Aviva Nuestros Corazones Podcast

Una visión grande para un Dios grande

Annamarie Sauter: Alabamos a Dios con corazones llenos de gratitud por el gozo de poder llegar a los corazones de las mujeres hispanas alrededor del mundo con el mensaje de libertad, plenitud y abundancia en Cristo.

Queremos reflexionar sobre la fidelidad de Dios al dirigir este ministerio a lo largo de más de 10 años y al mismo tiempo compartir con ustedes lo que está en el corazón de Nancy y del equipo de Aviva Nuestros Corazones.

Al inicio de su ministerio, Nancy DeMoss de Wolgemuth observó el grado en que el pensamiento feminista había afectado a la iglesia y comenzó a preguntarse:

Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Qué pasaría si Dios comenzara un nuevo movimiento en nuestra generación? Un movimiento que atraiga a las mujeres  hacia Su Verdad; que llame a las mujeres a amarlo con todo el corazón, mente, alma y fuerza, que las llame a levantar el evangelio de Cristo y a vivir sus implicaciones en sus vidas prácticas. ¿Cómo luciría esto?

Mi corazón comenzó a acelerarse. Luego vino el temor, porque entendí que quizás Dios quería que yo formara parte de esta revolución contra-cultura. Fue en ese momento cuando no fue tan fácil ondear mi bandera blanca de rendición.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

A mediados del año 2011, Revive Our Hearts y sus oyentes celebraron 10 años de ministerio. En este programa y en el siguiente queremos reflexionar acerca de la misión que Dios le ha dado a este ministerio para abrazar. Al escuchar a Nancy relatar sobre aquellos primeros días cuando Dios comenzó a llamarla al ministerio radial, tú podrás ser alentada a abrazar el llamado particular que Él tiene para ti, sin importar cuán difícil parezca en este momento. Aquí está Nancy.

Nancy: Betty Friedan—algunos conocen ese nombre; increíble el poder y la influencia que una mujer puede tener—ella era conocida por decir que “nosotras las mujeres necesitamos y confiamos en ninguna otra autoridad más que nuestra propia verdad personal”. Con ese tipo de afirmación como fundamento y como apoyo de su filosofía, ella se propuso comenzar una revolución y, de hecho, logró promover la revolución que estaba en su propio corazón.

¡Y solo quiero decir que estoy tan agradecida de que ella estaba equivocada! No es cierto que nosotras las mujeres no necesitamos o no debemos confiar en ninguna otra autoridad aparte de nuestra propia verdad personal. Si tan solo podemos confiar en nuestra propia verdad estaríamos todos muy inseguros. Ese es un fundamento muy débil e inestable sobre el cual apoyar nuestra vida.

Nosotras sabemos, y así lo hemos enseñado—sabemos en lo más profundo de nuestros corazones—que no podemos confiar en ninguna otra autoridad que no sea Su verdad, y que estamos anclados y atados a la Palabra de Dios y a Su Verdad, y que ésta es la que sostiene toda nuestra vida. Es lo que sostiene al universo completo. Esa es nuestra única esperanza, nuestro único medio de salvación y de gracia. Cualquier cosa buena que tengamos en esta vida o en la próxima lo debemos a no haber confiado en ninguna otra autoridad más que en Su Verdad.

Pero esos son dos puntos de vista muy divergentes, no pudieran ser más opuestos. Todo se reduce a cuál de estas dos ‘verdades’ es sobre la que hemos depositado nuestra confianza, y bajo cuál verdad nos sometemos. ¿Bajo qué autoridad hemos sometido nuestras vidas?

De hecho, todo este movimiento feminista que dejó como legado Betty Friedan y otros, no fue nada nuevo en el siglo 20. Eso lo sabemos. Sabemos que tuvo sus orígenes en Génesis, en el capitulo 3 en el Jardín del Edén cuando la serpiente, quien es el padre de mentiras, vino a la mujer y le dijo, “No necesitas y no tienes que confiar en ninguna otra autoridad que no sea tu propia verdad.”

