de la esclavitud.

En ese proceso de esta nación, llegamos a un punto donde están los profetas y los poetas también y hay hermosas profecías de un Rey que vendría. Y llegamos a los evangelios, que fue nuestro último programa, donde hablamos de ese Rey que vino, que nació de una virgen. Vimos Su vida, Su muerte, Su resurrección, Su ascensión. Y en estas preciosas cartas el apóstol Pablo nos enseña, de una manera preciosa, lo que esa muerte, lo que esa resurrección, lo que la cruz de Cristo, lo que Jesús logró a nuestro favor.

Adán y Eva expulsados del Edén; Israel en el exilio; constante enfrentamiento con el pecado… 

Patricia: Sí, parecería como que las promesas de Dios hechas a Abraham de una nación, de una tierra de bendición para todas las familias de la tierra, como que todo eso se había quedado en el olvido, que había fracasado el plan de Dios. Pero como tú decías, cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer. Esa promesa de Génesis 3:15.

Y entonces, lo que me pasa y que yo sé que te pasa a ti también, es que había un misterio oculto; había un misterio que no se había revelado y por eso había tanta confusión en el pueblo de Israel, en los religiosos judíos, porque las promesas estaban ahí pero había algo oculto, y ahora con la llegada de la iglesia, del derramamiento del Espíritu Santo, luego de esa resurrección, es precisamente en estas cartas de Pablo…

Annamarie: Donde se nos da una explicación maravillosa de lo que todo eso significaba. Estaba velado, estaba ahí, pero era una sombra. Y en estas cartas vemos cómo se empieza a abrir ese telón de una manera maravillosa, en lo que esas promesas, eso que sucedió con Abraham, eso que sucedió con el pueblo de Israel… 

Y me dieron ganas, mientras leía estas cartas, de volver a leer el Antiguo Testamento completo, pero ya no me alcanzaba el tiempo, porque es precioso ver cómo cada una de esas cosas habla de Él. Por eso Jesús les decía a los discípulos del camino a Emaús, «las Escrituras hablan de Mí». Nosotros leemos el pentateuco, leemos los profetas, los libros históricos, los salmos, y en todas partes –no es que Jesús esté en cada versículo– vemos el cuadro que se nos está pintando para llegar a este Nuevo Testamento y recibir a este Mesías, Rey prometido, un Salvador que haría posible que esa comunión que fue rota en el Edén por la desobediencia y el pecado, fuera restaurada otra vez. ¡Eso es glorioso! 

Patricia: Sí, porque las cartas aclaran todo el panorama de la cruz, de la resurrección. Pero antes de hablar de las cartas –aunque es obvio que en dos programas no vamos a poder hablar en detalle de nueve cartas– vamos a ver cosas que tienen en común, y como tú decías, como la narración de una historia. Pero es muy importante que nos detengamos en el apóstol Pablo, porque es que su solo testimonio, su sola persona, su testimonio de conversión y cómo este hombre dio su vida por estas verdades y por el evangelio y por Jesucristo, merece que nos detengamos y que hablemos de eso.

¿Quién fue el apóstol Pablo?

Annamarie: El apóstol Pablo es un precioso instrumento en las manos de Dios en ese preciso momento de la historia de la redención, para ser esta persona que Dios usaría para explicar este glorioso mensaje, este misterio que había estado velado en el tiempo. Y voy a leer algunas cosas que encontré a lo largo de mi lectura de las cartas y del libro de los Hechos, que nos ayudan a crear este cuadro.

Antes de hacerlo quisiera comentar que al leer estas cosas e ir conociendo más y más al apóstol Pablo, es tan fácil enfocarse en él, en el personaje humano; y él mismo, al leerlo –que es lo que me impresiona de él y que ojalá sea así en nuestras vidas– tú no puedes quedarte en el apóstol, tus ojos se van a Jesús, tus ojos se van a Cristo porque él habla de Cristo de una manera tal, que es imposible quedarse en Pablo como ser humano.

Así que no queremos hacer eso, para nada, pero sí, ¿quién era el apóstol Pablo?

