Podcast Aviva Nuestros Corazones

Una visión sustentadora

Carmen Espaillat: Porque Josué enfrentaba  tareas increíblemente desafiantes, necesitaba pasar tiempo a solas con Dios. Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Creo que lo que sostuvo a Josué a través de esos años difíciles –a través de esos problemas difíciles, esos tiempos difíciles, esos tiempos donde tenía que resolver los problemas del pueblo, esos tiempos donde tenía que tomar decisiones; «¿Cómo conquistamos esta ciudad amurallada?» – fue la visión de la gloria de Dios. Esa visión fue la que lo sostuvo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Imagina recibir una invitación para conocer a alguien extremadamente famoso –alguien con mucha sabiduría y con la habilidad de hacer que las cosas se lleven a cabo. Probablemente acomodarías tu agenda para poder estar en esa reunión.

Bueno, se te ha ofrecido esta invitación. Nancy describirá la oportunidad que nos ha sido dada de estar a solas con Dios, al continuar con la serie “Lecciones de la Vida de Josué (Parte 2): Aprendiendo a ser enseñable”.

Nancy: Estamos buscando los secretos en la vida de Josué que lo ayudaron a permanecer fiel al Señor  a lo largo de toda su vida, porque  quiero aprender de esos secretos. Quiero aprender de su ejemplo, y como Dios nos ha dado este ejemplo en Su Palabra, en realidad, no es tan secreto. Creo que el programa de hoy es muy importante ya que lo que vamos a ver es una de las claves más importantes en la vida de Josué, y es el  pasar tiempo a solas con Dios.

Estamos viendo  Éxodo capítulo 24, el pasaje que comienza en el versículo 12. Permítanme leer el versículo que estuvimos viendo la última sesión. «Y el Señor dijo a Moisés: Sube hasta mí, al monte, y espera allí» – o como otra traducción dice, «quédate allí» (NVI) – «te daré las tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para instrucción de ellos.» (LBLA)

Así que Dios llama a Moisés a encontrarse con Él en la montaña para darle las tablas de piedra donde Él ha escrito Sus mandamientos. Dios también le va a dar instrucciones detalladas para construir el tabernáculo, el lugar donde el pueblo se podría encontrar con Dios.  Esas instrucciones están detalladas en Éxodo 25-31, en varios capítulos. Así que Dios le dice a Moisés, «Sube hasta mí, al monte, y espera allí.» Versículo 13, «Y se levantó Moisés con Josué su ayudante, y subió Moisés al monte de Dios.» Moisés le contesto, «Sí Señor. Tú quieres estar conmigo; Yo quiero estar contigo. Tú me invitaste. Tú me estás llamado a acercarme a Ti Sí, Señor, eso es lo que voy a hacer.» Él responde a la invitación de Dios.

Al ir estudiando este pasaje, me pregunto por qué Moisés no llevó a Aarón con él. Después de todo, Moisés y Aarón habían estado juntos por mucho tiempo. Aarón era, en lo que se refería al pueblo, el segundo hombre en el liderazgo. Él era el vocero de Moisés. La escritura no nos dice porque llevó a Josué en lugar de Aarón, pero me pregunto si Moisés sentía que era Josué el que tenía un corazón para estar en la presencia de Dios. Y vamos a ver esto a través de toda la vida de Josué. Vamos a ver qué Aarón no tenía este mismo corazón. Él conocía mucho más acerca de Dios, pero lo no conocía de la misma forma que Moisés y Josué lo conocían.

Hemos hablado sobre la necesidad de pasar tiempo con el Señor «en el monte.» Puede que no sea una montaña, literalmente hablando, a donde vayas a pasar tiempo con el Señor, pero es apartar tiempo y un lugar para estar a solas con Dios. Algunas veces necesitamos estar con Dios completamente a solas. En éxodo 34, no vamos a ver ese pasaje hoy, pero hay un punto más adelante en la vida de Moisés donde Dios le dice, «Sube a Mí a la montaña otra vez, y esta vez nadie debe venir contigo» (vv. 2-3 parafraseado). Necesitamos tiempos donde estemos completamente a solas con Dios – apagar el radio, la televisión, sin otros libros, ni revistas, ni más personas – solo nosotras y Dios y Su Palabra.