Ahora bien, Dios había dicho, “Esta es la Verdad. Necesitas esta Verdad. Esta es tu autoridad. Esta es la única autoridad en la que puedes confiar.” De manera que teníamos la perspectiva de Dios sobre la verdad y la autoridad, y luego teníamos la perspectiva de Satanás sobre la verdad y la autoridad. Esas dos perspectivas fueron—y aún son—diametralmente opuestas y contradictorias.

Y la primera mujer creyó que ella necesitaba esta autoridad y que no podía confiar en ninguna otra autoridad, solo la suya, así fue que se fue en esa dirección. Ella eligió irse por ese camino. Luego ella dirigió al hombre—hay algo malo con ese modelo, ¿no? Si recordamos bien, Dios creó al hombre para dirigir y proveer, y ¿qué está haciendo Eva aquí? Ella está liderando y proveyendo para el hombre. Es el primer intercambio de roles que vemos en la historia y desde ese punto en adelante, los hombres y las mujeres se han apartado de la gracia, de la verdad, y se han empecinado, literalmente, en establecer su propia verdad y en hacerla autoridad sobre sus vidas.

Y es bajo estos conceptos que hoy venimos y reconocemos que estamos en una batalla. Estamos en una batalla por la autoridad. Estamos en una batalla por la Verdad. Estamos en una batalla para establecer sobre qué debemos fundamentar nuestra confianza. Es una batalla que no solo es librada por las mujeres, sino también por los hombres. Lo que sea que elijamos, ya sea confiar en la autoridad de Dios o en nuestra propia verdad personal, hace toda la diferencia en nuestras vidas. Marca la diferencia en nuestras vidas, en nuestras relaciones. Marca una diferencia en nuestras familias, en nuestras iglesias, en nuestra cultura y en nuestro mundo.

Vivimos en un mundo que ha elegido—en gran parte—creer y confiar en la autoridad de su verdad personal. Pero sabemos que aun si el 99.99% de las personas en el mundo confiasen en su propia verdad, aun así habrá una sola verdad absoluta, inmutable, que prevalecerá por toda la eternidad. Nosotros, como el remanente, como seguidores de Cristo, hemos dicho, “No, daremos nuestra vida por la verdad de la Palabra de Dios. Lo que sea que eso signifique, lo que sea que esto requiera, esa es la dirección en que queremos ir.”

Por la gracia de Dios, fui recipiente de la gran bendición de confiar en Cristo, de ser atraída a Él, cuando yo tenía 4 años de edad—el 4 de Mayo del 1963—es cuando tengo un recuerdo consciente de este evento. Estoy tan agradecida de haber crecido en un ambiente, en un “invernadero” adecuado para cultivar una fe joven, para cultivar tiernas plantas; de ser el recipiente de la Palabra de Dios que había sido inyectada en mi corazón—sin televisión, gracias a Dios, con mucha buena lectura y verdad y el Espíritu Santo obrando en mi corazón, atrayéndome a Él, dándome una carga y una pasión por Cristo.

Aquellos de ustedes que han tenido el privilegio de haber sido criados en este tipo de ambiente sabrán qué gran regalo y que bendición es esa.

Desde muy temprano, Dios puso en mi corazón de niña una carga por el avivamiento en la iglesia; anhelaba ver a Dios moverse en un derramamiento de Su Espíritu como lo había hecho en tiempos pasados. Y todo este asunto de lo que significaba ser una mujer, de lo que significaba ser una mujer que amaba a Dios y que le quería servir con todo su corazón, alma y fuerza—como mujer—era algo con lo que siempre luchaba.

Ese asunto fue para mí más difícil de entender. ¿Por qué me habría hecho particularmente mujer? Empecé a entender que no sucedió al azar. Ese fue el propósito único e intencional de Dios. Pero esto fue algo que luché por entender en las décadas de mis 20 y 30 años—hasta que finalmente lo pude abrazar como algo bueno. Fue un peregrinar, y sé que también lo ha sido para muchas otras mujeres, para mujeres que aman al Señor pero que no siempre ven “cuál es la diferencia exactamente” y porqué “importa tanto” esto.

