Pablo continúa respondiendo a la tendencia de los corintios a exaltar la sabiduría humana, recordándoles que cuando les predicó no se apoyó en su preparación, experiencia o elocuencia, sino en el poder del Espíritu de Dios. Él les recuerda a los corintios que no llegó con una actitud de superioridad, con su currículum en la mano que decía que había sido circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, fariseo, irreprensible de acuerdo a la ley; tampoco usó palabras que manipularan a la iglesia, aunque él poseía una elocuencia al haber sido educado en la ley a los pies del rabino más conocido de su tiempo, Gamaliel. El apóstol tampoco usó la experiencia de su encuentro con Cristo para causar un impacto emocional, aunque el mismo Jesús se le había aparecido y hablado personalmente.
Él reconocía que había estado con ellos con debilidad, temblor y temor de Dios, y …
Pablo continúa respondiendo a la tendencia de los corintios a exaltar la sabiduría humana, recordándoles que cuando les predicó no se apoyó en su preparación, experiencia o elocuencia, sino en el poder del Espíritu de Dios. Él les recuerda a los corintios que no llegó con una actitud de superioridad, con su currículum en la mano que decía que había sido circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, fariseo, irreprensible de acuerdo a la ley; tampoco usó palabras que manipularan a la iglesia, aunque él poseía una elocuencia al haber sido educado en la ley a los pies del rabino más conocido de su tiempo, Gamaliel. El apóstol tampoco usó la experiencia de su encuentro con Cristo para causar un impacto emocional, aunque el mismo Jesús se le había aparecido y hablado personalmente.
Él reconocía que había estado con ellos con debilidad, temblor y temor de Dios, y creo firmemente que todo esto venía del trato de humillación de parte del Señor hacia él, de tal manera que pudiera descansar en el poder de Su Espíritu para la salvación de los incrédulos. Porque él había llegado a Corinto después de haber sido azotado y encarcelado en Filipos, después de haber sido forzado a huir de Tesalónica y Berea, y después de recibir burlas en Atenas. El pastor MacArthur describe que él seguramente estaba físicamente débil, pero en medio de esa debilidad, él era más fuerte. Su intención no era usar técnicas para manipular la respuesta de la gente; sus temores y temblores se debían a la seriedad de su misión de predicar a Aquel que lo había transformado.
Como vemos en Filipenses 3, todo lo que en el mundo puede representar un valor, él lo tenía como pérdida por amor a su Salvador, por el incomparable valor de conocer a Jesús, su Señor. Todo era basura. Así que él no se iba a rebajar a usar la basura para llevar a alguien a la sabiduría de Dios.
Porque nadie llega al verdadero conocimiento salvífico de Dios por argumentos humanos. Ninguna sabiduría humana puede llevar a alguien a creer en el evangelio. No hay persona tan elocuente, no hay filosofía tan estructurada, no hay erudito tan preparado que no sea considerado por Dios como una necedad frente a Su sabiduría. Esa predicación a la que estaban llamados y que fue tropezadero para los judíos y locura para los gentiles influenciados por las filosofías, llegó a ser la salvación eterna para quienes creen.
Ni siquiera los gobernantes más sabios de su tiempo lograron reconocer quién era Cristo; por el contrario, lo crucificaron, crucificaron al Señor de gloria, Aquel a quien le pertenece todo el honor y la magnificencia.
Porque el hombre natural no puede entender las cosas espirituales, por eso Pablo les explicaba a quienes podían entender, a quienes dentro de la iglesia habían alcanzado madurez para entender estas cosas, pues les había sido quitado el velo de su corazón.
Y Pablo hace referencia a la exclamación de Isaías en el capítulo 64, versículo 4, que dice: «Desde la antigüedad no habían escuchado ni puesto atención, ni el ojo había visto a un Dios fuera de Ti que obrara a favor del que esperaba en Él». ¡La salvación no fue descubierta por el hombre, sino que fue revelada por Dios!
Esa es la sabiduría de Dios, inexplicable para los incrédulos, pero tan reveladora y esperanzadora para los que creen, para los que le aman. Porque es Dios quien obra soberanamente en el corazón a través del Espíritu Santo que revela Sus profundidades.
Es el Espíritu Santo quien nos salva de la dureza de una vida muerta y llena de pecado a una vida nueva en Cristo, en obediencia a Su Palabra. Así lo anunció el profeta Ezequiel cuando de parte de Dios dijo: «Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes Mi espíritu y haré que anden en Mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente Mis ordenanzas (Ez. 36:26-27).
Es el Espíritu Santo la garantía de la esperanza eterna que tenemos, pues hemos sido selladas por Él para el día de la redención, como Pablo le escribió a los efesios (4:30), aquel día en el que no nos apartaremos de Él avergonzadas.
Es el Espíritu Santo quien nos ayuda a vivir en verdadera libertad y en una transformación continua para parecernos más a Cristo. Pablo lo explica en su segunda carta a los corintios de esta manera: «Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu» (2 Cor. 3:17-18).
Es el Espíritu Santo que nos recuerda las Palabras de Cristo que nos llevan a la Verdad. El Señor Jesús también lo afirmó cuando dijo a Sus discípulos: «Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho (Jn. 14:26).
Por eso los hijos de Dios poseen sabiduría divina, y no descansan en la sabiduría terrenal. Porque cuando dependemos de la sabiduría humana, perdemos discernimiento espiritual. Pero los hijos de Dios ven la vida a través de lentes espirituales porque, como Pablo dice: tenemos la mente de Cristo. ¿Qué quiere decir esto? Que por medio de la Palabra de Dios y el poder de Su Espíritu es que podamos conocer los pensamientos de Dios.
¡Qué realidad tan más gloriosa y maravillosa tenemos por el poder del Espíritu Santo, que criaturas de Dios tan limitadas, frágiles, débiles y rebeldes podamos ser objeto de la misericordia y perdón de Dios de tal manera que no solamente hayamos sido reconciliadas con Él, sino que podamos entender, aunque de manera muy limitada, pero con tanto asombro, los misterios de Su gracia!
Oremos: Oh Señor, gracias por tener compasión de nosotras, gracias porque te ha placido habitar con el contrito y humillado a través de Tu Espíritu Santo, y de esta manera nos das el regalo de ser coherederos con Cristo, y así entender un poco más quién eres Tú, y conocer poco a poco las maravillas de Tu amor. Ayúdanos a abundar en agradecimiento y adoración cada día.
Para meditar:
- ¿Has estado descansando más en tus capacidades, conocimientos o experiencias que en el poder del Espíritu Santo para tu salvación?
- ¿Buscas depender del Espíritu Santo para vivir con un corazón firme en la esperanza eterna, para vivir en libertad y en continua transformación de tu vida?
- ¿Tu caminar con el Señor está alumbrado por una visión espiritual, por la mente de Cristo, o se ve oscurecido por tu sabiduría personal y terrenal?
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación