Pablo continúa defendiendo su ministerio, y en este capítulo se enfoca en la gloria de Cristo. Puedes subrayar la palabra «Cristo o Jesús» en este capítulo y la encontrarás 10 veces en 18 versículos. Aunque la Biblia no fue escrita originalmente con versículos, en Su soberanía, el que hoy la tengamos escrita así, nos ayuda a ver con más claridad los énfasis, y en este capítulo claramente vemos que todo es a través de la obra de Cristo como nuestro Señor y Salvador.
Proclamamos a Cristo
El versículo 1 empieza con «Por tanto» o «Por lo cual»; estas son frases que indican la consecuencia lógica de lo dicho anteriormente. «Por tanto, puesto que tenemos este ministerio». ¿Cuál? El ministerio de proclamar el nuevo pacto porque somos ministros de él por medio de Cristo. Pablo menciona dos distinciones en la forma que deben proclamar el evangelio:
- No …
Pablo continúa defendiendo su ministerio, y en este capítulo se enfoca en la gloria de Cristo. Puedes subrayar la palabra «Cristo o Jesús» en este capítulo y la encontrarás 10 veces en 18 versículos. Aunque la Biblia no fue escrita originalmente con versículos, en Su soberanía, el que hoy la tengamos escrita así, nos ayuda a ver con más claridad los énfasis, y en este capítulo claramente vemos que todo es a través de la obra de Cristo como nuestro Señor y Salvador.
Proclamamos a Cristo
El versículo 1 empieza con «Por tanto» o «Por lo cual»; estas son frases que indican la consecuencia lógica de lo dicho anteriormente. «Por tanto, puesto que tenemos este ministerio». ¿Cuál? El ministerio de proclamar el nuevo pacto porque somos ministros de él por medio de Cristo. Pablo menciona dos distinciones en la forma que deben proclamar el evangelio:
- No desfalleciendo, sino renunciando a lo oculto y vergonzoso en nosotras.
- Ni adulterando la Palabra de Dios, sino mediante la manifestación de la Verdad.
Los corintios son la carta de recomendación de Pablo porque él confía en el evangelio que les predicó y que los había transformado para proclamar a Cristo; proclamar el evangelio de la gloria de Cristo; proclamar que Cristo es Señor y nosotros solo siervos de Él por amor a Él.
Ellos no proclaman un mensaje muerto, popular ni intelectual; proclaman un mensaje de vida real y verdadero porque proclaman a una persona, no un movimiento, ni ideas humanas. Cristo ha vencido: «Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él». –Colosenses 2:15
Los judíos (y quienes permanecen incrédulos) tienen un velo sobre su rostro y no pueden contemplar la gloria de Cristo. Satanás (el dios de este mundo) ha cegado su entendimiento. Por eso debemos proclamar el evangelio. El mensaje de salvación no se trata de nosotras ni de lo que nosotras podemos lograr; predicamos a Cristo, y el Espíritu Santo es quien ilumina el entendimiento para creer. Solo Dios puede traer luz en medio de las tinieblas.
Dicho esto, no podemos dejar de admirarnos de la hermosa y profunda verdad del versículo 6: «Pues Dios, que dijo: “De las tinieblas resplandecerá la luz”, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo”». Esta es una referencia directa a Dios como Creador que en Génesis 1:3 ordenó a la luz física en el inicio de Su creación que existiera. El mismo Dios que creó la luz es quien ilumina nuestras tinieblas espirituales para llevarnos a Su reino de luz, como dice Pablo en Coloseneses 1:13. La importancia de esto es que el apóstol no está apuntando principalmente a que el conocimiento de los corintios no proviene de su predicación, sino de la obra de Dios en ellos. Esto significa conocer que Cristo es Dios encarnado; la gloria de Dios resplandeció en el Salvador.
¡Qué noticia maravillosa! Así que, quitémonos del centro de nuestros consejos, del discipulado que hacemos; no busques libros y recursos que alimenten tu ego, busca la Palabra de vida, busca conocer a Dios en el rostro de Cristo. La salvación es del Señor; tu trabajo es vivir con integridad, no adulterar el mensaje y confiar que es Dios quien ilumina el entendimiento para que Cristo se lleve toda la gloria.
La gloria de Cristo en tesoros en vasos de barro
Tenemos un tesoro (el evangelio) en vasos de barro (nuestros cuerpos mortales). El poder del evangelio no depende del «vaso», es decir, de nosotras; depende del poder de Dios. La ilustración del vaso de barro quebrado deja ver que el ingrediente por excelencia del ministerio cristiano es la humildad. Por eso Pablo dice «Pero», porque así la extraordinaria grandeza del poder es de Dios y no de nosotros.
Pablo contrasta la gloria de Cristo para que los hermanos de Corinto recordaran y regresaran a la verdad de quién es Cristo y lo que han recibido en Él. Ellos debían recordar que lo que recibieron no fue de Pablo, no fue por Pablo, sino por Cristo y la obra del Espíritu Santo en ellos.
Lastimosamente, no es lo que hoy vemos en nuestros días. La facilidad de que seas el centro de tu historia ya no se limita solo a tu comunidad; ahora puedes volverte internacional con la velocidad de hacer un clic en «enviar». En la era del selfie, aun si es por la causa de Cristo, estos vasos de barro olvidan muy pronto que sus vidas están creadas y salvadas para reflejar y apuntar a Cristo. Ser vasos de barro no significa «baja autoestima» ni que «somos inútiles», sino que es fragilidad humana para que el poder sea de Dios.
MacArthur enfatiza que somos recipientes débiles de un tesoro glorioso. Esta verdad es mucho más hermosa que el protagonismo que nuestra carne busca o el control que deseamos ejercer para que algo sea como deseamos. ¿Quieres traer gloria a Cristo? Reconoce tu debilidad.