La Escritura misma nos dice que él «respiraba amenazas de muerte contra los seguidores de el camino» (Hch 9:1, paráfrasis); Cristo dijo: «Yo soy el camino la verdad y la vida» (Juan 14:6); Hechos nos dice: «“Cuando se derramaba la sangre de Tu testigo Esteban, (dice el apóstol) allí estaba también yo dando mi aprobación, y cuidando los mantos de los que lo estaban matando”. Pero Él me dijo: “Ve, porque te voy a enviar lejos, a los gentiles”».

Veamos lo que Jesús dijo del apóstol: «…es mi instrumento escogido para dar a conocer mi nombre…» (lo del telón que estamos hablando), «para dar a conocer mi nombre tanto a las naciones y a sus reyes como al pueblo de Israel. Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi nombre» (Hch 9:15-16, NVI). Desde ahí ya estaban anunciados los sufrimientos del apóstol. Dice en Gálatas 1:23: «…El que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en un tiempo quería destruir». 

Patricia: Es asombroso que una persona que iba por un camino totalmente opuesto, ahora abrace este camino de esta forma, con esta pasión de su llamado, y con tanta oposición. Porque no fue un camino de rosas al que se le llamó, fue un camino de sufrimiento.

Annamarie: Y fíjate que al principio también los otros discípulos tenían miedo de él porque no creían que verdaderamente fuera discípulo, «ahí viene Pablo, escóndanse». 

Patricia: Tenían miedo. Me conmueve que se cumple el texto que dice que «irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios» (Rom 11:29). Cuando Dios llama, Dios llama. Y Pablo quedó cautivo de ese a quien él perseguía.

Annamarie: Amén. Y dice: «…se dedicó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios» (Hch 9:20, parafraseado). Había una estrategia evangelística y el punto de predicación eran las sinagogas, Y ¿qué era lo que predicaba? Que Jesús es el Hijo de Dios. Ese era el tema central de su predicación.

En Romanos –en la primera carta, su presentación de sí mismo– dice: «siervo de Jesucristo llamado a ser apóstol» (Rom 1:1); esto es, comisionado por Cristo mismo para una misión, apartado y enviado con el mensaje del evangelio. 

Patricia: Sí, porque aunque él no fue apóstol como los otros apóstoles que vivieron esos años con el Señor, a él sí se le hizo una manifestación especial de Cristo, y por eso Cristo lo llamó…

Annamarie: Él dijo: «porque a mí Cristo se me apareció después…», es muy lindo; y en Gálatas leemos también de la boca del mismo apóstol: «Pues quiero que sepan, hermanos, que el evangelio que fue anunciado por mí no es según el hombre». Esto es importante, no era palabra de hombre. «Pues ni lo recibí de hombre, ni me fue enseñado, sino que lo recibí por medio de una revelación de Jesucristo» (Gal 11-12). 

Jesús mismo le reveló estas cosas. «Porque ustedes han oído acerca de mi antigua manera de vivir en el judaísmo, de cuán desmedidamente perseguía yo a la iglesia de Dios y trataba de destruirla. Yo aventajaba en el judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, mostrando mucho más celo por las tradiciones de mis antepasados» (Gal 13-14).

Patricia: Es así. A veces me pongo en el lugar de estos judíos… «Pero este Pablo, el camino que perseguía ahora es el camino que anuncia, y dice que este Cristo es el Hijo de Dios». Y entonces Cristo, que vino a derribar todas estas cosas religiosas, toda esta hipocresía religiosa…definitivamente el instrumento era Pablo, y yo me pongo en el lugar de estos judaizantes que le hacían la vida tan difícil dondequiera que iba, y es que se había resquebrajado todo el sistema religioso que por siglos los había sustentado.

Annamarie: Cualquier otro judío diría, «este es un loco traidor, cómo así que pasa de abrazar las tradiciones de nuestros antepasados, la ley de Moisés, y ahora ahora viene a decir que Jesús es el Hijo de Dios…» Una locura en ese momento, en ese contexto. 

