Cómo animar (bíblicamente) a tu equipo ministerial

Sobre el escritorio de mi oficina tengo una pizarra de anuncios cubierta con una cinta donde deslizo las notas y tarjetas que recibo. Ahí están también las tarjetas de agradecimiento de las iglesias en las que he compartido, notas de amigas del ministerio y cartas de mujeres con las que sirvo.

Las pongo ahí porque cada una me anima. No en una forma de «¡puedes hacerlo!» o «¡eres la mejor!», sino que me recuerdan la gracia de Dios obrando en mí y en Su novia (la Iglesia). Me recuerdan la verdad espiritual, me señalan a Aquel que gobierna todas las cosas, me consuelan con las verdades del evangelio, y me impulsan a seguir adelante en la carrera de la fe.

Como mujeres que servimos en el ministerio necesitamos ser motivadas y debemos animarnos unas a otras. Pero, ¿cuál es exactamente el estímulo del que habla la Biblia? ¿Cómo luce animar a aquellas que pertenecen a nuestro equipo en el ministerio de damas?

Una motivación bíblica

Cuando la Biblia habla de dar aliento, no se refiere al tipo de aliento que podríamos ver en el mundo que nos rodea. No se trata de decirle a otra persona que puede hacer cualquier cosa que venga a su mente, tampoco se trata de decir cosas agradables para aumentar su autoestima, ni de simplemente decir lo que la otra persona quiere escuchar como si los halagos ayudaran a alguien a alcanzar una meta o superar un día difícil.

La palabra griega que se usa para «animar» en el Nuevo Testamento es parakaleo. Esta palabra significa «llamar para que se acerque, invitar o convocar». Se usa para llamar a alguien para ayudar a otra persona, generalmente en el contexto de exhortación, aliento y consuelo. Vemos esta palabra en pasajes como:

«Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: “Hoy”; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado». -Heb. 3:13

«Pero Dios, que consuela a los deprimidos, nos consoló con la llegada de Tito…». -2 Cor. 7:6

[Dios] «…el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios». -2 Cor. 1:4

El estímulo bíblico habla la verdad espiritual al corazón y al alma, insta a una compañera peregrina a avanzar en la fe, y consuela a otras con la verdad de quién es Jesús y lo que vino a hacer. A diferencia de las motivaciones que vemos en el mundo, el estímulo bíblico no se centra en lo que una persona es capaz de hacer dentro de sí misma, sino en lo que el Espíritu está haciendo en y a través de ella. No se trata de decir: «¡Tú puedes hacer esto!», sino más bien: «¡Jesús puede hacer esto!». Este estímulo les recuerda a las débiles y cansadas que su fuente de fortaleza y esperanza no radica en lo que pueden hacer, sino en lo que Dios ha hecho por ellas en Cristo.

Animarnos unas a otras

Si eres líder en el ministerio de mujeres, quiero compartirte unos consejos prácticos de cómo puedes animar a aquellas que sirven y trabajan a tu lado.

1. Anima con tus palabras

Las palabras de aliento ayudan mucho a edificar a otras hermanas. Las notas escritas a mano, los correos electrónicos y los mensajes de texto son medios muy útiles para alentar a las demás. Mientras escribes, compártele a esa persona cómo ves a Dios obrando en su vida y cómo la ha usado en la tuya, dile lo que significa para ti. Recuérdale a que está cansada que su descanso se encuentra en Cristo. Anima a los desanimadas con la verdad de la obra de Cristo en su favor. Consuela a las afligidas con la esperanza que tienen en Cristo. Como dice en Proverbios: «Como manzanas de oro en engastes de plata es la palabra dicha a su tiempo» (Prov. 25:11).

2. Anima con los dones de las demás

Otra forma en la que podemos animar a quienes sirven en el ministerio de mujeres es procurando utilizar los dones que tenemos las unas con las otras. ¡Qué alentador es cuando alguien nota un don que Dios nos ha dado y nos motiva a usarlo para el reino! Hónrense unas a otras y regocíjense juntas cuando Dios obra a través de sus hermanas en Cristo para difundir Su fama. Busquen formas de usar los dones de las demás, porque cuando todas lo hacemos «…produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor» (Efesios 4:16).

3. Anima a través de la oración

Es muy alentador cuando alguien ora por nosotras, ¿no es así? Cuando escuches que una hermana está luchando o sufriendo de alguna manera, detente y ora con ella. Me encanta cómo el apóstol Pablo le dijo a las personas cómo oraba por ellas (por ejemplo, Fil. 1:9–11). Diles a tus hermanas específicamente cómo has orado por ellas. Aún más, ora versos de las Escrituras, luego compártelos con ellas.

4. Anima a través de tus historias

Otra manera en la que podemos animarnos unas a otras es compartiendo cómo Dios ha trabajado en nuestras vidas. Comparte las historias de la fidelidad de Dios. Comparte las respuestas de oración que has tenido. Comparte las lecciones que Dios te está enseñando. Comparte cómo Dios te ha consolado. Dios no espera que mantengamos el aliento que hemos recibido de Él solo para nosotras, sino que espera que lo compartamos unas con otras (ver 2 Corintios 1:4).

Animémonos unas a otras mientras servimos a las mujeres en nuestras iglesias. Edifiquémonos unas a otras. Exhortémonos y animémonos unas a otras a seguir adelante. Que nuestras motivaciones a las demás sean mucho más que breves declaraciones y que vayan directo al corazón y al alma, recordando mutuamente a nuestro gran Dios que obra en nosotras y a través de nosotras para la gloria de Su nombre. 

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Sobre el autor

Christina Fox

Christina Fox

Christina recibió su título de licenciatura del Covenant College y de maestría en consejería, de la Universidad Atlantic de Palm Beach.  Escribe para varios ministerios y publicaciones incluyendo Desiring God y Gospel Coalition.  Es la editora de un blog de un ministerio de mujeres de PCA y es autora de Un corazón hecho libre: un viaje de esperanza a través de los Salmos de Lamento. (Disponible solo en inglés). Christina sirve en la Junta Directa de Covenant College y dirige el equipo del ministerio de mujeres de su iglesia. Prefiere el café negro y de una cafetera francesa, disfruta las antigüedades, escalar, viajar y leer. Vive con su esposo desde hace 20 años, en la soleada Florida con sus dos hijos

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