Y también hay momentos, como el que Moisés experimentó con Josué, donde estamos con otros siervos o siervas de Dios que son más sabias y mayores y pueden aconsejarnos y moldear nuestras vidas. Pasamos tiempo juntas en la presencia de Dios. Ese es el modelo en Tito 2 que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes. Pienso en lo mucho que he aprendido en el transcurso de los años al escuchar a personas mayores, piadosas, orar y hablar sobre las cosas de Dios.

Pienso en mi querida amiga Vonette Bright, la viuda del Dr. Bill Bright de Cruzada Estudiantil para Cristo. Vonette ya está con el Señor. Y tuve el privilegio de conocerla por muchos años, y qué bendición para mí estar cerca de esta mujer mayor, escucharla orar, hablar con ella sobre las cosas de Dios, tuve el privilegio de que estuviera con Robert y conmigo en el  día de nuestra  boda y pasar un dulce tiempo a solas con ella. También he sido instruida y mentoreada por otras siervas mayores del Señor como ella.

Algunas veces necesitamos estar con siervas más jóvenes a quienes algún día podamos pasar la batuta que se nos ha encomendado. Los beneficios para Josué al estar en este viaje son obvios, pero  pienso en Moisés también quien aparentemente vio el valor que tenía para  él, el tener un hombre más joven a su lado durante esos seis días que estuvieron esperando juntos en la presencia de Dios, en lugar de estar esperando solo. La necesidad de Moisés pudo haber sido tener un compañero, contar con alguien y ser animado así como invertir en la vida de su sucesor. Moisés probablemente  necesitaba tanto a Josué como Josué necesitaba  a Moisés. Los dos necesitaban la influencia en la vida del uno y del otro.

Hay tiempos en los que necesitamos tener a nuestro alrededor personas más jóvenes en quienes poder invertirnos, a quienes podamos hablar sobre los caminos de Dios. Tus hijos, tus nietos necesitan verte y escuchar que pasas tiempo con el Señor.

Recibí un correo de una amiga que iba a  enseñar en un retiro. Ella me contaba que iba a llevar con ella, a su nieta de, al parecer  unos siete años, y decía, «Mi nieta es una princesa en proceso, y  voy a tener un buen tiempo para instruir a esta pequeña que aún no conoce al Señor. Voy a poder  plantar semillas en su vida durante el trayecto y durante el viaje.»

Esto es lo que Moisés está haciendo aquí con Josué, él está invirtiendo en su vida, dándole a este hombre joven un corazón y un hambre por las cosas de Dios. Para hacer esto, Moisés y Josué tuvieron que apartarse de la multitud. Tuvieron que separarse de la compañía y del compañerismo de otras personas. Tuvieron que dejar otras actividades –buenas actividades. Algunas veces, para poder estar con Dios, tenemos que sacrificar las cosas buenas para poder disfrutar de las cosas mejores y darnos cuenta de que nada es más importante en ese momento que el estar con el Señor. Versículo 14, «y [Moisés] dijo a los ancianos:(en lo que él y Josué iban a subir al Monte)  Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros. Y he aquí, Aarón y Hur están con vosotros; el que tenga algún asunto legal, acuda a ellos.»

Ahora, Moisés, al estar dispuesto a hacer este viaje y pasar este tiempo –no sabía cuánto iba a durar– el necesitaba estar dispuesto a delegar el control. Él era el líder. Pero el debía estar dispuesto a dejar  las riendas a alguien más. El tenía que estar dispuesto a permitir que otros lidiaran con los asuntos diarios que tenían que resolverse y darse cuenta de que, en su ausencia, aquellos a quienes había dejado a cargo podrían equivocarse, lo que en efecto hicieron. Lo que de hecho sucedió, recuerda, que fue durante este viaje a la montaña que sucedió el incidente del becerro de oro. Esto lo vamos a ver  más adelante.

