Podcast Aviva Nuestros Corazones

El amor no es jactancioso

Annamarie Sauter: Cuando nos vanagloriamos de nuestras posesiones o de nuestros logros...

No estamos mostrando amor.  

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth autora del libro, «Escoja perdonar», en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Cómo está tu vida amorosa? Hemos estado tomando una prueba para medir la calidad de nuestro amor. Después de la última sesión, alguien vino y me dijo, «estoy fracasando en la prueba del amor», y mi respuesta a esto es, «la gracia es para los fracasos». Por eso creo que todas calificamos.

Annamarie: Así es, todas somos candidatas para recibir la gracia de Dios.

¿Cómo te sientes cuando escuchas a alguien presumir acerca de sus logros? Creo que muchas de nosotras, (si no todas) perdemos el interés cuando vemos el orgullo y la arrogancia en otros, ¿no? Bueno, hoy tomaremos un tiempo para evaluarnos a  nosotras mismas, para reconocer formas en las que hemos sido orgullosas o presumidas. Aquí está  Nancy para continuar con la serie, «¿Cómo está tu vida amorosa?».  

Nancy: Entonces, ¿cómo se supone que debemos amar en la forma que se nos ha ordenado? Amamos con Su amor. Amamos por fe. Reconocemos ante Dios que no podemos amar y le pedimos que ame a través de nosotras.

Déjame leerte otra vez el párrafo que hemos estado viendo en 1 Corintios, capítulo 13, versículos 4-7. Espero que estés memorizando este pasaje para que lo tengas en tu corazón y lo uses como una evaluación, no solo durante esta serie, sino a través de toda tu vida, para entonces poder preguntar, «Señor ¿estoy yo creciendo en la gracia de tu amor?» Veamos esos versículos de 1 Corintios 13:

«El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.  El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue...» (vv. 4-8, NVI)

Hoy veremos las dos siguientes características del amor. Hemos visto las tres primeras.  El amor es paciente; todo lo sufre. El amor es benigno o bondadoso y el amor no es celoso ni envidioso. Ahora, hoy, llegamos a dos que son como gemelas.

Las Escrituras dicen que el amor no se vanagloria, no se jacta, no presume de sí mismo. No hace alarde y el amor no es orgulloso. No es arrogante. Antes que nada, vamos a hablar sobre este asunto de alardear o de presumir. Las Escrituras están diciendo aquí que el amor no se alaba a sí mismo. No hace sonar trompetas por sus propios logros para que otros lo noten.

El amor no presume de sus propios éxitos. De hecho, yo creo que uno de los versículos del Antiguo Testamento que más convicción trae, está en Proverbios donde las Escrituras dicen: «Que te alabe el extraño y no tu boca; el forastero, y no tus labios». (Prov. 27:2)

Ahora, yo no sé tú, pero he descubierto que hay formas engañosas en las que me puedo vanagloriar sin parecer que estoy presumiendo, y usar mi boca aún para espiritualizar las cosas, cosas que Dios está haciendo a través de mi vida, cosas que están pasando en el ministerio. Solamente Dios sabe, si el motivo de mi corazón es el vanagloriarme acerca de mis logros.

Por eso es que Pablo dice en el Nuevo Testamento, «no me jactaré de nada que Dios no haya hecho a través de mí. Él es el que está haciendo el trabajo. No tengo nada de que presumir. Todo lo que tengo es un regalo de Dios, entonces ¿cómo puedo jactarme?»

El amor no es jactancioso. No hace alarde. No presume de sí mismo. No habla con presunción. Esta cualidad es realmente la otra cara de la moneda, sobre la cual hablamos en la sesión anterior; la otra cara de los celos.

Como puedes ver, los celos quieren lo que otra persona tiene, y al presumir, al alardear, estamos tratando de provocar celos en los demás a causa de lo que tenemos. Los celos menosprecian a los demás. El presumir es ponernos a nosotras mismas en el lugar más alto, más elevado.

Lo más interesante de esto, creo yo, acerca de este asunto de alardear, es que es algo que realmente no me gusta ver en otras personas, pero soy muy lenta para verlo en mí misma. ¿Por qué me toma tanto tiempo darme cuenta de que estoy siendo jactanciosa o que estoy alardeando?

Los corintios, para quienes este pasaje fue originalmente escrito querían los dones espirituales más glamorosos. Estaban constantemente compitiendo por la atención pública. Querían que todos reconocieran, «yo tengo este don. Así es como Dios habla a través de mí. Así es como Dios me está usando». Y todo este alarde estaba enraizado en el orgullo. El exaltarnos a nosotras mismas, haciendo alarde de nuestros talentos, de nuestras habilidades, de nuestro conocimiento, de nuestros logros, del deseo de lucir importante, para que los demás piensen que somos espirituales o exitosas o capaces o prósperas, todo eso es orgullo. A veces el presumir toma lugar de maneras muy obvias, en lo que decimos.

