Sé una en un millón

Todas nos queremos destacar, ser diferentes, separarnos del montón. Tal vez nos hagamos un corte de pelo diferente pero lindo, o escuchemos a un grupo musical de Indie de los que nadie ha escuchado nunca, pero la Biblia nos da una mejor forma para destacarnos entre la multitud.

Mira la historia de Lucas 17:11-16 (Psst. . . no huyas de ella. Son sólo seis pequeños versículos. Tómate tu tiempo.)

«Y aconteció que mientras iba camino a Jerusalén, pasaba (Jesús) entre Samaria y Galilea, y al entrar en cierta aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia,»

Pausemos aquí. ¿Cuántos leprosos había? Diez. ¡Correcto! Piensa en los nueve amigos más cercanos que tengas o en nueve miembros de tu familia. Luego, imagina que eres el miembro número diez de ese grupo. ¡Quédate con ese pensamiento! Volvamos a la historia.

«y al entrar en cierta aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia, y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro! ¡Ten misericordia de nosotros! Cuando Él los vio, les dijo: Id y mostraos a los sacerdotes. Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios. Entonces uno de ellos, al ver que había sido sanado, se volvió glorificando a Dios en alta voz. Y cayó sobre su rostro a los pies de Jesús, dándole gracias; y éste era samaritano.»

Enfoquémonos en los diez leprosos un momento. Estos hombres estaban enfermos. Ellos tenían una enfermedad bacteriana contagiosa llamada lepra. Tal vez has escuchado que la lepra puede hacer que los dedos de las manos y de los pies se caigan. Según mi doctor favorito (WebMD) eso no es cierto, pero puede ser que sí se entumezcan. La lepra también es un poco silenciosa. Es posible tenerla durante cinco, diez, o veinte años y no saberlo, pero sin tratamiento puede ser fatal. En los días de Jesús se pensaba que la lepra era muy contagiosa. A los leprosos no se les permitía estar cerca de otras personas. Por eso fue que estos diez hombres le gritaban a Jesús desde lejos.

Pero Jesús les mostró compasión. Con una palabra sanó a los diez y los envió de vuelta restaurados; redimió sus vidas.

Si por una enfermedad te separaran de tu vida normal durante años, me imagino que tendrías prisa por ver a tu amiga favorita, por sentarte en tu silla preferida, o comer tu comida favorita de nuevo. Estos hombres tenían que haberse sentido de esta forma, porque se alejaron corriendo de Jesús, sin mirar atrás.

A excepción de uno.

¿Recuerdas este hombre?

«Entonces uno de ellos, al ver que había sido sanado, se volvió glorificando a Dios en alta voz. Y cayó sobre su rostro a los pies de Jesús, dándole gracias; y éste era samaritano.»

( vv 15-16).

Diez fueron sanados. Solo uno regresó.

Estoy segura de él quería correr de vuelta a la vida normal tanto como lo hicieron los demás, pero la gratitud le obligó a ir a Jesús primero. Estaba muy agradecido por lo que Jesús le había concedido, y cayó sobre su rostro recién sanado, y adoró.

Somos los diez leprosos

¿Recuerdas cuando te pedí que te imaginaras a ti misma como a una del grupo de los diez? El hecho de que tenemos familias, asistimos a escuelas y tenemos amigos, nos hace parte de un paquete, al igual que los diez leprosos de esta historia. Pero las similitudes no terminan ahí:

  • Estamos enfermas también, pero nuestra enfermedad es el pecado y nadie es inmune (Rom. 3:23).
  • Es posible que vivamos años o décadas (o incluso toda la vida) sin saber o reconocer nuestro pecado.
  • Nuestra enfermedad hace que nuestros corazones se entumezcan (Mar. 6:52).
  • También nos separa de Dios, al igual que los leprosos fueron separados de Jesús (Isa. 59: 2).
  • Sin intervención, nuestra enfermedad espiritual sería mortal (Rom. 6:23).

En muchos sentidos somos como los diez leprosos, desesperadas por la sanación, separadas de nuestro Salvador, destinadas a morir.

Pero el mismo Jesús que sanó a los diez leprosos con una palabra nos sanó por medio de su sacrificio en la cruz.

Volvamos atrás y veamos cómo termina la historia.

«Respondiendo Jesús, dijo: ¿No fueron diez los que quedaron limpios? Y los otros nueve, ¿dónde están? ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? Y le dijo: Levántate y vete; tu fe te ha sanado» ( vv 17-19).

Mi Biblia añade una nota al pie que dice «o te salva».

Los diez leprosos fueron sanados de sus enfermedades físicas, pero sólo uno se salvó de su enfermedad espiritual. No fue la palabra «gracias» la que lo salvó, sino la adoración a su Salvador. Él dobló sus rodillas e inclinó su vida delante de Aquel que puede salvar su cuerpo y su alma.

Así que, ¿quieres destacarte?

La mayoría de nosotras estamos demasiado ocupadas en la carrera de nuestras vidas para siquiera detenernos y dar las gracias. Un leproso en esta historia recibió bendiciones especiales solo porque se detuvo, se devolvió, y alabó a Dios por todo lo que había hecho.

Si quieres ser como todo el mundo:

  • Mantente ocupada cada segundo.
  • Nunca te detengas a dar las «gracias».
  • Nunca ponderes los milagros que Dios ha hecho en tu corazón y en tu vida.

Pero si quieres destacarte, si quieres ser diferente, si quieres ser una obra acabada por completo... pausa, devuélvete y adora. Yo quiero ser de aquellas que se detienen y dicen muy a menudo, «gracias», ¿no quieres eso también? Deja un comentario abajo dándole a Jesús las «gracias» por todo aquello de lo que te ha salvado.

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Sobre el autor

Erin Davis

Erin Davis

Erin ama a las mujeres jóvenes. Fundó Ministerios Graffiti en respuesta a su exposición a las niñas adolescentes que luchan en las áreas de la identidad, la autoestima, y la verdadera belleza. Erin es la autora de varios libros que aplican la verdad de Dios a grandes temas como la belleza, la pureza y la maternidad. Erin y Jason son padres de dos niños adorables, Eli and Noble.

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