Aviva Nuestros Corazones Radio

El amor no se irrita

Annamarie Sauter: ¿Cuál es la verdadera prueba del amor?

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth autora del libro, «Escoja perdonar», en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Tengo una amiga que dice, «el último en darse cuenta de que tiene una rotura en el saco, es el hombre que lo lleva puesto». Por eso es que nos debemos amar los unos a los otros. Si alguien está alejado de la verdad, la mayor evidencia de amor que podemos demostrar hacia esa persona, es acercarnos para decirle, «déjame ayudarte a ser restaurado». No solamente hablar acerca de esa persona, ¿puedes creer lo que le hizo su esposo? o ¿puedes creer la forma en que trata a sus hijos? ¿ Puedes creer que fulana de tal hizo esto?

No vayas a otra persona, eso no es muy amoroso de tu parte, esa es la forma egoísta, orgullosa y arrogante. Lo que demuestra amor es ir directamente a la persona para decirle, «permíteme ayudarte».

Annamarie: Cuando las cosas están marchando bien es muy fácil mostrar amor, pero es cuando las circunstancias se ponen difíciles que ese amor es probado.

En los últimos programas hemos estado viendo algunas características del amor. Hoy continuaremos viendo algunas características más, como parte de la serie titulada, «¿Cómo está tu vida amorosa?».

Si no lo has hecho ya, descarga el PDF que acompaña esta serie (aprovecha este momento y hazlo). Solo visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Es un artículo también titulado, «¿Cómo está tu vida amorosa?», basado en la primera carta a los Corintios, capítulo 13. Este recurso te ayudará a medir tu amor a la luz del amor que Nancy ha venido describiendo en los últimos programas, y continuará describiendo hoy.

Aquí está ella con nosotras,

Nancy: ¿Cómo respondes cuando llegas a la tienda y vas a pagar en la caja en la que se supone que estén las personas que solo tienen un máximo de diez artículos, y hay una mujer delante de ti en la fila que tiene 23 artículos en su carro? ¿O cuando llegas al mostrador y te das cuenta de que la caja registradora de esa fila en la que estás es la más lenta de todas? ¿Cómo respondes ante ese tipo de circunstancias?  Cuando estás en medio del tráfico y te ves rodeada de personas que no saben conducir, ¿cómo respondes?

¿Cómo respondes cuando a tu esposo se le olvida algo que le has pedido que haga por tercera vez y se le olvidó que tenías una cita con el doctor y te deja abandonada en la casa sin un vehículo?

¿Cómo respondes cuando tu hijo te hace la pregunta número 423 de la mañana? Y es la misma pregunta…

¿Cómo respondes cuando tus adolescentes no acaban de aprender que cuando dejan los platos sucios en el fregadero deben dejar correr el agua sobre ellos? Y se lo has dicho una y otra y otra vez y no entienden.  

¿Cómo respondes cuando alguien que trabaja para ti o quizás uno de tus  hijos no sigue las instrucciones que le diste y que pensaste que estaban tan claras? O en el trabajo cuando tu jefe te regaña por algo que tú no hiciste?

Hemos estado tomando una prueba de la calidad de nuestro amor durante estas semanas y buscando en la Palabra de Dios para encontrar la descripción del tipo de amor que Dios quiere que manifestemos; la forma en que Dios nos ama y la forma en que quiere que nosotros amemos a los demás. Hoy llegamos a la octava característica del amor: «El amor no se irrita».

En la medida en la que has ido pensando en las circunstancias a las que hicimos referencia en las preguntas anteriores, ¿encontraste que tú pudiste haberte sentido irritada en medio de alguna de ellas? Las Escrituras dicen que,

«El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante. No se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita…» (vv. 4-5, NBLH)

Pablo continúa diciendo en 1 Corintios,

«…no toma en cuenta el mal recibido. El amor no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser» (vv. 6-8, NBLH).

Si estás usando la Nueva Versión Internacional, notarás que esta pequeña frase se traduce como, «El amor no se enoja fácilmente». Sin embargo, la palabra fácilmente no aparece en el lenguaje original. Algunos de los comentaristas dicen que la persona que escribió la traducción ha de haber sido un persona fácilmente irritable. Pero el original dice que la persona no se irrita «en lo absoluto», no que no se «irrita fácilmente».

