Hoy iniciamos la segunda epístola a los corintios, cuyo autor indiscutiblemente es Pablo, pero esta vez, junto al hermano Timoteo. La asociación de Pablo con la iglesia en Corinto comenzó en su segundo viaje misionero. Esta iglesia fue ocasión de dolor, preocupación y angustia para el apóstol. Parece que hubo una carta, llamada «la carta severa», que no tenemos, pero sabemos que existió (2:1-4).
Cuando Pablo escuchaba noticias de cómo estaba la iglesia, él les escribía o dejaba Éfeso, donde se encontraba, para ir a ellos. Entonces, noticias molestas llegaron al apóstol de más dificultades en Corinto, incluyendo la llegada de los falsos apóstoles que crearon una plataforma para enseñar su falso evangelio, y atacaron la persona de Pablo. Por eso, en esta carta, a diferencia de la Primera a los Corintios, Pablo se presenta firme y directamente: «Pablo, apóstol de Cristo Jesús».
Pablo estaba tan ansioso de …
Hoy iniciamos la segunda epístola a los corintios, cuyo autor indiscutiblemente es Pablo, pero esta vez, junto al hermano Timoteo. La asociación de Pablo con la iglesia en Corinto comenzó en su segundo viaje misionero. Esta iglesia fue ocasión de dolor, preocupación y angustia para el apóstol. Parece que hubo una carta, llamada «la carta severa», que no tenemos, pero sabemos que existió (2:1-4).
Cuando Pablo escuchaba noticias de cómo estaba la iglesia, él les escribía o dejaba Éfeso, donde se encontraba, para ir a ellos. Entonces, noticias molestas llegaron al apóstol de más dificultades en Corinto, incluyendo la llegada de los falsos apóstoles que crearon una plataforma para enseñar su falso evangelio, y atacaron la persona de Pablo. Por eso, en esta carta, a diferencia de la Primera a los Corintios, Pablo se presenta firme y directamente: «Pablo, apóstol de Cristo Jesús».
Pablo estaba tan ansioso de escuchar noticias de cómo los corintios habían respondido a su carta severa, que partió de Macedonia a buscar a Tito. Y su inmenso alivio y gozo fue que la mayoría de los corintios se habían arrepentido de su rebelión contra Pablo. Esta es una carta que nos deja ver el corazón pastoral de Pablo y las dificultades que tuvo que sufrir para llevar el mensaje del evangelio. Sin embargo, el propósito de esta carta es defender su apostolado, exhortar a los corintios a reiniciar una colecta para los pobres en Jerusalén y confrontar a los falsos apóstoles de frente. Esta tercera visita tuvo éxito.1
Padre de consolaciones
La carta inicia apuntando a quién es Dios, lo que ha hecho en Cristo y cómo podemos, por medio del Espíritu Santo, enfrentar sufrimiento, persecución por los falsos maestros y ser generosos con otros. «Padre de misericordias y Dios de toda consolación», y esta no es una exclamación bonita, es una verdad que el apóstol ha vivido. Porque Dios nos consuela, nosotras podemos consolar a otros. ¿Cómo lo hace? Por Cristo, es por medio de Él.
¿Por qué Pablo inicia con esta verdad del atributo de Dios y el propósito de nuestras tribulaciones y aflicciones? Porque recordemos que estos hermanos, aunque ya se habían arrepentido, fueron confrontados duramente por Pablo. Y si somos honestas, cuando somos confrontadas, luego de arrepentirnos, necesitamos ser consoladas con el consuelo del Señor y recordar que ya no hay condenación, sino solo reconciliación a través de la fe en Jesucristo.
Participantes en los sufrimientos de Cristo: unión con Él
Los corintios no eran ajenos al mensaje del evangelio que Pablo les ha explicado una y otra vez. Sin embargo, debido a que Pablo, siendo apóstol de Jesucristo, ha sufrido mucho y soportado tanto, la iglesia de Corinto continuaba enamorada de las muestras de éxito y triunfo que los falsos apóstoles enseñaban que «debían» suceder. La realidad es que Pablo no parecía tener una historia de éxito espiritual según ellos.
Y a pesar de ello, Pablo no inicia su carta defendiéndose, inicia definiendo quién es Dios y cómo los sufrimientos de Cristo tienen un propósito: consolar a otros hermanos que están sufriendo en todo el mundo a causa del evangelio. Es decir, no sufrimos por sufrir, por «mala suerte» o porque nacimos en una familia «equivocada»; Pablo dice claramente: «Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo». En Cristo, el sufrimiento nos une a Él y nos forma para servir a otros.
Él explica cómo ellos fueron «abrumados sobremanera», más allá de sus fuerzas para soportar hasta el punto de pensar que perderían la vida. Todo este sufrimiento, dice Pablo, nos sirve para consolar a otros. Y no solo para consuelo, sino aún para su salvación. Según Pablo, el sufrir para que otros sean salvos debe ser un privilegio y una gran consolación. Los sufrimientos de Pablo demostraron sin lugar a dudas la autenticidad de su autoridad y apostolado.
Dios no evita que Sus hijos pasen por tribulación. Es parte de la vida en un mundo caído y Dios nos acompaña de manera especial cuando atravesamos por la misma. La aflicción nos ayuda a cultivar la compasión hacia el prójimo y nos equipa para consolar a otros. Pablo no se victimiza por sus sufrimientos; más bien entendió que sus sufrimientos lo equiparon para el servicio.
