Mujer Verdadera 365 Podcast

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Día 181 | Salmos 135 – 142

Temporada:  Esdras a Salmos | 0

Día 181 – junio 30

Salmos 135 – 142

Salmo 135

En solo unos pocos versos podemos identificar tantas cosas por las cuales debemos alabar a Dios, que podríamos durar el día entero haciéndolo y no terminaríamos. Nuestro Dios hace lo que le place, y el solo hecho de saberlo debería llenarnos de gozo y alabanza, porque sabemos que él es un Dios bueno y si él es bueno, entonces lo que haga es bueno siempre.

  • Alabamos a Dios porque él es bueno.
  • Alabamos a Dios porque él es benigno, agradable. 
  • Alabamos a Dios porque ha elegido a Israel como su posesión. 
  • Alabamos a Dios porque es grande. 
  • Alabamos a Dios porque hace subir las nubes.
  • Alabamos a Dios porque envía relámpagos para que caiga la lluvia. 
  • Alabamos a Dios porque manda los vientos. 
  • Alabamos a Dios porque hizo grandes milagros en Egipto. 
  • Alabamos a Dios porque su nombre permanece para siempre. 
  • Alabamos a Dios porque el Señor juzgará a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos. 

Como seres humanos tenemos una necesidad profunda de alabar y adorar a alguien o a algo, y por eso me llama la atención los versos del 15 al 18 porque describe los ídolos, dice que son plata y oro, estos ídolos son creados por el hombre, tienen boca y no hablan, ojos y no ven, oídos y no oyen, no tienen vida en sí mismos, y después de esto dice que quienes los adoran son semejantes a ellos. 

Entonces, podemos ver claramente dos grupos, los que adoran a Dios y los que adoran a ídolos, entonces, o estamos en un grupo o estamos en el otro, no hay puntos medios. 

Así que, ¿A quién alabas? ________________. Dolo una pista más, si no estás adorando a Dios, entonces, estás adorando a tus ídolos. 

Así que el mejor consejo que nos da el salmista en este día es: ¡Bendecid al Señor!

Salmo 136

En este salmo se repite 26 veces la frase:

«¡porque para siempre es su misericordia!»

«En la tradición judía el Salmo 136 ha sido llamado el gran Hallel (el gran Salmo de la alabanza). No utiliza las palabras hallelu jah, pero es llamado el gran Hallel por la manera en la que representa la bondad de Dios hacia su pueblo y los motiva a alabarlo por su misericordia y su firme amor». –James Montgomery Boice

Podemos ver de manera clara la naturaleza de Dios cuando repetidamente hace misericordia con su pueblo desde el principio y esto nos da la seguridad de que lo seguirá haciendo hasta el final. El salmista quiere que recordemos una y otra vez la misericordia de Dios, quiere que recordemos que cada una de las cosas por las que podemos dar gracias es debido a su misericordia. 

Damos gracias:

  • Al Dios de los dioses. 
  • Al Señor de los señores. 
  • Al único que hace grandes maravillas.
  • Al que hizo los cielos.
  • Al que hizo la tierra. 
  • Al que hizo el sol, la luna y las estrellas. 

«¡porque para siempre es su misericordia!»

Al leer este salmo puedes ver que la lista es bastante larga, y no es la primera vez que encontramos una lista en los salmos, probablemente es porque necesitamos recordarle a nuestra alma quién es nuestro Dios.

El salmista nos recuerda varios hechos históricos, y esto nos muestra que desde siempre el Señor ha tenido misericordia de su pueblo.

La misericordia de Dios:

  • Nos enseña que él es bueno.
  • Nos demuestra que él es el creador. 
  • Nos indica que él es nuestro libertador y nuestro salvador. 
  • Nos libra de la muerte eterna.
  • Nos lleva a la tierra prometida. 
  • Nos provee. 
  • Nos dirige. 
  • Nos rescata de nuestros enemigos. 

Tu misma puedes continuar tu lista por la que puedes dar gracias a Dios, recuerda que por cada cosa que pongas en tu lista debes recordar que todo es por la misericordia de Dios que es para siempre. 

Salmo 137

Los salmos son canciones de alabanza y de alegría, por lo general expresan una fe sólida, esperanza y confianza. Pero no este salmo. Este es un salmo que pronuncia una maldición, tratando un tema de un determinado período de la historia del pueblo de Dios y podemos imaginar por deducción las condiciones del pueblo. El solo nombre nos produce un sentimiento de angustia, abandono y soledad. Pero cuál sería el propósito de Dios en medio de este Salmo tan adverso. 

«Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sión». –v. 1

Junto a los ríos de Babilonia se encontraba el lugar donde eran perseguidos, donde realizaban su trabajo y donde sufrían.

Pero entonces, ¿qué estaban haciendo allí? Dios los había llevado a la tierra prometida y les había prometido mantenerles allí como Sus testigos, mientras fueran fieles a Él. ¿Qué estaban haciendo entonces junto a los ríos de Babilonia?

Fueron llevados allí porque habían pecado contra Dios. Esta escena la vemos reflejada en nuestras vidas una y otra vez, el pecado nos aleja poco a poco hasta que nos encontramos sin quererlo en un paisaje desolado lejos de Dios, lejos de donde había sido el propósito original, y donde ya no hay deseos de cantar, sino más bien de lamentarse. 

Esta desoladora imagen nos debe poner en perspectiva lo siguiente: ¿dónde perdimos nuestro paisaje, donde perdimos nuestra canción? Lo interesante es que el cristiano ha de cantar en una tierra extraña. Pero nunca debe perder la causa de su canción. 

«Recuerda, oh Señor, contra los hijos de Edom el día de Jerusalén, quienes dijeron: Arrasadla, arrasadla hasta sus cimientos».

Pero Dios en el día de hoy, en la época de la gracia, Él es compasivo y misericordioso, también santo y justo, este hecho nos da la confianza para cantar aun en el valle más oscuro o en el desierto más seco, por que sabemos que en este lado de la gloria nuestro canto nos animará y nos recordará que nuestro reino está con Él. ¿Has buscado refugio de Su gracia?

Salmo 138

Después de leer 137 salmos, llegamos a este salmo diciendo: 

«Con todo mi corazón te daré gracias». 

El salmista, evidentemente le ha hablado a su alma repetidamente y está tan saturado de la palabra de Dios que simplemente comienza como si estuviera continuando el mismo canto. 

Generalmente mi esposo y yo hablamos mucho, pues compartimos mucho tiempo juntos, desde la primera vez que salimos y hasta el día de hoy seguimos hablando, es decir que podría decir que tenemos una larga conversación desde hace un poco más de 20 años, así que cuando estoy con él, no suelo llamarlo por su nombre, simplemente le hablo y ya. Así mismo, David, tiene una larga conversación con Dios desde hace mucho tiempo, y por eso que tal vez no menciona el nombre de Dios, sino que simplemente le habla, y cuando leemos que él le dice: «te daré gracias», sabemos que le está hablando a Dios. 

Hay algo particular que tiene la música y es que te ayuda a sumergirte de una manera más instantánea en las palabras que estás cantando, y es por eso que cuando vamos a ofrecer a Dios alabanzas lo hacemos generalmente cantando, porque todo nuestro ser se enfoca más fácilmente en el objeto de aquél canto y eso nos ayuda a adorar con todo el corazón. 

«Me postraré hacia tu santo templo».

Quiero detenerme en este punto, porque creo que hay algo importante en lo que debemos meditar. Nuestro Dios nos ha enseñado la manera en la que debemos adorar, David nos está enseñando hacia el lugar en donde deben recaer nuestras alabanzas, hoy en día sabemos que nuestro templo es Jesús mismo, así que conectando las dos cosas podemos concluir que nuestra acción de alabar y de adorar debe recaer únicamente en Jesús, no en nosotros mismos, y ya sé que parece obvio lo que estoy diciendo, pero tengo un reto para ti y es este: hoy, durante el día, escucha las canciones de adoración que generalmente cantas y hazte la pregunta, ¿apuntan a Cristo o apuntan a ti? No quiero entrar en un debate de si tal o cual cantante hace o no tal cosa. Solo quiero animarte a que cuando quieras alabar y adorar a Dios lo hagas mirando hacia el templo, es decir, mirando a Jesús, que es el único digno de gloria, alabanza y adoración. 

Lee el salmo sabiendo que todo lo que dice exalta a Cristo, constantemente leemos pensando en nosotros, pero necesitamos entender que nuestra adoración se trata de Jesús, y si logramos comprender quién es Él, entonces vamos a ser transformados por medio de Él. Adoremos mirando hacia el templo, hacia Jesús. 

Salmo 139

¡Nadie nos conoce tan perfectamente como Dios! 