El estar irritado significa, «estar incitado al enojo». La palabra original en el griego es una palabra de la cual nosotros obtenemos nuestra palabra «paroxismo». Eso hace referencia a una convulsión; un ataque repentino de una emoción o acción.  

Esta es una persona que se ofende muy fácil. Se dice que tiene la piel delgada, es sensible; es de mecha corta. Se exaspera fácilmente.

Llamé a una amiga anoche quien es madre de tres hijos; dos de ellos adolescentes y uno más joven. Ella es una amiga muy querida, y le dije: «¿Podrías decirme qué cosas ocurren en tu hogar que te irritan?» No tuvo que pensar por largo tiempo. Esta es una mujer que ama a sus hijos. Esta es una mujer que ama también a su esposo. Pero fue pronta para admitir que «hay veces cuando no soy amorosa hacia mi esposo ni hacia mis hijos; hay ocasiones cuando me siento muy irritada».  

También me dijo,

«Como mamá tu vida no te pertenece. Tu tiempo no es tuyo. Sientes que constantemente estás siendo probada y tentada a irritarte. Puedo estar en el teléfono y los niños están ahí tratando de hablar al mismo tiempo. ¿Por qué es que cuando estoy en el teléfono, vienen y me tienen que hablar en ese preciso momento? O si no, me escriben una nota mientras estoy hablando, preguntándome si pueden comer alguna merienda mientras yo estoy tratando de llevar una conversación seria por el teléfono. O, «¿puedo jugar Monopolio?»  O «¿puedo hacer algo?»  Quizás quieren saber, «¿puedo tomarme un descanso de mi tarea?», cuando quizás solo han estado trabajando por 30 minutos. (Ella comenta que esas cosas la irritan).

«O cuando llegas a casa después de haber hecho diligencias; estás comprando ropa para la escuela, estás en el supermercado. Estás tratando de ser ahorrativa para poder llenar las necesidades de tu familia. Les has estado sirviendo. Llegas a la casa y hay un desorden de un cuarto al otro. Toda la casa está virada al revés. Te das cuenta de que el perro ha hecho un desastre, que tu hijo ha derramado químicos en la alfombra recién comprada, había estado haciendo un experimento de Ciencias. Después trató de limpiarlo e hizo un desastre más grande en la alfombra. Hubiese sido mejor si lo hubiese dejado allí. Aquí estoy tratando de servir a mi familia y vengo a casa a este tipo de situación. Ese tipo de cosas me irritan.

Tiene que ver con cosas que no están planeadas y que llegan de repente a nosotros. Comienzo mi día. Tengo una agenda de cosas por hacer. Y luego todo se vuelve un desastre, y me encuentro fácilmente irritada .

Bien, esas son algunas de las cosas que pueden irritar a mi amiga. Pero déjame preguntarte: ¿Qué se necesita para irritarte a ti? ¿Qué te irrita? Tal vez un hábito en particular de tu esposo que te molesta. Te irrita. Tal vez es alguien que olvida entregar un mensaje que tu enviaste.

El amor nos protege de la irritación. Nos guarda del enojo por las cosas que se dicen o que se nos hacen. Ahora bien, hay una ira santa que Dios manifiesta, y hay una ira santa que nosotros sentimos cuando vemos cosas que enojan a Dios. Pero te darás cuenta, como me ha sucedido a mí, que muchas veces las cosas que nos molestan y nos irritan no son realmente cosas malvadas, cosas que enojan a Dios. Son las cosas que perturban mi paz. Son las cosas que no salen como yo quiero; esas son las cosas que me molestan, las que me alteran mi agenda y mis planes.

La persona que intenta salirse con la suya se va a irritar muy fácilmente, se enojará fácilmente. Cuando estamos llenas del amor de Cristo, no nos enojaremos con los demás cuando digan o hagan algo que no nos gusta o cuando no permitan que nos salgamos con la nuestra.