Patricia: Y decía que no había que guardar el rito de la circuncisión, el primero que derriban…

Annamarie: Ese es un tema, si Dios quiere llegaremos a tratar un poquito ese tema. Y dice: «sus palabras eran confirmadas por milagros». Esto es importante porque fue en ese momento histórico del nacimiento de la iglesia que su predicación fue avalada por esos milagros que Jesús poderosamente hacía a través de él y de los otros apóstoles. Pablo también era conocedor de la ley, conocedor de los pactos, conocedor de las promesas, cosas que ya hemos hablado… 

Patricia: «Instruido por Gamaliel…» 

Annamarie: Y fíjate, acusado de hablar contra su pueblo y contra la ley. Esa era la gran acusación que tenían contra él. Pero al leer sus cartas también encontramos otras cosas muy lindas, y es su corazón amoroso y también como paternal. La forma de escribir de Pablo, o sea, si lees sus cartas de una sentada sin sacar partes de aquí y allá, las lees completas todas, Patricia, hay un amor ahí…y creo que el amor de Dios, de Jesús que le era revelado a él, se reflejaba de una manera preciosa en cómo él escribía esas cartas.

Patricia: Por los hermanos, por las iglesias, porque él sufría, les dice a los Gálatas: «hermanos por quienes todavía sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes». Pero también podemos ver Annita, un apóstol Pablo que con los años y con todo el avance de su vida de fe, la gracia de Dios lo fue haciendo cada vez más tierno. Y siempre duro, por ejemplo cuando tuvo ese desacuerdo en que se separaron, se fue con Silas y Bernabé se fue con Juan Marcos… 

Vemos una transformación en él como hombre, haciéndose como tú dices, cada vez más dulce, más amoroso y más parecido a Cristo.

Annamarie: Como uno de tus versículos favoritos en 2 Corintios…

Patricia: Él tuvo la oportunidad de contemplar a Cristo y ser transformado de gloria en gloria a la misma imagen.

Annamarie: Muchas veces creemos que tenemos que ser de esta manera para que entonces Dios nos use, porque así es como tenemos que lucir para…¿verdad? Y yo creo que es tan importante ver cómo es la gracia de Dios, y lo vemos en las epístolas todo el tiempo. La gracia de Dios va haciendo ese proceso. No es que no queremos ser de cierta manera, no es que no queremos ser transformadas, pero no se trata de ser así para que Dios… No, se trata de que no somos así. Entonces Dios nos transforma para que lo reflejemos.

Patricia: Por eso él dice: «yo soy el hombre más pecador, el más grande de los pecadores, y por la gracia de Dios soy lo que soy y Su gracia no ha sido en vano para conmigo». Y cuando se refiere al privilegio de anunciar el evangelio dice, «este tesoro está en un vaso de barro para que la excelencia del poder sea de Dios y no de mí».

Annamarie: Amén. Y otras cosas que podemos ver de él es que es trabajador, muy trabajador; y su oficio era hacer tiendas de campaña. También fue llamado plaga, y que provocaba revueltas por dónde iba. Proclamaba la verdad y enfrentaba la mentira de los falsos maestros –súper importante. Él sufrió prisiones y sufrimientos, como vimos que el mismo Cristo le dijo que iba a padecer.

Patricia: Y una cosa que me llama la atención es que en uno de los viajes, cuando iba a Jerusalén, dice que los profetas le decían, «no vayas a Jerusalén». Y él decía, «yo estoy dispuesto, no solo a padecer por el nombre, sino también a ser muerto». Y llega a Jerusalén sabiendo que había sido profetizado que él iba a padecer. Ahí tratan de que no se vea contra la ley, contra el judaísmo, pero como quiera eso le iba a suceder. Pero lo que escribía, él lo vivía porque él decía, «a mí se me ha concedido no solo hablar de Él sino también padecer por causa de Él.

Annamarie: Y él escribió en una carta a los hermanos, qué privilegio haber sido dignos de padecer como Cristo. Entonces, su vida fue un reflejo de lo que escribía, de lo que enseñaba. Y eso es precioso. Dios quiera hacernos mujeres así, que lo que hablamos, que lo que pudiéramos enseñar sea un reflejo de nuestra vida. Eso no es poca cosa, es hermoso. Pero al mismo tiempo descansamos en que no es de nosotras sino es la gracia de Dios trabajando en nuestras vidas.