Él nos hizo, y nos creó para Él. Sabe todo de nosotros, está en todas partes, sabe lo que pensamos, lo que hacemos, conoce nuestro corazón y sabe lo que deseamos. No hay ningún lugar a dónde podamos escapar de Él, ni siquiera la muerte. Él nos observa, nos escucha, nos examina, ve cada cosa que hacemos, escucha lo que decimos, nos rodea, nos cubre con su mano, nos sostiene, no hay nada que podamos hacer para salir de su presencia, y esto es maravilloso, pues Dios mismo hace todo esto aún sabiendo de antemano todo lo que haremos, y no hay nada que pueda darnos un gozo mayor a este, el que nos produce el saber que tenemos un Dios que aún a pesar de nosotros mismos no nos deja, y que siempre está presente. 

Esto debe producir en nosotras un profundo deseo de amar a Dios por encima de todas las cosas, de rendirle a Él nuestra vida y de caminar en sus caminos sabiendo que si somos de Él, entonces podremos vivir con esa seguridad de que no hay un lugar más seguro que su presencia. 

Salmo 140

¿A quién clamas cuando te sientes en peligro?

David está pidiendo protección a Dios, pues él sabe que solamente en Él hay refugio. 

Muchas veces sentimos que el mal nos oprime, nos asfixia, sentimos la presión del enemigo que quiere destruirnos, insultos, calumnias, injusticias, persecución y todo tipo de maldad, de esa que solo puede salir del corazón del hombre. Generalmente es en estos momentos cuando más buscamos a Dios, clamamos a Dios, le pedimos su ayuda, su protección, nuestro instinto sabe que como criaturas necesitamos acudir a nuestro creador. 

Los enemigos de David estaban esperando que tropezara, pero él clamó a Dios en busca de ayuda. 

En momentos de angustia necesitamos clamar a Dios por su salvación, necesitamos poner en Él nuestra confianza, alabar su nombre aún en medio del temor y confiar en que Él no nos dejará, pero debemos clamar, con todo nuestro corazón, con fe y con esperanza. 

Salmo 141

«Oh Señor, a ti clamo, apresúrate a venir a mí».

David está angustiado, clama con intensidad, y le pide a Dios que se apresure a responder, él le pide que le ponga guarda a su boca, pues posiblemente en medio de la angustia no quiere que de su boca salga algo que no sea agradable a Dios. 

Generalmente en medio de la angustia, lo primero que sale de nuestra boca no es precisamente alabanza, así que aquí podemos aprender una gran lección que nos da el salmista y es a guardar nuestros labios de decir lo que no tenemos que decir, pero esto es algo que no podemos controlar nosotras mismas, sino que es algo que Dios hace, así que en medio de una situación difícil, debemos clamar a Dios y pedirle que ponga guarda en nuestros labios, que nuestros corazones no se inclinen a hacer el mal sino a adorar aún en medio de la prueba, y solo así podremos ver a Dios obrar aún en medio de las peores circunstancias. 

Salmo 142

Teniendo en cuenta lo que hemos leído en los salmos anteriores te invito a que hagas tu propia oración con este salmo. 

Aquí te dejo la mía:

«Señor, escucha mi voz y ten misericordia, vengo delante de ti para expresarte mi necesidad y mi angustia, tu conoces mis caminos y solo tú sabes cómo librarme de la maldad, no tengo a quién acudir, solo a ti, escucha mi oración pues mi alma está angustiada, líbrame de los que me quieren hacer daño pues soy débil, libera mi alma de la prisión en que me encuentro para que pueda cantar de alegría, y entonces los que me rodean sabrán que tu eres mi Dios»

Los salmos nos ayudan a enfocar nuestras oraciones en Dios, mira en la dirección correcta, mira a Jesús, quién murió por nosotros para que pudiéramos entrar con confianza delante del padre, no tengas temor, porque hoy, su misericordia es nueva y sólo Él puede darte vida eterna. 

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Sobre el maestro

Diana Cardona de Figueroa

Diana Cardona de Figueroa

Diana recibió su llamado a salvación a los 20 años, y desde entonces tendría claro su deseo servir a la iglesia en el ministerio de música y adoración donde estuvo por más de diez años, hasta que en 2009 vió la necesidad de dedicarse tiempo completo a su hogar. Es realizadora de Cine y TV de profesión, cantante por vocación, esposa y madre por amor, sierva de Jesucristo por la gracia de Dios. Es colombiana, y vive en República Dominicana desde el 2010 junto a su esposo Andrés Figueroa y sus tres hijos: Manuela, Benjamin y Helena.

Desde el 2014 hasta la actualidad, trabaja medio tiempo como productora audiovisual en Aviva Nuestros Corazones.

 

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