El meollo de este asunto de la irritación y del enojo tiene mucho que ver con los derechos, ¿no es así? Tengo derechos, mi tiempo, mi propiedad, mi manera de hacer las cosas, mi horario, y no quiero que nadie se interponga con mis derechos. Me doy cuenta de que cuando me enojo, cuando estoy perturbada internamente, a veces sale hacia el exterior, pero a veces se queda hirviendo por dentro. Invariablemente y por lo general ocurre como resultado del hecho de que alguien violó los derechos que yo consideraba míos. Tengo derecho a una buena noche de descanso. Entonces ¿por qué me llama uno de mis familiares a las 11:30 de la noche, justo cuando me voy a dormir? Si me molesta tanto, si me perturba, si estoy irritada, es porque estaba reclamando un derecho que realmente no tenía.

John MacArthur dice,

«Si te enojas, si te molestas y te irritas y luego le echas la culpa a las circunstancias, te estás engañando a ti misma». Dices, «estoy tan enojada porque…» o, «Me acabo de irritar porque…» o,  «Si esta persona no fuese de tal manera; si mi hijo no hubiese llenado la secadora con agua o escrito con mantequilla en los muebles de la sala o lo que sea, no estaría tan irritada».

Pero el Dr. MacArthur dice,

El problema no son tus circunstancias. (El problema) es la preocupación de tu mente de que eres importante, que tus derechos importan, que tu territorio es invencible. Cuando alguien entra en tu territorio y viola tus derechos, se dispara tu ira porque tú ya has predeterminado que tú tienes esos derechos.

Pero sin embargo la escritura dice que, «El amor cubre multitud de pecados» (1 Ped. 4:8 parafraseado).

¿Tienes tú el tipo de amor que cubre las ofensas, o te irritas fácilmente cuando se violan tus derechos? ¿Se dispara tu ira o explotas fácilmente, o tienes tú el tipo de amor que permanece imperturbable en medio de las circunstancias?

Pablo continúa diciendo que no solo no se irrita fácilmente el amor, sino que, «El amor no toma en cuenta el mal recibido (v. 5). El amor no guarda registros de la maldad. Una traducción dice que, «El amor no guarda rencor».

El amor no lleva cuentas. El concepto aquí viene de un término contable. Que tiene que ver con registrar algo en un libro de contabilidad para que pueda mantenerse como un registro permanente, para que puedas ir atrás y rastrearlos cuando sientas la necesidad. Estás manteniendo un registro de ofensas. Las Escrituras dicen que el amor no hace eso.

La palabra usada aquí es la misma palabra que se usa cuando habla de que Dios perdona a los pecadores. Segunda a los Corintios nos dice que, «Dios estaba en Cristo, reconciliando el mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus pecados» (5:19).  ¿Ves?, si estamos en Cristo, si hemos venido a Él a través del arrepentimiento y la fe, entonces nuestros pecados, en su totalidad, han sido cubiertos por la sangre de Cristo. La penalidad ya ha sido pagada por ese pecado. Ha sido borrado. Ha sido limpiado. No hay más registros de ello. De hecho, esa cuenta ha sido echada a las profundidades del mar, de donde nunca más podría ser sacada.

Cuanto daño se ha hecho a los matrimonios donde uno o ambos cónyuges continúa sacando las cuentas del mar y señalando algo que fue hecho, quizás hace años atrás, alguna ofensa pasada. Han mantenido un registro de los daños cometidos en su contra. Y es que el resentimiento guarda los libros de cuentas. Siempre está buscando la manera de desquitarse y frecuentemente trae de vuelta la ofensa al ofensor. Sin embargo el amor perdona. El amor borra toda la cuenta.  

Entonces cuando otros te ofenden, cuando otros te fallan (como lo harán y como lo han hecho). ¿Cómo manejas la cuenta? ¿Mantendrás la cuenta? ¿Llevarás cuenta de las ofensas? ¿Traerás de nuevo el pasado para señalar la falta? ¿Lo recordarás y lo usarás en contra de tu pareja, o de tu hijo, o de esa amiga? ¿Mantienes un registro de todas las ofensas?

