El capítulo 2 inicia con la conjunción «pero», es decir, que Pablo está continuando con el tema del cambio de planes de viaje, e inicia la defensa de su ministerio y de un tema que durará hasta el capítulo 7 sobre la tristeza que es para producir arrepentimiento.
En los primeros versículos, podemos escuchar el tono de Pablo hacia esta iglesia, un poco diferente al tono en la primera carta. Pablo no está tan preocupado por continuar con una agenda, sino que realmente se preocupaba por ellos. No era de alegría para Pablo el disciplinarlos, pero confió en que Dios obraría. El versículo 4 nos hace un llamado para la vida en comunidad: «Pues por la mucha aflicción y angustia de corazón les escribí con muchas lágrimas, no para entristecerse, sino para que conozcan el amor que tengo especialmente por ustedes».
¡Guau, Pablo! ¡Que crezcamos en un amor …
El capítulo 2 inicia con la conjunción «pero», es decir, que Pablo está continuando con el tema del cambio de planes de viaje, e inicia la defensa de su ministerio y de un tema que durará hasta el capítulo 7 sobre la tristeza que es para producir arrepentimiento.
En los primeros versículos, podemos escuchar el tono de Pablo hacia esta iglesia, un poco diferente al tono en la primera carta. Pablo no está tan preocupado por continuar con una agenda, sino que realmente se preocupaba por ellos. No era de alegría para Pablo el disciplinarlos, pero confió en que Dios obraría. El versículo 4 nos hace un llamado para la vida en comunidad: «Pues por la mucha aflicción y angustia de corazón les escribí con muchas lágrimas, no para entristecerse, sino para que conozcan el amor que tengo especialmente por ustedes».
¡Guau, Pablo! ¡Que crezcamos en un amor así al decirnos la verdad! Pienso en las veces que me he alejado de una hermana porque no me escuchó o en las veces que otras hermanas buscan consuelo porque sus hermanas les dejaron de hablar. ¡Cuánta falta nos hace mostrarnos el amor aun cuando nos confrontamos! Algunas veces decimos: «Yo solo dije la verdad». Pero podemos olvidar que la motivación no es para castigar, sino para restaurar, y eso lo hace el amor de Cristo.
Arrepentimiento, restauración y perdón
En una cultura que es rápida en condenar lo que no llenó sus expectativas o es rápida en cancelar lo que les parece «malo», o desecha al que ha cometido una gran falta, la iglesia de Cristo no obra así. Los versículos 5 al 11 nos muestran lo que sucede después de una reprensión tan grande como la que Pablo dijo que se hiciera, posiblemente, hacia el hombre que cometió gran pecado entre ellos (ver 1 Corintios 5). La disciplina en Cristo es para producir un fruto apacible (Heb. 12:11) y siempre es para ganar al hermano a Cristo (Mt. 18:15).
Pablo explica que el pecador, que entendemos se ha arrepentido, no le causó tanta aflicción como la que él le causó a la iglesia. ¡Uf! Y la instrucción que Pablo les dice es contracultura en ese tiempo, como en el nuestro: «Ustedes más bien debieran perdonarlo y consolarlo», pues puede que esté muy triste, y «les ruego que reafirmen su amor hacia él». ¿Qué sucede si no perdonamos? Hay división. ¿Qué sucede si imponemos más cargas al pecador que la que ya tiene por haber pecado contra Dios? Hay culpa que lo sepulta.
¿Qué sucede cuando no perdonamos? Pablo dice que Satanás tomará ventaja sobre nosotros. O, como también dice Pablo a los de Éfeso, Efesios 4:27: «Ni den oportunidad al diablo», en el contexto de lidiar pronto con la falta de perdón y reconciliación. Cuando hay una dureza inapropiada hacia aquella hermana que ha pecado pero se ha arrepentido, favorece las maquinaciones de Satanás para traer división y romper relaciones. Satanás utiliza nuestra falta de perdón para sus propósitos y nosotras caemos en ellos.
Lo cierto es que el perdón es un medio de unidad que muestra el amor de Cristo. Cuando las personas están verdaderamente arrepentidas, el saberse perdonadas evita que se desanimen y que Satanás los condene. Pienso que este texto también nos enseña un poco acerca de la disciplina que ejercemos con nuestros hijos. Aunque a veces sean necesarias la corrección y las consecuencias, siempre debe haber lugar para la gracia, el amor y la restauración. Como lo hizo Cristo por nosotras en Su muerte en la cruz.