Patricia: Amén. Y Dios pone en nosotras el querer como el hacer, pero que haya en nosotras el anhelo de ser así, de vivir lo que proclamamos con nuestras bocas.

Annamarie: Amén. Y llegando a la razón de sus cartas, pudiéramos decirlo así, él fue misionero, hizo varios viajes misioneros, fundó iglesias, también hubo una de las cartas que escribió a una iglesia que fue fundada por otro hermano, y él visitaba estas iglesias, continuaba edificándolas por medio de estas cartas que escribió… y una cosa que me encanta, que también leemos en las cartas, es que él usó su autoridad para edificación de las iglesias, no para destrucción.

Aun la confrontación, los llamados de atención así como las afirmaciones, las exhortaciones, el ánimo que le podía dar a los hermanos, todo era para edificación; que es lo que nos llama a hacer unos con otros. Jesús llenó sus labios para exhortarnos, edificarnos unos a otros. 

Patricia: Y fueron tres sus viajes misioneros porque ya finalmente quedó en Roma para apelar a César, primero en un tipo de encarcelamiento, luego en otros…

Annamarie: Y Dios lo usó ahí para hablar a reyes –como el mismo Jesús había dicho– y su predicación fue escuchada.

Patricia: Y para escribir, porque cuatro cartas, me parece, fueron escritas en ese primer encarcelamiento donde estuvo en esa casa…

Annamarie: Necesitaba tiempo para escribir todo esto.

Patricia: Y lo visitaban los hermanos. Pero también me llama mucho la atención, Annita, él como creyente y los hermanos que iban con él. Es cierto que ellos iban en una misión, iban a llevar el mensaje de las buenas nuevas, pero donde quiera que iban, dice que se reunían con los hermanos y visitaban la sinagoga. O sea que el cristiano cuando se traslada, cuando sale, siempre trata de buscar el pueblo de Dios ahí donde está y de reunirse con el pueblo de Dios.

Esa es una evidencia de que nosotros amamos ese pueblo que Cristo compró con Su sangre. No como «lo más lejos posible, yo no quiero reunirme donde están los cristianos».

Annamarie: La iglesia allá y yo acá…

Patricia: Aun cuando estamos fuera del lugar donde vivimos, eso me llamó mucho la atención, que dondequiera que él iba buscaban los hermanos, la reunión, y aun en Filipos que todavía no había sinagogas, fueron al río donde la gente se reunía para orar y ahí encontraron a Lidia y todo eso.

Annamarie: Y lo vemos también en los saludos en las cartas. Yo creo que más allá de la estructura de una carta, vemos saludos sinceros entre hermanos, y eso es precioso. Tanto eso que estás diciendo, el deseo constante de querer predicar el evangelio para la salvación de los perdidos, porque al final es eso, crecer en este momento de la historia donde estamos. Dios está edificando su iglesia pero también seguimos en el período de la historia donde faltan personas por venir a Cristo, y nosotros estamos ahí.

Por eso el llamado a las misiones, por eso llamado en tu casa a llevar ese mensaje del evangelio donde Dios te ha puesto, ahí en la etapa de vida dónde estás. Porque todavía ese mensaje está expandiéndose, todavía ese mensaje está siendo predicado, todavía las almas están viniendo a Cristo. Y ese pueblo de Dios está siendo completado en número y nosotras estamos ahí como gentiles.

Patricia: Y eso que tú dices es así porque nosotros no podemos pensar, «ah, eso fue el apóstol Pablo». No, la gran comisión es para todos los creyentes, «vayan y hagan discípulos a todas las naciones». Tenemos una encomienda, tenemos un mensaje. Ya sea en el entorno pequeño de nuestro hogar, de nuestro vecindario, de nuestros amigos, o a nivel más amplio cuando a Dios le place dar a personas ministerios más amplios. Pero eso que tú dices es muy cierto, saber que nosotros somos embajadores de Cristo y que el mensaje que nos ha sido encomendado es decirles a las personas, «reconcíliense con Dios». «Arreglen sus cuentas con Dios».

Annamarie: Así es.

