Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

No puedes salirte con la tuya

Annamarie Sauter: ¿Alguna vez has pensado que el pecado no es tan peligroso?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Tenemos que seguir recordándonos a nosotras mismas que Satanás es un mentiroso. Que las cosas que Dios llama pecado, Satanás nos dice que son sanas, divertidas, inocentes, que no son gran cosa, que solo suplen tus necesidades. Pero la verdad es que el pecado es peligroso, es mortal, destructivo. La verdad es que cada decisión que tomes hoy tendrá consecuencias.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Si te preguntara, ¿qué mentiras has creído acerca del pecado…qué dirías? Algunas mentiras podrían ser...

  • Puedo pecar y salirme con la mía 
  • En realidad mi pecado no es tan malo
  • Dios no puede perdonarme
  • No soy del todo responsable de mis reacciones
  • Soy incapaz de vencer el pecado

A través de la serie a la que damos inicio hoy, Nancy nos ayudará a reflexionar sobre algunas Mentiras que las mujeres creen acerca del pecado. Ella inicia con un relato sobre una interesante mascota.

Nancy: Cuando la familia Romero tuvo por primera vez a Sally como mascota de la familia, solo media aproximadamente 12 pulgadas. Pero ocho años después, esta mascota llegó a crecer hasta tres metros y medio, y a pesar 36 kilogramos. Y entonces el 20 de julio del año 1993, Sally, que era una pitón birmana, atacó a Derek de quince años, sofocando al adolescente hasta llevarlo a la muerte.

En un momento fatal, la criatura que se veía tan inofensiva quedó expuesta como una bestia mortal. Esta familia ingenua había llevado a casa lo que ellos pensaron que era una pequeña mascota indefensa. Pero de repente, resultó ser un destructor.

Pero en realidad, nadie debió haberse sorprendido de cómo terminó la historia, al final, la pitón hizo lo que era por naturaleza su instinto.

En los próximos programas vamos a estar hablando acerca de las mentiras que creemos acerca del pecado. El pecado tiene una manera de entretenernos. Podemos jugar con él, a veces dormimos con él. Nos divertimos con él. Pero el hecho es que su naturaleza nunca cambia. El pecado, inevitablemente, como esa pitón, se levanta para morder y devorar a aquellos con los que hace amistad.

Ahora, todas las mentiras de Satanás son destructivas, pero las más mortales son las que Satanás nos dice acerca de Dios y acerca del pecado. Verás, Satanás siempre trabaja para disminuir la semejanza y el carácter de Dios y para subestimar la pecaminosidad del pecado. Él quiere que creamos que Dios no es tan santo como realmente es y que el pecado no es tan malo como realmente es.

Quizás has visto algunas fotografías mejoradas digitalmente, aun cuando no sepas que las estás viendo, seguro que las has visto. En realidad no entiendo cómo funciona, pero las computadoras tienen una manera de tomar una imagen horrorosa, y con la ayuda de programas digitales pueden convertirla en algo verdaderamente hermoso.

Y eso para mí, es semejante a lo que hace el enemigo, Satanás, con todo este asunto del pecado. El pecado es algo horrendo. Es algo deformado. Pero Satanás tiene una manera de mejorarlo para que sea vea como algo muy atractivo. Necesitamos constantemente recordarnos a nosotras mismas que maquillar el pecado no puede cambiar su naturaleza esencial. Como esa víbora mortal, la verdadera naturaleza mortal del pecado, un día, inevitablemente, invariablemente quedará expuesta en nuestras vidas.

La primera vez que la palabra pecado se utiliza en la Biblia, ocurre en Génesis capítulo 4, cuando Dios está hablando con Caín. Y describe al pecado como un animal al acecho listo para devorar a su víctima. Esa es una imagen que tenemos que recordar cuando pensemos en el pecado.

Ahora, Satanás nos dice un sin fin de mentiras acerca del pecado, pero creo que la más frecuente que nos dice es la que vamos a ver en el día de hoy y en los siguientes días.