Esta decisión  requería que Moisés confiara en que Dios cuidaría del pueblo y que él tendría que estar dispuesto a vivir con las consecuencias de lo que pasara en su ausencia. Pensamos que el mundo no puede funcionar si nosotras no estamos ahí. «Tengo que estar allí, tengo que ir a esa reunión. Tengo que ir a este lugar. Tengo que hacer eso.» No, no tienes que hacerlo; no necesariamente; no siempre. Hay veces en que Dios nos llama a pasar tiempos con Él, y el mundo sí puede seguir adelante sin nosotras. Va a seguir girando. Necesitamos reconocer que es una evidencia de humildad el decir, «Esto puede hacerse sin mí. Yo me puedo ir y dejar a Dios a cargo de esta situación.»

 Ahora, no estoy diciendo que seamos irresponsables. Fue Dios quien claramente le dijo, «sube acá.» No estoy diciendo que debes dejar tu casa cuarenta días y decirles a tus hijos, «bueno ustedes encárguense ahí.» Probablemente no sea eso lo que Dios te diría que hicieras, pero hay momentos y épocas en las que Dios te va a llevar a alejarte un poco y estar con Él, y debes confiar en que Dios está cuidando de esos detalles en tu ausencia.

Así que Aarón y Hur quedaron a cargo del pueblo. Ahora, se me ocurre que Josué como un hombre joven – y digo joven…porque aunque  él estaba entre sus  cuarenta y cincuenta años, eso es estar joven, ¿verdad? Como hombre joven (porque la Escritura se le llama joven), Josué pudo haber preferido estar donde estaba la acción, o que se le diera la responsabilidad que se le dio a Aarón y a Hur. Las personas jóvenes generalmente quieren estar haciendo cosas, siendo productivas,  llevando a cabo logros. No les gusta que se les asigne un servicio inactivo, pero esto era parte del entrenamiento de Josué. Esto era parte de su preparación para el liderazgo espiritual – alejarse de la multitud y de otras actividades y pasar tiempo con Moisés y con Dios en la montaña. Pero ahora observa el versículo 15, Éxodo 24: «Entonces subió Moisés al monte», Josué estaba con él, ya hemos visto esto, «y la nube….» ¿Qué es esa nube? Es la presencia y la gloria de Dios, «y la nube cubrió el monte.» Versículo 16, «Y la gloria del Señor reposó sobre el Monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día, Dios llamó a Moisés de en medio de la nube.»

Durante  seis días Moisés y Josué estuvieron juntos sobre el Monte Sinaí que estaba cubierto con la nube de la gloria de Dios. ¿Y qué estuvieron haciendo durante esos seis días? ¿Qué estaban haciendo? ¿Qué resultados dieron por esa semana? ¿Qué cosas marcaron en  su lista de cosas por hacer?

Nada.

¿Qué estaban haciendo? Ellos estaban esperando. Sin agenda. Sin listas de pendientes. Solo esperando. Dios dijo, «Sube hasta mí, al monte, y espera allí,- está allí – siéntate allí – solo quédate ahí», y podemos pensar, wow, Qué pérdida de tiempo. Dios, ¿no tienes nada que hacer? Dios no dijo nada durante todos esos días. Ellos solo estaban allí en la presencia de Dios. Pienso que esos seis días se debieron haber sentido como una eternidad. ¿No lo hubieras sentido tú así, si no tuvieras nada que hacer? No había restaurantes allá arriba, ningún lugar a donde ir, nada que ver, nada que hacer; solo estár ahí en ese lugar remoto, aislado, desolado, solo tú , tu amigo y Dios– seis días. Vamos, dímelo, se honesta ¿no estoy en lo cierto? Seis días. ¿No te estarías volviendo loca? Somos tan adictas a la actividad, no podemos simplemente estar ahí. Pienso en todo el potencial para el aburrimiento, para la inquietud, para la impaciencia, especialmente para el más joven. «Moisés, vamos, vamos a hacer algo. Vamos a comenzar algo. Qué te parece si vamos a planear algo. Dios nos va a dar los planos para el tabernáculo; vamos a planear algo nosotros.»

