Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Unidas en un clamor, día 1

Annamarie Sauter: Con nosotras Yadira Erchila Gorek.

Yadira: Para mí, un corazón avivado es un corazón que ora. Alguien que ha sido avivado por el Espíritu de Dios no es indiferente al dolor, no es indiferente a la decadencia moral, no es indiferente a lo que está pasando en nuestro mundo...

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy arraigamos nuestras vidas en lo que Dios nos dice en Lucas capítulos 7 y 8.

En la serie anterior escuchamos acerca del Dios que como Padre conoce y escucha a sus hijos. Y hoy queremos que te unas a una conversación que grabamos en línea con mujeres de distintas partes del mundo. Patricia de Saladín está aquí para dar inicio a esta serie de programas titulada, «Unidas en un clamor».

Salmo 130 

Desde lo más profundo, oh Señor, he clamado a Ti.

¡Señor, oye mi voz!

Estén atentos Tus oídos

A la voz de mis súplicas.

Señor, si Tú tuvieras en cuenta las iniquidades,

¿Quién, oh Señor, podría permanecer?

Pero en Ti hay perdón,

Para que seas temido.

Espero en el Señor; en Él espera mi alma,

Y en Su palabra tengo mi esperanza.

Mi alma espera al Señor

Más que los centinelas a la mañana;

Sí, más que los centinelas a la mañana.

Oh Israel, espera en el Señor,

Porque en el Señor hay misericordia,

Y en Él hay abundante redención;

Él redimirá a Israel

De todas sus iniquidades.

Patricia de Saladín: Durante este mes de octubre nos hemos unido a Revive Our Hearts en el tema de clamar a Dios, y si has estado conectada con nosotros, te habrás podido dar cuenta de que ese es el tema, «clamar al Señor», con el deseo de convertirnos en mujeres que clamamos a Dios, que anhelamos escuchar la voz de Dios. Porque si no escuchamos a nuestro Dios, ¿cómo vamos a clamar? Y que como Habacuc, digamos: «Aviva, oh Señor, tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer»; que oremos que la gloria del Señor llene la tierra así como las aguas cubren el mar. 

Que como mujeres de Dios conozcamos al Dios de las Escrituras, que conozcamos Su Palabra y acudamos a ella a la hora de clamar a Él, con Sus mismas promesas, con el mismo sentir de la Escritura de buscar al Señor, no solamente en alabanza y gratitud, sino cuando sufrimos, cuando presentamos súplicas con fe; y que podamos clamar al Señor no solo de manera individual sino como iglesia, como la iglesia de Cristo.

Oh, cuánto necesitamos clamar de manera corporativa para que el Señor que ama a Su iglesia se acerque y bendiga todo lo que estamos pidiendo con Su obrar. Quizás no de la manera que tú y yo queremos que suceda pero sí conforme a Su plan soberano y como Cristo, la Cabeza de la iglesia quiere que sea. Y Dios está llevando a cabo Su gran historia de la redención, y dentro de esa gran historia nos encontramos nosotras, nuestras vidas, por Su gracia siendo parte de esa gran «Historia», y es increíble cómo nuestro Dios tan grande y majestuoso tiene también un plan para cada una de nosotras.

Él es quien nos está invitando a clamar. Es cierto que oramos por todo y en todo tiempo, y en ocasiones Dios nos pone a orar y a clamar por cosas que van más allá de las peticiones personales o regulares. Dios pone el peso de orar por asuntos que nos trascienden y que sabemos que humanamente no tenemos los medios para llevarlos a cabo, o darles una explicación humana.

En momentos así, debemos decir como decía el salmista, «esperar en el Señor porque Él es misericordioso y en Su Palabra tenemos nuestra esperanza». Clamamos a Dios porque somos Sus hijas y Él es nuestro Padre. Hoy en el estudio, para compartir de este tema precisamente, tenemos con nosotros a Sahira de Masías de México, y a Yadira Erchila Gorek desde Alemania pero de Guatemala.