Una de las razones por las que ha sido difícil para nosotros verlo y comprenderlo es que todo el aire que respiramos ha sido impactado por esta concepción—no se le denomina así hoy en día, pero muchas de nosotras tenemos años suficientes para recordar el nacimiento y el desarrollo del movimiento feminista—que, de hecho, si tienes menos de 40 años hoy, nunca has conocido un estilo de vida diferente.

En ocasiones hablo a mujeres jóvenes y les hablo acerca de cómo era la vida antes de que ellas nacieran, y ellas no se pueden ni imaginar un mundo diferente al que ellas han conocido como mujeres. Pero algunas de nosotras tenemos la edad suficiente para recordar cuando el movimiento feminista ni siquiera existía. Fue radical. Betty Friedan y sus amigas se reunían en un cuarto de hotel—de hecho creo que la primera reunión fue en el 1966 en una habitación donde habían aproximadamente 28 mujeres. Comenzaron a soñar, “Y qué si…” y a redefinir el mundo; a redefinirse a sí mismas y a redefinir a Dios.

Era un puñado de mujeres intencionales, con mucha perseverancia, mucha determinación y estaban listas para cambiar el mundo. Y lo llevaron a cabo de un sinnúmero de formas. Lo hicieron utilizando todos los medios disponibles en aquel tiempo. Escribieron algunos libros influyentes que comenzaron a abrirse camino en la cultura. Levantaron grupos de concientización en los hogares, que era el lugar donde la mayor parte de las mujeres estaban en aquel tiempo.

Ellas formaban estos pequeños grupos que fomentaban la rebelión y el descontento. Tenían líderes de grupo que decían, “¿Cuánto dinero hace tu marido? O si, trabaja muy duro, ¿no? ¿Cuánto dinero haces tú? ¿No ganas dinero? ¿No trabajas? Tu trabajo es muy duro aquí en la casa… ¿quiere decir esto que tu trabajas tan duro o más que tu marido y a él le pagan más que a ti?”

Comenzaron a socavar… “¿Cómo es que todos los hombres tienen los buenos empleos y los altos salarios y todas las buenas posiciones políticas?” Comenzaron a socavar y a producir una corriente de descontento, de resentimiento, de amargura y en última instancia de rebelión, que, de hecho, es la razón por la que la amargura y el descontento son asuntos tan serios. En última instancia estas actitudes nos llevan a rebelarnos en contra de la autoridad de Dios y de otras autoridades.

Esos grupos y esos libros y esas avalanchas a través de los medios de comunicación—muchos recordarán el concurso de belleza de Miss América en 1968, cuando justo al final entraron todas y mostraron esta bandera blanca gigantesca que decía, “Liberación de la Mujer.” De ahí salió el nombre de este movimiento. Hicieron marchas en eventos altamente difundidos. Hicieron eventos. Hicieron publicaciones. Usaron todas las formas posibles de los medios de comunicación que estaban disponibles en esa época de finales de los años sesenta y a principios de los setenta.

Comenzaron a infiltrarse en las universidades—entendieron que la educación era un medio importante para lanzar su visión. Así que comenzaron a desarrollar cursos y estudios para mujeres en las universidades a través de todo el país. Se propagaron de forma exponencial durante la década de los setenta.

A partir de esa primera reunión en el año 1966 en aquel cuarto de hotel y hasta mediados de la década de los setenta, lo que había sido un grupo aislado y radical—que muchas personas pensaban que ellas estaban locas—se convirtió en una corriente convencional y prevaleciente en poco más de 10 años. Y el resto es historia. Ha permeado la sociedad de tal forma, se ha infiltrado y se ha hecho tan generalizado en nuestra cultura que ahora hasta tenemos Biblias con géneros neutrales y llamamos a Dios “ella” y tenemos matrimonios distorsionados y relaciones homosexuales y todo tipo de desviación sexual y de disfunción.

Por supuesto, cuando hablamos de esto, es fácil simplemente enfurecernos, pero el hecho es que las mujeres que son producto de esta forma de pensar se encuentran ahora profundamente quebrantadas, heridas y lastimadas. Algunas de ustedes han estado ahí. Todas nosotras hemos probado de la fruta de una u otra forma.

