¡Vale la pena esperar! Consejos de alguien que no esperó

La gente hace cosas muy locas por amor, jamás pensé que me encontraría un día escribiendo un post como este… Desnudar mi corazón de esa manera no es algo con lo que me sienta cómoda pero (como dice una amiga muy querida) ¡te amo con locura! Te amo más de lo que necesito guardar las apariencias delante de ti, te amo lo suficiente para dejarte ver mis cicatrices y las lecciones que pueden traer a tu vida.

Este post es para ti que has estado pensando en bajar la guardia y entregar tus tesoros a quien Dios no te ha dado el permiso y también para ti que ya cediste, que quizás has comprobado con tu experiencia que valía la pena esperar.

¿Por qué esperar por lo que puedes tener ahora? Los límites de Dios en el área de la intimidad sexual pueden parecer sin sentido y hasta malvados cuando intentamos comprenderlos sin tener en cuenta quién es Él. Conocer la naturaleza y los atributos de Dios hará que Sus mandamientos no solo tengan sentido sino que sea un deleite para ti cumplirlos. La Palabra dice en Juan que nuestra obediencia es la evidencia de que amamos a Dios. Y yo diría que Sus mandamientos son una forma en la que Él nos deja saber que nos ama.

El pensar en que un Dios tres veces santo, bueno, misericordioso, que sacrificó a Su único Hijo para salvarte de la ira venidera y la condenación eterna es el mismo que te dice que no tengas relaciones antes de casarte hace que puedas ver toda la ternura que se esconde en este mandato.  Al hacerlo Él está no solo guardando tu pureza sino tu corazón, tu cuerpo y tu futuro.  Por difícil que te parezca de entender ahora, el entregarte físicamente, cuando no se hace bajo la protección del matrimonio es mucho más que un acto de la carne y no es algo que simplemente olvidarás un día si las cosas terminan saliendo mal. Dios diseñó las relaciones para que trascendieran lo físico, al hacerlo estarás compartiendo todo tu ser y las consecuencias para tu alma pueden ser nocivas. ¡Lo recordarás quizás para siempre!

Hablemos un poco del pecado… Sé que quizás estás viendo todo esto desde el lado romántico obviando el hecho de que la desobediencia a Dios es pecado y en este caso este pecado se llama fornicación, que puede venir acompañado de rebelión, lujuria e incluso idolatría. Uno de los principales problemas con el pecado es que lo que obtienes no es precisamente lo que ves en el escaparate. De hecho, no es solo que no te da el placer que ofrece sino que el sabor después de probarlo es mucho más amargo de lo que puedes imaginar. La Palabra nos invita en repetidas ocasiones a huir de fornicación, uno de mis versos favoritos es este:

"Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; es decir, que os abstengáis de inmoralidad sexual". 1 Tesalonicenses 4:3

Si te has detenido a preguntarte cuál es la voluntad de Dios en tu relación con ese chico, la respuesta no puede ser más obvia. No hay excepciones para esta regla. Te aseguro amada que no es una puerta que quieres cruzar antes de tiempo, no podrás recibir nada bueno de entrar ahí a menos que lo hagas de acuerdo a los término de Aquel que hizo todo hermoso en su tiempo.

Por otro lado, el amor es paciente, lo suficiente como para esperar el momento apropiado. Aunque tú y tu pareja sean ambos creyentes, violar las reglas de Dios puede ser nocivo para ambos, no solo para su relación entre ustedes sino también para su relación con Él.

Sé que no necesito hacer una larga lista del resto de las consecuencias, enfermedades, embarazos, corazones rotos. La ciencia puede hacerte creer que existe protección para esto pero la verdad es que solo puedes elegir el pecado no sus consecuencias.

¡Y ahora los consejos!

1. ¡Lucha por la pureza! La buena noticia de esto es que Cristo a través de Su sangre derramada en la cruz te limpió del pecado, ante los ojos de Dios estás limpia, ¡LIMPIA! Y eso aplica tanto si has caído como si no porque la tarea aquí es mantener limpio lo que Él ya limpió, es luchar por preservar esa pureza que te fue otorgada. ¿Cómo? ---> Lee debajo

El lunes pasado Betsy nos dio algunas recomendaciones para nuestras relaciones con los chicos. Ella nos animó a hacer que la pureza y la prudencia nos guiarán. Puedes ver el vlog aquí.  Bethany también ha hecho su aporte con relación a este tema como un post titulado “8 formas de luchar por la pureza”. Finalmente no puede faltar en cuanto a este tema los vídeos de Betsy “Guardate en pureza”.

2. Ejercítate para la piedad

Tanto la obediencia como la paciencia requieren que ejercitemos nuestros músculos espirituales. Porque es más fácil caer cuando estamos débiles, es más fácil dejarnos seducir por lo que el pecado nos ofrece. Esperar no es un acto pasivo, implica que hagas cosas, que busques al Señor en oración y Su Palabra. Que lleves un registro de tu caminar con Él y de cómo vas a avanzando.

3. Rinde cuentas

Este último consejo que te daré es de vital importancia, tanto para tus luchas como por si caes o has caído. El tener a alguien que camine a tu lado, ya sea una mentora, una amiga, o un grupo de hermanas en la fe de rendición de cuentas, te permitirá varias cosas:

-Ver debilidades que quizás por ti misma no notarías

-Tener apoyo y oración en momento de tentación

- Darte cuenta que no eras la única que tiene que luchar por la pureza

- Librarte del peligro de mantener oculto tu pecado

Si ya caíste….

Te recomiendo estas publicaciones

-Confiesa… Aquí verás Por qué es tan difícil confesar el pecado.

-Esto te ayudará por si has caído en pecado sexual.

-Cuando caer no fue tu culpa. Aquí Erin Davis responde a la pregunta ¿Si he si abusada, sigo siendo pura?

-Finalmente aquí te hablo sobre mi experiencia al “correr por mi vida espiritual” y la ruta de escape antes las tentaciones.

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Sobre el autor

Clara Nathalie Sánchez Díaz

Clara Nathalie Sánchez Díaz

Clara Nathalie vive en Santo Domingo, República Dominicana, por la gracia del Señor le sirve a tiempo completo. Trabaja en Aviva Nuestros Corazones como editora, analista de contenido y administradora de la página web. Sirve al Señor enseñado a mujeres a usar su creatividad a la hora de estudiar la Palabra en un ministerio llamado Diario Bíblico. Es parte del ministerio de Escuela Dominical en su iglesia. 

 

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