Este salmo, escrito por David, es un canto de alabanza que nos muestra cómo bendecir al Señor con todo nuestro ser. Pero algo interesante es que él no comienza hablándole a otros, sino a sí mismo: «Bendice, alma mía, al Señor…». Aquí vemos que la adoración no es algo automático, sino intencional. Nuestra adoración crece cuando, de manera intencional, recordamos la misericordia de Dios a lo largo de nuestra vida.
David dirige su corazón a recordar quién es Dios y todo lo que ha hecho. Y en ese ejercicio de recordar, él dice: «Él es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades; el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión; el que colma de bienes tus años, para que tu juventud se renueve como el águila».
La adoración verdadera no nace simplemente de una emoción …
Este salmo, escrito por David, es un canto de alabanza que nos muestra cómo bendecir al Señor con todo nuestro ser. Pero algo interesante es que él no comienza hablándole a otros, sino a sí mismo: «Bendice, alma mía, al Señor…». Aquí vemos que la adoración no es algo automático, sino intencional. Nuestra adoración crece cuando, de manera intencional, recordamos la misericordia de Dios a lo largo de nuestra vida.
David dirige su corazón a recordar quién es Dios y todo lo que ha hecho. Y en ese ejercicio de recordar, él dice: «Él es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades; el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión; el que colma de bienes tus años, para que tu juventud se renueve como el águila».
La adoración verdadera no nace simplemente de una emoción momentánea, sino de un corazón que ha traído a su memoria la gracia y la misericordia del Señor. Por eso, no se trata solo de lo que hacemos externamente, como levantar nuestras manos o cantar, sino de una respuesta que fluye desde lo más profundo de nuestro ser, de un alma que ha entendido quién es Dios.
A lo largo del salmo, vemos a David hacer esto una y otra vez: recordar. Él recuerda las misericordias pasadas de Dios hacia Su pueblo, Su justicia a favor de los oprimidos, la revelación de Sus caminos a Moisés y la manifestación de Sus obras al pueblo de Israel.
El Dios santo, santo, santo, que reina desde los cielos, es también el Dios que muestra compasión a un pueblo que una y otra vez le desobedeció. Y aquí hay una verdad importante: el problema no es la falta de razones para adorar, sino la falta de memoria. Recordar no es algo pasivo; es una decisión intencional de traer a la mente las verdades de Dios una y otra vez.
¿Cuántas veces olvidamos lo que nuestro Padre ha hecho por nosotras? Por medio de Jesús tenemos perdón, sanación, salvación y redención. Nada de esto nace de nosotras; son beneficios que Dios, en Su gracia, ha decidido otorgarnos. Olvidar hace que nuestros ojos espirituales se nublen, evitando que podamos ver aquello que Jesús logró para nosotras.
A la luz de estos beneficios, David no se queda solo en lo que Dios hace, sino que continúa recordando quién es Dios: «Compasivo y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia». Aquí vemos que la base de todo lo anterior no son solo Sus obras, sino Su carácter. Dios no actúa con nosotras según nuestros pecados, ni nos paga conforme a nuestras iniquidades. Su misericordia es inmensa, tan alta como los cielos sobre la tierra. Y no solo eso: «Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones». ¡Esto nos recuerda que nuestro pecado no solo es perdonado, también es removido!
Estas verdades alcanzan su máxima expresión en Cristo, en quien encontramos el perdón, la redención y la misericordia que David celebra.
David también nos muestra que esta misericordia es profundamente personal: «Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen…». Amada, nuestro Dios no es un Dios distante. Él conoce nuestra condición, recuerda que somos polvo y se inclina con compasión hacia nosotras.
Aunque nuestros días sean cortos y nuestro tiempo breve, la misericordia del Señor es «desde la eternidad hasta la eternidad…». Y al recordar esto, nuestro corazón encuentra razones firmes para adorarle.
Y esa adoración no se queda solo en palabras, sino que se refleja en una vida que responde a Él. Esta es la evidencia de una vida alcanzada por Su misericordia: «Para los que guardan Su pacto y se acuerdan de Sus preceptos para cumplirlos».
En la última parte de este salmo, David ahora extiende este llamado a los ángeles y a toda la creación de bendecir y adorar a Dios. Pero primero declara una realidad inamovible: «El Señor ha establecido Su trono en los cielos, y Su reino domina sobre todo».
Hermana, nuestro Dios es Rey soberano sobre todas las cosas. Bajo el mando de nuestro Rey hay ejércitos celestiales que le sirven día y noche sin cesar, que responden a Su voluntad y ejecutan Su mandato obedeciendo la voz de Su palabra. De la misma manera, la creación entera responde rindiendo honor y gloria a Su Hacedor.
Este salmo termina como inició. David, después de recordar las misericordias de Dios y Su favor, vuelve a decir: «Bendice, alma mía, al Señor».
Querida hermana, nuestro Dios merece la adoración más sincera de nuestro corazón. Pero esa adoración no comienza con lo que sentimos, sino con lo que recordamos. Cuando traemos a nuestra memoria quién es Él y todo lo que ha hecho por nosotras, no podemos permanecer indiferentes. Muchas veces, nuestro corazón necesita ser dirigido a recordar lo que sabe, pero ha olvidado.
Por eso, como David, hoy decidamos hablar a nuestra alma y decirle: «Bendice, alma mía, al Señor», recordando Su gracia, Su misericordia y Su fidelidad.
Para meditar
- ¿Estás viviendo como alguien que recuerda lo que Dios ha hecho o como alguien que lo ha olvidado?
- ¿Qué verdades acerca de Dios necesitas traer hoy a tu memoria?
- ¿Cómo cambia tu manera de vivir al recordar que Dios conoce tu condición y se inclina con compasión hacia ti?
- ¿Tu adoración se limita a palabras, o se refleja en una vida que responde a Dios?
- ¿Cómo puedes hablarle hoy a tu alma para dirigirla a bendecir al Señor?
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación