Podcast Aviva Nuestros Corazones

Tu Invitado más honorable

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Carmen Espaillat: ¿Qué tanto le importa la hospitalidad a Dios? Más de lo que puedes darte cuenta.

Nancy DeMoss Wolgemuth: La Escritura enseña que cuando ofrecemos hospitalidad al pueblo de Dios, en realidad estamos ofreciendo hospitalidad a Jesús mismo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Imagínate que estás hospedando a Jesús en tu casa. De seguro lo tratarías con mucho honor. Esto es algo que puedes tener en cuenta la próxima vez que recibas invitados. Jesús también está ahí. Cuando sirves a otros, es como si le estuvieras sirviendo a Jesús mismo. Hoy Nancy nos estará hablando más acerca de esto, en la serie titulada, «El corazón de la hospitalidad». Aquí está ella con nosotras,

Nancy: El ministerio de la hospitalidad es realmente una calle de dos vías. Pero sabes, cuando miro hacia atrás en mi propia experiencia con la hospitalidad, habiendo crecido en un hogar que era muy hospitalario y ahora teniendo una casa propia y buscando extender hospitalidad a los demás, me doy cuenta que cuando somos hospitalarias, no solo le damos una bendición a los demás, sino que nosotras también recibimos una bendición. He experimentado algunas bendiciones maravillosas, recompensas y beneficios al extender hospitalidad a los demás.  

Al regresar a la Escritura, encontramos una serie de ejemplos sobre cómo las personas obtuvieron beneficios y bendiciones al extender hospitalidad. Por ejemplo, en Éxodo capítulo 2, pienso en cómo Jetro obtuvo un esposo para una de sus hijas, como resultado de mostrarle hospitalidad a Moisés. Al darle la bienvenida a Moisés en su casa, él terminó obteniendo un yerno.

Lo mismo le ocurrió a Labán en el capítulo 24 del libro de Génesis, al dar la bienvenida al criado de Abraham en su casa, terminó encontrando un esposo para su hija. Así que nunca sabes qué tipo de bendiciones y beneficios pueden venir por extender hospitalidad.

Luego pienso en la viuda de Sarepta (1 Rey. 17), quien ministró a Elías de su pobreza, cuando ella tenía apenas lo suficiente para comer ese día, y cómo ella y su hijo estaban planeando morir porque no tenían nada más para comer. Sin embargo ella extendió hospitalidad, invitó al profeta a su casa, lo alimentó, atendió sus necesidades antes que las suyas. Como resultado Dios hizo un milagro y extendió, amplió la poca provisión que ella tenía. Durante todos los años de aquella hambruna, ese aceite nunca se acabó. Siempre hubo alimento; siempre hubo bastante para que ella comiera.

También Rahab, la ramera de Jericó, extendió hospitalidad a los espías de la tierra de Israel. Como resultado su vida fue librada cuando cayó la ciudad de Jericó (Jos. 2:6).

Luego está la mujer sunamita en segundo de Reyes capítulo 4 quien ministró al profeta Eliseo. Ella lo invitó a que viniera a comer.

Cuando se dio cuenta de que él pasaba por esa ciudad con frecuencia, ella le dijo a su marido: «Este es un hombre santo de Dios. ¿Podríamos construir una pequeña habitación de huéspedes para él?». Y lo hicieron. Extendieron hospitalidad. Le dieron comida y alojamiento al profeta de Dios. Cada vez que él pasaba por esa área, se quedaba en esa casa.

Bueno, pero llegó el día en que el profeta dijo: «¿Qué puedo hacer por ti?» Y ella dijo: «Yo no necesito nada. Tengo todo lo que necesito». Pero Eliseo se dio cuenta de que esta era una mujer que nunca había tenido un hijo, y él debió haber sabido que ella quería tener un hijo.

Él oró por ella, y Dios le dio a esta mujer hospitalaria un hijo. Y creo que fue el fruto y la bendición, al menos en parte, de haber extendido hospitalidad a este hombre de Dios.

Ahora, hay otro tipo de bendiciones y beneficios que cosechamos. Tal vez tú no ganes un esposo para una de tus hijas, pero hay bendiciones prácticas que la hospitalidad trae a nuestras vidas.

Por ejemplo, pienso en aquellas de ustedes que tienen niños. A medida que tus hijos crecen, les estás enseñando y mostrando de una manera práctica, cómo amar y servir a los demás. Les estás enseñando que el dar es una forma de vida. No es solo algo que se hace al ofrendar los domingos por la mañana.