¿O haces con esas ofensas lo que Dios ha hecho con tus ofensas? Las dejas ir. Las echas lejos. Las cubres. El amor cubre multitud de pecados.

«El amor no busca lo suyo. No se irrita, no lleva cuenta de las ofensas sufridas. El amor no se regocija en las injusticias pero se goza con la verdad» (parafraseado).

Vamos a ver esta característica, realmente, hay dos características aquí, que son más o menos diversas caras de una misma moneda. «El amor no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad.» Pablo está diciendo, «El tipo de amor de Dios, no encuentra placer en el mal. No simpatiza con la maldad hecha por otros. En lugar de ello, el amor genuino se duele. Se lastima cuando el pecado ejecuta su trabajo destructivo».

Pienso en ese pasaje donde Dios le dijo a Samuel que debía llevar un mensaje al rey Saúl, de que la corona le había sido quitada por su desobediencia. Hay un versículo en el libro de Samuel que me asombra cada vez que lo leo. Dice que Samuel lloró toda la noche cuando Dios le dijo que Saúl ya no sería rey (ver 1 Sam. 15:11). Saúl había pecado. Él merecía las consecuencias de su pecado. Pero Samuel tenía un corazón amoroso que sufrió por el pecado de Saúl.

Ves, el amor nunca se regocija con el pecado,  ya sea que se trate de nuestro pecado o del pecado de otros. El amor no justifica el pecado. ¡Qué tan común es eso en nuestra cultura hoy en día, el justificar el pecado, el gloriarnos, y deleitarnos y alegrarnos en el pecado!  Piensa en algunos de los programas de comedia de la TV.  Todo lo que necesitas es sintonizar uno de esos programas, y en solo unos minutos verás que las personas se ríen de la maldad.

Escuchamos acerca del fracaso moral de algunos de nuestros líderes o incluso de algún líder cristiano respetado. Tal vez nos sorprendemos, pero muy dentro de nosotros encontramos esos detalles muy entretenidos. O quizás nos sentimos muy santas y justas por no haber hecho esas cosas nosotras, en lugar de estar dolidas sobre ese pecado. Tal vez los celos nos mueven a gozarnos si alguien tropieza y cae.

El chisme también cae dentro de esa categoría; el escuchar y decir cosas acerca de otra persona, aún sea verdad, que no son edificantes. Y creo que esa es una de las formas más comunes de regocijarse con la maldad.

Alguien ha llamado al chisme, «un vicio que se disfruta de manera indirecta». Quizás estamos entrando en el pecado de otra persona y hacemos alarde de sus pecados y de sus debilidades.

Y hay otra forma en la que a veces nos regocijamos con la iniquidad. Lo hacemos al hacer chistes o tomar a la ligera el pecado. Tú y yo nunca debiéramos tomar a la ligera algo que es pecaminoso. Nunca debemos tomar a la ligera una situación donde tu esposo es menospreciado, donde se habla de forma irrespetuosa sobre tu jefe y donde tú le estás contando a otras personas acerca de esto, y ahora se burlan. «¡Deberían haber escuchado lo que les dije!» No deberíamos estar burlándonos de estas cosas.

El reírnos acerca de haber perdido los estribos o de haber dejado a un cónyuge. El reírnos sobre la glotonería o sobre el gasto excesivo, sobre el divorcio, la inmoralidad o la lujuria. Los corintios eran arrogantes en lugar de sufrir y de lamentarse de su pecado, en lugar de dolerse por los hombres entre ellos que habían estado involucrados en relaciones incestuosas. Si tú y yo amamos a Dios, lo que le ofende a Él nos debería ofender a nosotras. Lo que lo hace sufrir a Él nos debería hacer sufrir a nosotras.

¿Amas la justicia, y odias la maldad? Eso fue lo que se dijo de Jesús en Hebreos capítulo 1 en el versículo 9, que Él amó la justicia y aborreció la maldad. ¿Se puede decir eso de ti?

¿Te lamentas cuando pecas o cuando otro creyente peca?

¿Te ríes cuando el pecado o las malas actitudes, palabras o acciones son presentadas de manera humorística o te sientes dolida al ver esto?

