Mi mente en guerra, mi Dios en control
«¿Cómo le explico a mi sistema nervioso que no hay un oso ni un león persiguiéndome… que simplemente estoy enfrentando una situación difícil?». ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? ¿Te ha pasado que objetivamente no ocurrió nada «grave», pero tu cuerpo está reaccionando como si el mundo se estuviera cayendo? El corazón se acelera y la mente se llena de pensamientos catastróficos.
En el episodio de hoy de Joven Verdadera vamos a hablar exactamente de eso: de cuando la ansiedad nos toma por sorpresa, nos paraliza y nos llena de miedo. De esas veces en que no entendemos por qué estamos reaccionando así… y nos sentimos incluso culpables por sentirlo. ¡No te pierdas este episodio!
Aquí te compartimos algunas frases y versículos del episodio de hoy:
Mentiras que nos dice la ansiedad y verdades que las contrarrestan
-
Mentira: «Exactamente lo que estás …
«¿Cómo le explico a mi sistema nervioso que no hay un oso ni un león persiguiéndome… que simplemente estoy enfrentando una situación difícil?». ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? ¿Te ha pasado que objetivamente no ocurrió nada «grave», pero tu cuerpo está reaccionando como si el mundo se estuviera cayendo? El corazón se acelera y la mente se llena de pensamientos catastróficos.
En el episodio de hoy de Joven Verdadera vamos a hablar exactamente de eso: de cuando la ansiedad nos toma por sorpresa, nos paraliza y nos llena de miedo. De esas veces en que no entendemos por qué estamos reaccionando así… y nos sentimos incluso culpables por sentirlo. ¡No te pierdas este episodio!
Aquí te compartimos algunas frases y versículos del episodio de hoy:
Mentiras que nos dice la ansiedad y verdades que las contrarrestan
-
Mentira: «Exactamente lo que estás pensando es lo que va a suceder y es el peor de los resultados».
- Verdad: Lo que vaya a pasar es porque Dios YA lo escribió, y sin importar lo que pase, Él es digno de ser confiado, incluso antes de que suceda. ¡Él es el que cuida de nosotras!
- Mentira: «Si le doy vueltas en mi mente, quizás Dios vea mi inquietud constante y cambie lo que vaya a suceder».
- Verdad: Dios se muestra paciente y nos muestra que NUNCA hemos tenido el control y que nunca lo tendremos, porque solamente Él gobierna cada detalle, cada suceso en nuestras vidas, cada circunstancia, y que esa verdad es suficiente para que podamos descansar.
- Mentira:«Tengo que hacer más para superar mi miedo (respiraciones, distracciones, técnicas de relajación) en vez de soltar el control y rendirme a los pies del Señor. Nadie más se siente así y, por ende, compartir mi lucha con la ansiedad con los demás es un estorbo… o peor, yo como persona soy un estorbo».
- Verdad: La verdad es que Cristo nos ama TANTO, que no quiere que vengamos a Él perfectas, no quiere que lo busquemos después de poner nuestras vidas en orden. Él quiere una relación con nosotras AHORA. Incluso esos momentos de quebranto y de ansiedad paralizante son los momentos perfectos e ideales para acudir a Él. Es ahí, cuando nuestras fuerzas no son suficientes, que es evidente qué tan grande, amoroso y misericordioso es nuestro Dios.
¿Cómo la ansiedad afecta nuestra capacidad de estar quietas delante de Dios?
- Estar quietas delante de Dios implica estar en silencio para escuchar lo que Él tiene para decirnos. Pero cuando nuestra mente está llena de voces, llena de estos pensamientos que pareciera que no hay manera de callarlos, no hay forma de que podamos escuchar a Dios.
- Dios no nos pide que nos acerquemos en un estado perfecto de ánimo. Él solamente nos pide que nos acerquemos creyendo con fe que Él, sin duda, puede, aun en medio de ese ruido, traer silencio y quietud a nuestras mentes. Esa verdad debe dirigir cómo nos conducimos y tratamos este tema de la ansiedad.
Cuando Dios calma nuestro corazón, pero nuestra agenda sigue igual de llena, ¿qué cambia realmente? ¿Cómo sabemos que no es solo distracción o alivio momentáneo?
- Si estás buscando a Dios y recordándote Su verdad en esos momentos de ansiedad, estás haciendo lo correcto. Todo fuera de ahí es ponerle una curita a una herida que amerita una operación.
- Buscar distracciones en las redes, en la música, en socializar o en cualquier cosa que llene tu mente momentáneamente solo va a darte alivio temporal. De igual manera, usar tácticas de relajación y todos los trucos y métodos para controlar la ansiedad no son malos necesariamente, pero no sanan nuestros corazones. No resuelven el problema a largo plazo. Solo Dios, solo una relación con Él, solo depender de Cristo y NADA más, va a sanar tu corazón ansioso.
«Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas» (2 Corintios 10:3-4, NVI).
- En la batalla contra la ansiedad, las armas que tienen poder divino son: la oración y la lectura de la Palabra. Estas son herramientas dadas por Dios que no tienen nada que ver con nuestra autosuficiencia; no son una solución rápida. Son armas que nos llevan a desmantelar nuestra forma de pensar y nuestras emociones, y santificarlas.
- La oración nos lleva a depender de Él y la lectura de la Palabra nos lleva a conocer más de Él y, como resultado, parecernos más a Cristo.
