Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Pequeños agujeros pueden hundir grandes barcos

Annamarie Sauter: Quizás no lo has dicho en voz alta pero, ¿has pensado algo como, «en realidad mi pecado no es tan malo»?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Sí, lo es. Todo pecado es una gran cosa. ¿Pero por qué? Porque es una batalla por el control. Cada vez que peco en contra de la Palabra de Dios o de mi conciencia, estoy diciendo en realidad: «Hazte a un lado, Dios. Me gustaría sentarme en Tu trono por un tiempo. Me gustaría estar en control aquí».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

«Puedo pecar y salirme con la mía». Esta es una mentira que creemos acerca del pecado. Ayer comenzamos a escuchar sobre esto y hoy estaremos viendo la continuación como parte de la serie titulada, Mentiras que las mujeres creen acerca del pecado. Si te perdiste el programa anterior, escúchalo, descárgalo o léelo en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com

Nancy: ¿Cuáles son algunos de los placeres que puedes imaginarte, cuando piensas en opciones que son pecaminosas? ¿Cuáles son algunos de los placeres que podemos sentir o experimentar como resultado de tomar una elección pecaminosa?

Bueno alguien podría decir que una sensación de poder. A veces tomamos una decisión que sabemos que es una decisión pecaminosa, pero trae consigo el disfrute, el placer de sentir que estás en control.

Alguien más podría decir que ir de compras puede ser muy pecaminoso. Bueno, ir de compras puede ser pecaminoso, pero no es pecaminoso en sí; la realidad es que nos produce placer el ver cosas nuevas, el tener cosas nuevas, el comprar cosas nuevas. Pero si voy a comprar cosas que no puedo pagar, entonces el placer no va a durar mucho tiempo, ¿no es verdad?

¿Cuáles son otros tipos de placeres y deleites del pecado? (Alguien podría decir el chisme) El chisme…¿puede dar placer? El chisme puede producir el placer momentáneo de decir algo que nadie más sabe, algo que yo sé; pero después trae miseria porque hemos compartido algo que no debimos haber compartido. Hay un placer, hay un deleite, y aunque no dura mucho tiempo, está ahí.

¿Qué otro tipo de placer puede traer el pecado? Si yo digo una palabra poco amable a mi marido cuando él ha herido mis sentimientos, yo tengo ese sentimiento de que se hizo justicia. Eso produce un deleite, ¿no es así? Por un momento, por un instante produce esa sensación de placer. ¿Alguna vez sientes cuando dices esa palabra áspera o crítica, o desagradable, que simplemente el sacarla de tu pecho te hace sentir un poco mejor aunque sea por un momento?

Quizás la mentira, a veces podemos mentirle a la gente, buscando ser aceptadas, para dar una buena impresión de nosotras mismas, esperando conseguir con eso que las personas sean nuestros amigos. Hay un placer, un placer que proviene de esa elección pecaminosa.

Bueno, la Escritura nos dice en Hebreos capítulo 11, que el pecado tiene unos placeres temporales, pero fíjate que dice que el placer del pecado es solo temporal, es por un poco de tiempo. No es de larga duración. En última instancia, el pecado siempre tiene un precio devastador. ¿Y sabes qué? No hay excepciones.

Estamos viendo esta semana algunas de las mentiras que creemos acerca del pecado, y creo que tal vez la más fundamental es la que hemos estado viendo en los últimos días, que es que podemos pecar y quedar impunes, pecar y salirnos con la nuestra.

Recuerdas cómo la serpiente se acercó a Eva en el jardín del Edén, y le dijo: «Puedes desobedecer a Dios, y evitar las consecuencias negativas. No vas a morir». Pero también dijo que habría algunos beneficios definitivos que experimentarían. «No solo evitarás la muerte, sino que experimentarás algunos beneficios y placer si comes».

Génesis capítulo 3 versículo 5 dice: «Pues Dios sabe que el día que de él coman, serán abiertos vuestros ojos». ¿Quién no quiere tener los ojos abiertos? «Y seréis como Dios». En efecto, tú puedes ser tu propio dios. «Y conocerás el bien y el mal». En otras palabras, lo que él les está diciendo es: Hay todo un mundo de experiencias y conocimientos disponibles para ti, si solo comes.

Él está diciendo, «cualquier consecuencia que puedas cosechar vale la pena por el placer que recibirás por hacerlo a tu manera». Si no pensáramos que habría un poco de alegría al pecar, ¿por qué habríamos de hacerlo en primer lugar?

