Cultiva una cualidad anticuada (La reverencia)

Vivimos en un tiempo donde las personas están enfocadas y dirigidas a la búsqueda de su propia satisfacción personal por lo que se le da poca importancia o ninguna al respeto o reverencia. Muchos argumentan que la vida y la cultura contemporánea han perdido el sentido de reverencia y han llamado a esta época la edad de la irreverencia porque ya nada es sagrado.  En un mundo individualista y centrado en la persona, se hace muy fácil domesticar a Dios, trivializar las relaciones y escapar de lo sagrado.

En libros y revistas, en la TV y en la radio, en los avisos callejeros, quedan muy pocas cosas prohibidas.  La religión, el sexo, la fe, la familia, todo sufre burlas, sátiras, molestias y distorsiones.

El término “reverente” suena anticuado y pareciera un concepto fuera de moda.  En un tiempo atrás la reverencia era algo honorable sin embargo ahora es algo totalmente desfasado.  Las personas quieren ser sagaces, astutas y de alguna manera la reverencia no va acorde con todo esto.  Vivimos muy ocupados y pocos practican la reverencia. Definitivamente, la reverencia no es un tema de la vida moderna y no es un deseo que vibra en los jóvenes de hoy.

Recuerdo cuando en un viaje familiar visitamos las cataratas del Niagara.  Observar la caída de esas grandes cascadas fue una vivencia impresionante para mí como niña.  Tuve una experiencia de asombro, de silencio, de grandeza, de expectación.  Puedo recordar que sentí una sensación de asombro inmensa que ahora reconozco era la grandeza de la creación de Dios ante mis sentidos.  Los recuerdos de esta experiencia aun me estremecen. Podemos sentir esta misma sensación a diario cuando miramos las estrellas en una noche clara, delante de una obra de arte y en el nacimiento de un niño.  Estas experiencias nos acercan más a Dios al sentirnos pequeños y con poco valor ante su grandeza.

¿Qué es reverencia?

Quizás nunca has pensado en la palabra reverencia como algo interesante.  Ha sido definida de múltiples maneras.  Es una actitud de respeto profundo matizada con asombro.  Es el reconocimiento practicó de la verdadera grandeza.  Es nuestra actitud de corazón y de mente cuando soy confrontada por el verdaderamente digno y el verdaderamente grande.

La Biblia claramente nos dice que debemos mostrar reverencia a Dios y a las cosas que representan su persona y presencia.

“Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor” Hebreos 12:28,29

Debido al rol vital que las mujeres jugaban en las iglesias, Pablo las instruyó a cultivar algunas cualidades espirituales específicas de las cuales la primera era un comportamiento reverente.  Es en Tito 2:3 que Pablo instruye a las ancianas a ser “reverentes en su conducta”.  Pablo identifica esta virtud como imperante para la mujer en cualquier época.

La palabra griega traducida “reverente” en Tito 2:3 tiene el significado de ser como sacerdote y viene a referirse a aquello que es apropiado a la santidad.  Las mujeres mayores deben ser ejemplos piadosos de santidad.  Realmente todas somos el templo de Dios y es por eso que es imperante que nuestra conducta sea santa y reverente.  Nuestro comportamiento debe ser el mismo en la iglesia que en todos los lugares que visitamos.  La verdadera reverencia no es un sentimiento transitorio, es perpetuamente vivir en la presencia de Dios, honrando a Cristo en todo lo que hacemos.

Aunque Tito se dirige a las ancianas, no podemos esperar a llegar a ser mayores para comenzar a practicar esta virtud.  Las jóvenes deben aspirar a ser reverentes en su conducta, ya que no es algo que ocurre automáticamente cuando vamos envejeciendo.  Es un proceso y toma un tiempo llegar allí. Por lo que debemos comenzar ahora.  Una mujer y una joven verdadera debe reflejar a Cristo en todo tiempo y ser “reverente en su conducta”.

Temor de Dios

Proverbios 1:7 nos dice que “El principio de la sabiduría es el temor (la reverencia al) Señor” y esto se manifiesta en la vida práctica a través de nuestra conducta, nuestra obediencia, a través de lo que somos.  Si tememos al Señor nuestras vidas deben estar caracterizadas por reverencia a Dios.  Los conceptos de reverencia, honor y temor están muy relacionados.  El significado básico del “temor de Dios” es un “asombro reverencial”.  Dice Nancy DeMoss Wolgemuth que este temor es un asombro que debe dejarnos boquiabiertas ante la grandeza majestuosa y la santidad de Dios, que se refleja en un compromiso de honrarlo a Él devolviendonos del pecado y obedeciendo fielmente Su Palabra.

El temor del Señor nos lleva a vivir con una actitud de reverencia al reconocer la grandeza de Dios y poder aplicar esta virtud diariamente en nuestro caminar.  La joven que teme al Señor no está ansiosa por el futuro porque tiene su mirada en Dios y sabe que Él es todopoderoso.  Proverbios 31:25 dice “fuerza y dignidad son su vestidura, y sonríe al futuro”. El temor al Señor es esa concientización constante de que Dios está presente en todo tiempo y lugar.  Es tener una conducta reverente, digna del Rey de Reyes en todo momento.

Cultivando la reverencia

Como mujeres (y jóvenes) cristianas, nuestras vidas deben lucir diferente en todos los aspectos con relación al mundo.  Si mostramos una conducta reverente en nuestros hogares, en nuestras familias, en nuestras iglesias, podemos ser de influencia a que otras se conduzcan a tener esa misma reverencia, asombro y respeto por Dios, por Cristo, por el evangelio y por todas las verdades que profesamos.  Nuestra conducta muestra dónde está nuestro corazón.  Si no somos reverentes como mujeres, los demás no podrán ver a Cristo reflejado en nuestras vidas y no se interesarán en conocerlo más.

Te invito a reflexionar y pensar que pasos debes dar para poner la reverencia en acción en un instante específico en tu vida.  Qué puedes hacer para desarrollar un sentido más profundo de reverencia a Dios y qué asunto en tu vida puede mejorar con más reverencia.

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Sobre el autor

Mayra Beltrán de Ortiz

Mayra Beltrán de Ortiz

Decidida a honrar el diseno de Dios para la mujer. Comprometida a obedecerlo para que a través de mi testimonio otras mujeres puedan alcanzar al igual que yo la libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Felizmente Casada hace 37 anos con Federico Ortiz, mamá de Jose Alberto y de Erika, ambos casados con Priscilla y Abel respectivamente y derretida abuela de Noé, Renata y Jaime Alberto.
Miembro de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) donde sirve junto a Federico como líderes de un grupo de parejas, consejeria matrimonial y prematrimonial, mentoría de novios y como consejera bíblica de mujeres.

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