Aviva Nuestros Corazones Radio

Ministrando a los cinco sentidos

Carmen Espaillat: La hospitalidad tuvo un gran impacto en su familia.

Devi Titus: Él rápidamente respondió: «Ah eso es fácil, mami. Lo que más me impactó y formó mi vida y determinó mis decisiones, fueron las personas que tú y papá invitaron a nuestro hogar».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Si nos has estado sintonizando durante los últimos días, te habrás dado cuenta de que hemos estado escuchando algunos testimonios a lo largo de esta serie, «El corazón de la hospitalidad». Algunas mujeres han estado compartiendo con nosotras sus experiencias en el área.

Antes de escuchar el testimonio de hoy, aprovecho para recordarte que este año se llevará a cabo la conferencia True Woman o Mujer Verdadera, los días 27, 28 y 29 de septiembre. Infórmate de los detalles a través de nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com.

La mujer de la que escucharemos hoy habló precisamente en una conferencia Mujer Verdadera pasada, acerca del tema de la hospitalidad. Este tuvo un gran impacto en su familia.

Escucha a Devi.

Devi Titus: Mientras preparaba un material para enseñar, llamé a mi hijo, un joven doctor que enseña por todos los Estados Unidos y le pregunté: «Aaron, mientras crecías, en nuestro hogar ¿de todas nuestras costumbres familiares, cuál podrías decir que  tuvo un mayor impacto en tu carácter, en tu vida, en tus decisiones, y en tu vida espiritual?».

Yo estaba esperando una respuesta en particular, porque quedaría muy bien con lo que yo estaba escribiendo, pero él no la dijo.  Él dijo rápidamente: «Ah, eso es fácil, mami».

Yo dije: «¿Lo es? Yo sabía que él iba a decir cómo era que nosotros celebrábamos las Navidades. Eran algo espectaculares. La verdad es que, yo lo hacía por mí, no por ellos. A ellos no les interesaban los árboles de Navidad glamorosos y bellos. Él quería uno con luces de colores, no todo de luces blancas. Yo aprendí esto, desafortunadamente, un poco tarde».

Él rápidamente respondió:  «Ah eso es fácil, mami.  Lo que más me impactó y formó mi vida y determinó mis decisiones, fueron las personas que tú y papá invitaron a nuestro hogar».

¿Quienes eran estas personas? A nuestra casa, llegaban personas que acababan de salir de la cárcel. Nosotros éramos como un segundo hogar para ellos. A veces, en aquellos días, en los años setenta, eran aquellos viajeros que pedían un aventón en las carreteras para que alguien los recogiera. Porque la Palabra de Dios dice que debemos incluir extraños, no solo personas de nuestra iglesia o nuestros familiares. Nosotros debemos incluir a los viajeros y a los extranjeros, y esto incluye personas de otras razas, culturas, y costumbres.

Y mi hijo dijo que eran desde prisioneros hasta misioneros, personas de todos los estilos de vida que llegaban a nuestra casa de tiempo en tiempo. «Eso fue lo que formó mis valores. Eso fue lo que hizo del evangelio algo real para mí».

Con razón la hospitalidad es una calificación para el liderazgo espiritual; porque la hospitalidad hace tanto para ti, como servidora, como lo hace para aquellos que entran en tu entorno.

Carmen: A lo largo de esta serie hemos escuchado enseñanza práctica de parte de Nancy DeMoss de Wolgemuth. Hemos estado aprendiendo cómo abrir nuestros hogares a otras personas, y no solo las puertas de nuestros hogares, sino también nuestros corazones.

Invitar a alguien a tu hogar puede ser un acto importante de alabanza al Señor. Nancy nos ha estado explicando esto durante los últimos programas. Si te has perdido alguno, escúchalo o lee la transcripción en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Hasta ahora, nos hemos enfocado en la actitud del corazón que abraza la hospitalidad.  Hoy Nancy nos ayudará a ver cómo hacer que nuestros invitados se sientan bienvenidos, en términos prácticos.

Nancy: No podemos hablar de la hospitalidad, como lo hemos estado haciendo durante los últimos programas, sin mencionar la atmósfera de la hospitalidad y cómo crear un ambiente donde las personas sean alentadas, edificadas y cuidadas.