¿Por qué diríamos esa mentira? ¿Por qué deberíamos entrar en ese vínculo emocional con el marido de otra mujer? ¿Por qué pospondríamos nuestras responsabilidades? ¿Por qué gastaríamos dinero que no tenemos en el centro comercial, si no pensáramos que habría un poco de placer y de disfrute al hacer eso? Y lo hay, por el momento. Tengo un amigo que guarda en su billetera una lista de algunas de las consecuencias del pecado.

Él compartió conmigo que cuando él es tentado a pecar, a veces saca la lista de su billetera y comienza a recordarse a sí mismo algunas de las consecuencias que Satanás, con seguridad, no le está recordando en ese momento. Estas son algunas de las cosas en su lista:

  • El pecado nos roba la alegría
  • El pecado trae culpa
  • El pecado le da a Satanás la ventaja
  • El pecado apaga el Espíritu de Dios
  • El pecado causa dolor en el alma
  • El pecado rompe el corazón de Dios
  • El pecado abre la puerta a otros pecados
  • El pecado produce miedo
  • El pecado me esclaviza, y la lista puede seguir así sucesivamente. . .

Me pregunto… si nos detuviéramos a pensar, cuando estamos tentadas a pecar, que estas son algunas de las consecuencias que vamos a tener que pagar, ¿no tomaríamos decisiones diferentes? Cuando mi amigo saca la lista de su cartera, lo que realmente se está preguntando a sí mismo es: «¿Es este un precio que realmente quiero pagar? ¿Es este un precio que puedo pagar?»

Cuando voy a una tienda y veo esa hermosa pieza de joyería o ese traje que me encanta que creo que me gustaría tener, lo primero que hago es mirar la etiqueta del precio. Si está fuera de mi presupuesto, si sé que es algo que no puedo o que no debería costear, eso me ayuda a tomar la decisión mucho más fácilmente.

Ahora, eso no quiere decir que quizás no me gustaría tener ese artículo, pero me va a ayudar –al tomar la decisión– el darme cuenta que «no puedo costear esa joya o ese traje. En mi presupuesto y teniendo en cuenta las prioridades que Dios me ha dado en ese momento, yo no puedo pagar por eso». ¿No sería de ayuda si nos detuviéramos a pensar, ¿podré pagar lo que esto me va a costar cuando tome la decisión?»

Uno de los problemas es que las consecuencias del pecado no siempre se observan de inmediato. Cuando compro algo que no puedo costear en esa tienda, va a venir a mí en el estado de la tarjeta bancaria pero dentro de treinta días. No siempre sucede así con el pecado. A veces sí.

¿Recuerdas cómo pecaron Ananías y Safira? Ellos mintieron al Espíritu Santo sobre su ofrenda, y ¡bam!, cayeron muertos. Dios los hirió de muerte inmediatamente, y no hace falta decir que eso trajo temor de Dios sobre toda la iglesia, sobre los otros creyentes a su alrededor.

Pero Dios generalmente no trata con nosotras de esa manera. Si Él lo hiciera así, creo que no seríamos tan rápidas en dejarnos engañar por esa mentira… si pudiéramos ver las consecuencias inmediatamente. A veces las consecuencias de nuestros pecados no son vistas hasta meses o incluso años después. A veces no aparecen hasta la siguiente generación, y algunas de las consecuencias y los costos que tenemos que pagar por nuestros pecados, creo, se retrasarán hasta que estemos delante de Dios ante su trono de justicia.

Entonces miraremos hacia atrás y diremos, «wao, este fue un precio muy alto, un alto costo a pagar». Creo que Dios a menudo retrasa el castigo de las ofensas o las consecuencias en nuestras vidas, en parte para darnos tiempo, para darnos un espacio para arrepentirnos. No dejes que sea cuando estés viendo cosas en tus nietos y digas, «oh, Señor, si solo hubiera tomado otras decisiones…treinta, cuarenta, cincuenta años atrás».

El rey Salomón supo mucho sobre los placeres y las consecuencias del pecado. Durante años él jugó con el pecado, disfrutó de sus placeres, y finalmente, y creo que demasiado tarde, llegó a esta conclusión (él lo dice en el libro de Eclesiastés): «Aunque el pecador haga el mal cien veces y alargue su vida, con todo, yo sé que les irá bien a los que temen a Dios, a los que temen ante su presencia» (ver, Ec. 8:12).

