Hoy continuamos con las exhortaciones, las cuales no son una lista de reglas para ganar el favor de Dios, como vimos ayer, pero sí son el resultado de una vida que espera a Cristo y confía en la obra que Él está realizando en Su pueblo. Ayer recordamos que la santificación es una responsabilidad del creyente, pero, sobre todo, es una obra de la gracia de Dios y por eso podemos descansar en ella y obedecer Su Palabra.
Este capítulo concluye la carta reuniendo los principales énfasis que Pablo ha desarrollado desde el principio: vivir en santidad, perseverar en la fe y esperar el regreso de Cristo. Después de consolar a los creyentes con la esperanza de la resurrección; ahora los exhorta a permanecer vigilantes mientras esperan el Día del Señor. La expectativa de Su venida no debe producir temor ni especulación, sino una vida caracterizada por la sobriedad, …
Hoy continuamos con las exhortaciones, las cuales no son una lista de reglas para ganar el favor de Dios, como vimos ayer, pero sí son el resultado de una vida que espera a Cristo y confía en la obra que Él está realizando en Su pueblo. Ayer recordamos que la santificación es una responsabilidad del creyente, pero, sobre todo, es una obra de la gracia de Dios y por eso podemos descansar en ella y obedecer Su Palabra.
Este capítulo concluye la carta reuniendo los principales énfasis que Pablo ha desarrollado desde el principio: vivir en santidad, perseverar en la fe y esperar el regreso de Cristo. Después de consolar a los creyentes con la esperanza de la resurrección; ahora los exhorta a permanecer vigilantes mientras esperan el Día del Señor. La expectativa de Su venida no debe producir temor ni especulación, sino una vida caracterizada por la sobriedad, el trabajo, el amor y la fidelidad.
Viviendo a la luz del Día del Señor
Los tesalonicenses saben, dice Pablo, pues él los ha instruido en todo lo concerniente a su crecimiento espiritual. Ellos saben que el Día del Señor vendrá de manera repentina, cuando todo parezca estar bien; el juicio vendrá, y los que no han confiado en Jesús no escaparán de la destrucción venidera y segura. Ante tal verdad, la misión de hacer discípulos sigue en pie cada día. Por eso, la urgencia de compartir las buenas nuevas es inevitable, empezando en nuestro hogar con nuestra familia.
Carson y Moo enfatizan que el Día del Señor traerá juicio para los incrédulos, pero esperanza y salvación para quienes pertenecen a Cristo. La importancia no está en conocer la fecha de Su venida, sino en haber sido transformados por el evangelio. Los que están en tinieblas están muertos en sus delitos y pecados; por lo tanto, se emborrachan, se deleitan en su pecado sin tener preocupación alguna del juicio. No están despiertos, están dormidos. Y por eso, el regreso de Cristo los sorprenderá.
No es así para los creyentes. Nosotras no conocemos el momento de Su venida, pero ese día no debe sorprendernos como a quienes viven en tinieblas, porque hemos sido hechas hijas de luz y esperamos a Cristo con fe, amor y esperanza. Y la razón y evidencia de que pueden permanecer sobrios y esperar con paciencia ese día es por la vida, muerte y resurrección del Señor Jesucristo.
El consuelo de que Cristo regresará no es para menos. Su venida pondrá fin al dolor, a la enfermedad, secará toda lágrima, no habrá más pecado ni muerte, no habrá discusiones, contiendas ni injusticias.
Piensa por un momento en esta imagen: estás a punto de entrar en tu casa después de un viaje largo, en el que caminaste mucho, te cansaste y hasta te lastimaste por los diferentes tropiezos. Estás frente a la puerta y tu padre la abre y te recibe con un fuerte abrazo; toma tus pertenencias, que son muy pesadas, y lo único que puedes hacer es suspirar y descansar. ¿Te ha pasado? ¡Es un sentimiento increíble! ¡Cuánto más no será llegar con nuestro Padre para finalmente descansar en Sus brazos!
La vida dentro de la iglesia
Mientras ese día viene, y motivadas por ese encuentro divino, Pablo traslada nuestra mirada a ese andar que ha venido enseñando. Pablo inicia con nuestras relaciones con nuestros líderes y con aquellos que son débiles en su fe o están desalentados. Una comunidad cristiana saludable conlleva dar honra a nuestros líderes, ser compasivos con otros hermanos, amonestar el pecado y ser pacientes con el proceso de santificación de otros hermanos.