Otra bendición es que trata con nuestro egoísmo. Es posible que tú no tengas que lidiar con el egoísmo, pero te garantizo que tus hijos sí; y quieres saber, «¿cómo puedes ayudarles a no ser tan egoístas?». Bueno, cuando tus hijos tal vez tienen que renunciar a su habitación con el fin de recibir a un invitado durante la noche, o cuando tienen que pasar tiempo extra contigo ayudándote a preparar las cosas para los huéspedes, están aprendiendo que la vida «no se trata de mí». Esta casa no es solo para nuestra bendición. Sí es para eso, pero también es un llamado para nosotros como familia a servir juntos a Dios.

Esta es una increíble oportunidad para que la familia ministre junta. Es una gran oportunidad para que tus hijos sean expuestos a conversaciones de adultos, y para crecer escuchando a adultos hablar de las cosas del Señor.

Pienso que hoy en día mucha de la vida familiar se centra alrededor de los niños en formas que no son necesariamente saludables. Ahora, no es que los niños no sean importantes, y yo no diría que «los niños deben ser vistos pero no oídos».

Los niños tampoco deberían sentir que la vida gira alrededor de ellos. Ellos serán bendecidos si pueden escuchar, como lo hice yo creciendo en mi hogar oyendo a los adultos hablar de los caminos de Dios y del corazón de Dios y de la vida, y tantas cosas que aprendí sentada a la mesa a la hora de comer con nuestra familia y con los invitados que eran parte de ese tiempo.

Algunas de las bendiciones y beneficios de la hospitalidad no las experimentaremos en esta vida. Algunas de ellas no las experimentaremos hasta llegar a la eternidad. Cuando mostramos hospitalidad a aquellos que no nos pueden pagar, Jesús dice en Lucas capítulo 14 versículo 14: «Tú serás recompensado en la resurrección de los justos». Así que algunos de nuestros beneficios y bendiciones vendrán después.  

Proverbios 11:25 dice, «El alma generosa será prosperada, y el que riega será también regado». Tú no puedes darle de más a Dios. Cuanto más des, cuanto más dé tu familia, más bendición recibirás.

Hebreos capítulo 13 habla de una bendición que algunos experimentaron como consecuencia de la hospitalidad. Hebreos dice: «Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles» (vv. 1-2).

Puedes recordar algunas de esas historias en las Escrituras; Abraham y Sara en Génesis capítulo 18, cuando llegaron tres visitantes. Al final resultó que, uno de ellos era el Señor, y dos eran ángeles. La historia de Lot en Génesis capítulo 19;  también les pasó a los padres de Gedeón. Mostraron hospitalidad, y resultó que estaban recibiendo un ángel (Jue. 13). Así que hay ejemplos de esto en las Escrituras.

Ahora, yo no sé si alguna vez he tenido un ángel en mi casa como invitado, no que yo sepa, pero creo que lo que eso quiere decir es que la hospitalidad a menudo resulta en recompensas y bendiciones inesperadas, y que muchas veces la persona que pensabas que ibas a bendecir, que era tu huésped, ese invitado a menudo termina bendiciéndote a ti como anfitriona. Eso ha pasado muchas veces en mi casa.

La Escritura enseña que cuando ofrecemos hospitalidad al pueblo de Dios, en realidad estamos ofreciendo hospitalidad a Jesús mismo. ¿Recuerdas  ese pasaje en Mateo capítulo 25? En el contexto del pasaje Jesús está diciendo algo más, pero sí creo que hay una aplicación aquí para este tema. En Mateo capítulo 25, versículos 34 al 40, Jesús dijo:

«Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis. . . En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis”».

Así que cuando bendigo a mis invitados en mi hogar, cuando extiendo el corazón hospitalario de Dios hacia ellos, se convierten en una bendición para mí. Cuando abro mi casa a mis hermanos y hermanas en Cristo, incluso al más pequeño de ellos, para darles comida y bebida, ropa y alojamiento, en formas sencillas y prácticas, lo que realmente estoy haciendo es invitando a Jesucristo a mi casa, y le estoy ministrando a Él, le estoy sirviendo a Él, le estoy dando a Él. Y esa es una de las mayores bendiciones.

Uno de los mayores beneficios de la hospitalidad, es saber que en servirte a ti como mi invitada, yo también he tenido el privilegio de servirle al Señor Jesús y las Escrituras dicen, aquello que le hemos dado, Él lo recompensará.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha dado algunas cosas importantes en qué pensar cuando estamos sirviendo a nuestros invitados. Al servirles, estamos sirviendo a nuestro Salvador. Nancy estará de regreso con la segunda mitad del mensaje de hoy.