No sé si empezar primero por lo físico o por lo espiritual. Definitivamente, el ambiente espiritual en una atmósfera es lo más importante; pero tú sabes, lo primero que ven tus invitados, es lo físico. Lo primero que ellos ven, es cómo se ve tu casa.

Así que hablemos de eso primero, y recuerda que la atmósfera física en nuestro hogar comunica algo. Piensa en tu casa. Piensa cómo la dejaste esta mañana. ¿Esa atmósfera comunica caos y desorden, o comunica paz, sencillez, belleza, sensibilidad, alegría y honra a tus invitados?

Ahora, esto no significa que tu casa (o la mía, sinceramente la mía no siempre está así), siempre esté perfectamente presentable para los invitados. Pero yo trato de mantener algunas áreas de la casa, de manera que cuando llegue una visita, yo no sienta que deba abrirles el paso rápidamente para que puedan caminar y encontrar un lugar donde sentarse.

Tú dirás: «¿Por qué esto es importante?» Bueno, anoche estuve pensando acerca de lo mucho que la Escritura habla de la atmósfera física.

Si vas al Antiguo Testamento y estudias el tabernáculo, verás que allí había orden y belleza; porque era el lugar donde el pueblo de Dios podía encontrarse con Dios. Tú quieres que tu hogar sea como un santuario. Tú quieres que sea un lugar donde las personas puedan tener un encuentro con la presencia del Señor.

Recuerdo una señora que asistió a un estudio bíblico que estuve haciendo en mi casa por un tiempo. Y una vez me dijo: «Me encanta venir a tu casa porque siento que Dios está aquí».

No era solo el estudio bíblico, y te diré que mi casa no es lujosa. Y trato de mantenerla sencilla, pero había algo que ella notó en mi casa, y parte de eso tenía que ver con el ambiente físico, la atmósfera.

Por ejemplo, alrededor de mi casa tengo muchos cuadros colgados en las paredes, son piezas enmarcadas con versículos bíblicos. Y sé que debes colgar algo en las paredes; ¿pero por qué no colgar algo importante, algo que atraiga a las personas al mensaje de Cristo, a su evangelio y a sus caminos?

Hay muchas cosas en el libro del Apocalipsis que hablan de visiones y sonidos en el cielo. Y pienso que esto tiene un propósito. Dios quiere que nosotras anhelemos Su hogar. Hay colores en el cielo. Hay belleza en el cielo. Hay música en el cielo.

La meta en nuestros hogares, debe ser la de crear un anhelo en el corazón de las personas por ese hogar celestial; hacer que ellos quieran estar en la presencia del Señor.

Ahora, la tendencia es la de irnos a los extremos en nuestros hogares. Uno de los extremos es estar obsesionadas con las cosas materiales, las cosas físicas, la limpieza, el orden, a tal punto que no disfrutemos de las personas.

El otro extremo, es el de no poner atención a lo físico. Debo decirte, que estuve en un par de casas en los últimos días, donde lo que se comunicaba me hacía sentir incómoda, porque la casa estaba muy desordenada.

Y sé que si tú tienes niños pequeños, habrá algunos días que tu casa estará desordenada. No tienes que disculparte por eso. Pero si ese es el estado constante de tu casa. . . Si no se hace una limpieza básica en tu hogar de vez en cuando, entonces debes saber que tus invitados se van a sentir un poco incómodos, porque no le has puesto atención al asunto de la limpieza.

Ahora, refiriéndonos a la atmósfera física en nuestros hogares, para crear un ambiente donde las personas se sientan motivadas, una de las cosas que trato de hacer en mi casa, es pensar: «¿cómo puedo ministrar a los cinco sentidos que Dios le ha dado a las personas?» Él nos dio estos cinco sentidos por alguna razón. Para que nosotras los disfrutemos, y es el medio por el cual podemos llegar al alma y al corazón de las personas que es la meta principal.

Así que pienso por ejemplo en el regalo de la vista, el sentido de la vista. Nosotras ministramos al sentido de la vista con la iluminación en nuestros hogares. Algunas veces, cuando tengo compañía me gusta prender velas. Esto no es solamente para iluminar, sino para ambientar, porque que son velas con fragancias.

Y tengo una chimenea artificial, que es de gas, solo hay que presionar un botón y ya, está encendida. Claro que no es lo mismo que una chimenea para quemar madera, pero durante el invierno, a mí me gusta prender la chimenea. Crea una atmósfera de luz en el hogar que puede ser acogedora.