En seis días puedo hacer muchos planes, puedo escribir mucho, puedo hacer muchas listas.

No ves nada de eso, no ves que hagan actividad alguna. Creo que la tentación en esos días  de irse de allí  debió haber sido bien grande. Quiero decir, «nada estaba pasando. Dios no estaba hablando. No estamos teniendo ningún avivamiento. Las almas no están siendo salvadas. No estamos aconsejando a nadie. Quién sabe qué está pasando allá en el valle que necesite nuestra atención. Vámonos!» ¿Cuántas de nosotras podríamos habernos sentado allí por seis días? Pudo haber sido más fácil para Moisés que para Josué. Moisés ya había pasado cuarenta años de silencio en el desierto de Madián donde Dios lo retiró de todo su esquema de  actividades. Cuando Moisés salió de Egipto por primera vez y fue a Madián, pensaba…. vamos a matar este hombre, vamos a ganar esta batalla, vamos a liberar a los esclavos. Así era que Él hacía las cosas.

Pero cuando Dios lo sacó al desierto por cuarenta años –al desierto–  a cuidar solo ovejas, Él estaba aprendiendo a quedarse quieto. Creo que en este punto en la vida de Moisés, ya había sido despojado de cualquier obsesión con las multitudes, actividad y logros.

Pero Josué era otra historia. Había pasado toda su vida adulta hasta entonces bajo la presión de plazos –impulsado por el látigo de los capataces egipcios. «Termina esto para el final del día –o ya verás!» Su vida había estado en movimiento desde que salieron de Egipto. ¿Fue  difícil para Josué sentarse en soledad por aquellos seis días; sin tener ningún encargo más que estar con Moisés esperando la presencia de Dios?

¿Es difícil para ti estar sentada quieta y estar con Dios? Quiero decirte, es muy difícil para mí. Mi mente está siempre en actividad, y si mi mente no estuviera yendo rápido, para el momento en que me siento a tener mi tiempo devocional y encontrarme con Dios, mi mente iría a 100 kilómetros por minuto. Comienzo a pensar en todas las cosas que tengo que hacer. Me entra una preocupación por limpiar la casa. Es sorprendente lo que llega a la mente en cuanto me siento a estar a solas con Dios. Es difícil. Es una disciplina.

¿De qué hablaron esos seis días? Me pregunto si Josué le hacía preguntas a Moisés –preguntas sobre Dios, sobre los caminos de Dios. Me pregunto si Moisés se tomó el tiempo de instruir, enseñar y de mentorear a Josué. Tal vez oraron juntos. Quizá recordaron las maravillas que habían visto hacer a Dios en los últimos meses. Tal vez hablaron de los desafíos que tenían por delante y de cómo Dios iba a solucionarlos. Cómo Dios había sido fiel,  Acababan de cruzar el Mar Rojo. Acababan de ver a Dios sacar agua de la roca. Acababan de ver a Dios destruir a los amalecitas. Acababan de ver a Dios destruir el ejército egipcio en el Mar Rojo – cosas sorprendentes! Tal vez hablaron de lo que estaba por venir. Quizá se quedaron en silencio por largos periodos de tiempo. Tal vez solo miraban la nube, la gloria de Dios, y se sentaron allí con asombro y pavor –sin necesidad de hablar ya que Dios estaba allí.

Estar con Dios, esperar en Dios, no es fácil. Algunas veces para nuestras mentes frenéticas pudiera parecer hasta contraproducente, una pérdida de tiempo, pero quiero decirte que cuando Dios dice, «es momento de estar sola conmigo,» no hay un uso más productivo de nuestro tiempo.

