Como hijas del Dios Altísimo, tenemos el privilegio no solo de clamar a Él, sino también de recordar quién es Él y lo que ha hecho.
El Salmo 105 comienza con un llamado claro y activo: «Den gracias al Señor, invoquen Su nombre; den a conocer Sus obras entre los pueblos». La adoración no se limita a lo que sentimos, sino que se fortalece cuando recordamos y proclamamos las obras de Dios.
A lo largo de este salmo, el salmista recorre la historia del pueblo de Israel, recordando el pacto que Dios hizo con Abraham, Su juramento a Isaac y Su fidelidad a Jacob. Este pacto no fue una promesa pasajera, sino una declaración firme del carácter de Dios: Se acordó de Su pacto para siempre, de la palabra que ordenó a mil generaciones. Esto nos recuerda que la fidelidad de Dios está anclada en Su pacto; por …
Como hijas del Dios Altísimo, tenemos el privilegio no solo de clamar a Él, sino también de recordar quién es Él y lo que ha hecho.
El Salmo 105 comienza con un llamado claro y activo: «Den gracias al Señor, invoquen Su nombre; den a conocer Sus obras entre los pueblos». La adoración no se limita a lo que sentimos, sino que se fortalece cuando recordamos y proclamamos las obras de Dios.
A lo largo de este salmo, el salmista recorre la historia del pueblo de Israel, recordando el pacto que Dios hizo con Abraham, Su juramento a Isaac y Su fidelidad a Jacob. Este pacto no fue una promesa pasajera, sino una declaración firme del carácter de Dios: Se acordó de Su pacto para siempre, de la palabra que ordenó a mil generaciones. Esto nos recuerda que la fidelidad de Dios está anclada en Su pacto; por lo tanto, no depende de nosotras, sino de Él.
La fidelidad de Dios en medio de la fragilidad
¿Recuerdas cuando Dios llamó a Abraham y le prometió una tierra por heredad? En Génesis 12 leemos que Abraham no era más que un hombre con su familia, un pequeño grupo de personas sin tierra, sin estabilidad y completamente vulnerables. Sin embargo, Dios le hizo una promesa, no basada en la fuerza de Abraham, sino en Su propio carácter.
A lo largo de los versículos 12 al 22, el salmista nos recuerda que el pueblo de Israel comenzó pequeño, vulnerable y dependiente. Pero, aun así, Dios los guardó, los protegió y dirigió cada paso de su historia. Y en medio de esa historia, encontramos a José, un hombre vendido como esclavo». Lo que parecía un momento de abandono, de injusticia y de sufrimiento, en realidad formaba parte del plan soberano de Dios. ¿A quién te recuerda esto?
La historia de José nos prepara para ver una realidad aún mayor: Dios no solo obró en la vida de un hombre para preservar a Su pueblo, sino que, en Jesús, obró de manera perfecta para salvarlo. Amada, Dios obra incluso cuando todo parece ir mal. José no fue un accidente. Fue parte del plan.
Dios cumple Su propósito en Egipto
En los versículos 23 al 36, el salmista nos muestra cómo Dios siguió obrando en la historia de Su pueblo, incluso en medio de la opresión. Lo que comenzó con la llegada de José a Egipto ahora se extiende a toda una nación.
Aun bajo el dominio egipcio, Dios hizo que Su pueblo creciera y se multiplicara. No fue un crecimiento accidental, sino parte de Su plan. Tanto así que el Faraón comenzó a temerlos. Pero el texto nos muestra algo aún más profundo: «Les cambió el corazón [a sus adversarios] para que odiaran a Su pueblo, para que obraran astutamente contra Sus siervos».
Esto no significa que Dios sea autor del mal, sino que incluso la oposición y la injusticia no escapan de Su control soberano. Él no solo permite la historia, sino que Él la dirige. Amada, aun en los momentos más oscuros, Dios sigue llevando a cabo Su plan. Nada ocurre fuera de Su voluntad.
Más que una serie de eventos, las diez plagas son la manifestación del poder de Dios obrando para cumplir Su palabra. En medio de la opresión, Él interviene. A través de Moisés, envía señales y prodigios, no solo para liberar a Su pueblo, sino para revelar que Él es el Señor sobre todo, y que no hay nada ni nadie que pueda detener Sus propósitos.
Liberación y provisión
Finalmente, Dios cumplió Su palabra. Sacó a Su pueblo de Egipto con mano poderosa, demostrando que Él no abandona lo que ha prometido. No fue un evento aislado, sino la manifestación fiel de Su pacto en acción. ¡Nuestro Dios siempre termina lo que empieza!
Cuando los llevó al desierto, ese fue el lugar donde Dios mostró claramente Su provisión: «Extendió una nube para cubrirlos y fuego para iluminarlos de noche. Pidieron y les mandó codornices, y los sació de pan del cielo. Abrió la roca y brotaron las aguas…».
Aquel que los sacó también los sostuvo. Dios no solo libera, sino que provee fielmente para los suyos en cada etapa del camino.
El pacto cumplido
Todo lo que Dios hizo fue porque recordó Su pacto, «porque se acordó de Su santa palabra dada a Abraham Su siervo». Desde el llamado de Abraham, pasando por José, la opresión en Egipto, las plagas, la liberación y la provisión en el desierto… cada detalle de esta historia estuvo sostenido por la fidelidad de Dios a Su palabra. Esto deja claro que nuestro Dios no actúa al azar. Él obra porque lo ha prometido, y Su pacto nunca falla.
El salmista concluye mostrando el propósito de todo esto: «A fin de que guardaran Sus estatutos y observaran Sus leyes…». La fidelidad de Dios no solo nos lleva a recordar, sino a responder.
Y es aquí donde vemos el cumplimiento pleno de esta historia en Cristo. Él es la simiente prometida a Abraham, en quien todas las promesas de Dios son «sí y amén», como nos recuerda 2 Corintios 1:20. En Cristo vemos la fidelidad perfecta de Dios que nos asegura para siempre aquello que Él prometió.
Amada, si Dios ha sido fiel a lo largo de toda la historia redentora, también lo será en tu vida. Por eso, recordemos Sus obras, proclamemos Su fidelidad y respondamos con una vida rendida a Él. Recordar lo que Dios ha hecho no es solo algo personal; es un llamado a darlo a conocer y a hablar de Su fidelidad a otros.
Para meditar
- Al mirar tu vida, ¿puedes identificar momentos específicos donde has visto la fidelidad de Dios obrando, incluso cuando no lo entendías?
- ¿Tu fe se queda en lo personal, o estás dando a conocer las obras de Dios a otros?
- ¿Estás respondiendo a la fidelidad de Dios con una vida rendida, o hay áreas donde aún te resistes a obedecerle?
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