Día 113 | Juan 13
Este es un capítulo que marca el inicio del discurso íntimo de Jesús con Sus discípulos justo antes de ir a la cruz; todo esto ocurrió antes de la fiesta de la Pascua. El capítulo inicia dejando claro que Jesús sabía que Su hora había llegado. Él iba a pasar de este mundo al Padre y amó a los Suyos hasta el fin. Esta expresión, «hasta el fin», significa con un amor perfecto, perseverante e inquebrantable. Es un amor que lo llevó a dar Su vida en la cruz por nosotros.
Efesios 2:13 nos dice: «Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes, que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo».
Amada hermana, este fue el resultado de Su sacrificio y Su amor: nos acercó a Él mismo y al Padre; hemos sido reconciliados por medio de Él. Podemos venir confiadamente al trono de …
Este es un capítulo que marca el inicio del discurso íntimo de Jesús con Sus discípulos justo antes de ir a la cruz; todo esto ocurrió antes de la fiesta de la Pascua. El capítulo inicia dejando claro que Jesús sabía que Su hora había llegado. Él iba a pasar de este mundo al Padre y amó a los Suyos hasta el fin. Esta expresión, «hasta el fin», significa con un amor perfecto, perseverante e inquebrantable. Es un amor que lo llevó a dar Su vida en la cruz por nosotros.
Efesios 2:13 nos dice: «Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes, que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo».
Amada hermana, este fue el resultado de Su sacrificio y Su amor: nos acercó a Él mismo y al Padre; hemos sido reconciliados por medio de Él. Podemos venir confiadamente al trono de la gracia.
Jesús, ejemplo supremo de humildad
Vemos en los primeros versículos una característica distintiva de Jesús: Su humildad. Él quería darles una enseñanza profunda a los discípulos, y lo hizo con un acto simbólico, lavando sus pies. No lo hizo porque ellos tenían los pies sucios, llenos de polvo; esto no era algo tan simple como eso, era una enseñanza espiritual.
Cristo se levantó, se quitó el manto y tomando su toalla, comenzó a lavar y secar los pies de los discípulos. Esto lo hizo para mostrarles que necesitamos ser humildes, servirnos unos a otros. Y, por otro lado, dejarles claro que necesitamos ser limpiados por Él. Pedro quiso rechazar este acto, pero Jesús responde: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Le enseña que, sin limpieza, no hay comunión.
Este es un lenguaje de pertenencia, es decir, salvación. Cristo nos limpia completamente por medio de la regeneración (un nuevo nacimiento) y nos limpia continuamente por medio de la santificación (un proceso). No seremos limpios por obras o por méritos y esfuerzos humanos, solo por medio de Cristo podemos ser verdaderamente purificados del pecado y llevados a la santidad y salvación en Él.
Pasamos a los versículos 14 y 15, donde Jesús dice:
«Pues si Yo, el Señor y el Maestro, les lavé los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Porque les he dado ejemplo, para que como Yo les he hecho, también ustedes lo hagan».
¿Permites que Cristo lave lo más sucio en tu vida? ¿Estás sirviendo a otros siguiendo el ejemplo que nos dejó el Maestro?
Jesús identifica al traidor
Angustiado en espíritu, Jesús sabía que uno lo iba a entregar y así lo expresó en medio de los discípulos. Ellos se miraban unos a otros, perplejos, sin saber de quién hablaba. Y vemos que Jesús se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote. Estando en la mesa, Cristo le ofrece un pedazo de pan y, después de comer el pan, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Esta parte del capítulo nos permite ver que esta traición no fue una traición humana; hay un contexto espiritual, Satanás estaba ahí. Pero sabemos que Cristo no fue víctima de todo esto. Jesús conocía todo lo que iba a suceder; no le tomó nada por sorpresa, pues Él lo sabe todo.
