Seguimos aprendiendo verdades profundas porque Pablo nos enseña que el evangelio produce una vida apartada para Dios, marcada por perseverancia, santidad y una identidad como pueblo donde Dios habita. Es decir, el ministerio auténtico refleja la vida de Cristo y llama a un pueblo santo apartado para Dios, y esto lo veremos en el sufrimiento ministerial, en la perseverancia, en la santidad y en el llamado a no estar en yugo desigual.
No reciban la gracia en vano
Este capítulo es como un punto y seguido del capítulo 5 porque inicia con la conjunción «Y». Luego de que Pablo les escribe sobre su papel como ministros de reconciliación, les llama la atención exclamando: «¡Reconcíliense con Dios!». ¿Por qué? Porque «Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia delante de Dios en Él» . Por Cristo podemos ser embajadores de la reconciliación… …
Seguimos aprendiendo verdades profundas porque Pablo nos enseña que el evangelio produce una vida apartada para Dios, marcada por perseverancia, santidad y una identidad como pueblo donde Dios habita. Es decir, el ministerio auténtico refleja la vida de Cristo y llama a un pueblo santo apartado para Dios, y esto lo veremos en el sufrimiento ministerial, en la perseverancia, en la santidad y en el llamado a no estar en yugo desigual.
No reciban la gracia en vano
Este capítulo es como un punto y seguido del capítulo 5 porque inicia con la conjunción «Y». Luego de que Pablo les escribe sobre su papel como ministros de reconciliación, les llama la atención exclamando: «¡Reconcíliense con Dios!». ¿Por qué? Porque «Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia delante de Dios en Él» . Por Cristo podemos ser embajadores de la reconciliación… entonces Pablo continúa diciendo: «Y como colaboradores con Él, también les exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios».
Colaboradores es un sinónimo de embajadores. Pablo y Timoteo, al igual que ellos y nosotras, somos colaboradores en la obra de Dios; por eso nos exhortamos unos a otros para que no nos apartemos de la gracia que hemos recibido. Y para afirmar esto, Pablo cita a Isaías en el capítulo 49, versículo 8, utilizándolo de la misma manera que Isaías lo usó: para llamar a sus oyentes a la fe y al arrepentimiento, pues no hay mejor momento para recibir el evangelio que ahora mismo.
La urgencia es hoy. Tanto para que lo proclamemos como para recibirlo. El camino de regreso a Dios por la fe en Jesús está aún abierto porque el Señor dice que en Su tiempo escuchó, porque el tiempo es propicio. ¿Y qué es «propicio»? Significa que algo es favorable, adecuado o que reúne las condiciones ideales para que suceda un fin determinado. Y nuestro fin es estar en Cristo y vivir para Él. ¿Estás anunciando las buenas nuevas? ¿Estas buenas nuevas son suficientes para ti de manera que vivas para Él?
Autenticidad del ministerio
Si algo necesitamos reconocer de Pablo es su humildad, amor por el Señor y por la Iglesia. En muchas cartas lo leemos sufriendo a causa del evangelio, y en esta no es diferente. Su sufrimiento apostólico es aprobación en el reino de Dios porque Pablo no busca la gloria humana, sino ser fiel en medio de su debilidad. Ellos, Pablo y Timoteo, no quieren ser de tropiezo como los falsos maestros; su interés es que el ministerio no sea desacreditado porque ellos son, como vimos antes, representantes del Señor.
Por eso —y aquí vemos otra vez este concepto— «en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios». ¿Pero en qué se diferencia el ministerio que Pablo les está enseñando con palabras y hechos del ministerio de otros? La diferencia es que no es en sus fuerzas, ni en condiciones favorables, ni en plataformas glamorosas; es en la debilidad y el sufrimiento donde la fidelidad rebosa.
Pablo dice que es: «En mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, en pureza, en conocimiento, con paciencia, con bondad, en el Espíritu Santo, con amor sincero, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; por armas de justicia para la derecha y para la izquierda; en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama; como impostores, pero veraces».
¡Guau!
Si te dijeran que ese es el ministerio al que Dios te ha llamado, ¿responderías con un casi inmediato «sí»? Esta es una de las más hermosas paradojas del cristianismo, pero que a su vez es lo que da autenticidad al mismo. ¿Por qué? Porque refleja la vida de Jesús. Él es el modelo de sufrimiento, que claramente dijo que también Sus discípulos vivirían, y por ende, nosotras. Pablo aceptaba que cuestionaran su apostolado, pero no por él y su reputación, sino por la causa de que ellos no se desviaran de la gracia que Dios les ha dado en Cristo Jesús.
Nuestra labor como siervas de Cristo no es glamorosa, y muchas veces conlleva luchas y sufrimiento. Pero Pablo anima a los corintios y les recuerda que la vida cristiana es paradójica. Los cristianos son desconocidos por el mundo, pero conocidos por Dios; mueren por Cristo, pero vivirán eternamente con Él; son castigados y azotados, pero Dios los mantiene con vida; en medio de las tristezas están gozosos; son pobres, pero enriquecen a muchos con el tesoro del evangelio; no tienen recursos valiosos, pero tienen lo más importante: a Cristo.
Y mira lo hermoso de la respuesta de Pablo hacia todo este escenario: «Somos tratados como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero vivimos; como castigados, pero no condenados a muerte; como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo».
Otra vez, ¡guau!