Ya mencioné el colocar Escritura en las paredes, colgar piezas con versos bíblicos. Y conozco personas que han hecho esto con plantillas, y de muchas otras formas creativas, incluso escribiendo en las paredes de sus casas, versículos bíblicos y frases importantes.

Recuerdo que una vez, un matrimonio amigo se quedó en mi casa, y yo tuve que salir, pero ellos necesitaban un tiempo de descanso lejos de todo. Estaban exhaustos, y les dije: «Vengan y quédense en mi casa. No voy a estar ahí, pero vengan y quédense de todas maneras».

Cuando ellos se fueron, me dijeron que una de las cosas que más les ministró, y fue algo alentador y refrescante para ellos, fueron las Escrituras bíblicas que tengo por toda la casa. Ellos dijeron que por donde quiera que ellos iban, fueron ministrados con las cosas que podían ver y leer.

Ahora, tú también puedes ministrar a través del sentido del olfato: velas, potpourri, flores, un poco de ambientador no está mal. Puede ser a veces el olor de una comida cocinándose o unas galletas en el horno. Estas son cosas que pueden ministrar y animar a las personas.

Y luego el sentido del oído. A mí me gusta poner música de fondo, suave, relajante.   Personalmente, me gusta poner música instrumental como himnos y coros familiares, porque crean una atmósfera sutil, donde las personas pueden sentirse refrescadas, y motivadas.

Yo tengo un carillón, esas campanillas de viento, y en las noches cuando el viento sopla, yo las puedo oír desde el interior de la casa. Hacen un sonido suave. Es un sonido agradable que añade al ambiente de la casa.

Algunas veces, lo que más ministra al sentido del oído es el silencio. Algunas veces, tener una atmósfera de quietud en tu hogar, es exactamente lo que tus invitados necesitan.

Tú puedes ministrar a través del sentido del tacto. Tengo un cuarto de juego en mi casa con juegos y cosas para niños. Los niños hacen fila para entrar a ese cuarto. Ellos pueden lanzar algunas canastas, pueden usar crayones, tengo muchas cosas diferentes para niños de todas las edades.

Tener sillas cómodas, puede ayudar con el sentido del tacto. Solo para hacer que las personas se sientan cómodas.

Luego, por supuesto, está el sentido del gusto, la comida y la bebida.  Mantener algunos pasabocas a mano, ayuda mucho. Y te animo a que siempre mantengas algunas cosas listas para cuando lleguen visitas imprevistas. Nueces, galletas, etc.

Una amiga me escribió y me dijo: «Yo congelo algunas cosas y las saco del congelador tan pronto como veo que alguien viene. Y generalmente, cocino más que suficiente, por si acaso alguien llega de forma inesperada, y así le podemos pedir que nos acompañe. También hago algunas cosas extra para poder congelar y luego poder sacarlo cuando necesito algo rápido, y así no hacer que la visita se sienta mal de ninguna manera».

Estos son algunos de los consejos prácticos, que pueden crear una atmósfera de hospitalidad en nuestros hogares, cuando pensamos en la atmósfera física y nos preguntamos: «¿Cómo puedo ministrar a los sentidos físicos de los invitados que entran a mi hogar?».

Pero sabes, creo que las cosas más importantes que podemos hacer para crear una atmósfera de hospitalidad, son las cosas que no se pueden ver. Las cosas que no se ven, lo invisible, la dimensión espiritual, conectarnos de corazón a corazón.

La tercera epístola de Juan, es una carta sobre la hospitalidad. Como ya lo hemos mencionado antes en esta serie, Juan le escribe a un hombre llamado Gayo, quien es conocido por su hospitalidad.

Juan habla acerca de Gayo quien recibía a los siervos del Señor en su hogar, y dice en el versículo 6: «Harás bien en ayudarles a proseguir su viaje de una manera digna de Dios».

Esa pequeña frase: «de una manera digna de Dios», me hace entender mejor lo que es la verdadera hospitalidad. ¿Qué significa recibir a alguien de una manera digna de Dios? ¿Y qué significa ayudarles como es digno de Dios?

Meditando en ese pasaje vinieron a mi mente dos pensamientos. En primer lugar, me dice que debo tratar a mis invitados de una manera digna de Dios.