¿Simpatizas con otros en su maldad o en su forma equivocada de pensar acerca de Dios y de Sus caminos?

El amor no se deleita en la maldad. No se regocija en la iniquidad.

Este es el otro lado de la moneda: El amor se regocija en la verdad. ¿Qué significa eso? Yo creo que hay varias formas en las que esto puede vivirse de manera práctica en nuestras vidas.

Primero que todo, si tengo un corazón de amor hacia Dios, entonces voy a estar dispuesta a que Dios me muestre la verdad de mi propia vida. Me regocijaré en la verdad. Las Escrituras dicen que Dios quiere la verdad en lo más profundo de mi persona.

Tú dirás, «si Dios quiere mostrarme mis errores, está bien».  Pero es aquí donde nos ponemos a la defensiva: cuando Dios usa a alguien más para mostrarnos nuestros errores. Hemos estado tomando esta pequeña prueba de amor. ¿Podría sugerirte algo que requiere mucho coraje? ¿Si tú no estás segura de tu puntuación en algunas de estas cualidades, quizás quieras preguntarle a tu esposo o a tus hijos, ¿Soy yo una mujer amorosa? ¿Soy paciente? ¿Soy tierna? ¿Tengo estas características? Si amas la justicia, si te regocijas en la verdad, estarás dispuesta a recibir la evaluación y la corrección.

Cuando nos regocijamos en la verdad esto también significa que no podemos tolerar la mala doctrina. La percepción del mundo es que la forma amorosa de ser, es ser tolerantes con toda las religiones. Déjame decirte esto: Si el cristianismo es la verdad, y lo es, entonces el ser tolerante de toda otra religión es de hecho uno de los mayores actos de desamor, porque si Jesucristo es el único camino a Dios, entonces es un acto de desamor y de odio hacia los demás el dejarlos continuar en su propio camino hacia Dios, separados de Jesucristo. Lo más amoroso que podemos hacer por ellos es señalar a las personas hacia la verdad.

El verdadero amor está dispuesto a hablar la verdad a aquellos que han errado, a aquellos que se han alejado del camino de la justicia.

Eso es lo que dice Santiago capítulo 5,

«Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad y alguno le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados» (vv. 19 y 20).

¿Qué cubre una multitud de pecados? El amor. No es fácil acercarte a alguien, a tu hermano o hermana o alguien a quien amas, para decirle, con sumisión y con humildad de corazón, «tal vez estoy equivocada, pero parece ser que este es un problema con el que estás batallando. Estoy agobiada por ti. He estado orando por ti. Quizás no te has dado cuenta de que esta es la forma en que estás comunicando».

Es difícil acercarte a alguien y mostrarle la verdad acerca de su vida, es quizás tan difícil como cuando alguien viene a nosotros para decirnos la verdad acerca de nuestras vidas. Pero nos necesitamos unos a otros.

Tengo una amiga que dice, «el último en darse cuenta de que tiene una rotura en su saco es el hombre que lo tiene puesto».

Por eso es que nos debemos  amar los unos a los otros. Sí alguien está alejado de la verdad, la mayor muestra amor que podemos darle, es acercarnos para decirle, «Déjame ayudarte a ser restaurado. No solamente hablar acerca de esta persona, ¿Puedes creer lo que ella le hizo a su esposo? ¿Puedes creer la forma en que trata a sus hijos? O ¿Puedes creer que fulana de tal hizo esto?»

No vayas donde otra persona. Eso no es muy amoroso de tu parte. Esa es la forma egoísta, orgullosa y arrogante. Lo que demuestra amor es ir directamente a la persona para decirle, «permíteme ayudarte». Te vas a arriesgar a que esa persona te rechace o no te comprenda o que no reciba lo que le vas a decir. Pero ¿sabes qué? Si lo haces en un espíritu de humildad, es muy posible que lo reciba.

