Cuando tu testimonio no sorprende ni asombra

Simplemente hay algo sobre una historia.

Todas amamos escuchar relatos de transformación. La verdadera metamorfosis nos tiene en la orilla misma de nuestros asientos. Somos movidas a las lágrimas por los testimonios de pecadores transformados a santos.

¿Pero que si tu testimonio es aburrido? Tal vez suene mucho como el mío, algo un poco parecido a esto.  

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Crecí en un hogar relativamente feliz.

Era una niña que no se metía en problemas.

Entonces conocí a Jesús, Él es tan irresistible, no pude menos que darle mi vida a Él.

Ahora intento servirle fielmente.

Amo mi iglesia, Amo a Jesús.

El fin.

Mientras que la historia que acabas de leer es verdad, también es algo como… vainilla. Es mi historia y estoy agradecida por cada segundo de ella pero no es exactamente sorprendente ni asombrosa. Seguro!, rendir mi vida a Jesús la partió en dos mitades, había vida antes de Cristo y vida después de Él, pero por fuera esto no se ve como un cambio de imagen extremo. Las fotos del antes y después no se ven tan radicalmente diferentes, no te equivoques, soy una pecadora desesperadamente necesitada de la gracia de Dios, pero Él me ha protegido de desviarme demasiado lejos por el camino del pecado. No hay esqueletos en mi closet, no hay antecedentes penales, no hay fracasos masivos públicos. Solo hay vida sin Jesús y vida con El.

No es el tipo de testimonio al que las personas se formen por cuadras para escuchar, pero aun así necesito contarlo frecuentemente. Si sientes que  tu testimonio es insignificante, necesitas contarlo también. Aquí está por qué.

Nuestra historia es una historia de la bondad de Dios

Si naciste en una familia cristiana, esto es porque Dios es bueno.

Si pudiste evitar las trampas del pecado sexual, esto es porque Dios es bueno.

Si escuchaste el evangelio a temprana edad y respondiste a él, esto es porque Dios es bueno.

Si creciste en un hogar donde tus necesidades fueron satisfechas, esto es porque Dios es bueno.

Mientras que la misericordia de Dios  ha sido buena hacia aquellos que han tenido necesidades de un rescate dramático, ciertamente, nos debe hacer ponernos de pie y alentar pero de la misma manera lo debe hacer la bondad de Dios hacia aquellas de nosotras quienes fuimos bendecidas con principios más felices. Si has sido apartada del sufrimiento y pecado, no te sientas avergonzada. ¡Celébralo! No tenemos que añadir drama simplemente por amor al drama. Está bien decir, “Dios me ha bendecido con una familia amorosa y me ha ayudado a evitar las trampas del pecado, porque Él es bueno”.

Nuestra historia es una historia de la gracia de Dios

Todas necesitamos a Jesús, desde el indigente adicto a las drogas que vive en las calles hasta la estudiante de universidad con calificaciones perfectas que nunca ha tenido novio. Seguro, nuestro patrones de pecado pudieran verse diferentes, pero todas los tenemos. Aquello que nos une es nuestra necesidad por un Salvador.

Si siempre has sido una “chica buena”,  no permitas que eso te ciegue a la verdad, la Palabra de Dios nos dice esto:

“No hay justo, ni aun uno” (Rom. 3:10).

Ninguna de nosotras tiene lo que se necesita para ser santas como Dios es santo, En cierta manera, todas nuestras historias comienzan igual, Somos pecadoras, separadas del Dios quien nos creó. Dios ve ese pecado y envía el helicóptero de rescate para cada uno de nosotras. Viejos o jóvenes, ricos o pobres, gentiles o Judíos, hombre o mujer, adictos o en control … y la lista sigue.

Algunos de los detalles de nuestras historias pudieran ser diferentes, pero estamos unidas por nuestra masiva necesidad de gracia y por las ayudas generosas de Dios. La gracia de Dios cubre los pecados que vienen en todas las formas y tamaños.

Nuestra historia es una historia de la iglesia de Dios

Mira a tu alrededor en tu iglesia el próximo Domingo, observa la variedad. Como parches cocidos en la misma cobija, todos somos cortados de diferentes telas. Algunos tendrán testimonios de liberación radical, otros tendrán historias de la fidelidad interminable de Dios, algunos sabrán lo que es vivir en la oscuridad y otros habrán pasado sus días en la luz. Todo importa, todo glorifica a Dios.

Dios nos creó a todos a su imagen y murió por cada uno de nosotros.

La Iglesia necesita tu historia tanto como necesita la historia de alguien quien puede llenar un estadio de oyentes.

Cualquiera que sea tu historia, cuéntala

No importa si tu testimonio parece falto de sabor o sea tan picante como un pimiento. De todas maneras tú no eres el punto de la historia. ¡Es Jesús!

Amo la promesa en Apocalipsis 12:11:

“Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte.”

¿Cómo vencemos? Por el sacrificio de Jesús y el poder de nuestras historias.

Cualquiera que sea la historia que Dios ha escrito con tu vida, cuéntala. El punto no es sorprender ni asombrar a otros por cómo has cambiado, sino por quien es Cristo. Salmo 107:2 dice, “Que lo digan los redimidos del Señor” (NVI).

Si Dios ha obrado en tu vida, tú tienes una historia para contar. Me encantaría escucharla. Comparte tu testimonio en un comentario aquí abajo.

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Sobre el autor

Erin Davis

Erin Davis

Erin ama a las mujeres jóvenes. Fundó Ministerios Graffiti en respuesta a su exposición a las niñas adolescentes que luchan en las áreas de la identidad, la autoestima, y la verdadera belleza. Erin es la autora de varios libros que aplican la verdad de Dios a grandes temas como la belleza, la pureza y la maternidad. Erin y Jason son padres de dos niños adorables, Eli and Noble.

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