Pero en ocasiones nuestro corazón jactancioso puede ser revelado aún por lo que no decimos. ¿Qué me dices de cuando aceptamos el crédito por las cosas que no hicimos o no merecemos, o cuando tratamos de dejar una impresión de nosotras mismas con otras personas que en realidad no es honesta o verdadera?

Si alguien dice algo acerca de nosotras que es negativo, y que nosotras no hicimos, somos muy prontas para defendernos. Pero, ¿qué sucede si alguien dice que nosotras hicimos algo bueno, y nosotras no fuimos las que lo hicimos ni las que merecemos el crédito? ¿Somos rápidas en aclarar, «no, el crédito realmente no me pertenece a mí»?

El ser jactanciosas y vanagloriosas es una tendencia muy natural en nosotras, sin embargo el Señor Jesús es un ejemplo de amor genuino. Él estuvo lejos de tener un espíritu de vanagloria o de jactarse. De hecho, Filipenses capítulo 2, nos dice que cuando Jesús vino a la tierra, Él se despojó a sí mismo, se humilló y tomó forma de siervo.

Él no estaba tratando de levantar su reputación. Él era Dios, pero Él no consideró su igualdad a Dios como algo a qué aferrarse o como algo por lo cual podía presumir. No se aferró a sus derechos como Dios. Él no presumió de quien Él era (vv. 5-11).

Y pienso en todas esas ocasiones en los evangelios en las que Jesús bien pudo haber hecho un discurso acerca de quién Él era, «¿acaso no saben quién Soy?», cuando los demás no lo entendían o no lo reconocían o cuando lo maltrataban. Pero Él nunca fue jactancioso, ni se vanagloriaba acerca del hecho de que Él era Dios porque Él vino aquí a amar, y la jactancia y el amor son mutuamente excluyentes.

¿Presumes de tus habilidades, de tus dones, de tus logros, de lo que tienes?  ¿Disfrutas el decirle a los demás acerca de tus logros, más que escuchar lo que otros han logrado?

Mi papá siempre nos decía, en la medida en que crecíamos: «Cuando tengas una conversación, pregúntale a las personas con quienes hablas, cosas acerca de ellos mismos porque a las personas no les gusta oírte hablar de ti misma. Les gusta hablar sobre ellos».

Y he notado en personas que realmente respeto, que son personas altamente relacionales; que esta es una de las características que este tipo de personas poseen. Te preguntan cosas acerca de ti. No son culpables de siempre estar hablando acerca de ellos mismos.

Pablo continúa diciendo, el amor no solo no presume, no se jacta, sino que tampoco es arrogante. No es orgulloso. Una traducción dice que el amor no se «envanece» (RV). El amor no tiene una idea inflada de sí mismo. Otra traducción dice que no es «fanfarrón» (NTV).

La palabra «fanfarrón» se relaciona con «fanfarria», definida como, «conjunto musical ruidoso, principalmente a base de instrumentos de metal». Esos instrumentos por lo general hacen mucho ruido, atrayendo mucho la atención. Esa es una ilustración que denota aquí a alguien que no es una persona amorosa. Es ruidosa. Alardea. Llama la atención. Es orgullosa. Está envanecida.

De manera que, como hemos visto, la jactancia es la verbalización del orgullo, pero la jactancia o el envanecimiento, ese espíritu inflado, es la actitud de un corazón orgulloso que está sobreimpresionado consigo mismo. Seguramente muchas de nosotras podemos pensar en personas que son arrogantes. Se les nota por encima de la ropa.

No nos gusta estar cerca de estas personas, ¿no es así? Queremos mantener nuestra distancia de ellas. Cuando mi espíritu es arrogante aunque yo sea la última en darme cuenta de que eso es lo que estoy comunicando, esto provoca que las personas quieran mantenerme a distancia, causa que ellas no quieran acercarse a mí.

Las personas por el contrario son atraídas hacia las personas humildes, así como Dios también se acerca a los humildes, pero resiste y mantiene distancia de los orgullosos.

Muchas de nosotras tenemos egos inflados, y esto muy a menudo se nota por la forma en que menospreciamos a los demás. Los menospreciamos porque estamos tratando de inflarnos a nosotras mismas. Proverbios nos dice que por el orgullo vienen las disputas. El amor en cambio edifica al otro, edifica a los demás.