La Escritura dice en Lucas 5, « Pero con frecuencia Él se retiraba a lugares solitarios y oraba.» Era un patrón en la vida de Cristo. No era como que ya no había más personas con quienes platicar o a quienes enseñar o a quienes sanar. Siempre había personas que necesitaban encontrarse con Él, cosas que tenían que hacerse, pero Él se retiraba, se alejaba a lugares solitarios y oraba –estaba con Dios.

Jesús nos dijo que hiciéramos eso en el Sermón del Monte. En Mateo 6, El dice, «Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto» (v.6). ¿Qué tan frecuentemente  tenemos tiempo en el que solo estamos a solas con Dios con la puerta cerrada –la puerta de nuestro corazón cerrada –controlando las distracciones, desechándolas y diciendo, «voy a pasar tiempo con Dios»? Seis días.

Luego el versículo 16 nos dice, «y al séptimo día, Dios llamó a Moisés de en medio de la nube.» Puedes imaginarte el momento en que escucharon esa voz y en su corazón  dijeron, «que feliz de haber esperado, tan feliz de no haber regresado a casa ayer, tan feliz de no haberme dado por vencido el día tres. Valió la pena la espera.»

Escucha, cuando has esperando en la presencia del Dios  y el Señor entonces  hace que Su Palabra sea vivificada en tu corazón de pronto sabes qué es lo que debes hacer, sabes qué es lo que Dios te está diciendo, y dices, «valió la pena la espera.»

Creo que una de las razones por las que algunas de nosotras no escuchamos más de Dios es porque no nos sentamos y esperamos hasta que Dios hable. Estamos esperando que Dios hable a través del estruendo de todos los otros sonidos y actividades en nuestras vidas, pero  Dios está diciendo, «¿No tienes tiempo para esperar? Pues no tengo tiempo para hablar.» No lo digo de forma irrespetuosa, pero creo que así es como algunas de nosotras estamos viviendo.

Versículo 17, «A los ojos de los hijos de Israel la apariencia de la gloria del Señor era como un fuego consumidor sobre la cumbre del monte.» No caminarías en medio de un fuego consumidor – por lo menos, no a propósito- pero así era exactamente como el pueblo de Israel lo veía desde el valle, en la parte de abajo de la montaña, pero para Moisés, había una invitación a subir a la presencia de Dios.

Así que, versículo 18, «Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.» Un comentarista piensa que fue un total de cuarenta días y cuarenta noches, incluyendo los seis días que acababan de pasar juntos, Moisés y Josué. En realidad no está  muy claro en el texto, y diferentes comentaristas ven eso diferente –pero parece que Josué acompañó a Moisés parte del camino subiendo la montaña y esperó con Moisés durante esos seis días, y después se quedó atrás mientras Moisés seguía subiendo la montaña hacia la presencia de Dios.

Así que Josué no solo esperó esos primeros seis días, sino treinta y cuatro días más. Ahora, hermanas, estamos hablando de casi ¡cinco semanas! Este es un joven, ambicioso, activo. No está en una temporada de su vida en que se quiere sentar en una mecedora y dejar pasar sus días.

Te imaginas estar en los cuarenta pensando, Hay cosas que pudiera estar haciendo con este tiempo. Hay cosas que necesito estar haciendo con este tiempo. ¿Quién está contestando los correos electrónicos? ¿Quién está contestando las llamadas? ¿Quién está recibiendo los pedidos? ¿Quién está solucionando los problemas con los niños?

Josué espero a Moisés hasta que regresa de recibir las tablas. Entonces vamos a Éxodo 32, donde los vemos regresar al campamento israelita. Bajaron juntos.

Eventos como estos fueron formativos para la vida de Josué y de su carácter. Lo prepararon para los días súper ocupados que vendrían, para las demandas del liderazgo, para los días en que él iba a estar a cargo y Moisés ya no estuviera.

¿Cuál fue uno de los frutos de este tiempo en la vida de Josué? Bueno, al pasar tiempo con Moisés esos seis días y después pasar treinta y cuatro días solo esperando a Moisés, Josué aprendió la importancia de esperar, la importancia de escuchar la voz de Dios. Aprendió la disciplina del aislamiento, la soledad, la quietud y la comunión secreta con Dios.

