Mirando mas allá del profeta autocompasivo

La mayoría de ustedes conocen la historia de Jonás y probablemente la han estado escuchando desde que eran pequeñas. Jonás es famoso por su desobediencia, su fiesta de autocompasión y lástima y por pasar tres días dentro de un gran pez. ¿Es esto todo lo que hay sobre Jonás? ¿Es acaso esto de lo que se trata su historia?

Considerando que Dios nos dio la Biblia para revelarse a Sí mismo a nosotras, es seguro decir que el libro de Jonás es más que solo un relato de cómo no nos debemos comportar. En última instancia es sobre Dios. Con esto en mente, aquí hay cuatro características de Dios que me resaltaron al estar volviendo a leer recientemente la historia de Jonás.

1. La santidad de Dios

El libro comienza con Jonás recibiendo instrucciones de parte de Dios de ir a Nínive a advertir a las personas del inminente juicio de Dios por su pecado (1:2).

Nínive no era el vecino amigable de la casa de al lado que trae un plato de galletas cuando llegas a vivir allí. Nínive era el enemigo de Israel, así que naturalmente Jonás, quien era profeta en Israel, no los quería. En lugar de obedecer a Dios, Jonás tomó la dirección opuesta, y corrió justo hacia una tormenta. 

Jonás es muy complaciente con su pecado. ¡Él esta tan relajado que se queda dormido en el barco que lo está alejando de su asignación! Dios, por otro lado, se toma el pecado muy en serio. Él es un Dios santo que se aflige por nuestro pecado. Sin Jesús, hasta nuestros mejores esfuerzos son como un montón de ropas sucias para Dios. (Isa. 64:6).

Esto te debería llevar a considerar la forma en que ves tu pecado. Lo ves...¿como Jonás o como Dios? ¿Estás cómoda con tus hábitos pecaminosos? ¿Excusas tus malas decisiones porque «se siente bien»?

2. La soberanía de Dios

Jonás y la tripulación se encontraron en una tormenta tan feroz que hasta los experimentados marineros estaban asustados. Jonás pensó que él había engañado a Dios, pero Dios aún estaba en control. Escucha esto: Porque Él siempre está en control.

Jonás 1:4 dice que fue el Señor quien envió la tormenta y designó el gran pez, en el versículo 17, para que se tragara a Jonás. Entonces Dios no solo calmó la tormenta; Él la usó y usó la desobediencia de Jonás para calmar una rugiente tormenta dentro de los corazones de los marineros paganos a bordo (vv. 15–16).

Ver buenos resultados de nuestros errores no excusa el pecado. Pero debes encontrar esperanza en saber que Dios no se limita por nuestras decisiones, sean buenas o malas. No es un juego de ajedrez en que Él está nerviosamente retorciendo Sus pulgares, esperando que hagas un movimiento. Él es el Dios soberano que conoce y reina sobre todas las cosas, desde las tormentas hasta los peces, hasta los corazones rebeldes.  

3. La misericordia de Dios

En algún momento mientras estaba en la panza del pez, Jonás llegó al completo arrepentimiento (Jonás). Al enfrentarse con la muerte, Jonás clamó buscando la misericordia de Dios. Él se vio a sí mismo como realmente era: indefenso, pecador, indigno, y vio a Dios por quién es Él verdaderamente: soberano, santo, misericordioso.

Jonás había terminado su oración desde dentro del pez con «La salvación es del Señor». (2:9) A él le gustaba esa promesa cuando se aplicaba a él mismo, sin embargo cuando esta fue verdad para sus enemigos… bueno, el prefería verlos pagar. ¡Misericordia para ellos, no!

Dios reprende a Jonás en el capítulo 4 por tener compasión de una planta muerta, una que creció en un día y se marchitó al siguiente (vv. 10–11), pero no de una ciudad entera llena de miles de personas creadas a la imagen de Dios. ¡Jonás es un cretino!

Pero espera un minuto... ¿es la actitud de Jonás peor que la nuestra? ¿Esperas la misericordia de Dios en tu propia vida pero no puedes soportar ver que Dios la extienda a aquellos que te caen mal? ¿Estás tan absorta con satisfacer tus propios deseos que resistes la voluntad de Dios? Esto pasa cuando valoramos las cosas de Dios más que a Dios Mismo.

4. La gracia de Dios

¡La buena noticia es que hay buenas noticias! La gracia que Dios mostro a Nínive y a Jonás está disponible para ti. ¿Quién podría estar más perdido que aquel sin ningún sentido de lo malo o lo bueno como los Ninivitas? ¿Qué se ve más allá de la esperanza de un hombre dentro de un pez en el fondo del mar? Tú nunca estás fuera del alcance de Dios. Esto es porque Jesús, a diferencia de Jonás, no desafió la voluntad de Su Padre. Él obedeció.  

Cuando fue llamado por Dios para ir a personas pecadoras, Jesús dejó todo y fue. Él no huyó. Él afirmó Su rostro y enfrentó la muerte por nosotras (Lucas 9:51; Heb. 12:2). Jesús absorbió la ira de Dios para que los hombres pecadores pudieran ser amados por Dios.

A través del libro de Jonás, vemos las imperfecciones del hombre, su pecado, su debilidad, su arrogancia, su egoísmo, en conflicto con la naturaleza perfecta de Dios, Su santidad, Su soberanía, Su misericordia, Su gracia. Pero encontramos solución en el Dios-hombre. Jesús hizo lo que Jonás no podía, lo que nosotras no podemos. Él cumplió la Ley y fue obediente hasta la muerte, haciendo un camino para que el arrepentido estuviera en paz con Dios (Fil. 2:5–8).

La próxima vez, en lugar de leer la historia de Jonás y burlarte de sus malas decisiones y actitudes aniñadas, ¡más bien maravíllate ante el carácter impecable de Dios y la maravillosa obra de Jesús en la cruz por ti! 

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Sobre el autor

Leanna Shepard

Leanna Shepard

Leanna comenzó a servir como parte del staff de Revive Our Hearts en el verano del 2014. Aunque es originaria de Akansas y se encuentra residiendo en Michigan, su ciudadanía está en los Cielos, habiendo sido adoptada como hija del Rey cuando tenía 10 años. Le encanta el té caliente, los buenos libros, probar nuevas recetas en la cocina y apoyar a su equipo favorito, los Cardenales de San Luis.

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