Conocemos mujeres con las que hemos hablado que ahora están atravesando por su cuarto o su quinto matrimonio. Todo en sus vidas se ha roto, y no hay esperanza; no hay vida. Todo lo que había prometido darle gozo, satisfacción y contentamiento o mejor paga… ha pasado como dice la Escritura en los Salmos, las personas se rebelaron contra Dios, tentándolo en sus corazones, y Dios les dio lo que ellos deseaban, pero les envió junto con ello una plaga de muerte. (Salmos 78)

 

Se han obtenido muchos, muchos beneficios en términos de los derechos de la mujer y de los salarios y los empleos, pero cuánta enfermedad del alma, cuánta tristeza, desesperación y depresión junto con ello. Las mujeres no solo acuden al doctor porque necesitan asistencia médica. Necesitan ayuda para sus almas, y están buscando algún lugar donde encontrar esperanza, asistencia y gracia.

A fines de la década de los años 90—fue realmente alrededor del 1997—cumplí mis 39 años de edad. No sé porqué siempre lo conecto con ese dato. Estaba de camino a hablar en una conferencia de mujeres y compré un libro de una mujer que no conocía en aquel tiempo. Ella ahora se ha convertido en una buena amiga—es Mary Kassian. Muchos de ustedes la han escuchado hablar.

Compré su libro titulado, El Evangelio Feminista, o The Feminist Gospel, en inglés. Yo estaba en la luna sobre lo que había pasado con esto del movimiento feminista y cómo había surgido y como había impactado la cultura. Así que mis ojos fueron abiertos cuando leí este libro.

Lo que sí fue un gran despertar para mí fue ver como ella describía esta filosofía y cómo ésta había infiltrado y permeado a la iglesia. Comencé a conectar los puntos y a ver cosas que nunca había comprendido porqué sucedían. Muchas cosas comenzaron a tomar sentido para mí; cosas que estaban pasando a mi alrededor y en la cultura y que no entendía. Sentí que “enardecía”—ahora que reflexiono sobre eso fue un trabajo del Espíritu de Dios—como le sucedió a Pablo cuando llegó a Atenas y dijo que su espíritu se enardecía dentro de él al contemplar la ciudad llena de ídolos (Hechos 17:16).

Eso fue lo que me sucedió a mí en ese momento. Fue una respuesta visceral de que algo estaba terriblemente mal y que se necesitaba hacer algo desesperadamente.

Recuerdo que pasó un periodo de tiempo de varios días, quizás semanas, y aun tenía esta carga en mi corazón, mientras entendía la forma en que esta revolución había ocurrido en nuestra cultura, y aceptaba la carga que Dios había puesto en mi corazón sobre la necesidad de una contra-revolución cultural, con la intención de llevar a las mujeres cristianas a retomar el terreno que habían perdido a las mentiras, el terreno que habían perdido por haber creído su propia verdad personal en lugar de la verdad de Dios.

No era de sorprenderme que el mundo pensara y funcionara creyendo mentiras porque desconocían la verdad. Pero lo que me sorprendió fue ver hasta dónde nosotras, que tenemos la Palabra de Dios y que decimos que ella es nuestra autoridad, estábamos viviendo como teólogas bíblicas pero como feministas en la práctica, en nuestros estilos de vida. Miré a mi alrededor y vi muchas evidencias de cómo esta filosofía había permeado el mundo evangélico.

Comencé a tener esta visión, “¿Qué pasaría si Dios se moviera? “¿Acaso no es Dios más grande que Betty Friedan? ¡Por supuesto! ¿Qué pasaría si Dios comenzara un nuevo movimiento en nuestra generación? Un movimiento que atraiga a las mujeres  hacia Su Verdad; que llame a las mujeres a amarlo con todo el corazón, mente, alma y con todas sus fuerza, que las llame a levantar el evangelio de Cristo y a vivir sus implicaciones en sus vidas prácticas. ¿Cómo luciría esto?

