Podcast Aviva Nuestros Corazones

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Carmen Espaillat: Cuando han pecado contra ti el dolor es real, pero eso no te da derecho a tomar represalia.  Con nosotras  Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Sí, han pecado en contra de nosotras y hemos sido  ofendidas.  Pero lo que Dios quiere que  veamos es que también nosotras ofendemos.  El asunto más importante en nuestras vidas no es como otros han pecado  contra  nosotras sino  como nosotras hemos pecado  contra  un Dios Santo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín. 

Hoy continuamos en el día número tres de la serie Mentiras que las mujeres creen acerca del pecado.

Nancy: Cuando pensamos en los puritanos de los siglos diecisiete y dieciocho, pensamos en hombres y mujeres que fueron profundamente espirituales. Probablemente  no pensamos en ellos como grandes pecadores. Eran hombres y mujeres  que tuvieron un verdadero corazón para Dios. Pero lo interesante para mí, en la medida en que leo algunos de sus escritos, es que a causa de que estos hombres y mujeres tenían una visión elevada de Dios, ellos también se veían a sí mismos como grandes pecadores, en gran necesidad de la misericordia de Dios.

En sus escritos observas un sentido de horror con relación al pecado. La manera en que pensaban de sus pecados. Aunque algunos de los pecados puedan parecer insignificantes para nosotras, eran cosas que los puritanos consideraban pecados muy serios.  Eso lo podemos ver en sus oraciones.  Por ejemplo, una que leí recientemente, la oración del puritano, que dice.

Desenmascara para mí la deformidad del pecado. Que yo pueda odiarlo, aborrecerlo, huir de él.  No me dejes olvidar nunca que la atrocidad del pecado reside no solo en la naturaleza del pecado cometido, sino en la grandeza de la persona  contra  quien fue cometido.

Lo que hace de nuestro pecado algo tan serio es el hecho de que tenemos un Dios santo.

En estos días hemos estado viendo  las mentiras que creemos en cuanto al pecado.  Ayer y hoy nos hemos enfocando en esta mentira, "Mi pecado en realidad no es tan malo." La Escritura nos dice que el temor del  Jehová es aborrecer el mal. Ahora, a mí no me gusta lo malo. Pero una de las cosas que Dios me ha estado cuestionando, en la medida en que me preparaba para esta serie es, "¿Realmente aborreces, odias  lo malo? ¿Tienes un aborrecimiento santo por  todo lo que no sea consistente con la santidad de Dios?"

En el capítulo 12 del libro de Romanos, el apóstol Pablo dice que debemos  “aplicarnos a  lo bueno," y que debemos "aborrecer lo malo." Nuestra cultura no nos motiva exactamente a eso ¿no es cierto? Cuando observas los entretenimientos del día de hoy y la manera en que vemos el pecado, nos damos cuenta de que en realidad el pecado ha sido trivializado.  Piensa por un momento en lo que entretiene a la gente en la actualidad y las cosas que son puras y santas se convierten en un asunto de risa o de burla.  Y  en contraste, las cosas que son virtuosas y castas son despreciadas y burladas. Pero la Escritura dice que debemos aborrecer lo malo—tener un odio intenso y aversión por todo lo que es malo.

Y el lugar al que quiero llegar en mi vida es a ese  lugar donde me de pavor pecar en contra de la santidad de Dios más de lo que me de pavor alguna enfermedad terminal o alguna enfermedad contagiosa o inclusive manejar una víbora salvaje y mortal.  Ahora, estas no son cosas que a mí me gustan.  No quiero jugar con esa serpiente.  No quiero tampoco una enfermedad terminal.  Pero quiero  llegar a ese punto a ese  lugar donde el solo pensar en  afligir el corazón de Dios me produzca un aborrecimiento mayor de lo que yo pueda temer o aborrecer el hecho de que mi cuerpo terrenal sea destruido por un animal salvaje o por  alguna enfermedad mortal.