Patricia: Bueno, entonces para resumir y pasar a hablar ya de las cartas; resumiendo la experiencia del apóstol Pablo, el mismo apóstol Pablo narra: «…cuando iba para Damasco con autoridad y comisión de los principales sacerdotes, al mediodía, oh rey, yendo de camino, vi una luz procedente del cielo más brillante que el sol, que resplandecía alrededor mío y de los que viajaban conmigo. Después de que todos caímos al suelo, oí una voz que me decía en el idioma hebreo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón”. Yo entonces dije: “¿Quién eres, Señor?” Y el Señor dijo: “Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero levántate y ponte en pie; porque te he aparecido con el fin de designarte como ministro y testigo, no solo de las cosas que has visto, sino también de aquellas en que me apareceré a ti. Te rescataré del pueblo judío y de los gentiles, a los cuales Yo te envío, para que les abras sus ojos a fin de que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en Mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados”».

Con ese anuncio él les declara, pero es Dios que le dice, «Yo te voy a mandar a los gentiles porque ellos van a ser trasladados del dominio de las tinieblas al reino de Mi Hijo amado».

Annamarie: Y mira cómo él mismo, en su predicación…es es hermoso y yo creo que las palabras no nos van a alcanzar ni el tiempo ni la eternidad nos alcanzaría para hablar de todo lo que se puede hablar de estas bellezas, pero él explicaba «testificando fielmente sobre el reino de Dios». Su predicación era sobre el reino de Dios, «procurando persuadirlos acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas». Él usaba la misma ley que Dios le había dado a Su pueblo para predicarles. 

«Algunos eran persuadidos con lo que se decía pero otros no creían», y esto está en Hechos 28. Más adelante él dice en este proceso de predicarle a sus hermanos judíos y después ir a predicar a los gentiles, «sepan por tanto que esta salvación de Dios», es importante que sepamos que era de eso, de esa salvación de Dios, «ha sido enviada a los gentiles». Y un judío diría, ¿quéée? Y en los salmos leemos muchísimas veces de todas las naciones, los gentiles, toda la tierra… «Ellos sí oirán. Cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí…y recibía a todos los que iban a verlo, predicando el reino de Dios y enseñando todo lo concerniente al Señor Jesucristo…» Y es nuestro deseo en esta conversación que este sea nuestro enfoque, el Señor Jesucristo, el reino de Dios, la historia de redención que él está describiendo a lo largo de tantos años, y de la cual nosotros somos parte en este momento de la historia, de manera preciosa como gentiles que hemos sido incluidas en este plan redentor.

Somos partícipes de esas promesas y pactos que mencionamos en programas anteriores, Patricia, nosotras somos partícipes…

Patricia: Amén. Por la pura gracia de Dios, y como dice en uno de los sermones de Pedro: «para ustedes (hablándoles a los judíos) son estas promesas del arrepentimiento y del Espíritu Santo, y para todos los extranjeros que Él haya llamado». Y ahí –como tú dices– estamos nosotros. Y habiendo ya terminado con el apóstol Pablo, Annita, ¿a quiénes fueron escritas estas cartas? Fueron escritas a iglesias, pero ¿quiénes leyeron estas cartas?

Annamarie: Creo que pudiéramos verlo como personas que culturalmente están lejos de ti y de mí, pero al mismo tiempo son personas como tú y como yo.

Patricia: Sí, porque pudiéramos pensar, «a iglesias», e imaginarnos un edificio, una estructura y olvidarnos de que realmente la iglesia está compuesta de creyentes, la iglesia no es el edificio. Entonces eran personas como tú dices, de otra época pero con las mismas luchas, con la misma vida de fe que tú y que yo en el día de hoy.

Annamarie: Así es. Y estas personas como tú y como yo enfrentaban situaciones de la vida como tú y como yo. Tienen un corazón pecaminoso como el tuyo y el mío, son personas que también tienen una mente, tienen una forma de pensar, tenían cosas que entender en ese momento –filosofías, ideologías que rechazar y de las cuales estar pendientes– personas que como tú y yo tenían familias o no tenían familias, casados o solteros, padres e hijos, siervos y amos. Son personas que estaban en el Imperio Romano.