A medida que la historia de Josué se desarrolla, llega a ser más evidente que aquí tenemos un hombre que tenía un corazón para pasar tiempo con Dios. No es un hombre impulsado por horarios o impulsado por la agenda que otras personas quieren para su vida. Él es un hombre que ama estar en la presencia de Dios.

Él también aprendió que un líder, para lo que Josué se estaba entrenando, que un líder necesita recibir dirección de Dios. Moisés no inventó su propia lista de mandamientos para el pueblo. Él no hizo sus propios planos para el tabernáculo. Él los recibió de Dios, y Josué estaba viendo esto. Josué sabría entonces, cuando llegara a ser el líder, la importancia de recibir su dirección de Dios –cuándo fueran a Jericó, cuando fueran a Hai, cuándo hicieran el trato con los gabaonitas. Vamos a ver como después él haber aprendido la importancia de recibir la dirección de Dios. Ahora es cuando él está sentando las bases para ese estilo de vida.

Ese tiempo le dio a Josué una visión de la gloria de Dios, y esa visión de la gloria de Dios, creo, fue lo que lo sostuvo a través de los siguientes años de liderazgo y guerras. Él llegó a ser un hombre con una posición muy difícil. Vemos su parte como héroe, pero hubo grandes desafíos para guiar a los hijos de Israel a la Tierra Prometida.

Creo que lo que sostuvo a Josué durante esos años difíciles –a través de esas dificultades, esos tiempos donde tenía que resolver todos los problemas del pueblo, donde tenía que tomar decisiones, « ¿Cómo tomamos esta ciudad amurallada?» –fue la visión de la gloria de Dios que le ayudó a operar en fe. Recuerda, él fue uno de los espías que fue a la Tierra Prometida y regresó diciendo, «el Señor nos dará esta tierra» (ver Números 14:6-9). ¿Qué le dio fe? Fue el hecho de que había estado con Dios. Él había visto a Dios. Sabía que se puede confiar en Dios.

Así que Josué pasó la prueba de la soledad, a diferencia del pueblo de Israel que estaba abajo de la montaña. Recuerda que cuando vieron que Moisés tardaba en bajar de la montaña, se juntaron y fueron a Aarón y le dijeron, «Levántate, haznos un dios que vaya delante de nosotros;» (Éxodo 32:1). El pueblo se aburrió. Ellos se impacientaron. Dijeron, «tenemos que hacer algo.» Ellos no pasaron la prueba de la soledad. Construyeron un becerro de oro y pagaron un alto precio por ello.

¿Puedes estar quieta en la presencia de Dios, o te impacientas y comienzas a idear tu propio plan cuando parece que Dios se retrasa, cuando parece que Dios no  está hablando?

Comunión con Dios –aprender a estar quietas, aprender a estar con Dios, a esperar en Él – es un aspecto importante en la preparación para el servicio y el liderazgo.

Creo que tendríamos muchas menos caídas y tropiezos y desgaste en medio del pueblo de Dios, si no pasáramos por alto el elemento esencial del proceso de entrenamiento. Necesitamos tiempo en la presencia de Dios – esperar en Él, estar con Él, contemplar Su gloria, escucharlo, recibir Su dirección – sin el radio encendido, sin la TV encendida, o las personas hablando. Necesitamos tiempo para solo estar quietas y en silencio y escuchar. Este es un concepto realmente extraño en nuestra cultura. Un concepto extraño en la cultura cristiana.

Es cuando Moisés está solo con Dios que recibe la Palabra de Dios, recibió la ley de Dios. Mamás, algunas de ustedes están enseñando a sus hijos, ya sea en la escuela en casa o en algún otro tipo de escuela, siguen siendo las maestras de sus hijos – ¿de dónde van a recibir la instrucción que necesitan para enseñarlos, para entrenarlos? ¿La van a inventar ustedes mismas? «Oh, creo que esto es lo que este hijo necesita. Creo que necesito enseñar esto aquí.» O van a estar en silencio delante de Dios y a decir, «Señor, ¿qué es lo que este niño necesita escuchar? ¿Qué es lo que este niño necesita aprender?»