Es interesante que en las Escrituras haya varias listas de pecados.  Algunas están en el Nuevo Testamento y algunas en el Antiguo.  Fui a buscar algunas de esas listas en estos días y pude notar algo.  Por ejemplo en Proverbios capítulo 6 hay una lista de siete cosas que Dios aborrece—siete abominaciones. Esas son cosas que Dios odia.  En esa lista encontramos cosas como las manos que derraman sangre inocente.  Ese es un pecado muy serio—manos que le quitan  la vida que estrangulan la vida de una persona inocente.  ¡Pero en esa misma lista donde Dios pone ese pecado también se encuentran los ojos altivos los ojos soberbios!

Ahora, es difícil para mí pensar en ojos soberbios, en una mirada orgullosa — una actitud orgullosa. . . Tú sabes cómo.  Ni siquiera tenemos que decir nada.  Es solo una actitud de superioridad o un pensamiento elevado acerca de nosotras mismas. Pero que  Dios ponga ese pecado de  ojos altivos en la misma categoría de  otros pecados que Él odia—que son abominación para Él —¡pecados como derramar sangre inocente!

En Mateo capítulo 15, Jesús habla acerca de pecados como el asesinato, el adulterio, la inmoralidad sexual y el robo. Y están todos en la misma lista.  Él incluye en esa lista algunos pecados con los que me siento más cómoda que con esos  que acabo de mencionar—pecados como los malos pensamientos, la calumnia, el uso de mi lengua para expresar cosas acerca de otros que no son ciertas y que no edifican.

¿Pero por qué Él incluye mis pecados—esa clase de pecados con los que me es más fácil manejarme, junto a pecado con los que no me es fácil sentirme cómoda— como el asesinato, el  adulterio, la inmoralidad sexual, el robo— están todos en la misma lista?

El apóstol Pablo hace lo mismo en Gálatas capítulo 5.  Ahí Él está hablando de pecados de la carne y la manera en que la carne se  manifiesta en nuestras vidas. Él habla de la inmoralidad sexual,  la hechicería y las borracheras.  Bueno, estas no son cosas que se han manifestado en mi vida u  otros han podido ver en mi o conocer o  que yo haya experimentado en mi vida.

Pero sin embargo, ahí en esa lista el habla también  acerca de pecados que yo conozco un poco más como disensiones, contiendas, pleitos, celos de las habilidades y de los dones de los demás, de sus fortalezas, de sus posesiones,  rivalidades, envidias ¿Por qué hago lo que hago? Esto lo hago por hacer más que los demás y  por lo que los demás piensen  de mí.  Él pone esos pecados, discordia, celos, ambición, en la misma lista que esos otros pecados que consideramos como mucho peores.

El problema es que tendemos a comparar nuestros pecados y nuestras vidas con los de las otras personas. En comparación vamos a encontrar, siempre, pecadores que pensamos que son peores que nosotras.   Honestamente, nos sentimos cómodas pensando que nuestro vecino o nuestro compañero o mi hijo o mis padres tienen  algunos pecados mayores que los míos.  Me libera un poquito de culpa en mi propia mente, y puedo comenzar a justificar mis propios pecados porque los comparo con los pecados de los demás.

Recuerdo una conversación que tuve con una mujer algunos años atrás.  Su esposo luchaba con algunos asuntos relacionados a la pornografía, y  ella estaba como loca;  vino donde mí cuando se enteró que él había estado hundido en esto y ella no podía entender como un hombre caía en esta trampa.  Su mente no lo asimilaba.  Ella no podía entender que él había sido creado  de una manera muy distinta a ella  y no podía superar el hecho que eso era una dificultad—una tentación para su esposo.

En la medida en que hablábamos salió a relucir la amargura y la falta de perdón  que ella guardaba contra su esposo. Y le dije, “Tú no serás libre hasta que puedas ver que tu pecado de amargura y falta de perdón contra tu esposo  es una ofensa tan seria  contra Dios;  mientras él, por su lado,  está luchando con asuntos morales en su vida.”