Quiero recordarte que, si te has perdido algún programa de esta serie, puedes escucharlo o leer la transcripción a través de nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com. Y si quieres compartir tu experiencia con otras oyentes, deja tu comentario al final de la transcripción del programa.

Bien, tal vez al escuchar la primera parte del programa de hoy, sientes que tu hogar no está listo para recibir huéspedes. A lo mejor ni siquiera sabes qué harás de cena esta misma noche, mucho menos qué harías si invitaras a alguien más. Aquí está Nancy de regreso para ayudarte,

Nancy: Quiero cerrar esta serie, contestando la pregunta: «¿Cómo puedo empezar?» La respuesta más sencilla es decir, «solo hazlo, comienza». Solo di: «Señor, a quién puedo invitar a mi casa para que de alguna manera pueda ministrarle?» Pídele a Dios que te muestre una oportunidad para empezar.

El otro día estuve hablando con unas  personas que tienen corazones muy hospitalarios, y estábamos hablando de que las personas que disfrutan de esto y lo practican, saben la bendición que es. Pero para las personas que no están acostumbradas a abrir sus hogares, las pone un poco nerviosas e incómodas el solo hecho de pensar en cómo empezar.

Una de mis amigas dijo: «Si la gente lo hiciera una sola vez, se darían cuenta de qué bendición es». Ahora, cuando digo que es una bendición, eso no significa que no tenga sus desafíos. He tenido algunos dolores de cabeza después de que mis invitados se han ido, y a veces solo porque estaba muy cansada o porque las cosas no salieron las cosas tan bien como me hubiera gustado.

Pero cuando veo el cuadro completo, digo: «Fue  una gran bendición». Y con frecuencia, cuando cierro la puerta y apago las luces después de que la última persona se ha ido, digo: «Gracias, Señor. Al pensar en esto parecía tanto trabajo y tanto esfuerzo. Pero fue una bendición especial». Entonces, ¿cómo, cuándo empezamos?

Antes que nada, permíteme sugerirte que tomes tiempo, si nunca lo has hecho, para dedicar tu casa al Señor y pedirle que la convierta en un hogar que sea utilizado para Él. La casa solo es ladrillo, piedras, cemento, madera, hasta que la pongas en las manos del Señor y digas: «Señor, ¿transformarías esta casa en un instrumento de bendición y gracia en las vidas de otras personas?»

Mi hogar no es solo «mi» hogar. No me pertenece. A fin de cuentas, todo lo que tengo, incluyendo mi casa, le pertenece al Señor. De todos modos es de Él. Así que cuando se la dedico a Él, estoy diciendo: «Señor, estoy consagrando a Ti lo que ya es tuyo, y te pido que utilices esta casa».

Mil seiscientas personas estuvieron en mi casa el primer año después de su construcción. Ahora, tú no tienes que recibir a 1,600 personas en tu casa para practicar el don de la hospitalidad. Puede que el Señor solo te de dieciséis personas en tu hogar en un año, o quizás menos. Pregúntale a Dios lo que Él quiere que hagas con tu casa, y ponte a Su disposición para hacerlo.

Luego, conversen como familia cómo es que su casa puede ser utilizada para el reino de Dios. Te sorprenderías al ver que tu esposo y tus hijos probablemente tengan algunas ideas y quieran participar en esto y sentir que no es solo «algo de mamá», sino que es nuestro, y fue planeado juntos. Así que haz de de esto un tema por el cual orar y discutir como familia. ¿Cómo podemos usar nuestro hogar para bendecir a otros, para promover el reino de Dios?

Tengo unos amigos que hacen escuela en casa. Una de las cosas que ellos han decidido hacer recientemente es que una vez al mes se reúnen para cantar himnos junto con otras familias que educan en casa también y las reciben en su hogar. Los papás se turnan para dirigir este momento; básicamente lo que hacen es cantar y compartir acerca de las cosas de Dios. Es simple y no requiere una gran preparación. Pero esa es una de las formas en que ellos están utilizando su hogar para ministrar a otros.

Ora por oportunidades para ministrar a personas en tu hogar, y ora para que Dios te dé la sabiduría y la dirección de cuáles son las oportunidades que Él quiere que abraces.

Y luego, planea en tu calendario un tiempo para extender hospitalidad. Quizás una primera vez para empezar. Ahora, si tienes familia, no lo hagas sin la participación ni el consentimiento de tu esposo, porque no querrás elegir un momento en que va a ser una presión para él. Pero di, como familia, ¿cuándo sería un buen momento en el que podamos abrir nuestro hogar?  