¿Cómo trataría Dios a esas personas si ellos vinieran a Su hogar? ¿Cómo trataría Jesús a estas personas si fuera Su hogar y ellos fueran sus invitados? Yo quiero buscar la manera de tratar a las personas como Dios lo haría.

Y pienso que también significa tratarlos, como yo trataría al SEÑOR si Él fuera el invitado, tratarlos a ellos de una manera digna. Si Jesús entrara en mi casa ¿me molestaría si Él dejara lodo en el piso recién trapeado de mi cocina? ¿O esperaría que  Él todo lo hiciera perfecto?

Me pondría tensa, o mejor diría: «Bienvenido, es un honor. Qué alegría tenerte con nosotros. ¿Cómo puedo servirte?» ¿Consideraría una invasión a mi vida el prepararle una comida a Jesús?

¿Me quejaría porque tengo que hacer los preparativos? Ahora, Marta lo hizo, así que tal vez yo también lo haría. Pero si pienso en mis invitados y los trato como yo trataría al Señor, si fuera el invitado en mi hogar, entonces eso determinaría la forma de tratarlos.

A propósito, no está mal pensar de esa manera respecto a tu familia. Si tú los tratas a ellos de una manera digna. Haces bien.

Y pienso que hay algo que molestaría mucho a tus hijos, y les haría pensar que tu fe es hipócrita, si actúas como una mujer gritona, demandante, impaciente, e inflexible en tu hogar con ellos y con tu esposo, pero cuando llegan los invitados a tu casa, de repente te sale este pequeño halo en la cabeza, y eres todo sonrisas, dulzura y amabilidad.

Tus hijos van a decir: «Ella no nos trata así». Ahora, eso no significa que tú siempre vas a tener la actitud perfecta en tu hogar. Y ciertamente yo no la tengo en el mío.  Pero debemos tener cuidado con nuestras actitudes. Ellas afectan y comunican.  Nosotras debemos tratar a aquellos que viven en nuestro hogar y aquellos que vienen a visitarnos, como invitados y de una manera digna.

Entonces, ¿cómo hacer eso? Ya habíamos hablado sobre algunas de estas cosas en los programas anteriores; pero permítanme mencionar algunos de estos aquí en este contexto.

Primero, hay que tener una actitud de bienvenida. «Qué bueno que estás aquí.  Gracias por venir. Es un honor tenerte como invitada».

Tú sabes, a todas nosotras nos gusta ir a un lugar a donde la gente se alegre de vernos. Algunos dicen que cuando alguien entra en una habitación, generalmente, o ellos llaman la atención sobre sí mismos, o dirigen la atención hacia las otras personas.

Y así es con la hospitalidad. Nosotras debemos tener una actitud que haga que las personas sientan que toda nuestra atención es para ellos, y que nos alegra que estén aquí.

Tú probablemente sabes lo que es entrar en algunos ambientes, donde son como. . .tú sabes, se sienten algo tensos y piensas: «Yo no me siento bien aquí.  Creo que mejor me regreso a mi casa».

Entonces, nosotras debemos tener una actitud de bienvenida para con las personas, una actitud que no sea tensa. Se necesita la llenura del Espíritu Santo. Y sé que a veces me pongo muy tensa con los preparativos, porque tengo una vida muy ocupada, así como ustedes.

Y recuerdo que una vez, invité a dos familias a almorzar un domingo después de salir de la iglesia. Y traté de hacerlo todo. . . en ese tiempo era soltera, y cuando eres soltera y estás atendiendo tú sola a los invitados, a veces necesitas un par de manos más, o ayuda.

Y tengo amigas que conocen mi cocina y ahí mismo me ayudan, pero las personas que llegaron primero, eran las personas que yo no conocía muy bien. Y contaba con la otra familia, que no había llegado todavía, para que los atendiera, mientras yo preparaba el almuerzo.  En ese tiempo, estaba estrenando casa, y no tenía mucha experiencia en tener todo listo a tiempo.

Es increíble, yo no sé cuántas sillas tengo en mi casa, tengo muchos sitios donde sentarse, pero todo el mundo se queda en la cocina. Esta familia se quedó toda agrupada en la cocina, hablando conmigo; pero yo no podía hablar y cocinar al mismo tiempo.  Así que traté de hacerles unas insinuaciones como: «¿Les gustaría pasar a la sala donde es más cómodo?»

