Toma tu cruz y sígueme

«Llamando Jesús a la multitud y a Sus discípulos, les dijo: “Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de Mí y del evangelio, la salvará”». Marcos 8:34-35

¿Qué significan estas palabras? ¿Para quiénes fueron escritas?

Lo primero es que estas palabras fueron escritas para la multitud que estaba escuchando a Jesús, y de manera especial para aquellos que habían decidido seguirle o que estaban evaluando hacerlo.

Jesús está mostrando en toda su realidad el alto costo de seguirlo; en vez de bajar el estándar para que todos lo siguieran, Cristo definió lo que es en realidad un discípulo, identificando a los verdaderos seguidores de entre aquellos que querían seguirle solo por conveniencia personal.

«Si alguno quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo» 

Uno de los requisitos para ser Su discípulo es la negación del yo, es decir, a estar dispuesto a rendir tus deseos y anhelos si Dios así lo requiere, y a quitar el reinado del yo para darle a Cristo el señorío que le corresponde. Para esto se requiere un corazón humilde, un corazón que ya no vive para sí.

Cuántos jóvenes quieren seguir el éxito que el mundo les ha vendido y deciden seguir a Cristo y también al mundo. El problema es que Cristo no admite competidores, ni comparte Su trono. O es a Él al único a quien quieres agradar y rendir señorío o no eres Su discípulo. El evangelio no se puede rebajar a nuestra conveniencia. Debes estar dispuesta a decirle no a ese joven, a ese trabajo o a esa carrera si te apartará de Cristo. Debes quitar todo aquello en tu vida que no da gloria a Dios.

«Tome su cruz y sígame»

En estos tiempos la cruz ha pasado a ser un adorno, algo que nos recuerda el amor sacrificial de nuestro Salvador. Sin embargo, en los tiempos de Jesús, la cruz significaba maldición, el pago a los criminales más despreciables. Un viaje sin retorno. ¡Imagínate cuando Jesús les dijo que tomaran su cruz y lo siguieran!

Hoy en día, tomar tu cruz no significa sobrellevar una enfermedad o enfrentar los problemas del día a día (todas las personas hacen eso). Tomar tu cruz se refiere a la decisión que has tomado de seguir las pisadas de Cristo y estar dispuesta a llevar el costo que esto implica al vivir una vida de obediencia y fidelidad a Dios a pesar de las tentaciones, tribulaciones y padecimientos por Su causa.

Cuando Dios es lo más valioso para ti, ves todo lo demás como insignificante y como una pérdida. Este mundo pierde su encanto y belleza porque ahora lo único que persigues es la expansión de Su reino y que Su nombre sea exaltado con tu vida sin importar lo que eso te cueste. Ya no se trata de ti, sino de Él.

Para nosotras que vivimos en un tiempo donde podemos compartir la Palabra de Dios sin ser perseguidas, podemos llegar a vivir el cristianismo de una manera superficial; pero para los hombres que escuchaban estas palabras, ¡seguir a Cristo les podría costar sus vidas! 

Ahora me pregunto, ¿qué tanto amamos nuestra vida? Es aquí donde llegamos a nuestra parte final.

«Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio la salvará»

Por más jóvenes que nos veamos, tarde o temprano todos nos tendremos que enfrentar con la muerte. No importa cuánto nos cuidemos, esta vida no se puede retener; así que sería muy tonto de nuestra parte querer aferrarnos a algo que se nos quitará. Es sabio el que ha aprendido a rendir todo a Dios.

Es una pena ver cuán distraídas vivimos, hemos sido engañadas con las mentiras de este mundo que nos dice que nos merecemos todo, que debemos buscar ser felices, pero ¿qué es ser feliz? ¿Ser ricas? ¿Casarnos? ¿Tener todo lo que deseamos? ¡Nada de eso nos puede satisfacer! 

Si por servir o seguir a Dios tienes que pasar vergüenza, dolor o dejar tu comodidad, aún más, si tienes que perder tu vida para que Cristo sea conocido, ¡hazlo! Si entregas tu vida por la causa de Dios, la estarás en realidad ganando.

Me pregunto, ¿dónde están esas jóvenes con corazones que arden por Dios, que anhelan a Dios más que a la vida? Yo anhelo tener un corazón así y ver una generación joven dispuesta a perderlo todo aquí, sabiendo que lo que se entrega no se compara con la vida que nos aguarda.

Pido a Dios que levante jóvenes con la fe de los amigos de Daniel que estuvieron dispuestos a ir al horno de fuego antes que serle infiel a Dios. Quizás no te toque una prueba así, pero sí puedes escoger en tu día a día decirle no al pecado, muriendo a ti misma y decidir seguir a Dios sin importar el costo. Eso es lo que significa tomar tu cruz: tomar decisiones para el beneficio de Dios y Su causa, sin reparar en el costo.

Oro a Dios que nos use donde Él quiera, como Él quiera, sin importar lo que nos toque entregar o dejar, porque Él lo vale. No desperdicies tu juventud y tu vida.

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Sobre el autor

Angélica Rivera

Angélica Rivera

Angélica es diaconisa en la Iglesia Bautista Internacional, República Dominicana. Ella es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y tiene un certificado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary a través del programa Seminary Wives Institute. Está casada con el pastor Joel Pena, encargado del ministerio de Vida Joven de su iglesia donde Angélica sirve junto a su esposo. Tienen dos hijos: Samuel y Abigail.

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