Día 160 | Hechos 25
El día de ayer conocimos la respuesta de Félix al escuchar hablar a Pablo acerca de la fe en Cristo Jesús. En nuestro capítulo de hoy, veremos que, aunque las circunstancias cambian y los actores políticos se relevan, el corazón humano sigue respondiendo de manera similar frente a la verdad de Dios. Este momento ocurre después de los viajes misioneros de Pablo, durante su tiempo de encarcelamiento en Cesarea, alrededor de los años 58–59 d.C. Lo que parecía una pausa en su ministerio era, en realidad, una nueva etapa en la que Dios lo llevaría a testificar de la fe no solo ante multitudes, sino ante gobernadores y reyes.
Pablo ante Festo
En esos dos años, los judíos no desistieron de sus planes contra Pablo. Cuando Festo llegó a la provincia, subió a Jerusalén, donde los líderes judíos le presentaron nuevamente acusaciones contra Pablo y pidieron que lo …
El día de ayer conocimos la respuesta de Félix al escuchar hablar a Pablo acerca de la fe en Cristo Jesús. En nuestro capítulo de hoy, veremos que, aunque las circunstancias cambian y los actores políticos se relevan, el corazón humano sigue respondiendo de manera similar frente a la verdad de Dios. Este momento ocurre después de los viajes misioneros de Pablo, durante su tiempo de encarcelamiento en Cesarea, alrededor de los años 58–59 d.C. Lo que parecía una pausa en su ministerio era, en realidad, una nueva etapa en la que Dios lo llevaría a testificar de la fe no solo ante multitudes, sino ante gobernadores y reyes.
Pablo ante Festo
En esos dos años, los judíos no desistieron de sus planes contra Pablo. Cuando Festo llegó a la provincia, subió a Jerusalén, donde los líderes judíos le presentaron nuevamente acusaciones contra Pablo y pidieron que lo trasladara allí, con la intención de matarlo en el camino. Ante esta presión y la falta de justicia, Pablo apeló al César, lo que lo llevaría eventualmente a Roma para presentar el evangelio a la persona más importante de ese gran imperio. Jesús mismo había predicho que Sus discípulos serían llevados ante poderosos reyes y gobernadores para dar testimonio sobre Él (ver Mateo 10:18-20).
Pablo no está dando un gran discurso, sino una defensa breve y directa. Declara que no ha pecado ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra el César. No necesita más que la verdad para sostener su causa. Pablo afirma que si es malhechor, entonces no rehúsa morir, pero él sabe que no es así; por eso apeló al César.
A diferencia de Félix, que postergaba decisiones, Festo se enfrenta a un dilema distinto: sabe que Pablo no ha hecho nada digno de muerte, pero aun así busca agradar a los judíos proponiendo trasladarlo a Jerusalén. La presión política vuelve a pesar más que la justicia.
En la carta a los filipenses, una carta entrelazada en este tiempo que él estuvo en Cesarea, Pablo dijo en el capítulo 1, versículos 12 y 13: «Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en que me he visto han redundado en un mayor progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás».
Pablo no solo apela a que su caso fuera juzgado por la máxima autoridad en Roma, sino también al avance del evangelio al proclamarlo a los grandes líderes. ¡Qué valentía y amor por su Señor! ¿Cómo cambia nuestra perspectiva de las pruebas o del rechazo que vivimos por Cristo?
¿Acaso no somos como Festo cuando no deseamos lidiar con una situación? Cuando sabemos lo que debemos hacer, pero le damos más vueltas porque tememos al hombre y no hablamos la verdad a favor de alguien, o porque es cómodo para nosotras no confrontar el pecado. Nada bueno procede de esto. Y los cristianos debemos ser conocidos por amar la verdad y la justicia.
Aunque a fin de cuentas Pablo no había hecho nada para merecer la muerte o la prisión según la ley romana, esta «injusticia» tan solo respondía a los planes de Dios. Los judíos no estaban en control, ni tampoco Félix, Festo o Herodes Agripa II. Dios estaba en control, orquestando Sus planes para llevar a Pablo ante el César.
Como Festo reconoce que no tiene cargos claros contra Pablo, se encuentra en una posición incómoda, al no tener una acusación concreta que escribir y presentar ante el César. Por eso, cuando el rey Agripa llega, acompañado de Berenice, su hermana, Festo aprovecha la oportunidad para presentar el caso y buscar claridad. Y quizá, también, «lavarse las manos» de que no solo en él recayera la decisión.
Sin embargo, sin saberlo, está preparando el escenario para que Pablo vuelva a proclamar el evangelio, ahora ante autoridades aún más altas. La realidad es que nuestra justicia es Cristo. Nosotras reflejamos, aun de manera imperfecta, la justicia de nuestro Señor ante un mundo que no tiene argumentos verdaderos y lógicos para condenarnos, pero que lo hace por el simple hecho de la necedad, de la rebeldía contra Dios.
La firmeza de Pablo para afirmar la verdad, para estar dispuesto a ser juzgado porque descansa en Cristo y en la verdad de su actuar, es digna de imitar. Quizá hoy no estamos frente a las autoridades que están a punto de condenarnos, como lo estuvo Pablo, pero quizá estás frente a personas que te acusan falsamente por el sencillo hecho de que eres cristiana. La exhortación que Pablo nos deja es: no desistas y confía en el Señor.
Antes de terminar, quiero compartirte las palabras de Jesús a Sus discípulos, en Mateo 10, versículos 28 al 33: «No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo el Padre. Y hasta los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados. Así que no teman; ustedes valen más que muchos pajarillos. Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de Mi Padre que está en los cielos. Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de Mi Padre que está en los cielos».
Seamos fieles a nuestro Señor y Salvador donde estamos.
Para meditar:
- ¿Ves tu vida y tus circunstancias de acuerdo con la perspectiva de Dios?
- ¿Puedes confiar en que Dios sigue obrando, aun cuando las circunstancias parecen injustas o fuera de tu control?
- Recuerda que tú representas a Cristo; no te perteneces. El mensaje del evangelio es tuyo por Cristo; por lo tanto, así como te fue dado por gracia, compártelo con gracia a otros. Tu vida de fidelidad y confianza en el Señor es un testimonio de que tu deleite e identidad no están en lo que este mundo dice, sino en lo que Jesús dice y en lo que Él ha hecho.
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