Débora de Rivera: Sea lo que sea que estés haciendo, Jesús está contigo en este momento. En el episodio de hoy, Nancy DeMoss Wolgemuth explica por qué entender esto es tan importante.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Si Dios está contigo, si Jesús es tu Emanuel, entonces lo que estás haciendo, sea lo que sea, en tu lugar de trabajo, en tu hogar, en la iglesia, en tus relaciones, es una oportunidad para que la gloria de Dios se manifieste en cada situación.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 12 de octubre de 2026.
La semana pasada dimos inicio a una serie titulada «La maravilla de Su Nombre». En esta estamos explorando 32 nombres de Jesús, y el día de hoy Nancy nos hablará del nombre «Emanuel».
Nancy: Hemos llegado hoy a un nombre en …
Débora de Rivera: Sea lo que sea que estés haciendo, Jesús está contigo en este momento. En el episodio de hoy, Nancy DeMoss Wolgemuth explica por qué entender esto es tan importante.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Si Dios está contigo, si Jesús es tu Emanuel, entonces lo que estás haciendo, sea lo que sea, en tu lugar de trabajo, en tu hogar, en la iglesia, en tus relaciones, es una oportunidad para que la gloria de Dios se manifieste en cada situación.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 12 de octubre de 2026.
La semana pasada dimos inicio a una serie titulada «La maravilla de Su Nombre». En esta estamos explorando 32 nombres de Jesús, y el día de hoy Nancy nos hablará del nombre «Emanuel».
Nancy: Hemos llegado hoy a un nombre en esta serie sobre un nombre, un nombre del que hoy en día se oye hablar frecuentemente en Navidad. Creo que es un nombre del que deberíamos hablar durante todo el año. Es el nombre «Emanuel». «Dios con nosotros».
Y como un dato interesante, cuando empecé a estudiar este título de Jesús, me di cuenta de que no hay mucho de él en la Escritura. El nombre solo aparece una vez en el Nuevo Testamento y en dos pasajes del Antiguo Testamento que vamos a ver en el día de hoy. Pero es un tema que se mantiene durante toda la Escritura. Espero que este nombre tome un nuevo significado para todas nosotras al contemplar lo que significa conocer a Jesús como Emanuel.
Ahora quiero comenzar con la referencia del Nuevo Testamento a este nombre, y se encuentra en el evangelio de Mateo, capítulo 1. ¿Te acuerdas de que María y José estaban comprometidos para casarse, y después María resultó estar embarazada, y el ángel se le apareció a José en un sueño y le dijo que no tuviera temor; que no tuviera miedo de tomar a María como su esposa, y que el niño que ella llevaba en su vientre había sido concebido por el Espíritu Santo?
Y entonces llegamos a Mateo 1:21, donde el ángel dice:
«Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
Ese es el nombre que vimos anteriormente, el nombre de Jesús. Pero continúa en el versículo 22, y dice:
«Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel (que significa: Dios con nosotros)”» (vv. 21-23).
Ahora, por lo que sabemos, Jesús nunca se llamó a Sí mismo «Emanuel», ni nunca nadie lo llamó así. Este no es Su nombre en el mismo sentido de que «Jesús» es Su nombre. Esto es más bien un título o una descripción de lo que Él es. Pero todo lo que este nombre significa se cumplió, halló su cumplimiento en Jesús.
Esta profecía a la que se refiere ese ángel en Mateo, capítulo 1, fue hecha 700 años antes. La puedes encontrar en el libro de Isaías, capítulo 7. Así que, si tienes una Biblia contigo, déjame animarte a que busques el libro de Isaías, ya que vamos a pasar la mayor parte del tiempo en Isaías 7 y luego en Isaías 8 también.
Déjame darte un poco del contexto: al adentrarme en este pasaje, me di cuenta que tenía que hacer un poco de investigación para averiguar lo que estaba pasando aquí. ¿De qué está hablando? Y permíteme decírtelo en pocas palabras. El rey del reino del norte de Israel y el rey de Siria habían formado una coalición para oponerse a la superpotencia de Asiria que estaba tomando el mundo en ese momento.