Satanás nos dice, «puedes pecar y salirte con la tuya». Pero vamos a volver al primer pecado. Dios les dijo a Adán y a Eva, «del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas…» ¿Qué pasaría? ¿Qué les dijo Dios que serían las consecuencias? Dios les dijo, morirás. Él dijo, «ciertamente morirás» (Ver Génesis 2:17).

Pero Satanás viene—esa serpiente viene y le dice a Eva, «no morirás». Reta a Dios. Y le dice que las consecuencias con las que Dios les advierte, de que morirían si comían de ese árbol en realidad no eran ciertas. Puedes pecar y salirte con la tuya. Puedes hacer lo que te venga en gana y no cosechar las consecuencias.

Verás, Satanás nos dice, «puedes hacer lo que quieras, puedes firmar tu independencia de Dios… y ¿sabes qué?, no te va a pasar nada». Así que él hace que creas que no habrá juicio contra el pecado. En realidad no cosecharé lo que sembré, no habrá juicio contra mi pecado. Las decisiones que tome en el día de hoy no tendrán consecuencias.

Cuando pecamos, usualmente es porque la mayoría de las veces pensamos que no nos va a pasar nada o no nos detenemos a considerar el precio. No nos detenemos a darnos cuenta que va a pasar como pasó con esa víbora mortal que mientras la alimento y hago amistad con ella y juego con ella y dejo que entre a mi hogar pensando que es inofensiva y dócil, no me estoy dando cuenta de que algún día esa pitón va a crecer para convertirse en algo mortal, en una fuerza destructiva, no solo en mi vida sino también en las vidas de aquellos que amo.

Cuando Eva probó la primera mordida de esa fruta, realmente pienso que no se detuvo a pensar en las consecuencias —en las consecuencias para su propia vida y en las consecuencias para su matrimonio, para sus hijos, sus nietos, sus bisnietos sus tataranietos, en todos los hombres y mujeres y en los matrimonios y en la cultura y la historia y en toda la vida para siempre. Ella no se detuvo a pensar, ni a considerar el costo.

Pero creo que Eva es muy similar a nosotras en el aspecto de que ella no hizo una conexión lo suficientemente rápida entre su decisión y las consecuencias que serían inevitables. Dios ya les había advertido. Habría consecuencias. En el día que comas, algo pasará que te cortará de la vida. Morirás. Habrá separación de la vida en Dios, de la vida espiritual. A la larga, de la vida física también, la vida física tendría su fin. Mueres físicamente, espiritual, emocional y moralmente en cada área de tu vida cuando tomas la decisión de desobedecer a Dios.

Hablo con tantas mujeres que viven situaciones muy difíciles, estresantes y dolorosas, algunas las cuales están más allá de su control. Y hay algunas circunstancias dolorosas en la vida que no tienen nada que ver con nuestro pecado directamente. Pero muchas de las circunstancias de nuestras vidas son las que nosotras hemos causado, y en realidad no hacemos la conexión, en la mayoría de los casos, entre nuestras decisiones y las consecuencias.

Así que hablo con mujeres que tienen matrimonios miserables y una de las cosas que quisiera preguntarles es, «cuando te casaste, ¿tuviste la bendición de tus padres? ¿O te casaste en desobediencia, en rebelión contra de la autoridad de tus padres?

Verás, cuando esa joven pensó que estaba tan enamorada, y que tenía que estar con esa persona, y que no podía vivir sin esta persona, Dios le dio padres para que le dieran su consejo y su protección. Pero en muchos casos, las personas rechazan el consejo y no entienden razón. Y entonces ahora veinte, treinta, cuarenta años después, están viviendo con las consecuencias de una decisión poco piadosa—una decisión que no podía ser bendecida a plenitud por Dios sin un arrepentimiento porque se violaron los principios de la Palabra de Dios.

