El salmo 110 es uno de los salmos mesiánicos escritos por David y es uno de los salmos más semencionados en el Nuevo Testamento. Jesús mismo lo cita en los Evangelios en Mateo 22:44 para mostrar que el Mesías no es solamente hijo de David, sino Señor de David. También es mencionado en Hechos 2:34-36 para explicar la exaltación de Cristo y Su sacerdocio eterno.
El primer versículo inicia con una fuerte declaración: «Dice el Señor a mi Señor: “Siéntate a Mi diestra, hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies”». David llama «Señor» a alguien que proviene de su propia descendencia, algo impensable en la cultura de la época. Con ello señala que el Mesías sería más que un simple descendiente suyo: sería el Señor soberano.
En los versículos 2-3 se menciona el cetro del Señor, que es símbolo de autoridad real. A Cristo …
El salmo 110 es uno de los salmos mesiánicos escritos por David y es uno de los salmos más semencionados en el Nuevo Testamento. Jesús mismo lo cita en los Evangelios en Mateo 22:44 para mostrar que el Mesías no es solamente hijo de David, sino Señor de David. También es mencionado en Hechos 2:34-36 para explicar la exaltación de Cristo y Su sacerdocio eterno.
El primer versículo inicia con una fuerte declaración: «Dice el Señor a mi Señor: “Siéntate a Mi diestra, hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies”». David llama «Señor» a alguien que proviene de su propia descendencia, algo impensable en la cultura de la época. Con ello señala que el Mesías sería más que un simple descendiente suyo: sería el Señor soberano.
En los versículos 2-3 se menciona el cetro del Señor, que es símbolo de autoridad real. A Cristo se le da toda autoridad para gobernar en la Tierra y sobre Sus enemigos. Esto nos deja saber que Cristo reina no solo cuando todo parece tranquilo, sino en medio de personas que le hacen resistencia. Aunque el mundo parezca negar Su gobierno y sea hostil a Sus hijos, Cristo ya reina. Su autoridad no depende de la opinión humana o de que todos lo reconozcan, sino de la verdad inmutable de que Él gobierna. Cada día debemos predicar esta verdad a nuestra alma y recordar que, a pesar de que el mundo rechace Su verdad, Sus mandamientos y Su Palabra, Él reina y nada puede cambiar eso. Esto llena nuestro corazón de seguridad y confianza en Él; nuestra fe no está fundamentada en un Dios que depende de las circunstancias humanas, sino que Su reinado es eterno y firme. Cuando veamos caos, oposición, injusticia o resistencia contra Dios, recordemos que Cristo no ha perdido Su trono, ni puede hacerlo.
En el versículo 4, Dios declara a Cristo como sacerdote para siempre luego de proclamarlo como rey en los versículos anteriores. Aquí debemos prestar especial atención, pues en Israel los reyes (específicamente de la dinastía davídica) venían de la tribu de Judá y los sacerdotes, de la tribu de Leví. Pero aquí Dios declara que este Rey también será Sacerdote para siempre, algo que nunca había sucedido antes; esto nos deja ver que el Mesías reúne dos oficios que el AT mantenía separados. Esta es una característica extraordinaria del Reino de Cristo: un rey incorrupto y sacerdote espiritual darán al mundo un gobierno como el que siempre ha deseado, pero nunca ha conocido. Jesús no solo gobierna sobre Su pueblo; también intercede por él. Él es el Rey que tiene total autoridad y el Sacerdote que nos representa delante de Dios. Nuestra seguridad no descansa solo en que Cristo reina sobre nosotras y que Su reinado no cambia, sino que también intercede por nosotras.
La última sección del salmo nos muestra que Cristo también es juez justo pues Dios es misericordioso, pero de ningún modo tendrá por inocente al culpable; Él ejecuta juicio entre las naciones, no deja pasar el pecado, y Él vencerá finalmente a todos Sus enemigos y establecerá Su justicia. Vivimos en un mundo donde muchas veces parece que la injusticia triunfa, donde el pecado queda sin consecuencias y los malvados prosperan. Sin embargo, el Salmo 110 nos recuerda que Dios gobierna sobre toda la historia y que llegará el día en que Cristo juzgará a las naciones.
La justicia de Dios es una buena noticia para Su pueblo. Él es misericordioso y paciente, pero también es santo. Ninguna rebelión, maldad o pecado escapará de Su mirada. Cristo vencerá definitivamente a todos Sus enemigos y establecerá un reino donde la justicia prevalecerá para siempre. Esta verdad nos libra de vivir con temor o desesperanza cuando vemos la maldad a nuestro alrededor, pero también nos llama a vivir con reverencia. El mismo Rey que nos salva es el Juez delante de quien toda rodilla se doblará. Por eso, nuestra respuesta debe ser de adoración, obediencia y gratitud. Vivimos confiados en Su misericordia, pero también conscientes de Su santidad, esperando el día en que Su reino de justicia sea plenamente manifestado.
Para reflexionar:
- ¿Hay alguna situación actual en mi vida en la que necesito recordar que Cristo no ha perdido Su trono?
- ¿Cómo me anima saber que Jesús intercede por mí en este mismo momento?
- ¿Cómo puedo responder esta semana con mayor confianza, obediencia y gratitud al Rey que gobierna, intercede y juzga con justicia?
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