Juan el Bautista era un gran ejemplo de un espíritu de humildad. Él dijo, «viene el que es más poderoso que yo; a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias…  Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya» (Luc. 3:16 y Juan 3:30).

¿Es esta la actitud de tu corazón? ¿Quieres que Jesús sea exaltado? ¿Quieres que Él sea engrandecido, y que las personas que te rodean crezcan? ¿Quieres que sean levantadas? ¿Te preocupas de que otros piensen bien acerca de ellos?, o tienes la actitud de corazón de decir, «debo crecer. Se trata de mi reputación. ¿Quiero que otros me vean; que otros me reconozcan?»

¿Tienes una apreciación correcta de tus fortalezas y tus debilidades, o eres arrogante? ¿Comunicas a otros en tu iglesia, o peor aún, en tu hogar, comunicas una actitud de superioridad espiritual?  

Amigas este es un problema para muchas esposas. Qué gran daño causa esto en las relaciones del matrimonio. ¡Ahora, no estoy diciendo que los hombres no puedan ser arrogantes! A veces, ciertamente lo son. Pero no está bien que una esposa comunique  a su esposo una actitud de, «yo sé más que tú». Quizás ella nunca exprese esas palabras, «soy más inteligente que tú» o, siempre tengo mejores ideas, o siempre estoy corrigiendo y mejorando sus aseveraciones, siempre mejorando cualquier cosa que él hace… ¿Por qué? La razón es porque es arrogante. Está envanecida.

¿Quieres amor en tu hogar? ¿Quieres que tu matrimonio funcione? ¿Quieres que Dios sea glorificado en tu matrimonio? Tú dices, «sí, todo eso sucedería si mi esposo entendiera… si él no fuera tan arrogante». Escúchame, no puedes cambiar a tu esposo, pero por la gracia de Dios, puedes dejar que el amor de Dios llene tu corazón y te haga una mujer humilde.

Annamarie: ¿Estamos muy impresionadas con nosotras mismas? Pidámosle a Dios que sea Él quien llene nuestros corazones.

Nancy estará de regreso en breve, con la segunda mitad de la enseñanza de hoy. Solo queremos recordarte que puedes hacer este mensaje personal con un recurso que hemos preparado para ti. Se titula igual que esta serie, «¿Cómo está tu vida amorosa?».  Es un artículo que puedes descargar ahora mismo como PDF, a través de nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com. Visítanos, descárgalo, y úsalo en la medida en que escuchas esta serie. Este te ayudará a hacer una evaluación de la calidad de tu amor, la clase de amor del que Nancy nos ha estado enseñando. Bien, aquí está ella de regreso con nosotras,

Nancy: Y seguimos viendo 1 Corintios, capítulo 13, y Pablo describe el amor con estas palabras. «El amor no hace nada indebido», (RV) o como lo expresa otra traducción, «No actúa indecorosamente».  Yo creo que la descortesía es una de las características dominantes de la época en que vivimos. Enciendes el televisor ahora y miras los programas más populares y de seguro verás una buena dosis de descortesía.

Verás particularmente a las mujeres en televisión, que son bulliciosas, altaneras, que su comportamiento y sus palabras son sugestivas. Ciertamente, tanto los hombres como las mujeres, ambos pueden ser descorteses, pero yo creo que es particularmente poco atractivo en las mujeres.

El amor tiene buenos modales

El amor es sensible a los sentimientos de los otros

El amor es considerado

Ahora, la descortesía puede presentarse de diversas formas. La falta de amor puede verse en alguien quien es excesivamente vergonzoso. Y tú me dices, «bueno, pero esa persona no es descortés». Pero esa persona pudiera estar en medio de un grupo, y por temor a los hombres, por temor a lo que los demás pudieran pensar de ella, ella simplemente permanece apartada, no alcanza a los demás, no conversa con otros. Y eso es descortesía.

Tal vez no lo haga de una manera cruda o desagradable, pero es el simple hecho de  no estar dispuesta a crear un puente  en la brecha. Personalmente, cuando estoy en una situación donde no conozco a las personas, muchas pensarían de mí como que soy muy extrovertida, pero soy más bien introvertida. Cuando estoy en un grupo grande me cuesta mucho trabajo iniciar conversaciones e introducirme y hacerles preguntas a las personas.

El ser una buena conversadora, el mostrar interés en los demás, es una característica del amor. La persona que es amorosa y que no es descortés, tiene tacto, por lo general es sensible, tiene gracia y es considerada, es detallista y es bien educada.