Así que los reyes de Israel y de Siria, que se habían unido, fueron a Acaz, que era el rey de la nación del sur, el rey de Judá, y le pidieron que se uniera a su coalición-- que se uniera a ellos para ir en contra de Asiria. Y ellos dijeron que si Acaz se negaba, iban entonces a atacar a Judá e iban a reemplazar a Acaz como rey.
Acaz, el rey de esta nación del sur de Judá, no era un hombre de Dios a pesar de que él tuvo un abuelo piadoso. Pero sabía que no tenía bases para reclamar la liberación o la protección de Dios de Asiria ni de esta coalición de reyes. Él estaba aterrorizado. Isaías 7, versículo 2 dice: «Y se estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo como se estremecen los árboles del bosque ante el viento».
Así que Dios envía un profeta, Isaías, al encuentro de Acaz, y le anima y le dice: «No tengas miedo». Y le dice a Acaz que el Señor planea derrotar a Siria y a Israel, y que Acaz debe confiar en que el Señor lo librará. El profeta anima a Acaz a pedir una señal de que Dios iba a confirmar esa promesa. Pero Acaz dice: «No, yo no quiero una señal».
Él no estaba dispuesto a poner su confianza o su seguridad en el Señor. De hecho, vemos en otro pasaje —un pasaje paralelo en 2 Reyes— que en su corazón, Acaz ya había planeado aliarse con Asiria. (Ver 2 Reyes 16:5-9) Él iba a llegar a Asiria y les diría: «En vez de la conquista, quiero unir fuerzas con ustedes». Así que tienes todas estas cosas políticas sucediendo en medio de todas estas naciones.
Luego Isaías dijo a Acaz en el versículo 13: «¿No les basta con agotar la paciencia o cansar a los hombres, que también cansaréis a mi Dios? Por lo tanto, el Señor mismo os dará una señal. He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel» (Isaías 7:13-14).
Isaías le dice a este malvado rey Acaz, quien no confiaría en el Señor, le dice: «Tú no quieres una señal, pero Dios te va a dar una señal de todos modos. Y Él va a hacerlo no solo por causa tuya, sino también por causa del pueblo de su pacto, y por el bien de toda la casa de David».
Le dijo a Acaz que una joven, una virgen, iba a concebir e iba a dar a luz a un hijo. Entonces verás en los versículos 15 y 16 que, mientras este niño era todavía joven, los dos países a los cuales Acaz les tenía miedo mortal, Israel y Siria, ellos serían eliminados como una amenaza. De hecho, unos años después de esta profecía, Asiria barrió y derrotó a Siria, la única nación de la que Acaz tenía miedo, y a los doce años de esta profecía, Israel cayó ante Asiria. Así que la profecía se hizo realidad en los días de Acaz.
Ahora, hay una gran cantidad de opiniones diferentes e interpretaciones entre los comentaristas acerca de quién era esta mujer que iba a dar a luz un hijo, a este hijo llamado Emanuel. Y esta es la conclusión a la que hemos llegado: no lo sabemos, no podemos saber con seguridad. Porque hay un montón de ideas diferentes acerca de quién pudo haber sido. Pero sí sabemos que este niño iba a ser una señal de que Dios estaba con Su pueblo y que sería la presencia de Dios la que traería alivio y liberación.
Esa fue una promesa de que la nación de Judá —a pesar de que tenía un rey malvado y la mayoría de las personas en esa nación tenían un corazón también malvado—, la nación de Judá y la línea real de David no se iban a extinguir, sin importar cuántos reyes y naciones amenazantes hubiera a su alrededor. Sino que ellos, de hecho, iban a tener un futuro glorioso, a pesar de que las cosas se vieran muy mal en ese momento.