Bienvenidas Sahira y Yadira, qué gusto estar compartiendo estos programas hoy con ustedes.

Sahira de Masías: Buenos días Patricia, qué gusto estar aquí en este programa. Sabemos que será un tiempo de gran bendición para todas las mujeres que nos están escuchando, y levantar un clamor al Señor porque realmente lo necesitamos. Estamos viviendo tiempos donde necesitamos clamar a nuestro Dios.

Patricia: Amén, así es. Y qué bueno que tenemos ese Padre que está siempre accesible a Sus hijas y que nunca está demasiado ocupado para escuchar lo que tenemos que decirle.

Sahira: Así es. Qué bendición que podemos clamar al Señor en cualquier momento, en cualquier tiempo, a cualquier hora, en cualquier lugar. Sus ojos están atentos a nuestro clamor y Sus oídos listos para escucharnos porque Él es nuestro Padre amado.

Patricia: Amén. Yadira, cuéntanos un poco de ti. Cómo están las cosas por Europa.

Yadira Erchila Gorek: Muchas gracias, Patricia, por la invitación. Es un tremendo privilegio estar aquí con ustedes hablando sobre un tema tan actual que ha sido desde el principio de la humanidad hasta hoy un tema del que podemos hablar del pasado del presente y seguramente nos acompañará hasta que el Señor venga.

¿Qué les puedo decir? Solamente unirme a lo que ha dicho Sahira, el Señor está disponible. No tenemos que hacer una cita. Imagínense si quisiéramos hablar con el presidente o el primer ministro de la nación…¿cuándo tendríamos una cita? Y suelo decirles a las mujeres, «no necesitamos una cita para entrar al trono de la gracia, estamos invitadas, el camino está abierto, pavimentado, precioso, y Él nos está esperando; solo tenemos que ir y hablar con el Rey del universo, con Aquel que lo puede todo, el Soberano Dios.

Es maravilloso, tenemos que recordar siempre esto, tenemos acceso al trono de la gracia en todo tiempo.

Patricia: Amén. Qué hermoso eso. Y qué bueno que estamos reunidas en torno al Señor, que nos conoce en nuestra fragilidad y ha dejado este camino, este vehículo por el cual podemos clamar. Porque ¿se imaginan –viendo la situación que estamos viviendo hoy en día, y como dice Yadira, también los del pasado tuvieron su cuota– viendo lo que estamos viviendo, que no tuviéramos a donde acudir, a quién clamar? Qué bienaventuradas somos de tener por ayudador al Dios de los cielos y de la tierra.

Y quisiera escucharlas un poco, ya que somos de diferentes partes del mundo aunque nos une que somos mujeres de habla hispana. Vamos a hablar un poco sobre las situaciones actuales que estamos viviendo como mundo y como región, como grupo, Latinoamérica. ¿Qué cosas están sucediendo, Yadira, tú que estás en Europa, de manera particular –porque hoy en día hemos tomado características particulares– con relación a la iglesia, de todo lo que tiene que ver con la sociedad, con lo que estamos enfrentando, las crisis económicas y sociales que estamos enfrentando hoy en día?

Yadira: Hablando de manera general, Europa está en oscuridad, es un valle de huesos secos. Es terrible ver la situación. Yo creo que el estado de la humanidad es igual en todas partes, pero Europa que era una tierra cristiana hace algunos siglos, vemos que ahora la comodidad y el bienestar han hecho que los cristianos –así llamados– le den la espalda a la fe y ya no busquen al Señor.

Los últimos cincuenta años han sido de prosperidad en Europa, claro que ha habido problemas también, pero hemos visto que las personas no tienen necesidad de Dios, no buscan a Dios. En el caso de Alemania, que fue donde nació la reforma, la gente conocía la Palabra de Dios y tenía acceso a ella, pero con el paso de los siglos se ha ido deteriorando. Claro que hay un remanente que es pequeño y de ahí viene la necesidad. Cuando Dios abre los ojos a ese remanente –no solo en Alemania sino en otras partes de Europa– Él pone en el corazón el peso de orar, de clamar, porque vemos que estamos viviendo los últimos tiempos, la situación es extrema.