Ahora, algunos pecados tienen ramificaciones y consecuencias mayores en la esfera natural. Pero mientras ella no se dé cuenta que es una pecadora en necesidad desesperada de la gracia de Dios; no podrá extender la misericordia  que su esposo necesita para salir victorioso de esta batalla moral.

Hablé en estos últimos días también con una mujer que había salido de un trasfondo abusivo. Tenía grandes heridas causadas por su padre y creo que  tiene unos  cincuenta años ahora. Pero cuando ella miraba en retrospectiva esas experiencias de su niñez, me dijo, “Tengo tanto odio, enojo y amargura en mi corazón contra mi padre que no puedo acercarme a Dios. No puedo confiar en Dios.  Y no puedo rendirle mi vida a Dios por los sentimientos que albergo contra mi padre”.

Todo lo que ella pensaba era, “Mi papa pecó grandemente contra mí,” lo cual era cierto. Pero la otra implicación era, “Mis pecados de odio y enojo no son tan malos como los suyos”   independientemente de las  maneras en la que él hubiera abusado de ella cuando era pequeña.

Mientras la escuchaba, esta era nuestra primera conversación,  yo quería verdaderamente escuchar su corazón. Se hizo evidente  para mí  que esta mujer no iba a encontrar la redención,  que podía ser de ella en Cristo,  hasta que ella pudiera reconocer que no  era sólo su papa el que era un pecador necesitado desesperadamente de la gracia de Dios, sino que ella también era una pecadora en necesidad desesperada de esa misma gracia.

Mientras nosotras estamos poniendo en balanza  nuestro pecado y nuestra culpa con el pecado más grave de alguien más, siempre  vamos a tratar de justificar nuestro pecado. Y no vamos a ser libres mientras estemos comparando nuestros pecados con los pecados de los otros y sintiendo que nuestros pecados no son tan malos como los de ellos.  Lo que parece limpio en nuestras vidas cuando nos comparamos con otros pecadores puede parecer muy diferente al compararnos con  la Santidad de Dios.

Vivo en una casa que tiene un  revestimiento blanco.  Por lo menos luce blanco la mayor parte del año porque está supuesto a ser blanco. Pero ¿Sabes? Cuando es invierno y la nieve cae y es realmente blanca. . . Hay mucha nieve en Michigan, así que hay nieve alrededor de mi casa.  De repente esa apariencia de blanco  se ve sucia y amarillenta.  No parece ni cerca  tan blanco cuando  la veo comparada a algo que es realmente blanco.

Así mismo me doy cuenta que cuando comparo mi vida con otros pecadores,  yo sé, puedo pensar que estoy bien, pero cuando entro a la Presencia de Dios y miro  Su santidad, entonces  mi vida luce muy diferente. Dios nos ha dado Su luz para ver nuestras vidas a la luz de Su Palabra.  Cuando abro este libro la biblia es un espejo que expone, que me muestra. Es una luz, es una luz que  busca, y penetra en los rincones  más oscuros de mi corazón y me muestra cosas que de otra manera no vería. 

Quiero tomar unos momentos para mirar a la luz de la Palabra de Dios.  Me gustaría que viéramos  un pasaje en el libro de Isaías—en el capítulo 59 del libro de Isaías que nos da una vivida descripción de cómo Dios mira nuestro pecado.

Mientras leo este pasaje, Es como la luz del sol cuando se mete por las ventanas de mi habitación mostrando cosas que yo no tenía idea que estaban ahí.  Esta es una de las descripciones más detalladas y graficas en toda La Palabra de Dios acerca de cómo Dios ve nuestro pecado.

