Igual que el salmo anterior, este salmo es parte del Hallel que ya hemos mencionado. De hecho, este salmo es el más corto de este conjunto de salmos; sin embargo, contiene una visión inmensa: todas las naciones son llamadas a alabar al Señor.
Ayer veíamos cómo el salmista irrumpía en alabanza y daba testimonio de la mano de Dios en su vida; hoy vemos el llamado como un solo pueblo a alabarle. La alabanza de Israel nunca debía quedarse encerrada en ellos, porque la misión de Dios de cumplir Su promesa a Abraham de la gran descendencia que vendría después de él incluiría a todos los que serían injertados en la gran familia de Dios, ¡y ahí nos encontramos tú y yo!
El mes pasado leíamos en Romanos 15 que Pablo le escribía a los hermanos para hacerles ver que los gentiles podían ser aceptados en la familia …
Igual que el salmo anterior, este salmo es parte del Hallel que ya hemos mencionado. De hecho, este salmo es el más corto de este conjunto de salmos; sin embargo, contiene una visión inmensa: todas las naciones son llamadas a alabar al Señor.
Ayer veíamos cómo el salmista irrumpía en alabanza y daba testimonio de la mano de Dios en su vida; hoy vemos el llamado como un solo pueblo a alabarle. La alabanza de Israel nunca debía quedarse encerrada en ellos, porque la misión de Dios de cumplir Su promesa a Abraham de la gran descendencia que vendría después de él incluiría a todos los que serían injertados en la gran familia de Dios, ¡y ahí nos encontramos tú y yo!
El mes pasado leíamos en Romanos 15 que Pablo le escribía a los hermanos para hacerles ver que los gentiles podían ser aceptados en la familia de Dios porque el sacrificio de Cristo los había alcanzado a ellos también; habían sido aceptados por el Hijo de Dios. Él les afirma que todos los creyentes en Cristo, como hijos de Dios, podían unirse en alabanza y adoración al rey, citando el primer versículo de este salmo; y lo escribe de esta manera: «Alaben al Señor todos los gentiles, y todos los pueblos lo alaben».
Qué asombroso ver el hilo de la redención del Señor en este pasaje que inició con una promesa, que el salmista no tenía un entendimiento completo, pero sí una fe en la Palabra que Dios había dicho. Así cita Spurgeon a un erudito: «No tendría ningún sentido que el salmista-profeta invitara a los gentiles a alabar al Señor, a menos que entendiera que en un futuro habrían de reunirse en la unidad de la fe junto con los hijos de Abraham».
¿Y cuál era la razón de su alabanza? ¿Cuál debe ser la razón de nuestra alabanza? ¡Su misericordia y Su fidelidad eternas!
¿Cómo fue misericordioso y fiel con Su pueblo?
- Les dio una gran descendencia
- Los sacó de la esclavitud
- Los guio en el desierto
- Los llevó a la Tierra Prometida
- Los regresó de su cautividad
- Les envió al Mesías prometido, que habitó entre ellos
¿Cómo ha sido misericordioso y fiel con nosotras?
- Perdonó nuestros pecados
- Nos dio salvación
- Nos aceptó en Su familia
- Nos dio al Consolador, Su Espíritu Santo, para habitar en nosotras
- Nos guía en el camino de la fe de este lado del cielo
Y porque el bien y la misericordia nos persiguen todos los días, como dice Salmos 23:6, no dudamos que por Su fidelidad cumplirá para Sus hijos lo que nos ha prometido: una eternidad con Él sin más llanto, tristeza, pecado y dolor.
Ese es el carácter de Dios, esa es Su esencia, no puede ser diferente. La misericordia y fidelidad del Señor son tan grandes que deben ser proclamadas y celebradas por todas las naciones, por ti y por mí; no desde una simple emoción pasajera, sino por la inmutabilidad de Su carácter. Y si hoy te cuesta alabar al Señor, recuerda Su carácter y cómo ha bendecido tu vida. Haz memoria de cómo te ha sostenido, te ha guiado, te ha provisto, y adórale.
Para meditar:
- ¿Te unes al pueblo de Dios en adoración cada semana?
- ¿Vives con la certeza de que Dios cumple Sus promesas?
- Dedica tiempo hoy para reconocer y agradecer a Dios por Su misericordia y fidelidad inagotables, porque ese es Su carácter.
Spurgeon, C. H., & Vila, E. (2015). El Tesoro de David: La Revelación Escritural a la luz de los Salmos: Vol. I (E. Vila, Trans.; p. 1740). Editorial CLIE.
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