¿Inmadura yo?

Cuando pensamos en la plenitud de la madurez cristiana, podemos admitir que todas estamos en proceso de llegar a la meta gloriosa de ser conformes a la imagen de Jesús (Ro. 8:29). Pero nuestro día a día muchas veces revela la falta de intencionalidad con el fin de que nuestro carácter sea semejante al Suyo.

Lo natural para una planta, para un cachorrito o para un bebé, es que alcance la madurez. Esto mismo se espera de nosotras como creyentes. El problema surge cuando no crecemos en nuestro caminar cristiano de manera coherente con el tiempo que tenemos en la fe. (Con esto no quiero decir necesariamente que se requiere cierta edad para lograr madurez.) Un bebé no puede durar cinco años como bebé. A los cinco años, ya debe ser un niño, a los 14, un joven, y a los 18, un adulto. El autor de Hebreos nos habla de algo similar en el capítulo 5, versos 11-14:

Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que os habéis hecho tardos para oír. Pues aunque ya debierais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma sólo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.

Mientras avanzamos en tiempo como discípulas de Cristo, se espera que empecemos a comer alimento sólido, a profundizar en todas las doctrinas de la Palabra. No es posible quedarnos únicamente con el consuelo de Salmo 23 y el mensaje central de Juan 3:16. Debemos pasar a estudiar el Pentateuco, los Profetas, las Cartas de Pablo, y Apocalipsis, para mencionar algunos ejemplos.

Si nos preguntaran si somos cristianas maduras, ¿cómo nos iría en el examen? Les comparto algunos indicadores que revelan si padecemos de inmadurez espiritual.

Indicadores de “niñería espiritual”:

  • Manifiesto un consumo ocasional y superficial de las Escrituras. Como si fuera “a la carta”, pienso que puedo tomar de la Biblia lo que yo quiero.
  • Mis oraciones son vacías y centradas en intereses egoístas. Sólo oro en situaciones de urgencia.
  • No le doy el valor debido al congregarme fielmente y a la comunidad con otros creyentes.
  • No escucho atentamente: me entra por un oído y me sale por el otro.
  • Interrumpo repetidamente a otros mientras hablan.
  • Justifico mis faltas en la confrontación en lugar de mostrar arrepentimiento; o si las acepto, es con resentimiento o sentido de víctima.
  • No aplico ni comparto la gracia de Dios en Cristo que sobreabunda ante la pecaminosidad humana.
  • Cuando no considero mi diseño como mujer como algo hermoso y lo desprecio con mi forma de vivir.
  • Me es más fácil consultar a una mentora o pastor, que orar a Dios y pedir su dirección.
  • No soy honesta en cuanto a mis luchas, ni soy pronta a confesar mis pecados y le hago creer a todos que las cosas andan bien.
  • Experimento resentimiento cuando no me felicitan por mi cumpleaños, o no se acuerdan de mí por algún otro motivo especial.

Estos indicadores no son los únicos que pueden existir, pero espero que te hayas visto en algunos de ellos. Te ayudarán a identificar tu pecado de negligencia al crecer, arrepentirte, y perseguir la madurez en Cristo.

Añade a tu fe

La Palabra del Señor nos enseña que luego del arrepentimiento y el nuevo nacimiento, necesitamos empezar a dar pasos de crecimiento en el conocimiento de Jesucristo. Para usar la frase del apóstol Pedro, es preciso “añadir a la fe” todas las demás cualidades del carácter de Jesús.

Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; 6 al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad, a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor. Pues estas virtudes, al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados. Así que, hermanos, sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección de parte de Dios; porque mientras hagáis estas cosas nunca tropezaréis. (2 Pedro 1: 5-10)

Amadas chicas, tengamos esperanza en la gracia de Dios y en la ayuda de Su Espíritu. Corramos a Él para empezar a añadir a nuestra fe todo lo que nos falte. Seamos diligentes. Pues estas virtudes, al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. (v. 8)

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Sobre el autor

Masi Meyer

Masi Meyer

Discípula de Cristo, dominicana, esposa de Leo y mamá de Mia. Con un corazón para servir al Señor comunicando Su Palabra especialmente a mujeres, a través de la mentoría, la consejería y la exposición bíblica. Sirve junto a su esposo en el grupo de Jóvenes Universitarios (JAD) de la Iglesia Bautista Internacional en la Republica Dominicana, colabora en el programa radial “Mujer para la Gloria de Dios”, y escribe para el Ministerio de Mujeres Ezer. Además, contribuye en el blog de Joven Verdadera. Actualmente cursa un Diplomado en Estudios Bíblicos en el Instituto Integridad & Sabiduría.

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