Pienso en mujeres que han salido en una cita amorosa y al final se casan con inconversos. Eso es contrario a la Palabra de Dios.

Encuentro en otros casos a mujeres, quizás una madre soltera que está tratando de criar cuatro hijos sola. Ahora, puede haber muchas razones por las que esto pudo haber pasado. Mi propia madre quedó viuda a la edad de cuarenta años con siete hijos entre ocho y veintiún años de edad.

En medio de esas circunstancias que están fuera de nuestras manos, de nuestro control, ahí está la gracia de Dios que nos da todo lo que necesitamos en esos momentos. Pero encuentro que muchas madres que están batallando con situaciones difíciles como madres solteras, en muchos casos son el fruto de algunas decisiones incorrectas. Quizás es una mujer que vivió una vida sexualmente promiscua, tuvo hijos fuera del matrimonio, y ahora se encuentra en una posición difícil teniendo que cumplir con el rol para estos niños que Dios tenía la intención de que un esposo cumpliera.

Ahora, no me malinterpreten. No estoy diciendo que cada matrimonio difícil o que cada situación familiar estresante es el resultado de la inmoralidad o de una desobediencia. Pero en muchos casos, sí lo es.

Encuentro personas con deudas hasta el cuello que están batallando. Están tratando de hacerles frente a los síntomas de este problema, sin ir a algunas de las raíces que pudieron haber causado el problema en primer lugar. Por ejemplo, algunas compras imprudentes. En otros casos porque valoran las cosas temporales y ahora están viviendo con las consecuencias de sus decisiones.

También, en otros casos hay mujeres hoy en día que no pueden tener hijos. Ahora, a veces es solo que Dios cierra la matriz, y esa es Su perfecta voluntad, pero hay gracia disponible para esa infertilidad. Pero en otros casos, la infertilidad en la mujer puede venir –en su origen– por decisiones sexuales inmorales o haberse practicado abortos.

Somos tan propensas a querer tratar con ellas con consejos y darles terapia y soluciones para las consecuencias, sin darnos cuenta que para poder tratar con las consecuencias, primero necesitamos regresar a la raíz. Y es que hay una conexión entre nuestras decisiones y las vidas que terminamos viviendo.

El enemigo nos dice, «puedes pecar y salirte con la tuya». ¿Quizás hay algún asunto en tu vida en que tal vez, has creído esa mentira, pensando, yo puedo tomar estas decisiones; puedo ser indisciplinada en esta área de mi vida, y puedo salirme con la mía? O tal vez ni siquiera estés conscientemente pensando así, puedo salirme con la mía.

Pero quizás no te estás deteniendo a pensar en el precio, en las consecuencias. Al reflexionar en los problemas que estás enfrentando hoy, ahora en tu vida, ¿es posible que estés cosechando las consecuencias, que estés cosechando de las semillas que plantaste años atrás?

Escucha, la respuesta para tratar con una cosecha negativa no es solo tratar de seguir cortándola. Simplemente vuelve a crecer nuevamente. La respuesta es regresar y decir, «¿cuáles fueron las semillas que planté que no fueron buenas semillas?» Y entonces arrepentirte de esas decisiones.

Ahora, eso no significa que todas las consecuencias se irán. Esas consecuencias puede que se queden como un recordatorio del precio del pecado. Pero sí habrá y hay gracia a través del arrepentimiento, si nos volvemos e identificamos cuáles fueron esas decisiones y decimos, «Señor, perdóname porque me doy cuenta de que mi pecado no quedó impune, no me salí con la mía en cuanto a mi pecado. Estoy consciente de que las decisiones que estoy tomando hoy tendrán consecuencias en los años venideros.