El pecado es terrible, la gente se ha apartado totalmente de Dios y la mínima iglesia debe clamar.

Patricia: Sahira, ¿qué nos dirías tú?

Sahira: Bueno, aquí en Mexico también estamos pasando por situaciones difíciles, aunque un poco diferentes, porque creo que estamos viviendo un tiempo de avivamiento, un tiempo donde la iglesia se está levantando a orar y a clamar por la ciudad, por la nacion, y realmente estamos peleando una batalla contra el enemigo y contra las leyes que se están pasando como la legalización del aborto, los matrimonios igualitarios y tantas cosas que van en contra de la Palabra del Señor.

Pero gracias a Dios porque la iglesia está fuerte y está siendo esa luz que brilla en medio de las tinieblas y está deteniendo esa oposición que hay, y ese clamor al Señor ha hecho que esas leyes se detengan y no prosperen, y hemos visto las victorias en el Señor. Hemos visto cómo el Señor defiende a la familia y aunque quizás somos un remanente pequeño, oramos, intercedemos, pero creemos en Dios y creemos que Él es soberano y es poderoso y nos puede ayudar; y hemos visto Su buena mano en nuestra ciudad, hemos visto Su buena mano en nuestro país y esto nos lleva a clamar aún más, con fe, con agradecimiento, con fervor porque realmente tenemos una puerta grande.

Les compartes el evangelio de Cristo a las personas y te escuchan. La gente cree en Dios y ahora está quebrantada y tiene esa sed de la Palabra. Creo que ahora nuestra oración es por la iglesia. Que cumplamos la gran tarea de ir y predicar el evangelio a toda criatura y que no nos callemos. En todo momento, en todo lugar, con nuestra vidas y nuestras palabras pero que podamos compartirles a las personas que hay un Dios que salva, que Cristo quiere perdonar sus pecados y darles salvación y una vida nueva.

Y también hay personas sufriendo, los matrimonios están siendo muy atacados. Estaba escuchando las estadísticas y dicen que probablemente después de esta pandemia va a haber muchos divorcios. Y cuando escuché esta noticia –porque salió en las noticias a nivel nacional– mi corazón se conmovió para orar por estos matrimonios porque el enemigo siempre busca romper el diseño de Dios y ataca a las jóvenes, a los matrimonios, a las familias, a los niños, y realmente necesitamos levantarnos y clamar al Señor. Entonces, ahorita las familias están siendo atacadas en medio de esta pandemia, y nuestro clamor es, «Señor, manifiesta Tu amor, Tu perdón». Solamente Dios puede hacer que estas familias se mantengan unidas, que puedan amarse y perdonarse así como Cristo nos ha amado y perdonado. Vamos a pasar por momentos difíciles, por roces, por enfermedades, por crisis económicas, pero que clamemos al Señor y le pidamos, «Señor, ayúdanos, te necesitamos».

Esa ha sido la situación que estamos pasando ahora aquí en México en medio de esta pandemia.

Patricia: Amén. Es innegable que América Latina está viviendo un tiempo de avivamiento, pero el ataque es grande, no solamente la frialdad que Yadira describe en Europa o los problemas que enfrentamos aquí, sobre los cuales estamos viendo victoria, porque también en otros países hemos visto cómo se han detenido estas leyes que van en contra de la vida, pero mientras te escuchaba hablar me venía a la mente que debemos pedirle al Señor que a nivel individual como mujeres, como familias, y más allá, ponga en nosotras un clamor –porque como decíamos al principio la «Historia» es la historia de la redención. Y en meses anteriores leyendo el calendario de la lectura de la Biblia en un año de Mujer Verdadera 365, cuando leíamos el profeta Ezequiel, me llamó la atención un versículo en Ezequiel 9: «Recorre las calles de Jerusalén y pon una marca en la frente de todos los que lloren y suspiren por los pecados detestables que se cometen en la ciudad» (v.4).

