Continuamos leyendo las exhortaciones de Pablo a los corintios, quien aborda con claridad y firmeza varios problemas serios dentro de la iglesia, llamándolos a vivir de acuerdo con la santidad y la libertad que tienen en Cristo.
El capítulo 5 comienza con el relato de un pecado grave: había inmoralidad en medio de la iglesia porque un hombre se había convertido en amante de la esposa de su padre (de su madrastra). Sin embargo, la iglesia no solamente se había quedado de brazos cruzados tolerando el pecado, ¡ni siquiera se habían entristecido por ello! En lugar de confrontar y lidiar con el pecado, los corintios seguían jactándose en su sabiduría. A ese grado había llegado la arrogancia y la carnalidad; parecía que nada sería capaz de vencer el orgullo.
MacArthur explica que ellos se sentían tan seguros y satisfechos de sí mismos, que pasaban por alto y racionalizaban …
Continuamos leyendo las exhortaciones de Pablo a los corintios, quien aborda con claridad y firmeza varios problemas serios dentro de la iglesia, llamándolos a vivir de acuerdo con la santidad y la libertad que tienen en Cristo.
El capítulo 5 comienza con el relato de un pecado grave: había inmoralidad en medio de la iglesia porque un hombre se había convertido en amante de la esposa de su padre (de su madrastra). Sin embargo, la iglesia no solamente se había quedado de brazos cruzados tolerando el pecado, ¡ni siquiera se habían entristecido por ello! En lugar de confrontar y lidiar con el pecado, los corintios seguían jactándose en su sabiduría. A ese grado había llegado la arrogancia y la carnalidad; parecía que nada sería capaz de vencer el orgullo.
MacArthur explica que ellos se sentían tan seguros y satisfechos de sí mismos, que pasaban por alto y racionalizaban el comportamiento más perverso dentro de la congregación. «Su arrogancia los cegaba para ver la verdad clara de las normas divinas». Y lo más lamentable es que cuando una iglesia no se duele por el pecado en medio de ella, ni actúa bíblicamente para lidiar con él, está al borde del desastre espiritual. «Cuando dejamos de escandalizarnos por el pecado, perdemos una fuerte defensa de protección contra el mismo».
Entonces Pablo no tiene atajos para la manera de tratar este asunto, y manda que tal persona en pecado debía ser expulsada inmediatamente, y dice algo un poco difícil de entender: «Entreguen a ese tal para la destrucción de su carne a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús».
Aunque esta expresión es difícil de interpretar con precisión, Pablo parece estar describiendo una disciplina severa cuyo propósito final es la restauración espiritual del pecador. En la sabiduría de Dios, cuando el pecado de una persona se expone, el Señor lo puede usar para quebrantar el corazón del pecador y que, entonces, pueda arrepentirse. Lo más importante no es simplemente un cambio de conducta; se busca que admita su falta delante del Dios santo y reconozca su necesidad de arrepentimiento y perdón de pecados por medio de la cruz de Cristo, para entonces vivir en santidad y piedad.
Por otro lado, el hecho de que este hombre siguiera en la iglesia provocaría que se siguieran contaminando, y ¿cómo se puede adorar a un Dios santo en medio de personas que no se han arrepentido de su maldad?
Pablo sabiamente les habla de la levadura que ellos conocían muy bien. Para celebrar la Pascua, desde que el pueblo de Israel salió de Egipto, se les instruyó a los hebreos que debían comer pan sin levadura. Esto era una manera de recordar cómo habían sido liberados de la esclavitud de Egipto: de prisa, no había tiempo para que el pan creciera. Por otro lado, la levadura también en la Biblia se usa para referirse al pecado, como dice Gálatas 5:9: «Un poco de levadura fermenta toda la masa»; así también en nuestras vidas, un poco de pecado nos va a contaminar completamente.
«Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado» para que pudiéramos ser librados de la esclavitud del pecado, y en lugar de vivir vidas de maldad, podamos vivir vidas de piedad. El pecado de uno afecta a toda la iglesia, y somos llamados a una santidad corporativa dentro de la iglesia también. Eso es lo que realmente nos lleva a la unidad.
La santidad es importante para Dios, y cuando se practica la disciplina eclesiástica, esta realidad se hace evidente para el resto de la congregación, porque la iglesia es un lugar para pecadores que luchan con su pecado y avanzan hombro a hombro con la familia de la fe para dejar atrás los patrones pecaminosos de la pasada manera de vivir sin Cristo. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en el mundo, en la iglesia debe haber cero tolerancia hacia el pecado persistente sin arrepentimiento, para aquellos que desean continuar en rebeldía para con el Señor.
Dios es quien juzga al pecador no arrepentido y ha destinado una condenación eterna para él. Pero muchas veces los creyentes en sus iglesias se concentran en juzgar el pecado de la cultura fuera de sus paredes, pero fallan en juzgar los que están dentro, quizás por temor a perder miembros; pero como dice 1 Pedro 4:17, es necesario que el juicio comience por la casa de Dios.
Cristo fue sacrificado para que luchemos con el más mínimo asomo de pecado en nuestras vidas y en medio de nuestra comunidad local donde Dios nos ha colocado. Pablo incluso recomienda que el cristiano debe separarse de aquellas personas que, considerándose hermanos en la fe, practican la inmoralidad o son avaros, idólatras, difamadores, borrachos y estafadores. Él dice: «Con esa persona, ni siquiera coman». ¡Pablo nos llama a no asociarnos con ellos, ni siquiera a compartir una comida juntos!
Con los del mundo que practican estas cosas es otro tema; ¡tendríamos que salirnos del mundo para no asociarnos con ellos de alguna manera! A estos estamos llamados a llegar con el mensaje del evangelio.
Cristo es nuestra Pascua, quien nos limpia y quien define nuestra santidad. ¡No menospreciemos el regalo más grande que hemos recibido y vivamos vidas que en verdad honren la santidad de Su santo Nombre!
Para meditar:
Hoy quiero animarte a:
- Examinar tu corazón y no tolerar el pecado que necesita ser confesado y rendido delante de Dios.
- Huir de toda inmoralidad y recordar que tu cuerpo le pertenece al Señor, quien te compró por precio.
- Buscar vivir en santidad diariamente, motivada por el amor, la gracia y el sacrificio de Cristo en la cruz.
- Orar para que en tu iglesia se practique la verdad y la restauración bíblica con fidelidad a Dios.
- Vivir como alguien que ha sido liberada por Cristo, rechazando la «levadura» del pecado y honrando Su santo Nombre.
MacArthur, J. (2015).1 y 2 Corintios (D. A. Díaz Pachón, Trans.; Vol. 1, p. 152). Editorial Portavoz.
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