Mi corazón comenzó a acelerarse. Luego vino el temor, porque entendí que quizás Dios quería que yo formara parte de esta revolución contra-cultura. Fue en ese momento cuando no fue tan fácil alzar mi bandera blanca de rendición. Me asusté. Tenía 39 años. No estaba lista para retirarme, pero tampoco lo estaba para subir nuevas cumbres o alcanzar nuevos retos. No soy una luchadora por naturaleza. Estaba teniendo un ministerio bendecido y fructífero. Estaba en un buen tiempo y no estaba considerando ir en contra de lo establecido.

Y no era tanto que yo pensara que esto dependiera de mí, pero solo la idea de que Dios quizás quería que yo fuese parte de este movimiento de avivamiento y reforma en las mentes y los corazones de las mujeres Cristianas, era algo que me llenaba de temor. Pensaba, “Me pasaré el resto de mi vida nadando en contra de la corriente y mi vida jamás volverá a ser fácil.” No que era fácil entonces, pero la verdad es siempre contra-cultura y pensé, “!no quiero eso!”

Bueno, ese fue el principio de un largo peregrinar en el cual Dios comenzó a clarificar mis ideas, a educarme en todos estos asuntos, mientras yo confiaba y obedecía, mientras Él hacia una obra de gracia en mi propia vida, y comenzaba lo que en última instancia fue…—esto sucedió muchos antes de que pensara en hacer radio, en los tiempos cuando yo estaba buscando a alguien que pudiera ser la próxima Elizabeth Elliot, yo le hablaba a las mujeres y les comentaba, “¿Qué tal si se hace un programa de radio para mujeres para hablar sobre todos estos temas?”

Yo estaba buscando alguien que pudiera dirigir este tipo de ministerio de radio. De hecho, me reuní con un grupo de mujeres en el Sur de California, algunas que eran comunicadoras muy dotadas y que estaban siendo utilizadas por Dios en lugares de mayor alcance que los que yo misma estaba siendo usada en aquellos tiempos, y hablamos y hablamos sobre esta idea. Yo simplemente estaba con mis oídos aguzados, tratando de pensar quién pudiera ser buena para hacer esto.

Y entonces recuerdo cuando recibí esa llamada de Dennis Rainey de FamilyLife (Vida en Familia), cuando me dijo, básicamente, “Te amamos y tenemos un maravilloso plan para tu vida. Creemos que debe existir un programa de radio cristiano, dirigido a mujeres, producido por mujeres, y pensamos que quizás Dios quiere que tu tengas una parte en esto.”

Recuerdo haber dicho, “Sabes, esa es una buena idea. De hecho, he estado pensando en eso precisamente, pero tienes a la persona equivocada. Quizás yo pueda ayudarte a encontrar a la persona correcta.” Algunos de ustedes conocen parte de esta historia.

Y muy al principio, durante esos meses cuando orábamos y buscábamos al Señor sobre si comenzar o no con este ministerio radial—para ese tiempo ya habíamos comenzado a escribir libros y a llevar a cabo conferencias—y luego todo este concepto del radio nos llevó a toda una nueva dimensión. Pasé alrededor de 18 meses en ese proceso. Quería estar muy segura de que esto era idea de Dios y no solo la idea de Dennis Rainey y Bob Lepine, sino que en efecto Dios estaba envuelto en esto.

En ese tiempo, el ministerio de Life Action sostuvo una reunión de su Junta Directiva y allí discutieron esto. Yo estaba allí sentada solo escuchando, tomando notas. Algunos de ustedes conocen a T.W. Hunt, quien es una especie de patriarca, un gran hombre de oración de la convención Bautista del Sur, un hombre de Dios, piadoso, un hombre de fe. Él era miembro del comité asesor en ese tiempo. Si conoces a T.W., sabrías que es un hombre muy poco pretencioso. Él estaba sentado detrás, y no dijo nada durante toda la discusión.

Le pedimos a estos hombres, antes de la reunión, que oraran sobre si Dios estaría complacido si el Ministerio Life Action se asociara en el lanzamiento de este ministerio de radio—no sabíamos cómo se llamaría el programa en aquel momento. Luego recuerdo a Byron, volteando a ver a T.W. le pregunta, “tienes algo en tu corazón, T.W.?”

