Hoy comenzamos a leer la primera carta de Pablo a los corintios, quienes conformaban la iglesia que él mismo había fundado durante su segundo viaje misionero en la ciudad de Corinto. Es muy probable que la epístola haya sido escrita alrededor del año 55 d.C. desde Éfeso, durante su tercer viaje misionero, pues Pablo expresa su deseo de pasar el invierno en Corinto, lo leemos en el capítulo 16 versículo 6.
Corinto era una ciudad próspera, influyente y estratégicamente ubicada en el sur de Grecia. Su comercio y eventos deportivos atraían a multitudes, pero también era una ciudad marcada por una profunda corrupción moral. De hecho, el término «corintianizar» llegó a usarse como sinónimo de desenfreno, inmoralidad y embriaguez.
A medida que avancemos en esta epístola, ahondaremos más en lo que estaba sucediendo en su contexto, dentro y fuera de la iglesia, porque lamentablemente la mundanalidad había permeado …
Hoy comenzamos a leer la primera carta de Pablo a los corintios, quienes conformaban la iglesia que él mismo había fundado durante su segundo viaje misionero en la ciudad de Corinto. Es muy probable que la epístola haya sido escrita alrededor del año 55 d.C. desde Éfeso, durante su tercer viaje misionero, pues Pablo expresa su deseo de pasar el invierno en Corinto, lo leemos en el capítulo 16 versículo 6.
Corinto era una ciudad próspera, influyente y estratégicamente ubicada en el sur de Grecia. Su comercio y eventos deportivos atraían a multitudes, pero también era una ciudad marcada por una profunda corrupción moral. De hecho, el término «corintianizar» llegó a usarse como sinónimo de desenfreno, inmoralidad y embriaguez.
A medida que avancemos en esta epístola, ahondaremos más en lo que estaba sucediendo en su contexto, dentro y fuera de la iglesia, porque lamentablemente la mundanalidad había permeado la vida cristiana.
Pablo inicia la carta presentándose como apóstol, no por iniciativa propia, sino enviado por la voluntad de Dios. Desde el comienzo deja claro que el llamado y la autoridad ministerial no provienen del hombre, sino de Dios mismo. Esto establece un fundamento importante: es Dios quien llama y encomienda.
Como es su costumbre, Pablo inicia con un saludo lleno de gracia y gratitud. Primero que nada, les recuerda cuál es su posición en Cristo al haber sido llamados para ser apartados para Él, separados de la oscuridad y esclavitud del pecado para vivir vidas que reflejen la santidad de Dios.
Antes de corregir, Pablo da gracias a Dios por ellos también, reconociendo la gracia abundante, el conocimiento y los dones espirituales que habían recibido. A pesar de la inmadurez que estaban reflejando, él reconoce la obra de Dios en sus vidas.
¡Qué importante es siempre extender gracia cuando confrontamos el pecado! Antes de corregirlos, Pablo reconoce la obra de Dios en ellos. La gracia nunca elimina la necesidad de confrontar el pecado, pero sí determina la manera en que lo hacemos.
Entonces llega el momento de la exhortación a los hermanos en esta iglesia. Pablo aborda de frente el problema principal: las divisiones. Los creyentes habían comenzado a identificarse con líderes humanos, debiendo lealtad a personas en lugar de mirar a Cristo.
Algunos decían seguir a Pablo, otros a Apolos, otros a Cefas y otros a Cristo. El orgullo, los celos y la arrogancia habían encontrado terreno fértil en la iglesia, y Pablo pregunta con firmeza: «¿Está dividido Cristo?».
Pablo los confronta con una verdad central: cuando la atención se desvía hacia líderes humanos, el mensaje de la cruz deja de ocupar el lugar central que le corresponde. Él y los demás solo eran servidores y administradores; no había motivo alguno para gloriarse. Ellos habían sido llamados a predicar las buenas nuevas de salvación, aplastando el orgullo de querer jactarse en sabiduría propia, porque la cruz deja sin espacio a la jactancia humana.
Aquí aprendemos también que el llamado de Dios no depende de logros intelectuales, estatus social o sabiduría humana; Dios escoge lo vil y lo despreciado para mostrar que la obra es Suya, no del hombre.
Cristo crucificado era la única sabiduría verdadera, y ese era el único mensaje que debía predicar. No descansaba en el intelecto humano, sino en el poder de Dios para salvar.
Así, la cruz se vuelve el centro de todo, del mensaje transformador de salvación, de la vida del creyente, de la iglesia. Aunque suene una locura para el mundo, para nosotras, Sus hijas, es poder de Dios para darnos salvación y para fortalecer la unidad en la iglesia. Ese poder de Dios para apartarnos para Él deja fuera posturas y preferencias personales que llevan a la disensión, porque vienen de la sabiduría humana.
Salmos 111:10 es un recordatorio de que, más bien, debiéramos enfocarnos en temer al Señor, porque de ahí viene el verdadero entendimiento. Este salmo dice: «El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen entendimiento tienen todos los que practican Sus mandamientos; Su alabanza permanece para siempre».
El profeta Jeremías también exhortó al pueblo de Dios con este mensaje: «Así dice el Señor: “No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; pero si alguien se gloría, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues Yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco”» (9:23-24).
Por eso, Pablo se toma un espacio aquí para ahondar diciendo que Dios destruye lo que nosotros consideramos lo más sabio, para entender que la sabiduría de Dios es lo que nos lleva a la salvación de nuestras almas.
¡Dios salva por medio de lo que el mundo considera necedad, para que nadie se gloríe delante de Él! ¿Y qué era eso que el mundo consideró necedad y no pudo resistir? La sabiduría de Dios hecha carne, Cristo Jesús, nuestro Salvador.
Así que, yo te pregunto hoy, mi hermana, ¿quién es Cristo? Después de leer este primer capítulo de la carta a los corintios, y si tú has confiado tu vida a Dios, puedes afirmar tu corazón meditando en que Cristo es:
- Poder de Dios para salvarte.
- Sabiduría de Dios para guiarte a la Verdad.
- Justificación para ser aceptada por el Padre.
- Santificación al ser apartada para Dios y crecer a la semejanza de Su Hijo.
- Redención de la esclavitud del pecado y la muerte eterna para disfrutar de la reconciliación con el Padre por toda la eternidad.
Esta es la necedad para el mundo.
Esta es la paz para el creyente.
Esta es la gloria de Dios.
Para meditar:
- ¿Estás poniendo tu confianza en personas, ideas o logros, en lugar de centrarla en Cristo y Su Palabra?
- ¿Oras por la unidad en tu iglesia para que no haya divisiones, conflictos o favoritismos?
- ¿Es Cristo el centro de la fe que compartes con tus hermanos creyentes?
- ¿Es la cruz tu mayor tesoro?
- Dedica tiempo hoy a meditar en lo que Cristo hizo por ti.
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