Bueno, ellos no captaron mis insinuaciones, y finalmente recuerdo . . . yo no sé si pasó de esta manera, pero yo sentí que les debía decir: «¿Pueden por favor salir de la cocina y pasar a la sala?» Y así lo hicieron.

En ese momento la otra familia llegó y me rescató. Pero recuerdo cosas como esta y pienso: «A veces estoy tan tensa, estoy segura de que la visita quisiera regresar a su casa en vez de sentirse como en casa».

Pero hay maneras, a medida en que somos llenas del Espíritu, que pueden crear un clima que realmente contribuya al ministerio y a las personas. Y quiero crear esto en mi hogar, quiero que las personas experimenten el fruto del Espíritu.

  • Amor: Esto significa que vamos a estar centradas en los demás en vez de centradas en nosotras mismas.
  • Gozo: Quiero que las personas experimenten gozo en mi hogar. Nosotros hemos experimentado tanta alegría en nuestro hogar. Hemos disfrutado. Hemos jugado.  Hemos tenido muchos momentos agradables, momentos estudiando la Palabra y momentos en oración, pero también hemos reído y disfrutado los unos de los otros. Y quiero que las personas experimenten el gozo de Cristo en mi hogar.
  • Paz: Es un fruto del Espíritu. Quiero que la gente que venga a mi casa, y aunque haya mucho movimiento . . . a veces he tenido tantas personas en mi casa, que el hombre que construyó la casa, quien conoció al Señor cuando la estábamos construyendo, recuerdo que un día él estaba con uno de esos grupos de personas, y estaba calculando el tipo de madera que iba a usar en el piso, ¡para que este resistiera el peso de muchas personas! a veces he tenido mucha gente, pero aún así puede haber una atmósfera de paz, el fruto del Espíritu.

Crear una atmósfera de hospitalidad. Pienso que logramos esto haciendo preguntas, mostrando interés en las personas. Creo que ayuda mucho, pensar con anticipación, ¿quiénes son las personas que van a venir? ¿Qué temas les interesaría?  A veces cuando estoy haciendo las preparativos finales, o cuando me estoy arreglando, me pregunto: «¿Qué preguntas les podría hacer a estos invitados para romper el hielo y ayudar en la conversación?».

Y recuerdo una vez, que fui a visitar a una señora que acababa de conocer y me había invitado a comer, y yo acababa de experimentar la muerte de una de mis mejores amigas, y apenas podía hablar sin llorar, es decir, yo era un caso perdido.

Yo aún estaba realmente, realmente sufriendo esta pérdida, y resulta que la señora que me había invitado había quedado viuda, pero hacía mucho más tiempo de su pérdida que la que yo estaba experimentando. Ella empezó a hacerme unas preguntas sobre el asunto, y para darme la oportunidad de hablar sobre lo que acabábamos de experimentar.

Luego ella empezó a contarme su historia, de cómo su esposo había muerto de la misma manera como había muerto mi amiga. Nos sentamos ahí en la mesa de la cocina, y aún recuerdo que yo empecé a sollozar, a llorar. Es como si todo eso que se había acumulado dentro de mí, salió ahí sentadas en la mesa de la cocina, con esta señora que apenas conocía.

Ella sabía escuchar y tenía un corazón compasivo, y fue sensible y estuvo alerta en ese momento, y pudo ministrarme gracia, tan solo escuchando y compartiendo algo de su historia, que ministró gracia en ese momento.

Nosotras creamos una atmósfera de hospitalidad cuando queremos aprender de los demás, cuando dejamos que las personas que entran a nuestro hogar, nos enseñen, y los invitamos a que compartan con nosotros lo que Dios les ha enseñado a ellos sobre Él y Sus caminos. Y he aprendido tanto sentada a los pies de mis invitados, escuchándolos hablar de los caminos de Dios, teniendo esa actitud de humildad.

Nosotras también creamos una atmósfera de hospitalidad a través de la generosidad.  A mí me gusta preparar más comida de la que necesito, para poder mandarles algo, especialmente a aquellos que tienen familias grandes y de bajos ingresos.  Es una oportunidad para decir: «No solamente te voy a ministrar con gracia aquí, sino que  quiero enviarte en tu camino, como Juan dijo, de una manera digna de Dios.  Quiero que vayas con gracia y con generosidad».