Lo que él está diciendo es que hay muchas personas que pecan, y parecen salirse con la suya, y hacen un montón de cosas malas, y no puedes darte cuenta de que están cosechando algunas consecuencias en sus vidas. Pero él dice, «he llegado a creer, a saber en mi corazón, que en última instancia le irá mejor al hombre que teme a Dios y le obedece».

Y luego dice en Eclesiastés capítulo 12: «Aquí está la conclusión… cuando todo esté dicho y hecho, aquí está el punto fundamental: “Teme a Dios y guarda sus mandamientos”». Obedézcanle. ¿Qué es lo que lo motiva a temer a Dios y a guardar Sus mandamientos? Él lo dice: «Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto o secreto, sea bueno o sea malo» (ver vv.13-14).

Dios traerá toda obra a juicio, incluyendo todos los pecados escondidos o secretos que he amamantado, acariciado o a los que me aferrado en mi corazón que tú no te diste cuenta. Permítanme preguntarles: «¿Hay un pecado, o un conjunto de pecados, un tipo particular de pecado, al cual te has encontrado aferrándote?» Quizás no piensas en él como la gran cosa –y vamos a hablar en los próximos días sobre cómo pesamos o medimos los pecados (algunos de ellos no parecen tan grandes para nosotras).

Quizás piensas que puedes aferrarte a ese espíritu que no perdona, o esa pereza, esa falta de disciplina, a esa autocomplacencia, autoconmiseración o autocompasión; a esa lengua mentirosa. Has pensado que puedes continuar cometiendo ese pecado y no has pensado en las consecuencias, en el costo.

¿Cuál es el pecado? Tomemos un momento para pensar, «¿cuáles podrían ser algunas de las consecuencias en mi vida más adelante?»

Todas hemos leído o escuchado historias sobre el naufragio del transatlántico, el Titanic en 1912… Este crucero de doscientos setenta y cuatro metros de largo, que se hundió y llevó mil quinientos pasajeros a la muerte, fue el peor desastre marítimo de esos días. Durante años, la gente asumió que el barco había chocado con un témpano, que abrió una enorme grieta en el costado de la nave.

Pero en los últimos años, un equipo de buzos y científicos descendieron cuatro kilómetros en las profundidades del agua para explorar las ruinas, los restos de la nave, y descubrieron algo sorprendente. Ellos descubrieron que el daño no era, de hecho, una gran grieta. Más bien, se trató de una serie de seis pequeñas grietas o fracturas en compartimientos a prueba de agua en el barco. Era un daño pequeño, imperceptible o invisible para la mayoría. Pero eso fue todo lo que se necesitó para destruir ese enorme barco.

Quiero que ahora dirijamos nuestra atención a esta mentira. «Mi pecado no es en realidad tan malo». Sabes, la gente en los días de Jesús, especialmente los religiosos, estaban orgullosos del hecho de que no habían cometido pecados graves como el asesinato o el adulterio. Pero cuando Jesús entró en escena, Él les dio una perspectiva diferente sobre el pecado.

Él les dijo: «Sí, puede que ustedes no tengan esas grandes grietas o marcas visibles en sus vidas, pero esa no es en realidad la esencia del pecado». Jesús quería que ellos vieran que la esencia del pecado es un asunto del corazón. Empezó a apuntar con el dedo a esos orgullosos, a esas personas religiosas que pensaban que su pecado no era tan malo. Él quería demostrarles que si ellos eran culpables de ira, de lujuria en sus corazones, aún si no hubieran tenido manifestaciones externas o vivido estas cosas, si hubiera sido algo invisible, bajo la superficie… aún así era pecado mortal.

Todas nosotras tenemos distintos trasfondos. Algunas tenemos el privilegio de haber crecido en la iglesia y en hogares cristianos, y a nosotras no se nos ocurriría cometer cierto tipo de pecados. No podríamos pensar en ser prostitutas o practicarnos un aborto o un estilo de vida homosexual.

No consideraríamos el decir malas palabras. En mi casa, eso no era una opción. Algunas de nosotras no pensaríamos en malversar dinero de un empleador o divorciarnos de nuestra pareja. Así que es fácil para las que tenemos ese trasfondo, enorgullecernos del hecho de que nuestros pecados realmente no son «tan malos».