Es más fácil sufrir sabiendo que habrá una recompensa en este mundo; es más fácil aceptar un mensaje del sufrimiento si tenemos la perspectiva retributiva de «hago bien y me vendrá bien, y jamás mal». Sin embargo, la realidad de todo creyente es que sufriremos como Cristo. Jamás se nos prometió una vida exenta de aflicción y tribulación. Pero en medio de esta verdad, tenemos consuelo: unidas a Él. El amor del Padre, Su resurrección y Su vida son nuestras en medio de las aflicciones. Y tenemos bendiciones: que no vivimos solas, sino junto al cuerpo de Cristo.
¿Confiar en ti misma o en el Señor?
La particularidad de nuestra carne es confiar en sí misma, más si estamos atravesando sufrimiento. Regresamos a nuestra sabiduría, nuestros métodos o corremos a la sabiduría de este mundo por ayuda. Pablo dice que fueron abrumados sobremanera, más allá de sus fuerzas, que hasta pensaron que morirían. ¿Has vivido una temporada así? Una situación en la que piensas que no saldrás, que te destruirá… o bien, has respondido alejándote del Señor y del cuerpo de Cristo. Estas situaciones confrontan nuestro ego y cambian nuestra perspectiva terrenal a una celestial.
Pablo dice, en el versículo 9: «a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos». No confiamos en nosotras mismas porque solo nuestro soberano Dios hace algo con nuestras tribulaciones y que en Su omnipotencia nos saca de ellas. En Él radica nuestra esperanza y confianza, pero también se sustenta de las oraciones de los hermanos.
A través del sufrimiento también aprendemos a no confiar en nosotras mismas, sino en el poder de Dios. Los sufrimientos deben llevarnos a descansar en Dios, en Su consuelo y a encontrar gozo en la esperanza que tenemos en Él. La autocompasión, la soberbia y la autojusticia son lo que no nos permite usar el sufrimiento para consuelo de otros.
Las mujeres somos muy tentadas a responder al dolor, a la injusticia y a la aflicción. Sin embargo, Pablo hace un llamado a quitar la mirada de nosotras y dirigirla a Dios, el Consolador, que nos consuela por medio de Cristo y por quien podemos consolar a otros con la ayuda del Espíritu Santo. El sufrimiento desmantela todo argumento altivo, autosuficiencia y toda victimización, derriba al yo… y, hermana, eso es bueno porque solo así Cristo es glorificado.
Responde con gracia a las acusaciones
Además de explicar el propósito del sufrimiento, Pablo también responde a las acusaciones relacionadas con sus decisiones y cambio de planes. Y lo hace con una conciencia tranquila: «Porque nuestra satisfacción es esta: el testimonio de nuestra conciencia que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia ustedes». ¿Puedes regocijarte en tus decisiones en medio de las aflicciones y en lo que has dicho a otros cuando los has consolado con la verdad y el consuelo del Señor?
Algo importante de resaltar sobre las decisiones de Pablo que nos enseña a nosotras es que él no obra precipitadamente, porque no confía ni obra conforme a la carne. Su cambio de planes con respecto a su viaje no fue motivado por capricho o una decisión deliberada; él confiaba en el Señor. Sus palabras y acciones podían ser consideradas como confiables porque no había dualidad ni segundas intenciones o escondidas intenciones en sus palabras; su «sí» es sí y su «no» es no.
¿Es así nuestra forma de hablar y decidir? Sin embargo, el enfoque de las aseveraciones y verdades que ha dicho Pablo no es su moralidad y buen comportamiento, es la Trinidad, como dicen los versículos 20-22: «Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí. Por eso también por medio de Él, es nuestro Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros. Ahora bien, el que nos confirma con ustedes en Cristo y el que nos ungió, es Dios, quien también nos selló y nos dio el Espíritu en nuestro corazón como garantía».
¿Lo notaste en tu lectura? Las promesas han sido cumplidas en Cristo; por lo tanto, todo lo que Él ha dicho sobre quién es Él y cómo podemos vivir para Él, es verdad, y porque es en la fe que permanecemos firmes. Como hijas de Dios, confirmamos Su fidelidad en Cristo. Él nos ha preservado y asegurado para salvación plena; Su obra de redención es la garantía. Pablo no era caprichoso, ni alguien no confiable; Él seguía los pasos de Cristo y su lealtad era a Él por amor a los corintios. ¿Cuán prontas somos para suponer lo peor de los demás? ¿Cuán prontas somos para asumir que sabemos por qué hacen lo que hacen?
En un mundo cambiante y lleno de incertidumbre, las promesas de Dios permanecen firmes porque todas encuentran su cumplimiento en Cristo. Nuestro consuelo, nuestra esperanza y nuestra perseverancia descansan en Él. ¿Puedes decir: «Amén, gracias, Cristo»?
Para meditar:
- ¿Puedes ver algún propósito, consuelo o misericordia en tu aflicción? ¿Cómo has respondido? ¿Con autocompasión o con soberbia?
- Frente a este capítulo, ¿cuál es tu perspectiva del sufrimiento? ¡Oh, que podamos ver el sufrimiento de manera redentora, hermanas!
- ¿Es tu esperanza Cristo en medio de la aflicción? ¿Te aferras a Sus promesas o te aferras a tu sabiduría y a tu manera de hacer las cosas o a tu justicia?
- Biblia de Estudio MacArthur, Grupo Nelson: Nashville. 2011. 1609-1610
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