Piensa cómo funciona esto en áreas prácticas de nuestra vida diaria. Por ejemplo, y aquí hay una con la que me puedo identificar muy bien. Estamos más que satisfechas al terminar cada comida del domingo, pero ese segundo pedazo de pastel de limón se ve tan bueno, es irresistible, pero en realidad no lo tenemos que comer. Ya no nos cabe, pero nos lo vamos a comer de todas maneras. ¿Y qué es lo que pasa? Me como ese pedazo de pastel pero no me detengo a pensar en las consecuencias que puede haber. Por ejemplo, en algunas horas, probablemente me sentiré hinchada demasiado llena y enferma. Esa es una de las consecuencias.

Tal vez no me detenga al contemplar ese pedazo y considerar que comer de más puede ocasionar agruras, diabetes, un infarto o un ataque al corazón. Cuando veo el pastel, no estoy viendo un problema del corazón; no estoy viendo la diabetes. Solo estoy viendo una buenísima porción de pastel.

Quizás no me detengo a pensar en ello, pero la falta de control en una área de mi vida me hace más vulnerable a la falta de disciplina en otras áreas de mi vida que pueden ser aún más importantes.

Quizás no nos detenemos a pensar que el complacernos en esa área, y que disculpamos porque no es tan significativa, digo, ¿cuál es el gran problema en un segundo pedazo cuando ya estás satisfecha? Pero el complacernos de esa manera puede que produzca en nuestros hijos una cosecha de extrema autoindulgencia. Veo a padres cuyos hijos están abusando de sus cuerpos con drogas y sexo ilícito, y los padres piensan, «pero yo nunca viví de esa manera, nunca tome ese tipo de decisiones».

Bueno, quizás sí tomamos ese tipo de decisiones. No eran tan obvias, no eran tan extremas. Ahora, ¿por qué, cuando esa porción extra de pastel de limón está enfrente de mí no me detengo a pensar en las consecuencias? Lo que realmente estoy pensando es, sí, estoy llenísima, pero ese pedazo de pastel se ve buenísimo y puedo hacerlo. Puedo comérmelo. Puedo salirme con la mía.

Y así pasa en muchas áreas de nuestras vidas. Veo la manera en que nos entretenemos con material de lectura y películas o programas de televisión, videos y música que reflejan los valores seculares, valores sensuales, filosofías mundanas—diversión que legaliza la blasfemia, la falta de modestia y una conducta inmoral.

Traemos todas estas cosas a nuestro hogar y pensamos, esto no esta tan grave, no me va a pasar nada. Esto no me afectará. No tendrá consecuencias. No nos detenemos a pensar cuáles van a ser algunas de las consecuencias inevitables. Por ejemplo, ver esta cosa, tal vez incluso en una cantidad limitada, una consecuencia es que estoy desensibilizando mi conciencia y desarrollando una mayor tolerancia hacia el pecado.

Descubrí esto en mi propia vida años atrás, cuando estaba usando la televisión solo por el ruido, el sonido, la compañía. Vivía sola y viví sola durante mucho tiempo. Y cuando venía a casa después del trabajo al final del día llegaba exhausta y me echaba en el sofá y prendía la televisión, y veía cosas que no consideraba que estaban mal; pero aún así un día me desperté y me di cuenta lo que estaba dejando entrar a mi hogar, a mi corazón y a mi mente. Me di cuenta de que había estado perdiendo la sensibilidad hacia lo que era santo, puro, bueno y de valor.

Otra cosa que descubrí durante ese tiempo es que al permitir estas cosas, aún en moderación, estaba incrementando mi apetito por el pecado y sentía impulsos más fuertes en mi carne en otras áreas de mi vida. Pensé, no puedo controlar esto. ¿Qué es lo que estoy haciendo? Estaba alimentando mi carne con ese tipo de entretenimiento, y como consecuencia estaba disminuyendo el hambre por la santidad. No tenía el mismo anhelo por conocer a Dios, por estudiar Su Palabra por ser santa como lo tenía antes.