Pero aquí está el punto clave para nosotros, para nosotrassaber. Esta fue una señal, no solo para Acaz y para aquellos que vivieron en los días de Isaías, sino que el Emanuel que nacería ese día estaba destinado a ser un tipo, una señal para nosotros. Era un tipo que se cumpliría 700 años más tarde, cuando otro niño llamado Emanuel nacería de una virgen en Belén. Y así como esa profecía en Isaías, capítulo 7, versículo 14, la profecía sobre Emanuel es, de hecho, una profecía mesiánica.
Tú dirás: «Pero… ¿Cómo sabemos eso?». Bueno, lo sabemos porque en Mateo, capítulo 1, que leemos al inicio de esta sesión, el ángel dice que este niño que va a nacer de María es un cumplimiento de la profecía de Isaías. Así que en el Nuevo Testamento nos dice de lo que Isaías estaba hablando, que el niño que María tendría en Belén era el niño profetizado antes en Isaías 7:14: Emanuel, Dios con nosotros.
Ahora, hay una serie de implicaciones de este título que se le dio al bebé llamado «Emanuel». Primero, sabemos que este bebé nacido en Belén era Dios. Jesús es Dios; Él es Dios con nosotros. Este es Dios que viene a la tierra en carne humana, y eso es lo que celebramos en la encarnación de Jesús, que Él vino a la tierra. Dios vino a la tierra en la forma de este bebé llamado Jesús.
Juan 1 lo dice de esta manera: «En el principio era el Verbo…». Hablamos de ese nombre de Jesús la semana pasada. «…y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Y el Verbo se hizo carne [y gloria a Dios por eso] y habitó entre nosotros» (Juan 1:1, 14). Y así tenemos un Dios que no está de ninguna manera lejos, que no es una deidad distante, sino un Dios que está con nosotros donde estemos: un Dios que vino a compartir las experiencias de nuestras vidas y de nuestra humanidad.
Esta promesa: «Yo estoy con vosotros»; esta promesa que Dios nos da, «Yo estaré con ustedes», es una promesa que se encuentra a todo lo largo de la Palabra de Dios. De hecho, en estos últimos meses, como he estado leyendo a través de toda la Biblia de nuevo, he estado tomando notas y llevando una lista de todos los pasajes donde aparece esta promesa: «Yo estoy con ustedes». Yo estaré con ustedes. Lo que está bien claro es que, cualquiera que hubiera sido la necesidad del momento, esta era la respuesta de Dios: «Yo estoy con vosotros. Yo estaré contigo».
Permítanme darles algunos ejemplos. En Génesis, capítulo 26, leemos cómo Isaac se movía de un lado para otro, tratando de mantener a su familia en medio de una hambruna y de contiendas sobre los derechos del agua. Y vemos a continuación, en el versículo 24 de Génesis 26, que dice: «El Señor se le apareció… y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre Abraham. No temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré”» (Génesis 26:24).
Y luego vemos que el hijo de Isaac, Jacob, manipuló y engañó para obtener la primogenitura de su hermano y obtener la bendición de su padre. En Génesis 28 vemos que Jacob huye de su hermano enemistado porque teme por su vida. Dios se aparece a Jacob en un sueño, y le dice: «He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que vayas, y te traeré de vuelta a esta tierra» (Génesis 28:15).
Éxodo, capítulo 3: «Moisés le dijo a Dios: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque a los hijos de Israel de Egipto?” Dios dice: “Yo estaré contigo”» (Ex. 3:11-12). Esa es la promesa una y otra vez.
Moisés les dice a los israelitas mientras ellos se están preparando para estar en la Tierra Prometida: «[El Señor] estará contigo; él no te dejará ni te desamparará. No temas ni desmayes» (Deut. 31:8). Lo que sea que estés pasando, cualesquiera que sean tus temores, sean cuales sean tus circunstancias, no tengas miedo. Dios está contigo. Dios estará contigo. Dios va contigo.
