Para la joven que lucha con su sexualidad

Del equipo de Joven Verdadera: Sabemos que su generación, ahora más que nunca, está siendo bombardeada con mensajes sobre sexualidad, específicamente acerca de la atracción hacia el mismo sexo. Queremos señalarlas cuidadosa y valientemente hacia la verdad de Dios sobre estas cuestiones, así que hemos reclutado la ayuda de una amiga del blog, Laurie Krieg. Laurie tiene una conexión personal con esta lucha específicamente y un corazón para ver a las jóvenes mujeres elegir la verdad y escoger vivir en libertad. No te pierdas los posts de Laurie en este blog en los próximos días.

 

Lo sentiste. El resplandor de la atracción. ¡Pero espera! ¡Ella es del sexo equivocado! Sí, ella. Entonces tus pensamientos comienzan a dar vueltas.

Eso no es lo que se supone que debe suceder. 

¿Soy gay?

¿Soy otra letra en el abecedario LGBT+?

¿Quién soy yo?

Querida hermana, si esta eres tú, por favor toma ahora un momento para respirar. No estás sola. No eres algún tipo de cristiana raro. No eres alguna pecadora especial. Eres una pecadora muy normal que experimenta esta forma específica de tentación.

Esta es una parte de mi viaje en el pasado, cuando estaba más cerca de tu edad, y también en el presente. Los científicos sociales batallan para estar de acuerdo en el número exacto de jóvenes que experimentan algunas formas de atracción hacia el mismo sexo, pero por favor debes saber que no estás sola.

Esta tentación tampoco es tu identidad principal.

Sé que tú no estás escogiendo las atracciones. Pudieras no estar escogiendo sentir estos anhelos. Pero puedes escoger lo que haces con ellos.

Quién eres realmente

Experimenté atracciones hacia el mismo sexo desde que era joven, tan joven como 5 años. Crecí en una gran familia cristiana y en una cultura cristiana. Percibía el comportamiento hacia el mismo sexo no solo como un pecado sino como el peor pecado. Nadie lo dijo claramente, pero yo sentía que era verdad. Así que en lugar de hablar de aquello con lo que estaba luchando, sentí increíble vergüenza, y lo mantuve callado.

Antes de involucrarme en una relación del mismo sexo en la universidad, me habría gustado haberme detenido a pensar, ¿puedo experimentar esta atracción (este tipo de tentación) y como con cualquier otro tipo de tentación, ofrecérsela a Dios para que me ayude y buscar otras personas que me apoyen en este camino?

Esto pudiera sonar aterrador. Pudieras estar pensando, no hay nadie seguro con quien pueda hablar. Me van a rechazar. O ya les conté a mis amigas, y me dijeron que estaba bien; que esa es quien yo soy. Te escucho. Sea que hayas sido rechazada o te hayan dicho que esa es quien eres tú, hay mucha esperanza para ti. ¿Por qué? Porque si confiesas que Jesús es tu Salvador, sin importar cuáles sean tus luchas, tu principal identidad está en Cristo.

«Pues todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús. . . . No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús» (Gal. 3:26, 28).

El apóstol Pablo luchaba con tentaciones justo como nosotras. Él tenía un «aguijón en la carne» no nombrado, que hasta donde sabemos, Dios nunca se lo quitó (2 Cor. 12:7–10).
Pero Pablo no se odiaba a sí mismo por ser débil ni tampoco se identificaba por su aguijón. Más bien, el ofreció su quebrantamiento a Dios y recibió plenitud y fuerza, haciendo esta valiente declaración: «Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí» (2 Cor. 12:9).

¿No podemos hacer nosotras también lo mismo con nuestras luchas sexuales? Podemos orar, «Dios, te entrego esto. ¿Me puedes Tú ayudar?» Como yo lo hago diariamente, te estoy animando a decir, «Dios, estoy luchando con esta tentación. ¿Podrías por favor mostrarme qué es lo que verdaderamente anhelo? ¿Puedes tú tomar toda mi debilidad y reemplazarla por tu amistad y fuerza?»

Intencionalmente agrego esa palabra «amistad» en este ejemplo de oración a Dios. ¿Por qué? A través de mi debilidad, he encontrado una intimidad con Dios que jamás creí posible.

Yo también necesito humanos tangibles que puedan ser la comunidad que Pablo mencionó en Gálatas. Regresa y búscalo de nuevo. Pablo no escribió «tú (singular) eres uno en Cristo Jesús». Él escribió, «porque todos sois uno en Cristo Jesús».

¿Pero quién es seguro? ¿Cómo puedes saber qué tipo de personas conforman una comunidad saludable? Regresa mañana y hablaremos sobre esto.

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