Y yo decía, «wow, Señor, si Tú marcaras a aquellos que sufren y claman por los pecados de la ciudad, ¿quiénes tendríamos la marca? Porque es tan fácil en este mundo individualista que estamos viviendo centrarnos solamente en lo mío, en mi casa, y que si no tengo problemas ahí terminó mi mundo. Pero si es así no vamos a clamar como la Escritura dice que clamemos. No vamos a venir delante de Dios agonizando y clamando al Dios todopoderoso por los pecados de la ciudad.

Entonces tiene que salir de la iglesia porque Dios quiere que de la iglesia salga todo porque la iglesia es la novia de Cristo quien es la Cabeza de esa iglesia. Pero nosotros somos esa iglesia y si Él no pone ese clamor, el dolor por el pecado de nuestros países y naciones, pecados que afrentan la gloria de Dios, en nosotras como mujeres de Dios, entonces no vamos a ser mujeres que clamamos. Y en ese sentido, mujeres que no solamente adornemos el evangelio con nuestras vidas, con nuestra relación con nuestros esposos y con nuestras familias, todo eso, sino que como decías, Sahira, nuestro llamado es a buscar a esos perdidos.

Yadira, me imagino que ustedes son mujeres que claman en Europa para no desalentarse. Porque cuando vemos la frialdad tendemos al desaliento.

Yadira: Sí. Incluso esa es una de las peticiones específicas que tenemos en nuestro grupo en alemán, «Señor, que no nos desalentemos al orar». Y una de las peticiones específicas en el grupo de habla hispana es, «Señor, danos fuerza para continuar orando aunque no veamos las respuestas inmediatamente».

Y cuando hablabas de Ezequiel, recordé cuando leímos a Jeremías, me he identificado mucho con el profeta llorón, no solamente porque lloro fácilmente, sino porque realmente el Señor me ha puesto a clamar –a consecuencia de pruebas personales muy duras que tuve que vivir; y a través de todas esas pruebas avivó mi corazón.

Para mí un corazón avivado es un corazón que ora. Alguien que ha sido avivado por el Espíritu de Dios no es indiferente al dolor, a la decadencia moral, a lo que esté pasando en este mundo. Entonces cuando el Señor nos aviva –bueno, ese es el nombre de nuestro ministerio, Aviva Nuestros Corazones– y nos lleva a clamar, pone el peso en nuestro corazón. Lo pone en una o dos mujeres, pero las demás responden y se unen a ese clamor. Y eso es lo que el Señor ha hecho, nos ha puesto a clamar, nos ha unido, ha hecho tantas maravillas desde que conocimos Aviva Nuestros Corazones, que hemos llorado clamando por nuestras naciones, por Europa, por nuestros países de origen porque la mayoría son latinas. Claro, hay españolas y clamamos por España también, y poco a poco vamos viendo cómo el Señor responde a ese clamor.

Pero de lo que estamos convencidas, porque lo hemos vivido y yo lo he vivido personalmente, es que cuando clamamos la respuesta del Señor puede venir en forma casi de catástrofe porque –ya les compartiremos más acerca de eso– porque lo que decía Sahira, es muy interesante. En México la gente está abierta, tiene hambre, cree en Dios aunque no lo conozca y quiere escuchar el mensaje.

En Europa es diferente, la gente es indiferente –por ejemplo ahora con la pandemia están más dispuestos a orar– pero no es la generalidad como en Latinoamérica donde vemos esos corazones que quieren. Entonces, lo lógico es que venga una catástrofe para que cuando todo nos sea quitado, solamente tengamos el camino de volvernos al Señor. Yo no estoy prediciendo una catástrofe en Europa pero es casi lo que podría estar a mano para que por fin, al quitar el bienestar, la gente se vuelva al Señor.