Isaías capítulo 59 versículo 2 comenzando donde el profeta dice: "Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios,
Ahora, mientras leemos este pasaje, piensa acerca de esas pequeñas cosas, esos pequeños asuntos, los pecados que tendemos a trivializar o que llamamos debilidades. Piensa acerca de esos asuntos a la luz de este pasaje y como describe nuestro pecado.  Y dice:

Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro[a] de vosotros para no escucharos... Sigue diciendo v.3  Porque vuestras manos están manchadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios hablan mentira, vuestra lengua murmura maldad... v.4 sus obras son obras de iniquidad, y actos de violencia hay en sus manos, sus pies corren al mal y se apresuran a derramar sangre inocente.,

Ahora, recuerda que esto no está hablando del pecado de alguien más.  Este pasaje describe cómo Dios ve mi pecado. Y continúa  en el versículo 7: sus pensamientos son pensamientos de iniquidad, desolación y destrucción hay en sus caminos. Camino de paz no conocen, y no hay justicia[f] en sus senderos; han torcido a su favor las sendas, cualquiera que ande en ellas[g] no conoce la paz.

Por tanto el derecho está lejos de nosotros, y no nos alcanza la justicia; esperamos luz, y he aquí tinieblas, claridad, pero andamos en oscuridad. 10 Vamos palpando la pared como ciegos,  y en el versículo 10 dice  y andamos a tientas como los que no tienen ojos; tropezamos al mediodía como al anochecer, entre los robustos somos como muertos.

Él está diciendo que el pecado no nos permite ver el resto de nuestra vida en una perspectiva correcta.  Nosotros podremos estar  a pleno  sol, pero no podremos ver las cosas claramente.

Versículo 12: Porque se han multiplicado nuestras transgresiones delante de ti,  “delante de ti”, esta es la frase clave aquí.  Nuestras ofensas pueden parecer pocas.  Pero delante de Dios, cuando él hace que su luz atraviese las ventanas de nuestro corazón, vemos  que nuestros pecados son muchos y  testifican[i] contra nosotros; "porque nuestras transgresiones están con nosotros y conocemos nuestras iniquidades."

¿No somos más rápidas en conocer las iniquidades de otros y ver cómo ellos han pecado contra nosotros?  Y si tu esposo te ha abandonado, si se ha involucrado en un asunto inmoral. Es fácil decir, “él es un pecador, él es el ofensor,  Yo soy la víctima inocente”.

 Pero cuando lo miro a la luz de la Palabra de Dios, no veo allí parte inocente.  Si, han pecado contra mí, y sí, he sido ofendida. Pero lo que Dios quiere que veamos y que sepamos es que también nosotras somos infractoras—que el problema más grande en nuestras vidas no es cómo otros nos ofenden sino como nosotras hemos pecado contra un Dios santo.

Así que  el profeta dice, “no se han multiplicado nuestras transgresiones delante de ti, y nuestros pecados testifican[i] contra nosotros; porque nuestras transgresiones están con nosotros, y conocemos nuestras iniquidades: transgredir y negar al Señor, apartarse de nuestro Dios, hablar de opresión y rebelión, concebir y proferir en el corazón palabras  mentirosas”

Te digo, quisiera leer ese pasaje y aplicarlo a la vida de los demás.  Pero   entonces el Señor me dice: "Esta es la luz que está hablando, y  estoy iluminando con mi luz  tu corazón.  Y esto es lo que veo.” Cuando empiezo  a describir y a  definir mi pecado de la manera en que Dios lo describe—como rebelión. . . no pienso en mi misma como una rebelde, pero La Palabra de Dios dice que cuando peco yo soy rebelde.   Soy culpable de rebeldía contra el Dios del Universo— (traición) contra el Señor— traición y negar al Señor, apartarse de nuestro Dios, hablar de opresión y rebelión, concebir y proferir en el corazón palabras  mentirosas".

