Hoy comenzamos la carta escrita a los hebreos. Los eruditos mencionan que el título tradicional en griego y que aparece desde muy temprano en los manuscritos es «A los Hebreos», sin embargo, en el contenido de la carta no es mencionado específicamente que los destinatarios eran los hebreos (judíos), aunque sí conocían profundamente el Antiguo Testamento y el sistema religioso judío, pues en toda la carta hay múltiples referencias a la historia y religión hebrea, el sacerdocio levítico y los sacrificios.
Por otra parte, a lo largo de la historia se ha atribuido la carta a distintos autores, incluido Pablo, pero el autor humano permanece desconocido. Y más allá de saber quién dictó o escribió estas palabras con su puño y letra, sabemos que, finalmente, el autor es Dios, como en todos los demás libros de la Biblia.
Se cree que esta carta fue escrita alrededor del 67-69 …
Hoy comenzamos la carta escrita a los hebreos. Los eruditos mencionan que el título tradicional en griego y que aparece desde muy temprano en los manuscritos es «A los Hebreos», sin embargo, en el contenido de la carta no es mencionado específicamente que los destinatarios eran los hebreos (judíos), aunque sí conocían profundamente el Antiguo Testamento y el sistema religioso judío, pues en toda la carta hay múltiples referencias a la historia y religión hebrea, el sacerdocio levítico y los sacrificios.
Por otra parte, a lo largo de la historia se ha atribuido la carta a distintos autores, incluido Pablo, pero el autor humano permanece desconocido. Y más allá de saber quién dictó o escribió estas palabras con su puño y letra, sabemos que, finalmente, el autor es Dios, como en todos los demás libros de la Biblia.
Se cree que esta carta fue escrita alrededor del 67-69 d. C.; Timoteo había sido liberado de la prisión (ver 13:23) y la persecución se volvía cada vez más intensa. Esta persecución llevaba a los hebreos a la tentación de dejar de identificarse con Cristo y, en lugar de perseverar, de apartarse.
Hebreos no identifica la influencia de las filosofías humanas como el problema principal. La gran amenaza era que sus lectores, bajo la presión del sufrimiento, retrocedieran al antiguo sistema religioso y se apartaran de Cristo. Ante ese peligro, el autor comienza por presentar la verdad que sostendrá a lo largo de toda la carta: Cristo es superior.
Dios nos ha hablado en Su Hijo
Este primer capítulo comienza mostrando que Dios habló verdaderamente en el pasado por medio de los profetas, pero ahora ha hablado de manera culminante y definitiva en Su Hijo.
Jesús no es simplemente otro profeta ni un mensajero más.
Él es:
- El heredero de todas las cosas. Jesús mismo lo afirmó en Mateo 11:27: «Todas las cosas me han sido entregadas por Mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
- El resplandor de la gloria de Dios y Aquel por medio de quien Dios creó el universo y lo conduce hacia el propósito establecido por Dios. El discípulo amado lo afirmó en Juan 1:14: «El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad», y en los versículos 1-3: «En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho».
Él es:
- La expresión exacta de la naturaleza de Dios; la revelación final y suprema del Padre.
- Quien sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder y nada escapa de Su autoridad ni queda fuera de Su control.
- Quien efectuó la purificación de nuestros pecados mediante Su sacrificio en la cruz.
- Quien se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, habiendo completado Su obra de purificación. A diferencia de los sacerdotes que debían ofrecer sacrificios repetidamente, el Hijo terminó la obra que vino a realizar y ahora ocupa el lugar de honor, autoridad y gobierno soberano.
El Hijo es superior a los ángeles
Los ángeles son criaturas y servidores enviados por Dios; pero Cristo es el Hijo, el Rey y el Señor eterno. Él es superior a los ángeles; por eso, el autor de esta carta reúne varios pasajes del Antiguo Testamento, principalmente de los Salmos, para demostrar que ningún ángel puede compararse con el Hijo.
Y afirma que:
- Es el Hijo único. «El Hijo comparte la misma sustancia de la deidad del Padre desde la eternidad pasada».1
- Es digno de la adoración de los ángeles. «Los ángeles están subordinados al Hijo de Dios»2, ese es su propósito de existencia.
- Su trono permanece por los siglos de los siglos y Su reino no es como los reinos terrenales que son pasajeros, llenos de satisfacciones carnales y efímeras, sino que se caracteriza por la justicia y la santidad.
- Él fundó la tierra y los cielos son obra de Sus manos, y aunque Su creación envejece por el pecado que entró al mundo, el Hijo permanece para siempre.
- Él está sentado a la diestra de Dios hasta que todos Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies.
Los ángeles sirven y son enviados para ministrar a favor de quienes heredarán la salvación; pero el Hijo reina. Cristo es el Rey eterno que posee autoridad sobre ellos y sobre toda la creación.
Hermana, ¿te has detenido a contemplar la grandeza incomparable de Cristo? En medio de la persecución y la incertidumbre, el autor no comienza por hablar de la magnitud de los problemas de sus lectores, sino de la grandeza de Cristo. Él es el Creador y Sustentador del universo, quien gobierna todas las cosas y las conduce al propósito de Dios.
Entonces, puedes contemplar tus circunstancias a la luz de Cristo, y no medir el poder y la fidelidad de Cristo a partir de la magnitud de tus circunstancias.
¡Nada de lo que enfrentamos queda fuera de Su autoridad ni escapa de Su control!
¡Qué esperanza para nuestra alma es saber que nuestras vidas están sostenidas por el Hijo de Dios!
Para meditar:
- ¿Estás contemplando la grandeza de Cristo por encima de tus circunstancias, confiando en que Él tiene autoridad sobre todo lo que enfrentas?
- ¿Estás descansando en Cristo, sabiendo que Él sostiene tu vida con la palabra de Su poder aun cuando todo a tu alrededor parezca incierto?
- ¿Estás dando a Cristo el lugar supremo en tu vida, reconociéndolo no solo como tu Salvador, sino también como tu Rey eterno y Señor soberano?
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