Hermana, el pasaje te habla a ti y a mí para hacer con otros. Sin embargo, muchas veces nosotras somos las amonestadas, las débiles y decaídas, y Pablo dice que necesitamos ser restauradas con esa misma compasión y paciencia. Ninguna comunidad local lo hará perfectamente, pero este es el llamado a sostenernos unos a otros, a no devolvernos mal por mal, a procurar lo bueno para otros y para con todos, no solo para los que me caen bien o con quienes comparto algún gusto o actividad en común.
Luego, Pablo continúa exhortando acerca de las actitudes y deberes de los cristianos que permanecen fieles gracias a la obra de Cristo. Son exhortaciones breves que reflejan el carácter de una iglesia gobernada por el evangelio; por lo tanto, también son para nosotras:
- Estén gozosas.
- Oren sin cesar.
- Den gracias en todo, porque es la voluntad de Dios.
- No apaguen al Espíritu.
- No desprecien las profecías, es decir, la enseñanza de la Palabra de Dios.
- Examinen todo cuidadosamente, reteniendo lo bueno que edifica el alma.
- Absténganse de toda forma de mal.
¿Notas los absolutos de todo y toda? Por eso Pablo les pide abundar, porque no hay un tope para hacer el bien a nuestros hermanos, para amarlos, para ayudarlos y para reconocer a quienes con diligencia nos instruyen. Además, debido al pecado, fallamos, pero siempre podemos regresar a la cruz, descansar en Su obra y, entonces, motivadas por Su gran amor, obedecerlo. ¿Te imaginas una iglesia que tenga como meta anual vivir así? Todas podemos empezar hoy mismo.
La fidelidad de Dios en la santificación
Pablo concluye con una hermosa oración, pidiendo que Dios santifique completamente a los tesalonicenses y los preserve irreprensibles hasta la venida de Cristo. El énfasis final recae sobre la fidelidad de Dios: Aquel que llama también es quien completa Su obra. Esta es la obra de santificación que Pablo también instruyó a los filipenses: «Ocúpense en su salvación con temor y temblor. Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, por Su buena intención (Flp. 2:12b-13).
La santificación completa, que también conocemos como glorificación, será cuando estemos en el cielo. Dios nos santifica completamente y nos preserva gracias a que Él es fiel. Nadie puede sostener su salvación y santificación con uñas y dientes, o con buen comportamiento, si Él no obra en nosotras con el querer como el hacer; nada podemos hacer para Su gloria. Bien dijo Jesús: «Apartados de mí, nada pueden hacer». Permanecemos en Él y crecemos en Él, porque Él obra en nosotras. Nuestra obediencia es en respuesta a esa fidelidad que día a día Él nos muestra, capacitándonos por Su Espíritu para obedecer y guardar Sus mandamientos sin que sean cargosos, sino con gozo.
Pablo despide esta primera carta a los tesalonicenses, pidiéndoles que oren por él, Timoteo y Silvano. Él reconoce que necesita las oraciones de ellos. Y luego les pide que esta carta sea leída a todos los hermanos; ninguno debe quedar sin leerla. La Palabra de Dios es el alimento de nuestras almas; ninguna de sus palabras es innecesaria, toda ella nos edifica, nos consuela, nos disciplina y nos provee sabiduría. ¡Qué mejor manera de cerrar esta carta que recordándonos el valor de la Palabra, pues tiene en el centro al Señor Jesucristo!
Es Cristo nuestra esperanza. Él es el Señor que regresará inesperadamente, el Salvador que libró a Su pueblo de la ira venidera, el Pastor que sostiene a Su iglesia mientras espera y Aquel que presentará a los Suyos santos e irreprensibles delante del Padre. La carta termina donde comenzó: con la certeza de que la gracia de Cristo garantiza la perseverancia de Su pueblo hasta Su regreso.
Para meditar
- Hermana, ¿cómo te estás preparando cada día para el regreso de Cristo?
- ¿De qué manera la esperanza de Su regreso moldea tus relaciones en la iglesia?
- Medita, escribe o comparte con otras hermanas lo que esta carta te exhortó y edificó.
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