Una de las cosas que ha sido muy importante en mi hogar, y ha sido de gran bendición para mí, y para los hogares de otras personas, ha sido el tema de la oración.  Yo trato de que el orar por mis invitados, se convierta en un hábito. A veces nos reunimos a orar brevemente antes de que todos se retiren a dormir, para orar con ellos antes de que se vayan. Nosotros a menudo unimos nuestras manos, y hacemos un círculo, y yo pido una bendición para ellos. Yo oro por la cobertura y la protección de Dios sobre ellos. Y oro por ellos.

Mi cuarto está en el segundo piso de la casa, y el cuarto de huéspedes abajo en el primer piso, así que cuando nos retiramos a dormir, por lo general siento que estoy física y geográficamente, encima de mi casa y de los invitados. Y pienso en la responsabilidad y el privilegio que es, cuando nos retiramos a dormir en la noche, el orar por todos aquellos que están bajo nuestro techo y orar por la bendición de Dios y Su aliento y paz en sus vidas.

Y me he sentido tan ministrada cuando he estado en los hogares de otras personas, y me han dicho: «¿Antes de que te vayas, podríamos orar por ti?» ¡Qué ministerio es este de poder alentarnos! ¡Qué regalo de la gracia de Dios!

Carmen: Está es Nancy DeMoss de Wolgemuth trayéndonos enseñanza práctica de la Palabra de Dios. Ella estará de regreso para cerrar en oración.

Nancy ha estado dándote algunos puntos importantes acerca de cómo servir verdaderamente a tus invitados, y te ha dado consejos prácticos muy útiles para crear una atmósfera de hospitalidad en tu hogar.

Esta serie de programas titulada, «El corazón de la hospitalidad», transformará tu pensamiento acerca de cómo atender a tus invitados. No se trata de tener el hogar perfecto o de ser una cocinera experta; lo importante para Dios y para tus invitados es que hagas lo mejor que puedas.

¡Que bendición nos ha dado el Señor con este ministerio de la hospitalidad! Es nuestra oración que todas seamos bendecidas de esta manera!

Una oyente que ha experimentado esta bendición, está aquí en el estudio para compartirnos su experiencia. Escuchemos.

Rosalía:

Para mí, el hospedar es un privilegio porque es una forma de servir en el reino de Dios y poder abrir las puertas de mi casa y recibir personas, es una oportunidad que Dios me da de extender el amor de Cristo a las personas que recibo y reflejar el carácter de quién es Él. Cuando lo hago corro el peligro de darle más importancia al cómo que a quienes estoy recibiendo. No en el sentido de la visita que voy a recibir o las personas a quienes voy a mostrar hospitalidad, sino a mi propia familia. Querer tener todo tan perfecto que entonces afecte a las personas con las cuales vivo, y no les brinde a ellos la amabilidad, la cortesía y aún la excelencia con la que quiero hacer las cosas y sí se la quiera brindar a personas extrañas que recibo en mi casa. Y esto es algo que recibí como un legado de mis padres, porque fueron innumerables las oportunidades que tuvimos de recibir personas en mi casa. Mis padres siempre abrían las puertas de nuestro hogar a diferentes personas. No solamente tal vez para almorzar o para una consejería, sino para durar tiempo extendido en nuestra casa. Fueron muchas las oportunidades que tuve de ceder mi habitación para recibir diferentes personas y uno siempre tiene la expectativa de bendecir a otros pero en realidad la bendición que uno recibe al tener el privilegio de servir de esta manera es mucho mayor, y por eso es que lo considero un privilegio.

Carmen: Tú también puedes dejar un legado. Al mostrar hospitalidad a otras personas, ¿te has dado cuenta de que le abres las puertas de tu hogar al mismo Jesús? Verás por qué, el lunes. Ahora aquí está Nancy para orar con nosotras.

Nancy: Gracias, Señor, por las personas que Tú has traído a nuestras vidas, quienes nos han tratado de una manera digna de Ti.

Señor, ayúdanos a ministrar gracia, aliento, paz, fortaleza, y renovación incluso en estas maneras que son intangibles. Llénanos con Tu Espíritu, que nuestros hogares reflejen la belleza de tus caminos. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: ¡Qué tengas un bendecido fin de semana y día del Señor!

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

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