Dos lecciones del ministerio que aprendí en el 2020

Nunca habrá un tiempo oportuno y sin dificultades para servir. Simplemente no existe. Seamos sinceras, servir en este 2020 ha sido un reto. Pero junto con todas las distintas y nuevas maneras que se nos han asignado para enseñar, hemos tenido nuevas oportunidades para aprender y ser moldeadas como maestras. De hecho, de todas las cosas que he aprendido en estos últimos meses, la primera lección es esta: ser una maestra es difícil, así que es mejor que entienda por qué estoy enseñando.

Las expectativas correctas sobre el servicio. 

Es de mucha ayuda tener expectativas correctas y realistas. Haz esto esencial. Reconocer que el ministerio será difícil, que incluye problemas y dolor es, de hecho, liberador. 

Jesús habló sobre esto, asegurándonos Su victoria final sobre los innegables problemas en Juan 16:33: «Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo».

Aunque nunca estaremos preparadas para cada prueba y tribulación (el 2020 con certeza nos ha enseñado esto), estar conscientes de que las dificultades vendrán nos protege de quedar impactadas, nos prepara para responder piadosamente y afirma nuestra perspectiva. Al seguir la exhortación de Cristo en Juan 16:33 podemos tener paz y ser valientes si nos enfocamos en Su soberanía y en Su plan eterno.

Debo confesar que hubo momentos, incluso días, durante este año donde me sentí paralizada mientras enfrentaba alguna decepción, complicación o decisión importante. No siempre estaba enfocada en el plan de Dios o llena de valor y paz. Pero el Espíritu y la Palabra con gracia me guiaron de regreso a la perspectiva eterna que produjo respuestas correctas y piadosas hacia las personas y circunstancias a mi alrededor. 

La Gloria de Dios es digna de todo.

La segunda lección esencial sobre el servicio impresa en mi corazón este 2020 se originó de un versículo en Deuteronomio que leo una y otra vez. De hecho, lo he compartido tanto que mi hija de 15 años, que tiene un talento para crear diseños de letras a mano, creó una obra de arte para mí.

¿La lección? La gloria de Dios y su renombre lo valen todo. La realidad de todo lo que nos rodea apunta el camino al Único que es capaz de sostenernos a través de toda circunstancia, y estamos destinadas a compartir esa esperanza con otros. El lamento de aquellos a quienes servimos y que han perdido seres queridos en esta pandemia es profundo, pero por la gracia de Dios se les ha dado la oportunidad de conocer que no hay nadie más que Dios para traer consuelo y propósito a su sufrimiento. Los cambios que parecen ser interminables en las rutinas de la vida diaria (incluyendo aquellos que impactaron la adoración de nuestras iglesias locales, clases, eventos y grupos de estudio) también revelan nuestra absoluta dependencia del Señor.

El inconveniente del ministerio que «es digno de todo esfuerzo»

Nuestra iglesia recientemente regresó a las reuniones presenciales incluyendo el estudio bíblico de damas. Los elementos esenciales de nuestros estudios siguen siendo los mismos: un enfoque claro de involucrar a las mujeres con la Palabra de Dios al mismo tiempo que interactúan y son enseñadas por otras hermanas en Cristo. Pero también nos hemos adaptado con protocolos de entrada y salida, nuevas capacidades en el área de reunión, la distribución de asientos, ofrecer la opción de conectarse a las reuniones por Zoom al mismo tiempo que la reunión presencial, además de no permitir ningún buffet, café, té o refrigerios.

Prepararse para los cambios, conectarse con las mujeres que enseñan y sirven, comunicar las nuevas medidas, y llevar a cabo todo esto en tiempo real, ha sido mucho para manejar. 

¿Entonces por qué pasar por todo esto?

  • Porque la gloria de Dios y su renombre lo valen. 
  • Porque el pueblo de Dios que se reúne a alabarle, a conocerlo más y a ser moldeado a la imagen de Su Hijo lo valen.
  • Porque Su Palabra es poderosa.
  • Porque Sus caminos son mayores.
  • Porque Su pueblo, incluyéndome, necesitamos desesperadamente más de Él. 

Espero que tengas ejemplos de ministerios que son «dignos de todo esfuerzo» en tu propia vida. Puedo estar casi segura de que has tenido (o puedes estar teniendo en este momento) días sobrecargados como los he tenido yo. Puede que estés dudando de tu misión, de tu servicio o incluso hasta de Dios. ¿Me dejas acompañarte con estas lecciones que he aprendido guardándolas cómo bálsamo en tu mente y corazón? Ser una maestra es difícil. Por lo tanto, recuerda a Quién estás sirviendo y no olvides que Su gloria y renombre son dignos de todo.

Somos completamente dependientes del Señor en todas las cosas, todo el tiempo. Este año nos ha dado más oportunidades para comprender y aplicar esta verdad. Mientras vives esta realidad, mientras te enfocas vez tras vez en la gloria eterna de Dios y animas a las mujeres que enseñas a hacer lo mismo, Dios se dará a conocer a ti y por medio de ti. 

«A ti te fue mostrado, para que supieras que el Señor, Él es Dios; ningún otro hay fuera de Él». Deuteronomio 4:35

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Sobre el autor

Heidi Jo Fulk

Heidi Jo Fulk

Heidi Jo desea conocer y vivir la Palabra de Dios para enseñar y retar a otras mujeres a hacer lo mismo. Ella y su esposo, Dan, viven en Michigan con sus cuatro hijos y ella dirige el ministerio de mujeres en su iglesia.

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