Patricia: Y en este tiempo, en cierta medida, Dios ha quitado el bienestar, nos ha encerrado, ha permitido situaciones de mucho dolor. Y sin embargo –citabas a Jeremías en donde ese pueblo no respondía al llamado, no creía lo que el profeta decía, pensaba que todo era paz y seguridad, y «esto va a pasar como todo va a pasar»– si no nos volvemos a ese Dios creador, soberano que controla todo, Él seguirá buscando las maneras de traer gloria a Su nombre y de atraernos hacia Él.

Clamemos y doblemos nuestras rodillas mientras haya tiempo, porque como dice Filipenses 2, algún día «toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es Señor». Entonces, doblemos nuestras rodillas, confesemos con nuestra lengua, mientras hay tiempo, busquemos al Señor en un clamor.

Nuestro deseo, yo las oigo hablar y pronuncio estas verdades y me quedo tan corta, y veo como mi propio pecado, mi corazón individualista y cómo muchas veces sigo por la vida. Y le he pedido al Señor, «dame un corazón que pueda ver al mundo como Tú lo ves, que yo pueda ver a las persona que me rodean como Tú las ves y que pueda dolerme del dolor de los demás, para que poniéndome en su lugar, pueda clamar como si fuera yo misma». Que el Señor obre en nosotras como mujeres ese sentir, ese amor por Él, por Su gloria y por las personas que Él ha creado –hechas a Su imagen– para que las atraiga a Sí.

Dios no quiere la muerte del que muere, Él es misericordioso, paciente, perdonador. Y es a ese Dios que tenemos que volvernos en un clamor. Hemos estado durante todo este mes haciendo este tema particular pero con el deseo de que clamar al Señor sea un estilo de vida.

Yadira:También dice la Palabra en Lamentaciones: «Escudriñemos nuestros corazones y volvamos a Jehová»; y ese volverse, es en clamor, en oración. Tenemos que ver cómo estamos y volver al llamado a la iglesia.

Patricia: Amén. Bueno, y el tiempo se nos ha terminado en este primer programa, y me gustaría que juntas termináramos elevando un clamor al Señor por estas cosas que hemos estado comentando. Sahira, podrías comenzar orando, luego Yadira y después yo termino nuestro tiempo.

Sahira: Claro que sí. Vamos a unirnos a clamar a nuestro Dios; a pedirle y a decirle, «Señor, te necesitamos». Oremos.

Nuestro Dios, nuestro Padre amado, a Ti clamamos por ayuda, por Tu pronto auxilio. Sabemos que estamos pasando por momentos difíciles, por momentos de enfermedad, quizás de crisis económica, de problemas familiares. Pero Señor, Tú sigues siendo Dios, sigues siendo nuestro Padre amado y nos refugiamos en Ti. Te rogamos una bendición muy especial por cada una de nuestras familias. Ayúdanos a mantenernos en amor, en unidad, danos de Tu perdón unos para con otros. Tú eres poderoso para restaurar las familias. Bendice a nuestros hijos, a los niños, aún a los que están por nacer. 

Guarda a todas las familias en el hueco de Tu mano. Fortalece los matrimonios. Te rogamos por un avivamiento en nuestras iglesias. Que podamos conocerte a través de tu Palabra, obedecerte, cumplir cada una de las cosas que Tú nos pides porque sabemos que serán para bendición de nuestras vidas y no en nuestras fuerzas. Te necesitamos. Necesitamos el poder de Tu Espíritu para obedecerte; y Señor, ayúdanos también a que como iglesia podamos compartir a Cristo a este mundo que está perdido. Pon en nuestro corazón una carga por nuestro vecino, nuestros familiares, nuestros compañeros de trabajo; todas aquellas personas que te necesitan. Clamamos Señor, para que nos uses como un medio para llevarles Tu evangelio y bendice nuestra ciudad.