- Cuando aplicamos esa verdad, nuestra perspectiva cambia. Es como un switch de pensar que nuestras agendas o nuestras emociones están en control, a reconocer y celebrar que solo Dios tiene el control completo. Y no solo que Él tiene control, sino que está presente y cerca.
- Dios está cerca incluso en los momentos pequeños del día a día y nos escucha.
¿Por qué nos preocupa que si la gente ve nuestra ansiedad, piense que nuestra fe es débil?
- A nadie le gusta verse ni parecer débil. Si bien es parte de nuestra naturaleza caída el siempre buscar ocultar nuestra debilidad, eso no es una excusa para no mostrarnos vulnerables con otras hermanas en la fe.
- La ansiedad nos grita: «Mientras nadie lo sepa, mejor, porque nadie te va a entender, y de por sí te van a juzgar». La ansiedad les dice a nuestras mentes y corazones muchísimas mentiras que hacen que:
- Nos encerremos
- Nos aislemos
- Demos la falsa imagen de que «todo está bien».
- La ansiedad puede alimentar un orgullo silente. ¿Para qué está la fe? Independientemente de cómo nos sintamos, debemos acercarnos a nuestra familia de la fe y contarles qué nos pasa para que oren por nosotras.
¿Qué versículos podemos recordar en esos momentos cuando nuestra mente nos dice: «No puedes», «Vas a fallar», «Dios está lejos»?
- Cuando sentimos que nuestras emociones nos están gobernando, podemos recordar Filipenses 4:6-8 (NVI): «No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio».
- La batalla contra la ansiedad empieza con lo que estás alimentando a tu mente, por eso necesitamos recordar Proverbios 4:23 (NVI): «Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida».
- La forma más efectiva de batallar contra la ansiedad es recordar que nosotras, nuestras tareas, nuestros planes y problemas no son el centro. El centro de todo es Dios; por ende, lo vamos a alabar, como lo dice el Salmo 42:5(NVI): «¿Por qué estás tan abatida, alma mía? ¿Por qué estás tan angustiada? En Dios pondré mi esperanza y lo seguiré alabando. ¡Él es mi salvación y mi Dios!».
- Cuando la ansiedad llega a raíz del miedo del futuro, el pasaje de Mateo 6:25-34 nos recuerda: «No se preocupen por su vida… ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?… Busquen primeramente el reino de Dios… no se preocupen por el mañana». ¡Dios te conoce, Dios está cerca, a Dios le importa tu vida!
Cuando no podemos orar «bonito», cuando solo podemos decir: «Señor, ayúdame», ¿eso es suficiente?
«De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles»(Romanos 8:26).
- ¡ES LO ÚNICO QUE DIOS NECESITA! Dios no nos pide elocuencia en nuestras oraciones. Él no nos pide que tengamos nuestros pensamientos organizados para entonces orar.
- Cuando de nuestros labios no salen palabras, cuando nuestro corazón está decaído, cuando nuestra mente está débil y cansada, AHÍ ES DONDE DIOS NOS QUIERE. Ahí es donde Dios está más cerca que nunca.
- Dios nos ve, Él nos entiende incluso mejor de lo que nosotras mismas nos pudiéramos entender. ¡Eso es un consuelo que no se puede medir ni hay palabras suficientes para explicar lo glorioso que es!
Jesús, nuestra ayuda fiel (Mateo 14:25-34)
- Jesús invitó a Pedro a caminar sobre el agua. Jesús le dijo: «Ven» y Pedro obedeció. Pero en el momento que vio el viento, le dio miedo, su fe flaqueó y se comenzó a hundir. ¡La ansiedad se puede sentir así! Cristo no se alejó de Pedro. Él estuvo parado ahí mientras que Pedro dudaba. Él no iba a dejar que se hundiera, pero estaba esperando que le pidiera ayuda.
- Jesús le respondió al instante y hace lo mismo con nosotras hoy aun cuando no lo entendemos ni lo sentimos. Él está ahí y Él quiere que le clamemos en oración y que lo busquemos fervientemente.
Para reflexionar:
- Aunque tu cuerpo reaccione con alarma, tu vida no está fuera de control. Dios sigue estando en Su trono. La ansiedad muchas veces nos susurra mentiras: «Todo va a salir mal», «Tienes que resolverlo sola», «Si los demás supieran lo que sientes, pensarían que tu fe es débil». Pero la Palabra de Dios responde con una verdad mucho más firme: Dios está cerca, Dios tiene el control y Dios cuida de ti.
- Tal vez hoy no tienes una oración larga ni bien formada. Tal vez lo único que puedes decir es: «Señor, ayúdame», ¡y eso es suficiente! Dios no está esperando una oración perfecta; Él está esperando un corazón que corra hacia Él.
- La ansiedad te invita a mirar hacia adentro, a tratar de controlar lo incontrolable, a aislarte. Pero el evangelio te invita a hacer lo contrario: mirar a Cristo, rendir el control y acercarte a Él y a tu comunidad. la próxima vez que esos pensamientos lleguen, recuerda que Dios no está lejos. Él está más cerca de lo que imaginas, sosteniéndote incluso en medio de la tormenta.
Recursos recomendados:
Blog, 3 fuentes de ansiedad
Blog, Él calma el mar de tu ansiedad
Episodio, Me siento ansiosa, ¿qué hago?
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.

Únete a la conversación