¿Discípula o discipuladora?

Cathy tenía unos 20 años, y ofrecía su tiempo para apoyar en la clase de escuela dominical de los jovencitos de 12 a 15 años. Recuerdo que, para mí, como una joven de 13 o 14 años, ella era madura, bella, amable, y popular. Cuando me preguntó si podía pasar a mi casa por mí para ir a tomarnos un helado, ¡sentí que había ganado la lotería! Varias veces ella se esforzó para pasar tiempo conmigo, preguntarme sobre mis amistades, mi relación con Dios y con mis padres, mis planes y sueños del futuro. No me predicaba, no hacíamos un estudio bíblico formal, simplemente hablábamos y a veces orábamos. Es difícil medir el impacto que ella tuvo sobre mí en esos 2 años.

¿Alguna vez te has preguntado si, como una mujer joven, tu único rol ahora mismo es simplemente aprender? ¿Has luchado con la duda de que si realmente puedes ser útil en las vidas de otras personas siendo joven?

Tito 2 claramente enseña que las jóvenes tenemos mucho que aprender de las ancianas. De hecho, la Biblia describe la vida cristiana en general como una vida de aprendizaje y crecimiento. Nunca dejaremos de necesitar instrucción y ejemplos piadosos.

Pero los discípulos de Jesús también deben convertirse en hacedores de discípulos. Puedes ser una discípula y a la vez, una discipuladora. Mujeres de todas las edades pueden participar en la Gran Comisión cuando buscan ser discipuladas, y buscan discipular a otras. Si has experimentado la gracia salvadora y transformadora de Cristo en tu vida, tienes algo que compartir. Te comparto algunas perspectivas e ideas para vivir así:

  1. Comparte de lo que has aprendido. Solo serás útil en las vidas de otras personas si estás rendida diariamente a los pies de Cristo. Podrás compartir de lo que aprendes en tu lectura diaria, en los sermones semanales, en tu tiempo de confesión, y en las pruebas que enfrentas. Tu vaso necesita estar rebosando para que puedas refrescar a los que están cerca de ti.

  2. Recuerda que Dios es el único que puede obrar en el corazón de una persona. Él usa a una gran variedad de instrumentos en la vida de cada uno de sus hijos. Tú quizá serás un instrumento en algunas vidas, y muchas otras personas lo serán en tu vida. Tú no controlas, ni tienes que entender, cómo funciona todo. Sólo debes dejarte usar como sierva humilde, reconociendo que no cambiarás a nadie por tu cuenta. Esto te ayuda a descansar en Dios y disfrutar caminar con Él junto a otras personas.

  3. Mantén tu antena en alerta por señales de necesidad en otras personas. Niñas hambrientas de atención, jovencitas con comportamiento flagrante, nuevas creyentes con muchas preguntas. En tu colonia, escuela, iglesia, y familia, hay personas a las cuales puedes animar, escuchar, y apuntar hacia Cristo de maneras sencillas.

  4. Imita a tus hermanas mayores. Si una mujer de tu iglesia te es de bendición, considera cómo ella está siendo usada en tu vida e intenta imitarla. Si hay una hermana que siempre te pregunta cómo estás y te dice que ora por ti, haz lo mismo para una jovencita o una niña de tu iglesia. Si tu abuela piadosa memoriza muchos versículos y siempre te comparte alguno de ellos, empieza a memorizar la Palabra para poder tenerla en tu corazón lista para compartir. Si una hermana te enseña a hacer un adorno para la casa, busca una manualidad que puedes hacer con alguien que necesita atención. Observa los ejemplos piadosos a tu alrededor y trata de imitarlos.

Dios desea que todas sus hijas vivan en constante crecimiento juntas como hermanas en Cristo. No puedes medir el impacto que tu vida puede tener en las de otras personas. Busca aprender de hermanas mayores, busca ser discipulada. Pero no dejes de buscar oportunidades para compartir lo aprendido con otras más jóvenes y así vivir el plan de Dios para las mujeres.

Te compartimos un video de nuestras hermanas de Mujer Verdadera hablando sobre este tema de enseñar y ser enseñadas.

 

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Sobre el autor

Susi Bixby

Susi Bixby

Susi tiene 20 años de casada con Mateo, y ama a sus tres regalos de Dios: Aaron, Ana y David. Deseando vivir el diseño de Dios para su vida, se esfuerza por dedicar la mejor parte de su energía a su hogar y su familia. Tiene el privilegio de ser esposa de pastor en la Iglesia Bautista la Gracia en Juárez, Nuevo León, México. También disfruta dar clases y consejería a las alumnas de la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, México. Le encanta estudiar y compartir la Palabra de Dios porque es “viva y eficaz” para perfeccionar a cada creyente. Publica artículos en www.palabraygracia.com.

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