De nuevo digo, y esto es cierto de todas las características que hemos visto hasta ahora, una  de las áreas donde es muy importante poner esto en práctica es dentro de las cuatro paredes de nuestros propios hogares. ¿Por qué somos tan descuidadas a la hora de hacer pequeños actos de consideración y de atención en nuestros propios hogares? ¿Por qué es que en nuestros hogares decimos cosas que no decimos fuera del hogar, cosas a nuestra pareja, a nuestros hijos, cosas a nuestra compañera de cuarto o cosas a alguien con quien trabajamos muy de cerca en el lugar de trabajo?  ¿Por qué decimos cosas sarcásticas, cosas que son cortantes, y por qué hacemos comentarios desagradables?

A palabras como esas es a las que se refiere Proverbios cuando dice: «hay quien habla sin tino como golpes de espada», como lanzas que entran y que hieren el espíritu. Seguramente, cuando niñas algunas de ustedes escucharon algo que se les dijo que fue descortés. Fue inapropiado, fue poco gentil. Fue algo poco amable y las hirió. Pero cuántas veces usamos nuestras lenguas para herir el espíritu de un esposo, de un hijo o de una hija, sin pensar, y descuidadamente decimos cosas a aquellos con los que vivimos y trabajamos más de cerca; les decimos cosas que no les diríamos a nuestros invitados o visitantes o a aquellos que no conocemos.

Las Escrituras dicen que la gente que escuchó a Jesús hablar estaba asombrada de sus palabras llenas de gracia. Ahora, Jesús tuvo algunas palabras afiladas que decir a algunos… tuvo algunas palabras penetrantes, pero su discurso era lleno de gracia.

Por cierto, madres, es muy importante que estén enseñando esto a sus hijos, y si no se lo enseñas, nadie más lo hará. Enséñales la importancia de un comportamiento apropiado, de los buenos modales. Los modales importan. Yo sé que esto es algo que a muchos no les importa en la cultura que vivimos hoy, pero sí importan porque la esencia de las buenas costumbres consiste en hacer lo que considera al otro, lo que es cortés.

Aun los modales en la mesa; si vas atrás para ver cómo esto se desarrolló, tiene mucho que ver con hacer que las otras personas se sientan cómodas, tiene que ver con lo que ministra bendiciones y gracia a las demás personas. Tus hijos necesitan ser enseñados acerca del respeto a las autoridades, no solamente tener un comportamiento respetuoso hacia ellos, sino respetuosos también en la forma cómo se refieren a las autoridades.

Por cierto, mucho de esto es aprendido con el ejemplo más que con la enseñanza. Si te sientes en libertad de decir con tu boca comentarios que menosprecian a tu pastor o a tu esposo o a tu jefe, no te sorprendas cuando escuches a tu hijo hablar mal de su profesor o de otra autoridad.

Es importante enseñarles a tus hijos a comunicarse. Es muy triste para mí cuando veo jovencitos que no miran a los ojos a los adultos y no saludan o no dicen hola ni mantienen una conversación. Parte del amor es el no ser grosero. Es el actuar con gracia.

Años atrás estaba hablando en una conferencia para mujeres, y durante el receso del almuerzo, (yo estaba enseñando en la mañana y en la tarde),  fui y me senté en una mesa con varias otras mujeres que yo no conocía. Mi mente, y es así cómo puedo justificar lo que sucedió… me estaba preparando mentalmente para la siguiente sesión y estando en ese proceso mental, no estaba conversando mucho en la mesa.

Al final de la conferencia, recibí  una nota de una de las mujeres que estaba sentada a la mesa que me dijo: «La forma como no nos hablaste durante el receso fue tan grosera que no pude escuchar nada más de lo que dijiste en la tarde». Ahora, esa fue una herida muy fiel en este momento.

Eso pasó años atrás, pero ¿sabes qué? no se me ha olvidado. Me di cuenta de que soy una embajadora del amor de Dios a cada momento. Aun cuando estoy pensando detrás de la escena, en momentos oscuros cuando pienso que nadie está prestando atención. La gente está observando. Te están mirando, y la forma en que tratamos con ellos está haciendo un impacto.  

Mi papá deseaba mucho que los hijos de su familia… él nos decía siempre: «Quiero que sean damas y caballeros cristianos». Era muy importante para él el que nosotros tuviéramos buenos modales, el que fuéramos sensibles a las necesidades de otros, y esto es también importante para Dios, porque es la senda del amor.

Ahora, queremos ver otra característica más del amor verdadero. Esta es que el amor no busca lo suyo. «El amor no busca lo suyo». (v. 5)

Supongo que si hubiera un mantra para nuestra cultura, sería, «hazlo a tu manera».  Haz lo que quieras... y este concepto es lo que está en la raíz de nuestra naturaleza humana caída, ¿no es cierto? El querer hacer las cosas a mi manera. Por naturaleza buscamos nuestro propio interés, nuestros propios derechos, nuestra propia gloria.

