Muchas veces consideramos que vivir la vida cristiana es una fórmula, una tabla de medición o pasos a seguir, y que, si la sigues bien, tendrás éxito inmediato y asegurado. Pero no es así. Si hemos vivido lo suficiente, sabemos que, aunque obremos bien, aun en obediencia a Dios, no recibimos el bien que muchas veces esperamos, pero indudablemente recibimos la porción de gracia que necesitamos para seguir adelante.
Frases destacadas del episodio de hoy:
La gracia nos salva, pero también nos sostiene y nos entrena
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Como madres, y con el bombardeo que actualmente vivimos sobre cómo ser una mamá perfecta, o con la diversidad de estereotipos de mamás que se basan en lo que hacen y tienen, podemos caer en ocuparnos en ver nuestro desempeño, confiar en él y olvidar que todo es por gracia.
La gracia no es romántica
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Muchas veces consideramos que vivir la vida cristiana es una fórmula, una tabla de medición o pasos a seguir, y que, si la sigues bien, tendrás éxito inmediato y asegurado. Pero no es así. Si hemos vivido lo suficiente, sabemos que, aunque obremos bien, aun en obediencia a Dios, no recibimos el bien que muchas veces esperamos, pero indudablemente recibimos la porción de gracia que necesitamos para seguir adelante.
Frases destacadas del episodio de hoy:
La gracia nos salva, pero también nos sostiene y nos entrena
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Como madres, y con el bombardeo que actualmente vivimos sobre cómo ser una mamá perfecta, o con la diversidad de estereotipos de mamás que se basan en lo que hacen y tienen, podemos caer en ocuparnos en ver nuestro desempeño, confiar en él y olvidar que todo es por gracia.
La gracia no es romántica
- Mamá, tu desempeño es importante, pero si no está alineado a la Palabra, terminará en frustración. Si no está alineado con el carácter de Cristo, te engaña y, mucho más importante, si no estás sostenida por la gracia de Cristo, te desgasta, te cansa.
- No es por tus fuerzas, es por tu dependencia en el Señor. Solo Él hace la buena obra en ti. Solo Él te equipa para escuchar mejor a tus hijos, para amarlos, para guiarlos en la verdad bíblica, para disciplinarlos en el temor del Señor y para sembrar las semillas del evangelio aun cuando tú fallas.
- Tu desánimo prolongado es muestra de que has desviado tus ojos de Cristo y Su obra, para ponerla en ti o en expectativas. La respuesta siempre es la misma: regresa al Señor que siempre te recibe.
La obediencia es el fruto de tu amor por Dios
- Si obedeces para recibir algo, has olvidado la gracia que te salvó y te sostiene.
- No solo veas la maternidad como un deber a cumplir, ni la veas como: «Ya se termina cuando se vayan mis hijos», porque siempre serás madre. Cristo nos salvó para hacer obras de justicia: amar a nuestros hijos, ocupándonos de ellos, tanto en su integridad física y necesidades físicas como de su vida espiritual.
- La maternidad no es intermitente, es continua. ¡Y qué bueno que sea así, porque eso nos hace dependientes del Señor! Él siempre está con nosotras, no nos deja solas ni nos deja que averigüemos cómo ser mamás. Para eso nos dejó Su Palabra.
- Dios nos dejó una relación con Cristo para que podamos caminar según Su voluntad, formando en nosotras un carácter piadoso y sabio que, al conocerlo más, desea honrarlo cada vez más con su vida. Por eso no es el desempeño, es Su gracia.
- Mamá, sea cual sea la etapa en la que te encuentres o en la situación que estés, regresa al evangelio:
- No te enfoques en tu desempeño para culparte o para enorgullecerte. Enfócate en la obra salvadora del evangelio.
- Camina con Jesús, no contigo misma.
- Camina en el evangelio, no en tu sabiduría.
- Camina en el poder del Espíritu Santo, no en tus fuerzas.
- Tu desempeño no es tu identidad, es ser hija de Dios comprada a precio de sangre.
- Tener el fundamento claro previene la comparación, previene el desánimo, previene el orgullo y que tú te lleves la gloria. Confía en la obra terminada y completa de Cristo por ti.
Pasajes bíblicos para profundizar:
«Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo,que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por Su gracia fuéramos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna… para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras». —Tito 3:5-8
Recursos recomendados:
Episodio, Mamá: ¡No puedes hacerlo sola!
Episodio, Mamá, descansa en su gracia
Episodio, Mamá: aprende del agricultor y confía en el fruto
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