Por eso Pablo describe el escenario que los creyentes sufrirán, lo cual no es apetitivo a una era en la que el mensaje es: «Ámate a ti misma». Seremos, dice este pasaje, «afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos». Lo cual no solo será en nuestra alma, sino también en nuestro cuerpo. ¿Te apuntas? Yo sí. Yo sí quiero entregar toda mi vida a mi Salvador, a quien no solo me dijo qué hacer, sino que Él me enseñó con su propia vida perfecta cómo vivir y cómo ser lo que Él me ha creado para ser.
De hecho, los apóstoles vivían constantemente sufriendo por llevar este mensaje. La vida de Jesús se manifestaba en su debilidad. Pablo estaba dispuesto a sufrir con valentía y sin temor a los hombres, porque estaba consumido por la gloria de Cristo y no la gloria de sí mismo. Carson & Moo dicen que el sufrimiento apostólico revela la vida de Jesús.
¿Cómo estás presentando tu vida a otros? ¿Como testimonio de tu desempeño y habilidad? ¿Como una vida sin esperanza por el sufrimiento? ¿O estás presentando el evangelio a otros como la mejor noticia, como el poder para vivir en un mundo que no es nuestro destino final?
La gloria de Dios en la fe y perseverancia
Pablo dice que es la fe la propulsora de su mensaje. No es una fe abstracta, es una fe que tiene como objeto a Cristo. La aceptación del pecador por parte de Dios no se basa en su fe, sino en los méritos de Cristo, los cuales la fe hace suyos. No somos salvos por obras, pero algunos piensan que somos salvos por nuestra fe. No somos salvos por el mérito de nuestra fe, porque la fe simplemente extiende la mano vacía para recibir lo que Dios ha provisto en Cristo, por los méritos de Cristo de los cuales la fe se apropia.
Eso es lo que significa «Creí, por tanto hablé». No podemos hablar de lo que no nos ha sido revelado por Dios. Eso es lo que Pablo ha dicho desde el capítulo 3 hasta aquí, para que su esperanza no resida en lo que hacen, sino en la obra completa de Cristo. En Él descansa nuestra esperanza para responder con acción de gracias al único merecedor de toda la gloria, a Cristo.
No desfallecemos aunque nuestros cuerpos decaigan o perdamos la vida. Cualquier aflicción de este lado del cielo es «leve y pasajera» comparada con el «eterno peso de gloria». Vivimos con una esperanza certera y eterna; podemos perseverar en proclamar el evangelio porque la gloria de Cristo vale la pena. MacArthur enfatiza que la debilidad del mensajero magnifica el poder de Dios.
La gloria de Cristo en lo temporal y en lo eterno
Los últimos versículos de este hermoso capítulo nos introducen a una idea hermosa que veremos el día de mañana con mayor profundidad. Una verdad que creo que es la que más nos cuesta digerir, especialmente en tiempos de sufrimiento o de una vida que no está saliendo como pensamos o incluso oramos.
Lo temporal y lo eterno. Pablo usa nuevamente la conjunción conclusiva: «Por tanto» y luego otra palabra que ya usó, «desfallecemos». Él dijo en el versículo uno: No desfallecemos para proclamar el evangelio, y ahora, en el versículo 16, dice que no desfallecemos en forma de contraste; más bien, internamente nos vamos renovando: «No desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día».
De ninguna manera desfallezcamos; perseveremos en fe, perseveremos tomadas de la mano del Señor porque somos vasos débiles. ¡Aleluya por eso! Y aun así, tenemos en nosotras un tesoro invaluable: el mensaje de vida que Él obra en cada una de nosotras. Aunque debemos cuidar nuestro cuerpo para la gloria de Dios, es temporal. La realidad es que estamos envejeciendo, pero nuestra alma, al paso de los años de caminar con el Señor, supone estar siendo renovada día a día.
Por eso Pablo dice: «Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven. Porque las que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas». Lo que vivamos en el cuerpo, aunque es doloroso, es pasajero; sin embargo, ese sufrimiento está produciendo un eterno peso de gloria en nosotras que no se compara con nada de lo que podemos ver.
Y Pablo era testimonio de esto porque, a pesar de todo lo que ha pasado, junto a Timoteo y a otros, su conocimiento y amor por Cristo crecían. Justo como lo expresó años después en la carta a los filipenses: «Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia» (Flp. 1:21). Si nuestra mirada y confianza están en lo visible, créeme que te decepcionarás; y como Dios está trabajando en ti, seguramente lo quitará porque te aleja de confiar solo en Él.
Los falsos maestros comerciaban con el evangelio, quizá como ahora lo hace el falso evangelio de la prosperidad que invita a que des para recibir más cosas materiales de parte de Dios. Pablo les diría lo que ya dijo bajo la inspiración del Espíritu Santo: no pongan la vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven. Mirar a lo invisible tampoco es algo abstracto, es mirar a Cristo, es mirar Su gloria. Allí podemos descansar en que lo que Dios hace en nosotras, a través de las aflicciones y del despojo de nuestro yo, tiene propósito y es para Su gloria.
Para meditar
- ¿Estás viviendo el evangelio en tu corazón o continúas teniendo tus ojos cegados por Satanás?
- La pregunta profunda que necesitas hacerte es: ¿Quiero vivir para Su gloria? Si tu respuesta es «sí», entonces examina tu corazón a la luz de este pasaje. Y si la respuesta es «no», corre a la cruz, medita en Isaías 43:7 y Efesios 1 y sé iluminada por el Espíritu Santo para conocer más a Cristo.
- Y si la recompensa de tu vida entregada a Cristo la verás hasta la eternidad, ¿cómo responderías hoy?
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