El alto costo del tesoro

Hagamos a un lado a Shakespeare o a cualquier otro gran escritor de la humanidad. Cuando se trata de grandes historias, me temo que Jesús les ha ganado. Hay un lado de Jesús que a menudo olvidamos y es aquel donde el se revela como un magnífico narrador. Una y otra vez en el Nuevo Testamento, Él nos conecta con una gran historia y entonces…zas!!! Él llama nuestra atención con una poderosa y transformadora verdad para nuestras vidas.

Me gustaría que nos enfocáramos en una pequeña historia acerca de un tesoro.

Mateo 13:44-46 nos cuenta dos grandes historias, unidas entre sí con un mismo mensaje.

«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo».

«El Reino de los Cielos también es semejante a un mercader que busca perlas finas, y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró».

Si observamos, Jesús se enfocó poco en los detalles de estas historias. Considero que Él no quiso que nos desviáramos del punto central de lo que quería comunicarnos, pero vamos a leer un poco entre líneas y veamos lo que podemos aprender.

La historia número uno encuentra sobre un hombre que cava en un campo. Su pala choca contra algo duro. Él oye ese «golpe». Tal vez él se inclina y comienza a cavar con sus manos. Lo que encuentra le quita el aliento: ¡un tesoro! Oro, perlas, rubíes, diamantes. Hay tanto tesoro que no tarda en reír por tal hallazgo. Pero las leyes sobre propiedad de tierra no le favorecen en ese momento. No es cuestión de que quien encuentre el tesoro lo posee, sino que quien posee la tierra también posee el tesoro que se encuentra en ella. Así que el hombre vende todo lo que tiene. Su casa, su burro, sus adornos favoritos. Él usa el dinero para comprar ese campo y así entonces el tesoro le pertenece. El tiene que renunciar a todo para conseguir el tesoro, pero es un buen cambio.

La historia número dos nos relata sobre un comerciante de perlas. Es su trabajo reconocer una buena perla cuando la encuentra, y un día abre una ostra para encontrar la madreperla. Es la perla más hermosa que él jamás haya visto. Es más valiosa que cualquier otra perla del mar, pero su compra le resultaría muy costosa. Él vende todo. Su bote, sus redes, su hogar. Él usa el dinero para comprar la perla de gran precio. Fue un buen negocio.

Vamos a pensar en la historia detrás de la historia. ¿Cuál es el tesoro? ¿Qué simboliza la perla? Jesús nos dice que ambos representan el Reino de los Cielos.

Sus seguidores pensaron que Él se refería a un reino real de castillos y ejércitos y un trono, pero Jesús se refería a la herencia que recibimos cuando nosotros lo aceptamos. Él estaba hablando acerca del regalo de conocerle y ser conocido por Dios.

Todo esto suena muy parecido a una tarjeta de Hallmark. Es encantador pensar en que ser un cristiano es como hacerse ricos o desenterrar una perla preciosa, pero no te pierdas el resto de la historia.

Seguir a Cristo te costará. De hecho, puede costarte todo lo que tienes.

Así que la lección en estas historias es realmente doble. Seguir a Jesús te costará (te puede costar todo). Vale la pena el costo.

Una buena historia nos lleva a pensar, y estas historias me ponen a pensar acerca del costo de la fe en mi vida. Si la fe no me está costando nada, considero que puedo asumir que estoy cavando en los tesoros equivocados. Si hay un costo, necesito recordar que, sea cual sea, Dios y Su reino se lo merecen.

¿Qué tal tú? ¿Qué te está costando seguir a Jesús? ¿Sabes lo que se siente perder todo por el tesoro de conocer a Dios?

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Sobre el autor

Erin Davis

Erin Davis

Erin ama a las mujeres jóvenes. Fundó Ministerios Graffiti en respuesta a su exposición a las niñas adolescentes que luchan en las áreas de la identidad, la autoestima, y la verdadera belleza. Erin es la autora de varios libros que aplican la verdad de Dios a grandes temas como la belleza, la pureza y la maternidad. Erin y Jason son padres de dos niños adorables, Eli and Noble.

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