Toda esta expansión inicial del evangelio en ese momento de la historia tiene lugar en el Imperio Romano; y podemos ver que eran ciudadanos como tú y como yo; solo que de un imperio, ¡y qué imperio!

Patricia: Sí, mujeres y hombres…

Annamarie: Una estructura social donde el esclavo sufría, la mujer tampoco era muy estimada, así que podemos ver que eran personas que formaban parte de una sociedad –como nosotros al día de hoy– solo que obviamente los tiempos nos separan, la cultura nos separa. En esa época el politeísmo era lo usual, y digamos que de alguna manera los romanos habían adoptado a los dioses griegos, entonces ahí había todo un tema. Incluso hubo un emperador que hizo que las personas tuvieran que adorar a uno de esos dioses, y luego uno de ellos, también él mismo se hizo adorar como Dios. Eso chocó con la fe de las personas…

Patricia: Es así. La palabra había corrido y la palabra se difundía y la puerta de la fe había sido abierta para los paganos y Pablo estaba cumpliendo con su llamado y ahora les escribía porque su corazón quedaba atado al corazón de estas personas en las iglesias –como tú decías– muchas fundadas por él, otras que quizás las fundaba un colaborador, personas a quienes quizás él nunca había visto su rostro. Pero mi esposo siempre me dice, «un hermano es aquel por quien Cristo derramó Su sangre, y aunque yo lo conozca o no lo conozca, si Cristo derramó Su sangre por él, es mi hermano».

Pablo iba a estas iglesias, nombraba ancianos en cada ciudad, establecía el orden… 

Annamarie: Había personas que recibían ese evangelio, personas que no recibían ese evangelio… 

Patricia: Recibían muchas veces oposición que venía de una ciudad tras otra persiguiéndolos, pero el punto es que el evangelio estaba corriendo

Annamarie: Y aún esos hermanos en ese momento tenían que ser animados a perseverar en la carrera, igual que tú y que yo necesitamos hoy ser animadas a perseverar en la vida que Dios nos ha dado hoy, en la etapa de vida en que nos encontramos ahora. Ser animadas a perseverar. Y eso queremos hacer con nuestras oyentes, que cada uno de estos programas que podamos compartir, que cada una de estas cartas cuando las vayas a leer, te animen a perseverar en la carrera de la fe, porque ciertamente este mensaje de salvación que ha sido revelado es muy glorioso.

Y como hemos dicho, ni el tiempo ni la eternidad bastarían para terminar de entenderlo y de asombrarnos de maravillarnos de la gloria de Cristo.

Patricia: Estas cartas son tan valiosas cuando se escribieron para estas iglesias originales, como lo deben ser para nosotras hoy, para encontrar nuestro alimento, nuestro sustento, nuestra guía, nuestro ánimo, también nuestra reprensión, y vernos retratados en ellas, y saber que es la palabra de Dios para nosotras hoy. Dice la Palabra: «el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán», y estas cartas hoy tienen la misma vigencia.

Annamarie: Amén. 

Patricia: Hemos estado hablando sobre el apóstol Pablo y sus cartas en el Nuevo Testamento. Nueve de sus cartas, de las que comenzamos a hablar hoy, y de las que continuaremos hablando mañana. Gracias por acompañarnos. Te esperamos una vez más para que mañana veamos más detalles de estas nueve cartas que escribió el apóstol Pablo.

Annamarie: Y recuerda que la lectura para hoy en nuestro reto mujer verdadera 365 es Romanos capítulos 1 al 3. 

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Sobre los maestros

Annamarie Sauter Morales

Annamarie Sauter Morales

Ciudadana de la Ciudad Celestial, peregrina nacida en Colombia de padre alemán y madre colombiana. Tiene dos hermanos y vive en la República Dominicana. Dios ha usado Aviva Nuestros Corazones como una gran herramienta para transformar su vida, y por Su gracia trabaja en la producción del podcast diario del ministerio. Ama a su familia, a su iglesia local y a su equipo de trabajo. Le encanta el café, la música, el deporte y conocer a Dios a través del estudio de la Escritura. Su pasión es ver a las mujeres crecer en su caminar de fe y relación personal con Jesucristo.

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

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