Dios le dijo a Josué en Josué 1:
«Así como estuve con Moisés, en Josué 1, así estaré contigo. No te dejaré ni te abandonaré… Sé fuerte y valiente. No te asustes, y no desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas» (Josué 1:5, 9).
Jueces, capítulo 6, ¿te acuerdas de Gedeón, que se sentía totalmente incapaz e inadecuado para ir en contra de las fuerzas de Madián?
El Señor le dijo: «Tú derrotarás a los madianitas como si fueran un solo hombre, porque yo estaré contigo». (Jueces 6:16).
[Y entonces Dios le dice a Jeremías.] «Pelearán contra ti, pero no te podrán vencer, porque yo estoy contigo para salvarte y librarte, dice El Señor». (Jer 15:20).
«Dios con nosotros». Esa es nuestra mayor necesidad. En cada circunstancia, en cada situación en la vida, saber que Dios está con nosotros. Y aquí está la buena noticia del evangelio: que Jesús es Emanuel, «Dios con nosotros». Como Dios estuvo con su pueblo en el Antiguo Testamento, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Josué, Gedeón, Jeremías, así Dios está con aquellos que conocen y confían en Jesús.
Entonces, ¿qué diferencia hace eso en tu vida y la mía aquí hoy-en tus circunstancias o en las mías? Bueno, si conocemos a Jesús como Emanuel, eso hace toda la diferencia del mundo. Si tienes a Jesús, Emanuel, Dios está contigo. Eso significa que si tú vives en un pequeño apartamento, la presencia de Emmanuel transforma ese pequeño espacio en un palacio porque Jesús está contigo, Dios está contigo.
Emmanuel, Dios con nosotros transforma momentos ordinarios y tareas cotidianas en oportunidades para que la gloria de Dios se manifieste. Algunas de ustedes están pensando: Me gustaría poder tener el tipo de ministerio que ella tiene. Deseo ser realmente usada por Dios. Escúchame, si tú estás criando tres niños en casa, si Dios está contigo, si Jesús es tu Emanuel, entonces lo que estás haciendo, sea lo que sea, en tu lugar de trabajo, en el hogar, en la iglesia, en tus relaciones, esa es una oportunidad para que la gloria de Dios se manifieste.
En cada situación, en cada etapa de la vida, en cada circunstancia, en cada conversación que tienes, en cada reunión de creyentes, Dios está con nosotros. Y eso lo afecta todo! En ese ambiente de trabajo profano donde tú eres la única creyente, Dios está contigo. Cuando estás viendo Facebook, cuando estás navegando por Internet, Dios está contigo, es Emanuel. Cuando tus deudas son mayores que tus ingresos, Dios está contigo. Cuando estás despierta en el medio de la noche alimentando a un recién nacido o cuidando de un niño enfermo, Emanuel, Dios está contigo.
Cuando estás de pie junto a la tumba de ese ser querido, si conoces a Emanuel, Dios está contigo. Cuando te sientes totalmente inadecuada, incompetente para hacer lo que Él te ha llamado a hacer, si conoces a Jesús como Emanuel, Dios está contigo. Si eres mujer soltera o viuda, y te sientes sola, no estás sola, Dios está contigo.
Cuando tienes miedo de lo que te podría suceder, Dios está contigo. Vamos a hablar más adelante en esta serie acerca de cómo Jesús es el «Dios poderoso» que está contigo. Cuando tu corazón se está rompiendo y está triste, Dios está contigo. Su presencia te puede dar la alegría en medio de ese valle, de ese difícil viaje tan difícil. Cuando no sabes qué dirección tomar o por dónde ir o qué hacer, si conoces a Jesús como Emanuel, Dios está contigo y eso quiere decir que Dios es tu guía.
Escuché hace poco al pastor David Platt hablar en la Semana de Fundadores de Moody. Estaba escuchando por Internet, y me encanta esta línea. Él dijo: «Los seguidores de Jesús no siempre saben a dónde van, pero ellos siempre saben con quién están». Amén.