Cada una de las que estamos clamando, clamamos por nuestro gobierno para que seas Tú quien dirija cada una de las decisiones que están tomando. Sobre todas las cosas Tú gobiernas, Tú eres el Rey de reyes y Señor de señores, y aunque pasan cosas que a veces no entendemos, pero creemos que Tú sigues en control. Bendice Señor nuestra economía y perdónanos. Nos humillamos delante de ti porque reconocemos que nuestra ciudad, nuestro país ha pecado, se ha corrompido y la maldad ha subido. Pero Señor, nos humillamos delante de Tí, reconocemos nuestro pecado y creemos como dice Tu Palabra que «Tú sanarás nuestra tierra». 

Esperamos en Ti, en Tu gran amor, en Tu misericordia y en el nombre de Jesús hacemos este clamor desde nuestro corazón. Amén.

Yadira: Padre, recordamos las palabras que le diste al rey Salomón cuando le dijiste, «Si cierro los cielos para que no haya lluvia, o si mando la langosta a devorar la tierra, o si envío la pestilencia entre mi pueblo, y se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra» (2 Crón.7:13-14).

Padre, la pestilencia ha llegado, la pandemia ha llegado, pero Tú nos das la salida a través de la humillación, de la humildad, de volvernos como iglesia, como pueblo porque llevamos Tu nombre. Hemos sido salvados a través de Jesucristo el Salvador para que podamos invocarte, orar y buscar Tu rostro, y nos convirtamos de nuestros malos caminos, porque entonces sabemos que desde los cielos oirás y perdonarás y sanarás nuestra tierra.

Señor, clamamos para que Tú lo hagas, para que muevas corazones como ha orado mi hermana, para que seas Tú el que ponga ese dolor en nuestro corazón y nos preste Sus ojos; que pongas Tu deseo en nuestro corazón y nuestro corazón en Tu deseo para que sigamos delante de Ti clamando porque sabemos que escuchas, que respondes, que puedes hacer tanto si solamente Tu pueblo va en humildad y te clama.

Gracias Padre por abrir nuestros ojos y por mover a tantas mujeres en sus casas, en sus familias, en sus iglesias a doblar sus rodillas, a doblar sus corazones, a inclinar sus cabezas delante de ti, sin altivez, sin orgullo, para clamar delante de Ti para que Tú respondas. En el nombre de Jesús. Amén. 

Patricia: Gracias Señor, por Yadira y por Sahira. Gracias por este tiempo que nos has concedido compartir en este programa. Gracias porque Tú eres el Dios soberano creador de los cielos y la tierra que con solo Tu palabra hiciste todo lo que vemos y que no se veía. Gracias por la necesidad, por hacernos personas necesitadas porque eso es lo que nos hace correr hacia Ti a buscarte, a buscar Tu rostro.

Oh, Señor, te hemos orado y te suplicamos que levantes un ejército de mujeres que –como decía Yadira– estén avivadas, porque al estar avivadas se duelen de la situación del pecado de todo lo que afrenta a su Dios. Y que esas mujeres avivadas sean mujeres que claman. Haz de Aviva Nuestros Corazones y de las mujeres que nos escuchan, un ejército no solo de mujeres verdaderas sino de mujeres que claman a Dios por la mañana, durante el día y en la noche. Porque sabemos que Tú escucharás, responderás y al responder serás glorificado porque vendremos a Ti en acción de gracias y en alabanzas a Tu nombre porque eres bueno y para siempre es Tu misericordia. Y todo esto gracias a nuestro precioso Salvador, nuestro Señor Jesucristo que hizo posible que estuviéramos en Tu presencia clamando en esta hora. Alabado y bendecido seas, oh Señor. En ese nombre que es sobre todo nombre. Amén.

Annamarie:  Has estado escuchando a Sahira de Macías, a Yadira Erchila Gorek y a Patricia de Saladín. Mañana ellas compartirán contigo clamores que han estado en sus corazones y cómo Dios los ha respondido, así que asegúrate de acompañarnos. Y no olvides suscribirte en AvivaNuestrosCorazones.com para recibir el devocional, «Clama», a través del cual nos hemos unido en un mismo sentir de oración y clamor a lo largo de este mes de octubre. 

Unidas en un clamor, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca del orador

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad …

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