Tal vez en relación al entretenimiento, no nos detenemos a pensar en esa consecuencia: Al permitir eso que no es piadoso entrar a nuestros corazones, estamos levantando una barrera en nuestra comunión con Dios. Y luego un día, despertamos y decimos, «¿dónde está Dios? Se siente tan lejano. No me siento conectada con Dios. No puedo sentir su presencia en mi vida». ¿Qué pasó? Bueno un ladrillo a la vez, una decisión a la vez, construí esta pared esta muralla en mi relación con el Señor.

Al relacionarnos con el entretenimiento tal vez no nos detenemos a pensar que estamos programando nuestras mentes para pensar como el mundo. La manera en que pensamos, en última instancia, determina la manera como vivimos. Quizás no nos detenemos a pensar que estamos aumentando la posibilidad de empezar a actuar según lo que oímos y según lo que vemos. Y empezamos a pensar cosas como, bueno, no puede ser tan malo... dejar a mi esposo, perder el control, hablarle fuerte o de mala manera a mi madre cuando me habla en un tiempo inoportuno. Después empezamos a justificar nuestro comportamiento basado en lo que lo que estamos viendo actuado en la en la pantalla o en la televisión.

Tomamos una decisión, tal vez de guardar rencor en contra de alguien que nos ha hecho mal. Me encontré a mí misma una y otra vez pensando en alguien que dijo algo que me lastimó y luego alimentando esa herida, meditándolo en mi mente una y otra vez. Comienzo entonces a defenderme mentalmente, y pienso en las maneras que puedo encontrar para defenderme frente a esa persona que tal vez me criticó.

No vayas allí. Cuando permito que mi mente vaya ahí entonces no me estoy deteniendo a pensar en las consecuencias. Si permito que la amargura eche raíz en mi vida, tarde o temprano voy a destruir mi capacidad de pensar racionalmente.

David dice en el Salmo 73: «Cuando se llenó de amargura mi corazón... era como una bestia delante de ti».

Eso es lo que pasa. Cuando alimentamos la amargura, llegamos a donde somos totalmente irracionales— no estamos pensando bien. No me pongo a pensar que alimentando esa herida voy a ser miserable. No pienso cómo la amargura afecta mi cuerpo en diferentes maneras como cansancio crónico, falta de energía. Digo, la amargura drena la vida y la fuerza que hay en nosotras.

Quizás no me detengo a pensar que alimentando ese rencor, al guardar esa amargura, no seré capaz, de acuerdo a Jesús, de experimentar el amor y el perdón de Dios en su totalidad para mi vida. Probablemente no me doy cuenta de que la amargura me hará una persona difícil para convivir con otras personas, y que la gente no querrá ser mi amiga.

Podemos ver cada área de pecado. Por ejemplo, el hecho de acercarnos mucho, de permitirnos acercarnos demasiado a un hombre que es amable, atento, sensible en el trabajo. Ahora, tal vez deberíamos detenernos y preguntarnos, «¿por qué, si es tan amable, atento y sensible, está en su tercer matrimonio?» No nos detenemos a pensar cómo será él en otro lugar. Pensamos que él está supliendo nuestras necesidades.

O quizás alguien que conocemos en un chat o alguien que conocimos en la iglesia quien es un consejero piadoso, pero estamos permitiendo que nuestras emociones sean alimentadas de maneras ilegítimas. No pensamos en las consecuencias a largo plazo en nuestras vidas, en nuestros hogares, en nuestra relación con nuestros amigos, en la generación que sigue, y así sucesivamente.

El escritor de Proverbios estaba bastante preocupado con alertar a su hijo acerca de las consecuencias del pecado. Y lo que realmente quería hacer como padre era proteger a su hijo, evitarle una vida llena de remordimientos. ¿Eso es lo que quieres para tus hijos, no es cierto? Tratas de ayudar a tus hijos a que vean las consecuencias de sus acciones porque no quieres verlos en una posición en la vida en que estén viviendo con consecuencias que pueden ser irremediables, irreversibles.