Ahora, esta no es una mentira que conscientemente creeríamos, porque en nuestros corazones sabemos que el «pecado es pecado», y que Dios odia todo pecado. Pero en el fondo realmente pensamos que estamos mejor o que somos mejores que cierto tipo de pecadores que han cometido otro tipo de pecados.

Es interesante que algunas de nosotras que no participaríamos en algunos de estos estilos de vida y elecciones obviamente pecaminosos, podríamos pensar que otro tipo de pecados no son nada, pecados como: perder el tiempo, hablar demasiado, tener una lengua afilada o crítica, el miedo, la preocupación, toda esta cuestión del orgullo…mis motivaciones, mi corazón, mis valores. Muchas de nosotras ni siquiera podríamos pensar en algunas de esas cosas como pecados.

No me gusta pensar en la queja como un pecado, porque yo sí me quejo mucho. ¿Por qué mis quejas no me golpean de la misma manera en que podría pensar acerca del pecado de otra persona, en un pecado en particular de la carne? Palabras imprudentes…Pienso en cuántas veces en el transcurso de un día normal digo cosas que, o no son ciertas, o no son amables, o no son necesarias; pero ¿pienso en esas cosas como grandes pecados?

Inconscientemente pienso en mi pecado como algo que no es tan malo. De hecho, es fácil justificar algunos tipos de pecados como si no fueran pecados en absoluto. Pensamos en ellos como debilidades o como luchas o como rasgos de la personalidad, «bueno así soy yo».

Creo que Eva podría haber visto su pecado de esa manera. Podría haber sido engañada por esta mentira: «Mi pecado no es tan malo». Después de todo, ella no dejó a su marido, ella no maldijo a Dios, ella no negó la existencia de Dios. Todo lo que ella hizo fue tomar un bocado un mordisco de algo que Dios dijo que no comiera. ¿Cuál es el gran problema con eso?

Te diré cuál es el gran problema. Dios le dijo: «No lo hagas», y Eva dijo, «si lo haré». Ese es el gran problema. Esta fue realmente una batalla de voluntades. Esa fue una batalla por el control. Ahora, eso pone el tomar un bocado de algo que no debo comer en una perspectiva diferente, cuando lo ves de esa manera. Ese acto simple, tuvo enormes consecuencias…como una piedra cuando es arrojada a un estanque.

Hubo un efecto dominó, que siguió y siguió a las vidas de muchos que venían detrás. En realidad todas nosotras estamos cosechando -–en cierto sentido– las consecuencias de su único y sencillo pecado. A través de la Escritura ves la seriedad con la que Dios ve lo que nosotras podríamos considerar como solo un simple pecado.

Pienso en cómo Moisés golpeó la roca cuando Dios dijo: «Habla a la roca». ¿Cuántas veces en mi ira, en mi enojo, llevo un asunto más allá de lo que debe ser llevado, más allá de como sé que Dios quiere que lo tome? Y es que tengo que ponerle mi palabra extra. Tengo que tomar mi alambre de púas para herir a esa persona que me hirió con sus palabras.

Dios le dijo a Moisés: «Habla». Pero Moisés golpeó la roca, y como resultado, no pudo entrar en la tierra prometida. Y también tenemos el caso de Uza que extendió la mano para estabilizar el Arca del pacto, mientras iba en la carreta. Pero Dios había dicho: «No toques el arca». Y Uza, al parecer por razones que él pensaba eran las correctas o que no se detuvo a pensar en absoluto, extendió la mano para agarrar el arca de Dios y estabilizarla. Dios se enojó y lo mató en el acto.

John Bunyan, dijo, «un agujero hundirá un barco y un pecado destruirá un pecador». Jeremy Taylor que fue contemporáneo de John Bunyan, y lo dijo de la siguiente manera: «Ningún pecado es pequeño. Ningún granito de arena es pequeño en el mecanismo de un reloj». Ese pequeño grano de arena conseguirá sacar fuera de servicio todo el mecanismo del reloj, y en última instancia tendrás un reloj dañado.

Si vas a la playa, como lo hago yo a veces en el Lago Michigan, no muy lejos de mi casa, en una tormenta donde el viento sopla y la arena sopla, si te cae un pequeño grano de arena en el ojo, ese granito de arena que parece ser tan pequeño, tan insignificante, en última instancia, si te cae en el ojo y no puedes sacártelo, me han dicho que puede llegar hasta a cegarte.