Si tienes a Jesús en tu vida, tienes a Dios en ti y contigo; si conoces a Emanuel, si conoces a Jesús y Dios está contigo, entonces puedes ser libre del temor. Tú puedes tener el valor para dar el paso de fe, de obedecer a Dios, para cumplir Su llamado y Su misión para tu vida. Es Emanuel, Dios con nosotros, que nos permite hacer lo que Él nos ha llamado a hacer, porque Dios está con nosotros.
Él es el que ha dicho: «Nunca te dejaré ni te desampararé» (Hebreos 13:5). Y eso significa que si tienes a Emanuel, si conoces a Jesús como tu Emanuel ahora, eso significa que por toda la eternidad, Dios estará contigo, y tú estarás con él.
Ahora, hemos visto el nombre «Emanuel» en Mateo, capítulo 1, y en Isaías, capítulo 7, pero hay otro lugar en el que aparece ese nombre, y es en Isaías, capítulo 8. Así que déjame pedirte que simplemente pases la página hasta el próximo capítulo. Este es un pasaje que no es tan conocido, pero es realmente hermoso a la luz de lo que acabamos de ver.
Isaías 8, comenzando en el versículo 6, habla de dos categorías de personas. Quiero cerrar este nuestro tiempo reflexionando sobre eso. En los versículos 6 al 8, Dios habla a Su pueblo, y después en los versículos 9 y 10, Isaías habla de los asirios. Ambos grupos tienen que saber algo acerca de Emanuel.
En primer lugar, en los versículos 6-8, Dios habla a Isaías sobre su pueblo en Judá, el cual es visto aquí como la tierra de Emanuel, la tierra de Dios con nosotros. En Isaías 8, versículo 6, Dios dice: «Por cuanto este pueblo ha rechazado las mansas corrientes de Siloé…». Ahora permíteme detenerme aquí por un momento.
«Las aguas de Siloé». Siloé era un arroyo que abastecía de agua a la ciudad de Jerusalén, la capital de Judá. Y esa corriente, las «aguas de Siloé», era un símbolo de la dependencia del pueblo de Dios. Él era el que suplía sus necesidades, quien saciaba su sed; Él fue su proveedor.
Pero en vez de confiar en Dios para que le ayudara y para ayudar a la gente en problemas, Acaz, el rey de Judá, pidió a la nación impía de Asiria venir a su rescate. Acaz y el pueblo de Dios rechazaron las tranquilas aguas de Siloé. Eso significa que ellos se negaron a que Emanuel los ayudara. Dios les dijo: «Yo soy tu Emmanuel. Tú eres la tierra de Emanuel. Yo estoy contigo. Llámame. Clama a mí».
Pero ellos dijeron: «No, no, Tú no eres suficiente. No creemos que tú puedas ayudarnos». Rechazaron las tranquilas aguas, la provisión de Siloé, la provisión de Emanuel.
Y así Dios dice: «Porque este pueblo ha rehusado las aguas de Siloé, que fluyen mansamente, por lo tanto, [versículo 7:] el Señor va a traer sobre ellos las aguas impetuosas y abundantes del Éufrates». Ahora, fíjate que dice, hablando del «río» Éufrates, que son aguas abundantes e impetuosas; es Dios quien está trayendo contra ellos esas aguas poderosas e impetuosas… Y entonces Dios nos dice quién es este río: «…el rey de Asiria con toda su gloria» (v. 7).
Dios le estaba diciendo que la nación de Asiria, a los que Acaz se había vuelto en busca de ayuda, que Asiria sería como el gran río Éufrates, un rugido poderoso, un río caudaloso que desbordaría sus riberas y devoraría a la nación de Judá. «Que saldrá de todos sus cauces y pasará sobre todas sus riberas; fluirá con ímpetu en Judá, inundará, y seguirá adelante hasta el cuello llegará. Y la extensión de Sus alas extendidas llenará la anchura de tu tierra, ¡oh Emanuel!» (vv. 7-8).