Piensa por un momento en esa hermana a la que ya no le volviste a hablar por lo estrepitoso de su pecado. Si tan solo ejerciéramos ese amor unos por otros, nos arrepentiríamos más rápido, seríamos más genuinas en confesar nuestros pecados y aceptar la corrección o disciplina porque tanto el que confronta lo hace por amor y con verdad, como el que lo recibe sabe que es por amor con la verdad. Pablo no dejó de disciplinar, sino que luego del fin de la disciplina —el arrepentimiento, el volver al Señor— sucede lo siguiente: abrazar al pecador con la misma gracia que Cristo nos recibe cuando nosotras pecamos.
Triunfantes en Cristo
Pablo esperaba recibir noticias a través de Tito acerca de Corinto, y como no halló a Tito, Pablo estaba preocupado por el bienestar de la iglesia. Su amor por los corintios era grande. Y me quiero detener un momento aquí. Pensaba en lo importante que es honrar a nuestros líderes con las decisiones que toman. No siempre las comprendemos o aprobamos, pero como nos sujetamos a Dios primero, podemos confiar en que Dios sí sabe y obrará para Su gloria.
Y como es costumbre de Pablo, de apuntar a todos hacia Cristo y no hacia él o a sí mismos, Él nos regala estos hermosos versículos del 14 al 17. A pesar de las aflicciones de Pablo, Dios le estaba dando la victoria. ¿Notaste la repetición de una palabra en estos versículos? Es la palabra «fragancia, fragante, olor de vida».
¿Qué nos está diciendo Pablo? Aunque en su idioma original no es la misma palabra, nos dan una hermosa fotografía del evangelio. Somos un fragante aroma de Cristo porque Dios se complace en Su Hijo y en Su obra salvadora. El mensaje del evangelio es un aroma para todos aquellos que escuchan su proclamación y, para quienes no lo aceptan, es olor a muerte.
Ese hermano que se ha arrepentido es una muestra de ese aroma fragante y de ese olor de vida para vida que hallan en el Salvador.
Hermanas, no es por nuestros esfuerzos, no es por nuestro desempeño, no es «nosotras ganamos y somos victoriosas»; no, es el triunfo de Cristo, y por eso nosotras podemos ser llamadas hijas de Dios. No se trata de nuestra victoria, sino de Cristo en la cruz y Su resurrección. Por lo tanto, Él es el protagonista y nosotras meros instrumentos de Su gracia a ser usados como Él disponga y donde Él ha dicho.
Y al final Pablo hace una pregunta: «¿Quién está capacitado?». No es una pregunta aislada; Pablo tiene en mente la defensa de su ministerio, como vimos ayer. Los falsos apóstoles que estaban desviando la mirada del evangelio y de responder a Pablo probablemente podrían asemejarse a enseñanzas que hoy escuchamos sobre «los cristianos no sufren» o «los cristianos no pecan, solo fallan». Estos hombres hacían todo lo contrario a lo que hizo Pablo, ya que comercializaban la Palabra de Dios. Y es que los verdaderos siervos de Cristo enseñan la Palabra de Dios con sinceridad; sus motivaciones son guiadas por amor a Cristo y a los demás. No desean obtener ganancias, sino dar gloria a Dios.
Guarda esto: Una marca que distingue al siervo de Dios es cómo maneja la Palabra de Dios y la vive. Pablo dice: «Hablamos en Cristo delante de Dios»; ellos no hablan de su propia sabiduría y corazón engañoso, sino de la verdad de Dios que es en Cristo. Mañana estudiaremos más sobre cómo se ven los ministros del Señor, comprados a precio de sangre, pero hoy medita en cómo se ve tu vida en tres áreas que vimos hoy:
- El perdón y la reconciliación entre hermanos.
- Confiar en el triunfo de Cristo para salvación y proclamar el evangelio a otros.
- Hablar la Palabra con sinceridad y verdad.
Nada de esto lo podemos hacer en nuestras fuerzas; es solo porque Cristo nos ha consolado que podemos perdonar y buscar la reconciliación; es solo por Cristo que podemos confiar en Su victoria para ser aroma fragante a Dios y es solo por Cristo que podemos hablar la Palabra con sinceridad a otros.
Para meditar:
- ¿De qué forma respondes al pecado que ves en ti misma, en los demás en la iglesia y en tu familia?
- ¿Cómo respondes a una hermana arrepentida?
- La Biblia nos llama a perdonar porque hemos sido perdonadas, nos llama a reconciliarnos con otros porque Cristo nos ha reconciliado con el Padre. Medita en cómo están tus relaciones, hazte acompañar por otra hermana para aliviar cargas, culpas o malentendidos y ponte a cuentas con el Señor porque Cristo ha triunfado por nosotras.
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