Las consecuencias de un pecado único y simple pueden ser realmente devastadoras y desastrosas. Si tú y yo solo pudiéramos ver que cada uno de los pecados es un gran problema. ¿En realidad mi pecado no es tan malo? Sí, lo es. Todo pecado es una gran cosa. ¿Pero por qué? Porque es una batalla por el control. Cada vez que peco en contra de la Palabra de Dios o de mi conciencia, estoy cometiendo rebelión cósmica contra el Dios del universo. Estoy diciendo en realidad: «Hazte a un lado, Dios. Me gustaría sentarme en Tu trono por un tiempo. Me gustaría estar en control aquí».

Cada vez que elijo mi camino por encima del camino de Dios, realmente estoy montando una insurrección, una rebelión contra el Dios y Rey del universo. Eso pone mi pecado en una perspectiva totalmente diferente. Me hace comprender que todos y cada uno de mis pecados son serios para Dios, y deben como consecuencia ser serios para mí.

¿Cómo ves tu pecado? Déjame preguntarte esto, particularmente si tú creciste en un ambiente similar al que yo crecí, donde no conociste otra cosa por años, solo el conocer a Dios, conocer Su Palabra y caminar con Él. ¿Cómo ves tu pecado? ¿Cómo ves aquellos pecados interiores, internos del espíritu?

¿Los ves como Dios los ve? O has caído en la trampa de pensar: «Mis pecados no son realmente tan grandes». ¿Te has encontrado a ti misma, tal vez, justificando algunos pecados? ¿Te has encontrado a ti misma justificando algunas pequeñas cosas, algunas pequeñas concesiones, deslices, algunos descuidos con tu lengua…algunas actitudes que sabes que no están de acuerdo con la Palabra de Dios, que no son piadosos, que no son santos, pero te encuentras justificándolos, excusándolos, tal vez incluso culpando a otros, y pensando que en realidad no son nada del otro mundo? ¿Qué te viene a la mente cuando te menciono este tipo de cosas?

¿Harías lo que estoy pidiendo a Dios que haga en mi propio corazón en estos últimos días? «Señor, ¿me mostrarías cómo Tú ves mi pecado? Déjame ver mi pecado a la luz de Tu santidad. Muéstrame Tu visión de mi pecado»

No fue una enorme grieta la que hundió al Titanic, y en muchas de nuestras vidas puede que no sea ninguna gran grieta la que nos lleve hacia abajo. Pero así como un barco puede hundirse con solo una pequeña serie de hendiduras, de grietas en el costado, cosas que dejamos pasar, o incluso que ni siquiera notamos, esas en última instancia pueden ser también nuestra perdición y destrucción.

Annamarie: «En realidad mi pecado no es tan malo». ¿Has creído esa mentira? Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado ayudando a ver que tus elecciones tienen consecuencias. Y también es importante que recuerdes que no hay lugar en el que la gracia de Dios no te pueda alcanzar. Si el Espíritu Santo ha traído convicción a tu corazón a través de este programa, te animo a correr a Jesús en arrepentimiento y fe.

Para profundizar más en lo que has estado escuchando hoy te animo a adquirir el libro escrito por Nancy titulado, Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres. En este ella aborda, no solo las mentiras que creemos acerca del pecado, sino también las que creemos acerca de nosotras mismas, de las emociones, de las circunstancias, de los hijos, entre otras.

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Muchas veces pecamos aún cuando conocemos un mejor camino. Y eso pudo ser motivado por el dolor que experimentamos cuando alguien pecó contra nosotras; pero eso no nos da un pase libre para responder con más pecado.

Nancy: El problema es que tendemos a comparar nuestros pecados y nuestras vidas con los de las demás personas, y en comparación, podremos siempre encontrar a alguien que creemos que es un pecador más grande que nosotras. Sinceramente, me hace sentir cómoda el pensar que mi vecina o mi pareja o mi hijo o mi padre tienen algunos pecados mayores que los míos.

Eso me libera de culpa en mi propia mente, y puedo empezar a justificar mis propios pecados, porque los comparo con los pecados de los demás.

Annamarie: Escucha más en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Conociendo la verdad que nos hace libres juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 2 Crónicas capítulos 34 al 36.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Ten Piedad de Mí, La IBI & Sovereign Grace Music, La Salvación es del Señor ℗ 2014 Sovereign Grace Music.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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