Algunas de ustedes tal vez no sientan la libertad de ser muy espontáneas al principio, y eso está bien. Vas a ir desarrollando la habilidad mientras lo hagas. Pero planifica. Ponlo en el calendario. Luego, después de que lo hagas una vez, pon otra fecha en el calendario. Busca tiempos en los que puedas planearlo en tu calendario, porque si no lo planeas, probablemente no sucederá si no tienes el hábito de hacer esto.

Es posible que desees hacerle saber a tu iglesia o a tu pastor que tu casa está disponible para aquellos que tienen una necesidad de hospedaje. Que si alguien llega a la ciudad y tiene necesidad de un hogar para quedarse, tú estarías dispuesta. Tal vez desees hacerles saber que necesitas que te notifiquen con anticipación.

El ministerio sombrilla de Aviva Nuestros Corazones es Life Action Ministries. Tenemos tres equipos que viajan a través de los Estados Unidos ministrando en iglesias locales durante diez meses en el año. Viajé con esos equipos por varios años. Una de las grandes bendiciones a través de los años ha sido el pueblo de Dios que ha estado dispuesto a hospedar a los miembros de nuestro equipo.

En un momento dado tenemos probablemente ochenta o noventa personas en la carretera en necesidad de alojamiento. La gente hospeda a los miembros del equipo en sus hogares, dos personas por lo general, por un máximo de hasta dos semanas. Ese es un gran compromiso.

Las Escrituras dicen en tercera de Juan que si extiendes hospitalidad a aquellos siervos del Señor que viajan, tú estás siendo parte de su trabajo. Estás ministrando con ellos al llevarlos a tu casa y hospedarlos. Así que hazle saber a tu pastor o a tu iglesia que tu casa está disponible para aquellos que puedan tener una necesidad.

Yo he tenido la bendición de usar mi casa, y el Señor me dio la oportunidad de construir una pequeña habitación de huéspedes extra en el sótano, para poder tener una habitación para los que tengan necesidad de un lugar donde quedarse por un tiempo extendido.

Tuve en mi casa a una estudiante universitaria por un par de veranos. He tenido a diferentes parejas que estaban necesitadas. Y así puedo tener una habitación disponible para los demás. El abrir tu casa y tenerla disponible para aquellos que tienen necesidad de alojamiento puede ser de gran bendición para ellos.

Y cuando empieces a hacerlo, no caigas en la trampa de compararte con los demás. No tienes que ser Martha Stewart. De hecho, me he dado cuenta de que algunas de las personas que son las mejores en atender a sus huéspedes, no necesariamente siempre saben cómo realmente ministrarles a esas personas. Puedes tener una casa bellamente decorada y alojamientos lujosos, pero no realmente ministrar las vidas de las personas. Es mucho mejor tener una casa pequeña, una comida sencilla, preparativos simples, pero verdaderamente conectarte con los corazones de las personas que están en tu hogar.

Así que no te compares con la forma en que alguien más lo hace. Estamos en diferentes etapas de la vida, y hay cosas que puedes hacer si tus hijos son grandes que no se pueden hacer de la misma manera si tienes niños pequeños.

Por ejemplo, mi amiga Holly, tiene ocho hijos. Estoy segura de que no hay manera en que una mujer que está enseñando en casa a esa cantidad de niños, siempre tenga su hogar listo para recibir compañía. Eso simplemente no es posible porque la casa está siendo muy vivida en este momento.

He visto las maneras en que Holly ha tenido un corazón de hospitalidad incluso fuera de su propia casa, cuando nos reunimos para una comida en un restaurante. Ella me ha abierto su corazón, y su familia me ha abierto su corazón en formas que son hospitalarias. No siempre es físicamente o geográficamente en el hogar. Así que no te compares con lo que otra persona puede hacer.

Veo la forma en la que algunas de ustedes cocinan, y yo estaría muy nerviosa de recibir a algunas de ustedes en mi casa y cocinarles, si no me diera cuenta de que eso no es lo que realmente importa. Ahora, cuando  voy a una de las casas que me invitan y preparan una gran comida, lo aprecio muchísimo. Voy a estar muy agradecida por ello.

Ahora, no me quiero sentir como que tengo que cocinar de esa manera o ser capaz de cocinar así, durante muchos años fui una mujer soltera que trabajaba, cuando recibía visitas en mi casa y no creo que esperaran eso. Creo que eran bendecidas entrando a mi casa solo para ser amadas y animadas. Así que no te compares con otras.

Si esto es algo nuevo para ti, mira a ver si puedes encontrar una mentora en esta área, alguien que sí hace uso de su hogar, que tiene un corazón abierto, un hogar abierto. Encuentra a alguien que sea conocida por su hospitalidad, tal vez una mujer mayor en tu iglesia, y pregúntale si podría ayudarte a comenzar a dar los primeros pasos en esta área.