Los corintios también tenían este problema. No compartían sus alimentos en los banquetes de amor. Eran protectores de sus derechos hasta el punto de llevar a sus compañeros creyentes a las cortes de leyes paganas. Querían los mejores dones espirituales para sí mismos. Buscaban su propio beneficio, pero si somos honestas, nosotras también hacemos lo mismo.  

Recientemente escuché la historia de una mujer quien había dejado a su esposo y a cuatro de sus hijos más jóvenes para mudarse al extremo opuesto del país donde vivía, para ella avanzar su educación universitaria. ¿Qué es lo que ella está haciendo? Ella ha dejado su esposo. Dejó sus hijos y no solo por un corto período de tiempo. Como resultado de esto su pareja se divorció.

Ahora, en esta situación, hay culpabilidad también del esposo. Pero aquí tenemos a una mujer que ha dejado sus hijos. ¿Por qué? Para hacerlo a su manera, para así buscar su propios intereses y sus metas.

El apóstol Pablo nos dice en Filipenses, capítulo 2, «No solo busques tu propio interés,  busca los intereses de los demás» (v. 4, parafraseado). Pablo continúa diciendo: Quiero enviar a Timoteo para que los visite...«Pues a nadie más tengo del mismo sentir mío y que esté sinceramente interesado en vuestro bienestar. Porque todos buscan sus propios intereses, no los de Cristo Jesús» (vv. 20-21).

¿No es Jesús exactamente lo opuesto? Él abandonó sus propios caminos, sus propios intereses, Su gloria en el cielo para poder venir a esta tierra, para entregar su vida por nosotros. ¿Hubiese Él ido a la cruz por nosotras si hubiese estado preocupado por sus propios intereses? Jesús vino, no para ser servido sino para servir.  Él nunca buscó su propio beneficio. Él siempre buscó el beneficio de los demás.

Entonces, ¿cómo vas tú en esta prueba? ¿Conscientemente buscas el beneficio de los demás, el interés de otros por encima de tus propios intereses, o te proteges a ti misma, proteges tu tiempo, tus derechos, tu reputación, tu propio camino?

Piensa en tus relaciones en el trabajo, en el hogar, con tu compañera de cuarto, quizás. ¿Insistes en que los demás hagan las cosas a tu manera?

Pienso en unas amistades que tengo, el esposo piensa que cuando estás trabajando en la cocina debes sacar una cosa a la vez y luego ponerla en su lugar antes de sacar otra cosa. A la esposa, por otra parte, le gusta sacar todos los ingredientes, todas las cosas que ella necesita.

Bien, al esposo esto le molestaba mucho porque a él le parecía que de esa forma había mucho desorden. Pero para la esposa la forma en que él lo hacía era ineficiente. Ahora, ¿cómo aprendió esta pareja a caminar juntos en amor? Aprendieron a decir, «no tiene que ser como yo quiero. Como tú lo haces está bien también». Aprende a ceder. Aprende a ceder y a no tener que hacer las cosas a tu manera.

Annamarie: Esta es Nancy de Moss de Wolgemuth invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana, sino a tener una vida fructífera en Cristo. Ella regresará para orar.

«El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo». Esta es la porción de la Escritura que hemos estado estudiando en los últimos programas, como parte de la serie, «¿Cómo está tu vida amorosa?»

De seguro que hoy mismo tendrás muchas oportunidades para ceder, para dejar que las cosas se hagan a la manera de otra persona. La enseñanza de hoy de Nancy ha sido muy práctica, y en la medida en que adquiramos la perspectiva bíblica del amor, esta nos irá afectando momento a momento, día tras día.

Mañana, descubre por qué el amor no se irrita. Ahora aquí está Nancy para orar con nosotras,

Nancy: Oh Padre, cómo te agradecemos que Jesús estuvo dispuesto a rendir Su voluntad, a ceder Sus derechos, Su propia reputación y a sacrificar Su vida para venir a servirnos para que pudiéramos tener vida eterna. Señor, te confesamos que naturalmente nosotras tendemos a querer nuestro propio camino y también que somos naturalmente descorteses y que actuamos en formas que no son apropiadas para los hijos de el Rey.

Oh Señor, al terminar esta sesión, permite que la forma como nos comportemos sea sensible, que tengamos corazones tiernos, corazones listos para servir a los demás, bondadosos, rendidos, amorosos, que seamos Tus siervas y que seamos siervas de los demás, para Tu gloria. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Procurando alcanzar el amor juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.