Esta es la tierra de Emanuel, la tierra de Dios con nosotros. Pero ellos rechazaron las aguas mansas que fluyen de Siloé. Rechazaron la ayuda de Emanuel y en lugar de ello dijeron: «Vamos a volvernos a Asiria por ayuda».
Y dijo Dios: «¿Quieres ayuda de Asiria? Te diré lo que va a suceder. Asiria será como la gran corriente del río Éufrates que barre a su paso y que vendrá sobre ustedes, y se desbordará y los inundará y los destruirá».
Este es el punto para el pueblo de Dios. Si nos negamos a mirar a Emanuel, a las mansas aguas de Siloé, para que sea nuestra fortaleza, nuestra ayuda, nuestra defensa, nuestra provisión, entonces, en última instancia, vamos a ser absorbidas por las fuerzas impías en las que hayamos puesto nuestra confianza.
Si tú buscas ayuda en el mundo, el mundo finalmente te tragará. Si buscas a Emanuel para que te ayude, vas a obtener esas aguas apacibles de Siloé, todo lo que tú necesitas, incluso cuando ese ejército asirio te esté respirando en la nuca. Lo que me lleva a preguntarte: ¿En quién estás confiando? ¿Es Jesús tu Emanuel, y lo estás buscando a Él para satisfacer tus necesidades?
Bueno, en los versículos 9 y 10 hay otra palabra. El profeta Isaías da una advertencia a Asiria y esta es una advertencia para todos los que se oponen al pueblo de Emanuel. Él dice en el versículo 9: «Quebrantaos, pueblos, que seréis destrozados; prestad oído, confines todos de la tierra; ceñíos, que seréis destrozados; ceñíos, que seréis destrozados. Trazad un plan, y será frustrado…».
La implicación es que aquí estas naciones de Asiria y todas esas otras naciones están hablando en contra del pueblo de Dios. Ellos están tomando consejo contra el pueblo de Dios… Pero no se realizará; propongan su plan, pero no se realizará [¿por qué?] porque Dios está con nosotros. Esa es la palabra en el hebreo, «Emanuel».
Cualesquiera que sean tus amenazas, ellas serán vueltas en nada por Emanuel, Dios con nosotros. Asiria era el poder más feroz del mundo en esos días, pero en última instancia «se volvió nada» y todas sus amenazas contra el pueblo de Dios no prevalecieron porque Dios estaba con y por su pueblo.
Escucha, hay una gran cantidad de enemigos que amenazan hoy al pueblo de Dios. Tú puedes estar enfrentando circunstancias o personas que infunden miedo a tu corazón. El consejo de la Palabra de Dios hoy es: «No tengas miedo. No desmayes. Ten buen ánimo. Recuerda que Dios está contigo. Emanuel. Fija tus ojos en Él, en Jesús. Él es tu protector. Él es tu proveedor. Y recuerda que todos los que Lo resistan, todos los que se oponen a Su pueblo se volverán nada. Y aquellos que ponen su esperanza en Él nunca serán avergonzados».¿Amén? Amén.
Débora: Has estado escuchando a Nancy DeMoss Wolgemuth explicarnos el nombre Emanuel, el cual es másque una linda palabra para pronunciar en Navidad. Tiene mucho significado para nuestra vida cotidiana.
Esta serie completa tiene el propósito de ayudarnos a que los nombres de Jesús cobren vida. Porque seguramente has escuchado varios de estos Nombres por muchos años, pero esta serie tiene la intención de ayudarte a entenderlos de manera más profunda; y de ayudarte a entender cómo este conocimiento afecta tu vida en términos prácticos.
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Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.
Dawn Wilson, Lindsay Swartz y Darla Wilkinson contribuyeron de manera significativa con la investigación para esta serie.
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