Algunas de ustedes son maestras de la Biblia, o tienen un grupo pequeño  de estudio, o están involucradas en alguna relación de enseñanza. ¿Cómo saben qué compartir con otras? ¿Cómo saben cómo ministrar a sus necesidades? Vayan a la montaña. Estén allí con Dios. Esperen en Él. Escúchenlo a Él. Reciban Su Palabra antes de ir a instruir a otras.

Quiero decirles que parte del éxito o el fracaso de este ministerio, a la larga, depende de mi disposición de apartarme y estar quieta y en silencio y enfocada y escuchando a Dios, estando con Él - no solo el tiempo en que estoy leyendo libros de otros y estudiando lo que otros dicen sobre estos pasajes, sino yo misma en la Palabra de Dios estando quieta y en silencio y escuchándolo a Él.

Hay algunos días en que pienso, y tú piensas, no puedo permitirme este tiempo. Hay tanto que hacer. Tomar casi seis semanas lejos de los israelitas para Moisés y Josué… recuerda, Moisés era quien estaba a cargo. Esto debió parecer imposible o insensato, y de hecho, durante el periodo de tiempo que Moisés se ausentó, el pueblo se deslizó terriblemente, pero eso no tomó a Dios por sorpresa. De alguna manera en la economía y en la sabiduría de Dios, a pesar del fracaso, Dios sabía que este tiempo era crucial.  Fue Dios quien le dijo, «Sube acá.» ¿Crees que Dios no sabía lo que iba a pasar mientras Moisés no estaba? Él lo sabía, y Dios es capaz de manejar esto, también, y Dios reveló Su gloria incluso a través del fracaso del pueblo.

Necesitamos tiempos periódicos  de soledad, alejarnos. Algunas veces parece imposible o irresponsable dejar el trabajo, dejar las tropas por un periodo extendido de tiempo para escuchar a Dios. Permíteme decirte que esos períodos probablemente no van a ser de seis semanas. No fueron siempre seis semanas para Moisés, eran seis días, seis horas. Pudieran ser seis minutos en medio de un día ocupado donde simplemente te detienes y esperas y escuchas y te reconectas con Dios en tu corazón.

En medio de todo lo que está sucediendo en tu día, te alejas, y les enseñas a tus hijos que necesitas ese tiempo, que ellos necesitan que tú tengas ese tiempo –es esencial para mí; es esencial para ti. Es esencial para nuestro bienestar espiritual que recibamos la dirección que necesitamos del Señor.

Así que Dios nos invita, «Sube hasta Mí, al monte, y espera allí,- está allí – y verás Mi gloria.»

Carmen: La  oportunidad de conectarnos con Dios es maravillosa. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado recordando cuán importante es pasar tiempo a solas con Dios. Cuando estudias la vida de Josué y su mentor Moisés, encuentras muchas aplicaciones prácticas. La mayoría de nosotras asocia a Josué con hazañas en el campo de batalla, y Nancy ha estado cubriendo algunas de estas en este estudio de la vida de Josué, al tiempo que nos da algunas aplicaciones prácticas para nosotras las mujeres en el 2017.

Tenemos mucho que aprender de la vida de Josué con relación a temas como confiar en Dios cuando estamos enfrentando una tarea imposible; depender de otros cuando somos débiles y la importancia de pasar tiempo con Dios—a solas.

Este año estaremos transmitiendo varias series sobre la vida de Josué. Ya escuchamos la primera parte, “Lecciones de la vida de Josué: Aprendiendo a ser victoriosa”, y esta semana continuamos con la segunda parte, «Lecciones de la vida de Josué: Aprendiendo a ser enseñable».

Bien, ¿estás lidiando con alguna situación conflictiva, que involucre sentimientos y actitudes de algunas personas? Dios puede estar haciendo más en esa situación de lo que te das cuenta. Nancy hablará más acerca de esto mañana aquí en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

 

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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