Pienso en esos tiempos en los cuales Dios me ha mostrado pecados qué  pensaría que no son tan serios si no los viera a la luz de la santidad de Dios—tiempos en los que estoy controlando mi conducta, mis actitudes. Sé que muchas que nos escuchan deben asentir.  Porque quizás  no sea la única que tenga esos pecados—pecados de estar centrada en mi misma.  Tiene que ser a mi manera y todo el mundo debe hacerlo según  mi estándar y hacerlo de la manera en que yo quiero que sea hecho y si no lo van a lamentar.  Exaltándome a mí misma, teniendo la última palabra en una discusión, defendiéndome a mí misma cuando he sido mal interpretada o acusada falsamente; no sólo exaltando mi opinión sino disminuyendo y poniendo las opiniones de los demás a un lado.

Pienso en los tiempos en los que Dios con esa luz me muestra que yo no he amado o alentado  u orado por los líderes espirituales que están en el ministerio en que sirvo.  No les he infundido ánimo, si no por el contrario he sido crítica con los hombres de Dios en el púlpito y en el ministerio en que Él me ha permitido servir.

Estuve revisando este fin de semana pasado algunos registros de un par de años atrás en mi diario.  Me encontré con uno en que Dios estaba tratando con mi corazón en asuntos muy específicos que Él había expuesto. En ese tiempo estaba leyendo el libro de Daniel  específicamente el capítulo 3.

¿Recuerdas la historia cuando Nabucodonosor  erigió la estatua  de sí mismo de unos 90 pies de alto? Cuando los tres jóvenes hebreos rehusaron arrodillarse delante de la imagen, el rey se puso  furioso.  Estaba enfurecido, y lanzó a esos  jóvenes  al horno de fuego.

Bueno recuerdo haber pensado y escrito en ese tiempo mientras Dios traía a la superficie alguno de estos asuntos—de esta basura—de estas actitudes de mi propio corazón que escribí en mi diario, y también  lo escribí  en el margen de mi Biblia, la siguiente anotación.  “Oh Dios, el rey Nabucodonosor vive en mí. No es sólo el orgulloso Nabucodonosor, es ese espíritu del anti-Cristo, ese espíritu que quiere ser Dios,  ese espíritu vive en mí".

Y bajo esa luz  me encontré a mí misma clamando delante del Señor y diciéndole, "Señor, por favor  ten misericordia de mí." Me encontré haciendo de mi misma un dios y esperando que todos se arrodillaran y adoraran esa imagen.  Cuando ellos no lo hacían  me enfurecía. "Oh Dios, el rey Nabucodonosor vive en mí."

Así que permíteme cerrar esta sesión leyendo otro pasaje del libro de Isaías el capítulo 53.  Donde nos muestra el costo; las consecuencias de nuestro pecado.

Mas Él [hablando de  Jesús] fue herido[d] por nuestras transgresiones,
molido por nuestras iniquidades. [Esa frase se ha apoderado de mi corazón  en las últimas veinticuatro horas mientras pienso en Cristo siendo herido en la cruz por mis transgresiones] El castigo, por nuestra paz[
e], cayó sobre El, y por sus heridas[f] hemos sido sanados.Todos nosotros nos  descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino;  pero el Señor hizo que cayera sobre[g] El [Jesucristo] la iniquidad de todos nosotros.  Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió El su boca.
Por opresión y juicio fue quitado; y en cuanto a su generación, ¿quién tuvo en cuenta que El fuera cortado de la tierra de los vivientes[
h] por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida[i]? Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el rico fue en su muerte, aunque no había hecho violencia, ni había engaño en su boca. (vs. 5–6, 8–10, 12) Pero  quiso el Señor quebrantarle, sometiéndole a padecimiento…llevando Él el pecado de muchos e intercediendo por los transgresores.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado hablándonos acerca de la mentira, “Mi pecado no es tan malo.” Hablar sobre estas mentiras no parece divertido, pero cuando traes las mentiras a la luz, entonces puedes lidiar realmente con ellas. Nancy  te ayuda a hacer esto en el libro, “Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres”.  Ella saca las mentiras a la luz—mentiras acerca de nosotras mismas,  de la familia,  de las emociones, del pecado, entre otras.  Luego ella enseña cómo reemplazarlas con la verdad.