El evangelio es una forma de vida verdaderamente contracultural. Nadie puede vivir de esta manera si no es por el Espíritu Santo morando en sus corazones y si no es por la obra de Cristo y Su ejemplo en esta tierra. Es como si Pablo dijera: todo lo que este mundo les dice que es mejor, el evangelio dice que no lo es y que, aunque es cierto que hay dolor y dificultad, no los define. Nosotras podemos estar gozosas en medio del rechazo por ser cristianas, en medio de la injuria, de la pobreza o necesidad, porque somos más que bendecidas en Cristo.
El amor de Pablo
Y aun Pablo, en forma de clamor y mostrando sus sentimientos, dice: «Nuestra boca, oh corintios, les ha hablado con toda franqueza. Nuestro corazón se ha abierto de par en par». Pablo está mostrando lo diferente que es ser ministro del evangelio de la gracia de Cristo, que no son actitudes externas que apuntan a ellos, sino actitudes que proceden libremente de una demostración de sus corazones que modelan el corazón de Cristo.
MacArthur dice: «Pablo demostró su amor genuino por los corintios al definir el carácter del amor que profesaba por ellos», un amor que les ha repetido. En la traducción Reina Valera dice en el versículo 11: «Nuestro corazón se ha ensanchado», que significa que su corazón se ha agrandado. No importa cuántos lo trataran mal, él los amaba. Pablo afirma que si ellos están lejanos, no es por la falta de amor de Pablo, es por la de ellos.
¡Qué ejemplo nos da Pablo! Unir el sufrimiento y sufrir a causa del amor a su Señor y a ellos. Este capítulo nos ayuda a realizarnos una radiografía a nuestro corazón en cómo estamos amando a otros mientras los exhortamos a que regresen al camino del Señor. ¿Somos pacientes? ¿Denotamos gozo o crece amargura? ¿Amamos a otros porque nos aman y afirman? Nuevamente, nuestro amado Jesús es el mejor ejemplo de amar a los pecadores, de dar Su vida en la cruz por ellos y bendecirlos con salvación a todo el que cree en Él.
No unirse en yugo desigual
Finalmente, Pablo les exhorta a no unirse en yugo desigual. El pedido de recibir a Pablo enmarca su demanda de rechazar a algunos que son malos, que puede implicar que son los oponentes de Pablo. Bajo esto, Pablo dice: «No estén unidos en yugo desigual con los incrédulos». Esta no es una prohibición paulina, proviene del Antiguo Testamento (puedes verlo en Deuteronomio 22:10), junto con cinco preguntas retóricas: «¿Qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos?».
La respuesta es: ninguna. Ni los matrimonios mixtos ni las alianzas con incrédulos traerán algo bueno. Esto era importante tenerlo en mente por los falsos maestros y la idolatría pagana que los rodeaba. No significa que nosotras como creyentes no nos relacionemos con no creyentes, porque, ¿cómo los evangelizaríamos? Más bien, es realizar negocios y alianzas con ellos, porque un creyente busca la gloria de Dios y el otro no, y a la larga esto traerá problemas.
Y Pablo les recuerda, no solo palabras del Antiguo Testamento (ver Levítico 26:12) acerca de quién es Dios y lo que ha dicho, sino que les recuerda su identidad: son el pueblo de Dios, son el templo del Dios viviente. Por lo tanto, existe incompatibilidad espiritual con el sistema del mundo. No nos aislamos, pero sí buscamos discernimiento y sabiduría en nuestras relaciones.
El ministerio auténtico refleja la vida de Cristo y llama a un pueblo santo apartado para Dios. La santidad no es externa, es una postura del corazón que reconoce que Dios habita en él. Somos del Señor, que es santo; por lo tanto, nosotras vivimos en santidad, ya que así nos ha vestido Cristo como dice Efesios 4:24. Ese recordatorio de la promesa de Dios dada en el Antiguo Testamento es una realidad para nosotras hoy por Cristo. El Espíritu Santo nos habita. Su presencia está en nosotras.
Dios consagró a Su pueblo para Sí mismo. El contexto de Isaías 52:11, citado en el versículo 17, se refiere a cuando Dios saca a Su pueblo del cautiverio en Babilonia y lo restaura, a hijos e hijas que conforman Su pueblo. Nosotras, por la fe en Jesús, somos parte de este pueblo que Él conformó. Las implicaciones de ser de Dios son claramente mostradas por Pablo alrededor de la santidad, en vivir vidas piadosas que representan a Cristo y dependen de Él.
Para meditar:
La gracia debía motivar a los corintios y nos debe mover a nosotras hoy a:
- Vivir vidas santas, vidas que temen a Dios y persiguen la santidad.
- Vivir sin hacer yugos desiguales con los no creyentes. Estas alianzas pueden incluir el matrimonio, las asociaciones comerciales y de negocios e incluso las relaciones sociales, en algunos casos.
- Vivir de manera que no sea motivo de tropiezo a otros que nos observan.
Vivir con perseverancia en medio de la aflicción y soportar las dificultades que llegan cuando se lleva el mensaje del evangelio (tal y como hicieron los apóstoles). Ellos fueron encarcelados, azotados y tratados injustamente mientras eran movidos por amor sincero hacia aquellos que necesitaban el mensaje no adulterado del evangelio.
¿Qué te motiva a ti a servir y obedecer a Cristo cuando tus circunstancias son difíciles?
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