Nadie tiene autoridad sobre Jesús a menos que el Padre lo permita. Vemos un ejemplo de esto en Juan 19, del 10 al 11; leamos: «Pilato entonces le dijo: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte, y que tengo autoridad para crucificarte?”. Jesús respondió: “Ninguna autoridad tendrías sobre Mí si no se te hubiera dado de arriba…”». Todos los conflictos aparentemente humanos fueron los medios para que Jesús cumpliera Su plan redentor en la cruz. Vemos eventos desafortunados a ojos humanos, pero que tenían propósitos perfectos y eternos.
Por otro lado, algo más que podemos observar es que, a pesar de que Jesús siempre supo quién lo iba a traicionar, nunca vemos que haya tratado a Judas con resentimiento, enojo o desprecio. Al meditar en esto, reflexiona en la siguiente pregunta: ¿cuál es mi reacción con aquellos que me han traicionado o decepcionado? ¿Estoy imitando la misericordia de Jesús o el juicio del mundo?
El nuevo mandamiento: «Ámense unos a otros».
En este capítulo vemos que Jesús les recuerda a Sus discípulos que después de Su muerte y resurrección ya no estaría más con ellos, es decir, de manera física como lo había estado hasta ese momento. Aún era difícil para los discípulos entender esto, pero luego iban a entender cada una de Sus palabras.
Me gustaría que recordemos aquí que Jesús nos dejó al Espíritu Santo como una compañía presente en nosotros; por eso, cuando leemos que dice: «Adonde yo voy, ustedes no pueden ir»; está haciendo referencia al lugar en que estaría Él, junto al Padre en el cielo. No quiere decir que no estaría Su presencia en medio de nosotros.
Esto podemos verlo también más adelante en Juan 14:16-20: la promesa del Espíritu Santo. Leamos estos versículos juntas:
«Entonces Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce, pero ustedes sí lo conocen porque mora con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos; vendré a ustedes. Un poco más de tiempo y el mundo no me verá más, pero ustedes me verán; porque Yo vivo, ustedes también vivirán. En ese día conocerán que Yo estoy en Mi Padre, y ustedes en Mí y Yo en ustedes».
Al continuar nuestra lectura de este capítulo, vamos a los versículos 34 y 35, donde Jesús da un mandamiento nuevo. Él les dijo: «Un mandamiento nuevo les doy: “que se amen los unos a los otros”; que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros.En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros».
Este mandamiento no es nuevo porque amar sea nuevo; si vamos a Levítico 19:18, vemos que dice: «No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor».
Este mandamiento es nuevo porque aquí el modelo a seguir es Cristo; Él es el estándar y nos manda a amar como Él nos ha amado. Es un amor definitivo y lo vemos en la cruz. Él nos amó «de tal manera» que dio Su vida por nosotros. Este tipo de amor es el distintivo de un verdadero creyente: todos conocerán que somos discípulos de Cristo si tenemos amor los unos por los otros.
Al meditar en esto, hazte la siguiente pregunta: ¿mi amor por las hermanas en la fe es tangible, sacrificial y perseverante? ¿O solo les muestro amor si me caen bien o tienen algo en común conmigo?
Jesús predice la negación de Pedro
Al concluir este capítulo, en los últimos versículos vemos a Pedro muy seguro de sí mismo, diciendo que daría hasta su vida por Jesús; pero es confrontado con su fragilidad. Jesús le dice: «¿Tu vida darás por Mí? En verdad te digo, que no cantará el gallo sin que antes me hayas negado tres veces». Que esto nos recuerde que todo lo que hacemos por Cristo es porque Él mismo nos capacita y nos fortalece para hacerlo; nada es por nuestras propias fuerzas.
Para meditar:
Quiero animarte, al concluir la lectura de Juan 13, a tomar un tiempo de oración y agradecimiento a Cristo. Agradecimiento por Su obra en la cruz y por Su amor infinito que nos limpia y nos capacita para amarnos unos a otros, y orar pidiendo que nos ayude a que podamos vivir la verdad del evangelio mediante el servicio, la humildad y la entrega en todo lo que hacemos, para Su gloria y Su honra.
Dios te bendiga, amada hermana, y que sigas aprendiendo y creciendo en Cristo por medio de Su santa y bendita Palabra.
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