Prudencia, ¿qué quiere decir?

Prudencia. Esta es una palabra con la que todas de alguna manera u otra estamos familiarizadas, ya sea porque desde niña te la inculcaron en tu casa, (como a mí, pero nunca la ponía en práctica), a través de la Palabra de Dios, o porque la vida te ha enseñado su significado a través de múltiples metidas de patas (como a mí también). La prudencia es una cualidad y es sorprendente que aplica a nosotras independientemente del estatus civil; si eres soltera, casada, divorciada o viuda, es algo que Dios nos llama a tener o a exhibir. 

Tito 2:5 dice que las ancianas deben enseñar a las más jóvenes: «…a que sean prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la Palabra de Dios no sea blasfemada». La palabra prudente en griego es sophron, y es utilizada como una directriz para las mujeres más jóvenes en la iglesia. Pero ojo, esto también aplica a los hombres, lo vemos en Tito 2:2, Tito 1:8 y 1 Tim 3:2.

En las Escrituras, esta palabra significa segura, juiciosa, autocontrolada (moderada en cuanto a opiniones o pasiones); otros diccionarios traducen sophron como discreta, sobria o moderada.

Señorita siempre correcta

Por personalidad, trasfondo y crianza, si hay una cosa que aprendí y traigo por defecto es que soy, como dicen en inglés, opinionated. Naturalmente digo lo que pienso y no me lo guardo, estuve buscando cómo se diría en español y lo más cercano es alguien dogmática o terca… eh… sí, lo opuesto a prudente. Una de las cosas que he ido aprendiendo de lo que Dios ha estado trabajando en mi vida con respecto a este tema, es que no es que yo digo las «cosas como son», todo lo contrario, lo digo sabiendo MUY bien lo que quiero decir y la intención con lo que estoy diciendo. Muchos pudieran pensar que es porque hablo sin pensar, pero no, no lo digo sin pensar.

En el mundo secular, ser opinionated es una característica digna de aplaudir, ya me lo han dicho, y por muchos años entendí que era algo bueno o ¿no nos dice la Biblia que tú sí sea sí y que tú no sea no? Hay muchas formas de justificar el ser una mujer imprudente y creer que está bien lo que haces, pero cuanto más profundizo en la Palabra de Dios, más me doy cuenta de que no es nada agradable. 

Recuerdo de niña las veces que me castigaron precisamente por decir las cosas de esa manera, y cuando a eso le sumas el pecado, el conocimiento, el orgullo y un feminismo latente, ¡uff! no es nada agradable lo que va a salir de tu boca, aunque lo digas con flores. El mundo de hoy día lo promueve y aplaude, pero es diametralmente opuesto a lo que Dios nos llama a ser en Su Palabra: 

«No se interesen tanto por la belleza externa: los peinados extravagantes, las joyas costosas o la ropa elegante. En cambio, vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece, la belleza de un espíritu tierno y sereno, que es tan precioso a los ojos de Dios».- 1 de Pedro 3:3-4

Un espíritu tierno y sereno que es precioso a los ojos de Dios, no habla de mujeres tímidas o que no hablan, sino de mujeres que saben cómo, cuándo y dónde deben hablar y conducirse. Porque recuerda que al final de cuentas no se trata de nosotras, se trata de Él. 

La imprudencia hace mucho daño

Por años he visto el daño que hace tener una persona imprudente en tu vida o ser tú misma la imprudente en la vida de otra persona. He visto el daño que puede hacer a una familia, a un matrimonio, y a una congregación entera una persona así. La Palabra de Dios está llena de ejemplos de mujeres prudentes e imprudentes y han sido no solo de ministración a mi vida, sino más que nada de reprensión. 

¿Se han visto ustedes en una situación donde después de «meter la pata» se dicen: «¡¿Para qué dije eso?!»? ¡Yo sí! Creo que llegué a un punto en mi vida donde era mejor que me quedara muda porque era metida de pata tras metida de pata. Pero Dios en Su misericordia me ha ido guiando, así como el caballo que vemos en Salmos 32:8-9 que dice:

«Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti».

El ser opinionated no fue ni será algo de lo cual me sienta orgullosa, sino todo lo contrario, lejos de hacer gala de saber mucho, me hacía lucir como una necia. El libro de Proverbios está lleno de ejemplos sobre ser necio, que es el opuesto al sabio. Ser imprudente es sinónimo de necio, porque no es una cuestión de inteligencia o conocimiento, es un asunto del corazón. Cuando no medimos lo que decimos, cuando actuamos desde nuestra propia auto-justicia, dañamos a los demás. Una persona imprudente no mide las consecuencias, no calcula, porque está tan consumida en su deseo de quedar bien o de tener la razón, que lo llevará a cometer errores en su vida. Es como si pusieras un carro sobre una pendiente y no tuviera frenos, se llevará todo lo que esté en su camino, pero tristemente solo se detendrá cuando choque con algo que sea firme e inmovible.

