«¿Será que Dios me dejó en visto?»
En el episodio pasado hablamos de esas temporadas donde, aunque aparentemente todo está «bien», nuestro corazón se siente lejos de Dios. Hablamos de ese cansancio espiritual silencioso que muchas veces no sabemos cómo explicar. Y hoy queremos profundizar un poco más en una de las luchas que pueden surgir en medio de esas temporadas: cuando sentimos que Dios está en silencio. Porque quizás te ha pasado que oras, intentas acercarte al Señor, pero sientes que tus palabras se quedan en el aire y que poco a poco tu comunión con Dios empieza a sentirse vacía, rutinaria o distante.
Aquí te compartimos algunas frases y versículos del episodio de hoy:
Momentos en los que oramos y sentimos que estamos hablando solas:
- Cuando hemos estado varios días sin tener comunión intencional con el Señor en Su Palabra. Puede suceder que nos envolvemos en nuestra rutina, nuestras actividades; …
En el episodio pasado hablamos de esas temporadas donde, aunque aparentemente todo está «bien», nuestro corazón se siente lejos de Dios. Hablamos de ese cansancio espiritual silencioso que muchas veces no sabemos cómo explicar. Y hoy queremos profundizar un poco más en una de las luchas que pueden surgir en medio de esas temporadas: cuando sentimos que Dios está en silencio. Porque quizás te ha pasado que oras, intentas acercarte al Señor, pero sientes que tus palabras se quedan en el aire y que poco a poco tu comunión con Dios empieza a sentirse vacía, rutinaria o distante.
Aquí te compartimos algunas frases y versículos del episodio de hoy:
Momentos en los que oramos y sentimos que estamos hablando solas:
- Cuando hemos estado varios días sin tener comunión intencional con el Señor en Su Palabra. Puede suceder que nos envolvemos en nuestra rutina, nuestras actividades; y cuando deseamos hablar con Dios, Su Palabra no está en nuestra mente y nos cuesta encontrar palabras para decirle al Señor.
- Cuando nuestra mente está llena de tantas cosas que nos perdemos mientras estamos orando. Tenemos un calendario y planeación de actividades, y cuando estamos orando, no nos concentramos y ya estamos pensando en lo que sigue en nuestra lista de actividades por hacer.
- Cuando no tenemos el deseo de pasar tiempo con el Señor, y simplemente lo hacemos para darle check a nuestra actividad «más importante» del día. Nos trae desánimo cuando terminamos de orar porque sentimos que nada de lo que dijimos siquiera alcanzó a tocar el techo de nuestras habitaciones.
El ruido en nuestra vida que nos impide oír a Dios
- Una cosa es que oremos y sintamos que Dios no escucha porque nuestras oraciones no tienen pies y cabeza, porque nuestra mente está en otra parte. Y otra cosa es que no escuchamos la voz de Dios a través de Su Palabra. Cualquiera de las dos cosas que se dañen va a interrumpir el canal de comunicación.
- El ruido es lo que nos sobra en nuestra vida que fácilmente nos impide escuchar la voz de Dios. Tal vez un trabajo, tareas de la escuela, reuniones con amigos, eventos, proyectos, actividades en la iglesia, redes sociales, preocupaciones, desánimo.
- Esto muestra que nuestras prioridades están en desorden y eso no solamente representa un ruido en nuestra vida, sino que termina en conductas pecaminosas. ¡Todos esos ruidos nos distraen de obedecer el más grande mandamiento!
- Cuando no amamos a Dios, somos propensas a caer en tentación y seguir los deseos de nuestra carne. Entonces pecamos deliberadamente y eso ocasiona un problema mayor: nuestra comunión con Dios se ve obstaculizada, y no solamente no escuchamos Su voz, sino que Él tampoco nos escucha.
¿Cómo podemos saber que Dios sigue ahí aunque nuestras emociones cambien constantemente?
- Aquí no hay una fórmula mágica, no se trata de una postura, aunque es bueno y necesario ponernos de rodillas delante del Señor. Tampoco se trata de decir palabras más elocuentes, como si pudiéramos convencer a Dios de cualquier cosa. Se trata de fe.