Pregúntale si podría darte algunas ideas, algunas claves, algunos consejos prácticos que ella ha encontrado útiles. De esa manera podemos realmente discipular y animarnos unas a otras a convertirnos en mujeres hospitalarias, mujeres de Dios.

La Escritura dice, «Sed afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, daos preferencia unos a otros . . . contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad» (Rom. 12:10-13). ¡Qué oportunidad nos brinda la hospitalidad a todas para expresarle a nuestro mundo solitario, temeroso y necesitado, el amor y el corazón de Dios mismo!

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth invitándonos a vivir juntas la belleza del evangelio. Ella regresará para orar.

El programa de hoy concluye la serie, «El corazón de la hospitalidad». ¿En qué se centra tu vida? ¿A quién le pertenece tu casa? Nancy nos ha recordado que no podemos «darle de más» a Dios.

¡Qué oportunidad es la hospitalidad para mostrar el corazón de nuestro Dios a otros!

Es nuestra oración aquí en Aviva Nuestros Corazones que las iglesias locales cuenten con familias y hogares de puertas y corazones abiertos para ministrar gracia a otros. No te desanimes comparándote con otros, más bien juntas, tengamos mucho o poco, demos de gracia lo que por gracia hemos recibido.

Escucha de una joven mujer que ha sido bendecida por una familia que ha sido como los brazos de Dios para ella.

Testimonio:

Creo que el creyente tiene una gran bendición en la familia de la fe. Y la hospitalidad es un servicio que bendice al pueblo de Dios de tantas maneras.

Yo he sido bendecida mucho más allá de lo que puedo expresar con palabras… a través de familias, mujeres mayores y amigas de mi iglesia local.

Como extranjera en el país donde vivo, y al no tener cerca a la mayor parte de mi familia en la carne, ha habido innumerables ocasiones en las que, de maneras muy prácticas, se me ha extendido hospitalidad en mi iglesia local.

Me viene a la mente de manera muy particular, una familia que me ha acogido en medio de ellos con tanta bondad. Han sido un reflejo del amor de Dios para mí, han sido como Sus brazos tangibles.

Una de las cosas que más me ha ministrado es cómo han abierto su hogar como un refugio, y no solo para mí, sino para tantas personas. Conocidos y desconocidos. Son innumerables las ocasiones en las que han abierto las puertas de su casa para brindarme comida, para brindarme un lugar en el cual estar. Y más que un lugar físico, sus corazones… Puedo saber que Dios cuida de mí por medio de las atenciones que recibo de ellos, desde un consejo, ayuda con mi vehículo, siento que verdaderamente hay un lugar en sus corazones para mí.

Recuerdo una vez que estuve enferma… Yo realmente quería quedarme en mi casa de lo mal que me sentía, sin embargo fueron a mi casa (a pesar de mi testarudez) a buscarme y llevarme a la clínica. Y no solo eso, me recibieron en su hogar hasta que mejoré de salud, y no solo para estar ahí… constantemente me atendían y brindaban alimentos que podía comer.

Dios ha usado el ejemplo de ellos para enseñarme a dar, y dar generosamente. A atender a mis invitados, y no de mala gana. A abrir más las puertas de mi casa, y si no puedo abrir las de mi casa, abrir mi corazón. Y ser los brazos de Cristo para otros, así como ellos han sido Sus brazos para mí.

Carmen: ¡Amén! Espero que la enseñanza de Nancy DeMoss de Wolgemuth a lo largo de esta serie te haya motivado a dedicar tu casa al Señor, y a dar los pasos necesarios para que la hospitalidad sea una realidad en tu vida y la de tu familia. Tu primer paso puede ser plantearle la idea a tu esposo, o si eres soltera, planeando intencionalmente tu primera invitación a un grupo de amigas. Ahora aquí está Nancy para orar con nosotras.

Nancy: Padre, ayúdanos a que a través de nuestras vidas le demos a las personas una probadita, un anhelo por conocer Tu hogar que nos espera en el cielo, el hogar que Tú estás preparando para nosotras, y de ese gran banquete, de ese festín eterno, donde Tú serás nuestro amable y generoso Anfitrión, donde Tú nos vas a servir.

Anhelamos ese día. Y mientras tanto, que nuestros corazones y nuestros hogares sean una realidad terrenal y física de esa realidad eterna que anticipamos. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Durante la vida hay momentos en que nos desanimamos y perdemos la esperanza. Mañana, Nancy te ayudará a adquirir una nueva visión de la vida y de tus circunstancias. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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