Desarrollando una actitud prudente

La primera vez que me topé con la palabra sophron me causó gracia, y fue justamente leyendo el libro de Adornadas, que me di cuenta de que yo era lo más parecido al volcán Helena en sus mejores momentos. Pero volviendo al libro, me encanta cómo Nancy lo expone, porque inicia diciendo que sophron es un estado mental que hay que desarrollar, o sea, no nace con nosotras. Quiero compartir esta cita: «Sin prudencia, somos esclavos de todos nuestros enemigos (el mundo, la carne y el diablo) e incompetentes: incapaces de servir a Dios y a otros o de hacer algo en beneficio propio. Terminamos no solo por ser esclavos de nosotros mismos, sino también de nuestros apetitos» (J. Hampton Keathely III).

Un estilo de vida sophron, nos dice Nancy, es uno que comienza con un estado de mente sophron, una manera de pensar que afecta toda nuestra manera de vivir. Una mentalidad sensata, sana y prudente, que dará como resultado una conducta sensata, sana y prudente. De la misma manera, la conducta irracional, impulsiva, indisciplinada y sin dominio propio es la evidencia de un pensamiento que no es sophron o sano.

Muchos comentaristas bíblicos que menciona Nancy en su libro de Adornadas, dicen que esta palabra está relacionada con otras palabras: 

«Dominio propio que gobierna todas las pasiones y los deseos, lo cual permite al creyente conformarse a la mente de Cristo».

«Disciplina interna habitual, que constantemente pone el freno a todas las pasiones y deseos».

«El que tiene una mente sana; una persona que ha desarrollado la capacidad de controlarse, disciplinarse, que tiene buen juicio y gobierna su mente, sus pasiones y deseos, alguien que voluntariamente impone limitaciones a su libertad». 

Entonces, hay una relación entre lo que hay en mi mente y la forma en que me conduzco, por lo tanto, debemos buscar activamente el tener este tipo de mente sana, como dice la cita, «…sin prudencia somos esclavos de nuestros enemigos». ¡Wow! Ser prudentes es como ponernos un freno, un límite, y la Palabra de Dios nos dice: «El prudente ve el mal y se esconde, pero los simples siguen adelante y son castigados» (Proverbios 22:3). Ser prudentees estar conscientes de las consecuencias y no seguir adelante, es detenernos y pensar si lo que voy a hacer o a decir va a traer gloria al nombre de Dios o va a hacer que blasfemen en contra de Dios, «a que sean prudentes…para que la Palabra de Dios no sea blasfemada» (Tito 2:5).

Ser prudente no tiene nada que ver son ser anticuada o débil, sino todo lo contrario; habla de mucha fortaleza, sabiduría, y conocimiento de un Dios santo; habla de querer agradarle más a Él que ganar un argumento o tener la razón, busca querer vivir de una forma que apunte a Cristo y no así misma.

La recompensa de la prudencia es una dulce experiencia que alegra el alma. En la vida debemos aprender que a veces es mejor no decir nada, que el objetivo no es ganar una batalla con un argumento excelentemente desarrollado, que a veces es mejor cuidar la relación. Cuando entendemos eso, las experiencias son las que nos hacen ser instrumentos de bondad y gracia en la vida de los que nos rodean, no como el mulo al que nadie se le quiere acercar. ¡Que Dios nos ayude en este caminar de este lado de la gloria, que podamos aprender a desarrollar una mente sophron! Recordemos que solamente es cuando estamos arraigadas en Su Palabra y saturadas de ella que podremos tener una vida controlada por Él. ¡Atesoremos la prudencia como una de las características más importantes a exhibir como mujeres creyentes!

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Sobre el autor

Yamell Jaramillo

Yamell Jaramillo

Yamell es originaria de la República Dominicana, actualmente vive en Colombia. Ama la palabra de Dios, es firme en sus convicciones y vive apasionadamente la vida cristiana. Procura la prudencia, la sobriedad y la modestia, anhelando ser como la mujer de Proverbios 31.

Tiene un especial cuidado por aquellos a su alrededor y, por la gracia de Dios, su corazón está siempre presto a discipular y aconsejar a las mujeres de su entorno. Junto a su esposo Omar, estudia la Palabra, vive el señorío de Cristo, enseña el sabio consejo de Dios a otros y disfruta las bondades de la vida.

Actualmente es la encargada de contenido y de proyectos especiales en Aviva Nuestros Corazones.

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