Así que el escritor del libro de Proverbios exhorta a su hijo en el capítulo 5, para que evite todo tipo de pecado cómo lo haría con una plaga y que tome decisiones correctas ahora. Aquí está lo que dice en Proverbios capítulo 5 empezando en el versículo 11: «Y al final te lamentes, cuando tu carne y tu cuerpo se hayan consumido, y digas: ¡Cómo he aborrecido la instrucción, y mi corazón ha despreciado la corrección! No he escuchado la voz de mis maestros, ni he inclinado mi oído a mis instructores.He estado a punto de completa ruina en medio de la asamblea y de la congregación» (vv. 11-14).

¿Qué es lo que está diciendo este papá? «Piensa ahora en lo que estarás experimentando al final de tus días si no tomas decisiones piadosas y santas ahora».

Tenemos que seguir recordándonos a nosotras mismas que Satanás es un mentiroso. Que las cosas que Dios llama pecado, Satanás nos dice que son sanas, divertidas, inocentes, que no son gran cosa, que solo suplen tus necesidades. Pero la verdad es que el pecado es peligroso, es mortal, destructivo. La verdad es que cada decisión que tomes hoy tendrá consecuencias. Lo que hago con mi tiempo, lo que hago con mi lengua, lo que hago con mi temperamento natural, con mis emociones, cada decisión que yo haga hoy tendrá consecuencias.

Y la verdad según Santiago capítulo 1, es que el pecado, cuando crece completamente, da a luz un bebé. ¿Y cómo se llama ese bebé? Se llama muerte. Si dejo crecer el pecado en mi corazón, producirá muerte—consecuencias mortales.

¿Y qué si te dijera que en lugar de ser miserable y de estar frustrada y viviendo en constante atadura, puedes vivir una vida con esta descripción: gozosa, contenta, radiante, confiada, tranquila, estable? ¿Qué si tú supieras que puedes realmente caminar en libertad? La verdad es que la vida es dura. Pero de acuerdo a la Palabra de Dios, tú y yo podemos caminar a diario a través de las realidades de esta vida—estoy hablando de desilusiones, soledad, pérdida, rechazos, heridas y aún muerte. Podemos caminar a través de esas realidades en libertad.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth regresará con unas últimas palabras. Ella nos ha estado hablando acerca de una mentira que creemos acerca del pecado: puedo pecar y salirme con la mía. ¿Has pensado—o más bien, vivido—de esa manera? Espero que este mensaje te haya ayudado a evaluar tu corazón y te haya animado a correr a la Fuente de verdadera libertad.

Profundiza más en este tema y en la verdad que te hace libre a través del libro de Nancy titulado, Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres. Encuéntralo en nuestra tienda en línea en AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy dice que para poder ver nuestro pecado como Dios lo ve, necesitamos la luz de la verdad de la Palabra de Dios. Ella nos hablará más acerca de esto en la continuación de esta serie. Y ahora, ella regresa con la conclusión de este programa.

Nancy: Recuerdo, años atrás, al finalizar una conferencia, una señora que se me acercó. Estaba justo preparándome para irme al aeropuerto cuando ella me alcanzó en el pasillo. Me dijo, «¡soy libre!, ¡soy libre!», al contarme lo que Dios había hecho en su vida durante la conferencia.

Ella había estado visitando consejeros, terapeutas, había estado en seminarios y conferencias. Había escuchado a miles de oradores mucho más talentosos que yo. Había pagado dinero para poder resolver algunos problemas de su pasado. Pero este fin de semana, Dios le dijo algo de Su Palabra que la liberó.

Verás, la vida que Jesús promete y la libertad que Él nos ofrece no se encuentra a través de un cambio en nuestras circunstancias, sino que la encontramos en la verdad. Jesús dijo: «Yo soy la verdad, y es la verdad la que os hará libres».

Annamarie: Conociendo la verdad que nos hace libres juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 2 Crónicas capítulos 32 y 33.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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