- Lo que tenemos que hacer es recordarle a nuestra alma la verdad de que el Señor nos escucha y se complace en la comunión con Sus hijos. Si le hemos confiado nuestra alma, nuestra vida eterna al Señor, ¿cómo no confiarle nuestra vida de este lado de la gloria, y saber que Él está con nosotras?
Cuando Dios decide no responder de inmediato
- El Señor siempre responde. La diferencia es que a veces no responde como queremos o esperamos, y entonces creemos que no nos ha respondido o que no nos quiere responder. Su respuesta va a ser siempre sí o no.
- Si estamos orando por consuelo, por provisión, por crecimiento espiritual, si estás orando por todo aquello que se alinee a la voluntad de Dios, no nos será negado.
Qué hacer de forma práctica cuando sentimos que Dios no responde
- Hacer un examen siempre es bien útil, y debemos hacernos preguntas bien específicas. De manera general:
- «¿Por qué me siento así?».
- «¿Estoy en rebeldía por un pecado que no quiero dejar y confesar?».
- «¿Estoy teniendo tiempo de comunión con Dios con intencionalidad o como una tarea más?».
- «¿Estoy realmente enfocada en lo que estoy haciendo, en mi tiempo de comunión con el Rey del universo?».
- «¿Creo realmente en quien Dios dice ser?».
- «¿Creo realmente en quien Dios dice que yo soy delante de Él en Cristo?».
- «¿Estoy dentro de la voluntad de Dios?».
- A medida que vas contestando cada pregunta, comienza a buscar en Su Palabra lo que tiene que decir a cada una de tus respuestas.
- Algo muy útil es conversar con una hermana madura en la fe, que pueda ayudarte a ver la perspectiva de Dios en medio de tus circunstancias y sentimientos.
Para reflexionar:
- «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente». —Mateo 22:37
- «Si observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará». —Salmos 66:18
- «El sacrificio de los impíos es abominación al Señor, pero la oración de los rectos es Su deleite». —Proverbios 15:8
- «Porque el Señor se deleita en Su pueblo; adornará de salvación a los afligidos». —Salmo 149:4
- «Esperé pacientemente al Señor, y Él se inclinó a mí y oyó mi clamor». —Salmo 40:1
- «Porque a mí ha inclinado Su oído; por tanto le invocaré mientras yo viva». —Salmo 116:2
- «El Señor es tu guardador; el Señor es tu sombra a tu mano derecha». —Salmo 121:5
- «Porque sol y escudo es el Señor Dios; gracia y gloria da el Señor; nada bueno niega a los que andan en integridad». —Salmos 84:11
- ¿Dónde están tus afectos? ¿Qué está ocupando tu mente?
- ¿A qué le estás dedicando tu tiempo y tu atención?
- Cuando nuestros afectos están desordenados y dejamos de amar al Señor por encima de todo, nos volvemos mucho más propensas a seguir los deseos de nuestra carne y caer en tentación.
- Cuando vivimos deliberadamente en pecado, nuestra comunión con Dios se ve afectada. Nuestro corazón se endurece, dejamos de escuchar Su voz con claridad y comenzamos a sentir esa distancia espiritual. Pero aun en medio de eso, hay esperanza para nosotras.
- El Señor no es indiferente hacia Sus hijos. Él es un Padre cercano, misericordioso y paciente. Y si Él ya hizo lo más grande (rescatarnos y reconciliarnos consigo mismo por medio de Cristo), también nos sostendrá, nos corregirá y nos guiará cada día de nuestra vida.
- Si hoy te sientes espiritualmente cansada, distante o confundida, no huyas de Dios, sino corre hacia Él. Examina tu corazón a la luz de Su Palabra. Habla con una hermana madura en la fe. Sé honesta delante del Señor. Y recuérdale a tu alma esta verdad: Dios escucha a Sus hijas y se complace en tener comunión con ellas.
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