En su forma callada y humilde, T.W. dijo, “Desde que Nancy nos pidió que oráramos sobre esto, he estado orando. Durante los últimos años, ha habido una creciente y profunda carga en mi corazón sobre la corrupción incrementada y generalizada entre las mujeres de nuestra cultura.” Luego nombró algunas mujeres que en ese tiempo podían ser identificadas como contribuidoras de la creciente corrupción de la cultura.

Y luego dijo, “Esto ha sido una carga tal en mi corazón, que por años he estado orando que Dios mandara algún mecanismo para contrarrestar esto.” Luego él dijo, “Mientras he venido orando durante estas pasadas semanas, creo que Dios está levantando este ministerio para hacer justamente esto, para un tiempo como este.”

Hubo un silencio sepulcral en el salón. Yo estaba tomando notas y me detuve. Había un sentido tan especial de que Dios estaba afirmando y confirmando que esta era la dirección en la que teníamos que dirigirnos.

Ha sido un privilegio ser parte de lo que Dios está haciendo y reconocer la influencia que tienen las mujeres para bien o para mal. Pudiéramos hablar de la corrupción generalizada y de la influencia para el mal que han tenido. Pudiéramos hacer muchas ilustraciones sobre esto, pero es tan dulce ver cómo mujeres que son verdaderas mujeres de Dios se están convirtiendo en poderosas influencias para la justicia allí mismo donde Dios las ha colocado.

Annemarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado describiendo una gran necesidad en nuestros días—una necesidad de que se levanten voces que proclamen el evangelio de Dios y la verdadera feminidad. La necesidad de una contra-revolución no es menos necesaria hoy que cuando Dios puso esta carga en el corazón de Nancy hace más de 10 años.

Hemos de muchos testimonios de vidas en las que Dios está obrando y está trayendo a estas sendas antiguas. Esas historias nos ofrecen un ejemplo de lo que Dios quiere hacer en el corazón de las mujeres de nuestra generación.

Me llamo Evelyn Guerra, tengo 19 años, soy de Guadalajara; Jalisco, México. Estoy muy agradecida con Dios por el ministerio de Aviva Nuestros Corazones, llegó una etapa en mi vida en la que Dios me estaba dirigiendo a nuevos caminos hacia una nueva dirección en mi vida, la verdad es que yo no entendía muchas cosas, me convertí teniendo catorce años, pero nunca había tenido sentido para mí el ser mujer, nunca encontré nada bueno de ser mujer, siempre fui masculina, siempre estaba rodeada de chicos, no sabía cuál era el diseño que Dios tenia para mi hasta que llego Aviva Nuestros Corazones, empecé a escuchar y a estudiar los programas y fue como si Dios mismo estuviera hablando a mi corazón, mi perspectiva de vida cambio, mi relación con el Señor cambio, prácticamente toda mi vida cambio, recibí la respuesta a mis oraciones por dirección, así que ustedes son la respuesta a mi oración ¡ Gloria a Dios!

En verdad no tengo palabras para decirle cuan hermoso es este ministerio para mi, gracias a él, ahora mi caminar en el Señor es distinto, y en verdad solo anhelo amarle y servirle, sabiendo cual es el hermoso diseño y propósito que El tiene para mí. En verdad espero que mas y mas jóvenes como yo , puedan experimentar lo que yo experimente, y les amo mucho en el Señor y oro por el ministerio, para que Dios las siga usando para traer aliento y para que Dios siga transformando la vida de más mujeres a través de ustedes.

Te invitamos a visitar nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com, donde podrás encontrar recursos que te ayudarán en el proceso de buscar la verdad sobre tu llamado como mujer.

Mañana, Nancy continuará compartiendo algunas cargas en su corazón relacionadas al movimiento Mujer Verdadera. ¿Cómo luce esto en los días por venir? Regresa el lunes, a Aviva Nuestros Corazones. ¡Qué tengas un bendecido fin de semana!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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