Atráelas a Cristo

Escrito por Fanny de Gómez

¿Cuál es el propósito principal de enseñar a otras mujeres?

¡Atraerlas a Cristo!

  • Para que lo conozcan más
  • Para que se parezcan a Él
  • Para que dependan de Él

Atraerlas a Cristo y no a nosotras es nuestra misión al trabajar con otras mujeres. Ellas deben cada día conocer más a Cristo, parecerse más a Cristo, depender más de Él y no de nosotras. Es tan fácil olvidar esto en el desempeño de la labor que Dios mismo nos encomendó como mujeres. 

Cuando Andrés encontró a Cristo, ¿qué hizo? Nos dice Juan 1:40-42 que él buscó a Simón Pedro e inmediatamente lo trajo a Cristo. Cristo era el centro, era la Persona importante, no Andrés por haberlo encontrado.

Al enseñar a las mujeres más jóvenes, recordemos que debemos traerlas a Cristo, a Su Palabra. Ellas deben conocerlo a Él y nutrirse de Él, no de nosotras. Nosotras somos solo instrumentos para llevarlas a Él. Procura entonces enseñar principios bíblicos, no preferencias personales. Ellas no están llamadas a hacer las cosas como tú las haces, sino de una forma que dé gloria a Dios. El amar a sus maridos y a sus hijos es el mandamiento; ahora, el cómo luce esto en la práctica variará de una familia a otra. Lleva a las mujeres con las que trabajas a pensar cómo luciría esto en su hogar, de qué forma su esposo y sus hijos se sentirían y estarían siendo amados por ellas. Puedes darles ejemplos personales pues en ocasiones estos ayudan, pero no hagas énfasis en tu ejemplo, sino que más bien llévalas a pensar de qué manera pueden poner esto en práctica en su hogar. Recuerda, el objetivo no es que se parezcan a ti, sino que se parezcan a Cristo «para que la palabra de Dios no sea blasfemada» (Tito 2:5).

Cuando Pablo llamó a los corintios a ser imitadores de él, les explicó inmediatamente a qué se refería. «Sean imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo» (1 Corintios 11:1). El apóstol les está diciendo que imiten de él solo lo que es de Cristo. A veces veo mujeres que quieren imitar la forma de ser de otra que la ministra, pero esto es incorrecto. Dios nos hizo diferentes y únicas a cada una de nosotras; nuestro llamado es a glorificarle con el temperamento y la personalidad que Él nos dio.

Por otro lado, en tu tiempo de enseñanza con ellas sé intencional en mostrarles una y otra vez que su dependencia debe ser de Cristo, de Su Palabra, y no de ti. Hoy puedes estar disponible para ellas, mañana quizás no, sin embargo, Cristo siempre estará disponible para ellas. En la mayoría de sus desafíos, Él es quien realmente puede ayudarlas, nosotras no somos más que simples instrumentos en Sus manos. Llévalas entonces a Su Palabra, muéstrales Sus promesas, explícales Sus enseñanzas. Todo esto se trata de Él y solo de Él. Atráelas a El. 

Cuando atraigas a esas mujeres a Cristo y no a ti, estarás haciendo lo que hizo Juan cuando le dijeron que sus discípulos ahora seguían a Cristo. Él les respondió: «Es necesario que él crezca y que yo disminuya» (Juan 3:30).

Cuando atraigas a esas mujeres a Cristo y no a ti, estarás cumpliendo el mandato de Tito 2; y cuando las veas caminar solas o acompañadas de otra mujer que Dios ha puesto en su camino, no te sentirás desplazada, sino que darás gloria a Dios por Su obra a través de todo Su pueblo.

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