Algunas de mis mejores amigas son las personas que me han amado lo suficiente, como para decirme, «aquí está la verdad. Y yo creo que tú la querrás conocer». Duele en ese momento, pero estoy tan agradecida de las personas que me han amado lo suficiente durante mi vida para decirme, «yo creo que querrás estar apercibida de esto».  Para ser honesta, «fieles son las heridas de un amigo» (Prov. 27:6 ).

El amor se regocija en la verdad. Por eso Pablo dice, «...todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad». (Fil. 4:8) Alégrate en la verdad.  Ama las cosas que son buenas y puras y dignas. Ese es el tipo de amor de Dios.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth llamándote a reflejar la hermosura del evangelio al mundo que te rodea. Ella estará de regreso para concluir la enseñanza de hoy y guiarnos en oración.

A la luz de lo que Nancy ha estado compartiendo con nosotras, puedo decirte que yo soy de mecha corta, y de las que culpa las circunstancias… No se a ti, pero hay innumerables cosas que me irritan a lo largo de la semana. Pero es precisamente en esos momentos difíciles donde mi amor, y tu amor, es probado. Y, es una verdadera bendición ser amadas por aquellos que nos confrontan con la verdad, en diferentes áreas de nuestras vidas.

Esta serie nos enseña a todas acerca de la forma en que podemos amar mejor. Y como sucede con todos los temas de la vida, hay que conocer la opinión de un experto. ¿Sabías que Dios es el experto del tema del amor? La Biblia dice que Dios es amor. Así que para aprender a amar, necesitamos conocer lo que Él dice en Su Palabra.

Mañana escucharemos las historias de algunas mujeres que han estado aprendiendo a tratar a otros con amor, aún cuando no ha sido fácil. No te pierdas la continuación de esta serie, «¿Cómo está tu vida amorosa?». Ahora, aquí está Nancy para concluir nuestro tiempo juntas,

Nancy: Entonces, ¿cómo va tu evaluación en esta prueba? ¿Te atreves a abrirles la puerta a los demás para que compartan la verdad contigo acerca de tu vida y de tus necesidades? Se necesita un corazón humilde para recibir ese tipo de corrección.  Pero Proverbios dice que el hombre sabio recibe la corrección y las heridas de un amigo fiel. ¿Sabes discernir entre la doctrina verdadera y el error? ¿O piensas que en realidad no importa lo que las personas creen? «Esa es su creencia, yo tengo la mía». Sí importa. Al amor le interesa la verdad.

¿Estás dispuesta a hablar la verdad con esos que se han alejado de ella, aunque eso implique un rechazo?

Padre, hemos sido amadas por ti de una forma muy increíble. Gracias que Tú no te irritas con nosotras, como bien pudieras hacerlo. Pero día tras día, momento a momento, Tú eres misericordioso y perdonas.  

Oh Señor, constantemente pecamos contra Ti, pero Tú no mantienes un registro de nuestros pecados. Estamos en Cristo. Nuestros pecados son perdonados, y Te has deshecho de ese libro de cuentas, lo has echado en lo profundo del mar.

Oh Señor, llénanos con Tu Espíritu para que amemos en la misma forma en que hemos sido amadas y hemos sido perdonadas. Y perdónanos, Señor, por la forma en que hemos lastimado los espíritus de aquellos que debimos haber amado más, siendo prontas al irritarnos, y manteniendo una cuenta en su contra.

¿Podrías por Tu amor, transformarnos Señor? Eso sería como si Jesús mismo se mudara dentro de nuestros hogares, dentro de nuestros trabajos, dentro de las iglesias, y estuviese amando a los demás a través de nosotras.

Padre, mientras hemos venido observando estas características del amor, sabemos que realmente estamos viendo un retrato de Jesús.

Él amó la justicia.  Él odió la maldad y Tu palabra dice que «por eso Tú le has ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros».

Oh Señor, queremos ese tipo de alegría. Queremos ser como Él. Queremos ser conocidas por amar lo que es justo, por odiar la maldad. Queremos amar lo que Tú amas y odiar lo que Tú odias.

Ahora, Padre, ayúdanos a amar la Verdad. Que podamos regocijarnos en ella. Que nunca te causemos tristeza o que nos regocijemos en la iniquidad. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Procurando alcanzar el amor juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

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