Si deseas conocer más sobre este tema, te invito a adquirir este libro en tu librería cristiana favorita.

Bueno, si nosotras viéramos nuestro pecado como realmente es, entonces ¿cómo podríamos siquiera soportarlo? La buena noticia es, no tenemos que—Alguien ya lo ha hecho por nosotras.

Nancy: Ves, Jesús murió por ese pecado y ya no hay más sacrificio que podamos ofrecer por nuestro pecado.  De hecho, las Escrituras dicen que Él pagó el precio y se ofreció a sí mismo como sacrificio una vez y para siempre. El precio ha sido pagado.

Así que,  ¿Qué diferencia debe hacer eso en nuestras vidas?, ¿Cómo viviremos si esto es verdad? Bueno el versículo 19 de Hebreos capítulo 10 lo dice:

19 Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús,

”—tenemos acceso directo a la Presencia del Señor donde nadie tan sólo el sumo sacerdote se atrevía a entrar en el Antiguo Testamento bajo el  antiguo pacto, mientras ellos todavía ofrecían todos estos sacrificios de animales.

Pero ahora, Él dice, “Hermanos, hermanas, hijos de Dios, podemos entrar con  confianza”—no con la cabeza baja,  diciendo “¡Mi pecado es tan grande!  No sé cómo Dios podrá perdonarme. Él nos ha perdonado.  Así que Él dice, “Ahora con confianza, entra al lugar santísimo.” ¿Cómo? “Por la sangre de Jesús.”

Él dice,  20 por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne,  ¿Recuerdas  ese gran velo, esa gran cortina que estaba puesta entre el pueblo y el lugar santísimo donde se encontraba la Presencia de Dios? ¿Y qué  paso con ese velo   cuando Jesús murió? Se rasgó de arriba hacia abajo.  El acceso fue permitido a la Presencia de Dios y el versículo 21 dice,  21 y puesto que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero[i], en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado[j] de mala conciencia y nuestros cuerpos lavado con agua pura...” ¿No te encanta ese lenguaje?

 Les hablo a tantas mujeres hoy en día que están viviendo perpetuamente bajo la culpa y el peso del pecado que ya han confesado.   Les hablo a esas mujeres que son creyentes pero que en realidad no creen que la sangre de Jesús  fue suficiente para sus pecados.  Hay pecados que han cometido y saben que están en sus mentes.  Algunas veces no han tenido el coraje de decirle a alguien cuál ha sido ese pecado.  Pero ellas piensan  que es tan grande,  no pueden librarse de la culpa y de la carga de este.

Pero les estoy diciendo y la Palabra de Dios les dice,  " ¿Qué tan grande puede ser ese pecado que no sea cubierto por la cobertura que Dios ha provista —por la expiación dispuesta para nosotras en la sangre de Jesús?"  Así que Él dice,  “Ahora, acércate a Dios.” no tienes que estar  lejos.  Al ser confesado  ese pecado ha sido ya puesto bajo  la sangre de Jesús y hay perdón para ti. Así que Él dice, “Ven con  corazón sincero en plena certidumbre de fe,  teniendo nuestros corazones lavados en limpia consciencia.”

Escucha, cuando  eres perdonada,  puedes dormir bien en la noche.  No necesitas cargar una conciencia culpable.

Carmen: Nosotras escucharemos más acerca de esto mañana. 

¿Ya te registraste en la próxima conferencia Mujer Verdadera, ¡Clama!  a celebrarse en la ciudad de Indianápolis los días 22-24 de septiembre? No dejes de asistir. Tendremos traducción al español de todas las plenarias, así como una sesión de pre-conferencia totalmente en español. Visita AvivaNuestrosCorazones.com para más información sobre este evento.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de  Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

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