Es nuestra responsabilidad levantar a la próxima generación de maestras

Cada uno de los roles que desempeño incluye “elementos” tanto energizantes como agotadores. Por ejemplo: Me deleita la idea de tener largas conversaciones con mis adolescentes; pero me agota tener que abordar el mismo problema una y otra vez. Amo cocinar; pero detesto desempolvar. Me siento muy agradecida cuando veo a mi esposo reparando la nevera; sin embargo, me irrita cuando empieza a contarme cada detalle de cómo lo hizo, y para colmo, también me cuestiona sobre el arreglo reciente de mi vehículo.

Lo mismo sucede a la hora de servir a las mujeres; hay elementos energizantes y agotadores dentro de mis responsabilidades y relación con cada una de ellas. Me lleno de fortaleza cuando veo una mujer joven, con muchas habilidades, talentos y con un gran deseo de servir a otras mujeres. Me llena de esperanza poder escuchar a una joven alentando de manera bíblica y acertada a otra que está en necesidad. Me maravillo cuando una joven muestra excelencia en una tarea que le fue asignada, y celebro levantando mis manos al cielo en señal de victoria cuando una de estas jóvenes me cuenta la historia de cómo compartió el evangelio con otra mujer o con sus hijos.

¡Estos son motivos por los cuales nos llenamos de gozo en este ministerio! El saber que formo parte de esta travesía que inicia desde el momento en que una joven conoce a Cristo e inicia el discipulado, hasta el futuro más allá de mis años terrenales. Verdaderamente es una gran bendición, pero al mismo tiempo conlleva una gran responsabilidad. Nosotras (las que nos encontramos en posiciones de influencia o cualquiera que esté capacitando a otras jóvenes), debemos ir capacitando a aquellas que tomarán nuestro lugar, para que puedan continuar la misma misión que hemos llevado a cabo durante mucho tiempo, cuando ya no estemos. 

Al decir que “debemos ir capacitando”, esto no viene de mi sino de la Palabra de Dios. En Tito 2:3-5 se les instruye a las mujeres mayores, a enseñar a las más jóvenes, y a aquellas de nosotras, a quienes se nos ha entregado la verdad del evangelio, tenemos el compromiso de compartir esa misma verdad a través del poder del Espíritu Santo (2 Tim. 1:14).

No obstante, cuando como mentora eres la responsable del crecimiento espiritual de una mujer joven, esto incluye algunas consideraciones que deben ser tomadas en cuenta.

Consideraciones prácticas: identifica a futuras siervas con potencial

Eventualmente habrá necesidad de nuevas personas y más jóvenes. Imaginate que en este momento haya una necesidad de traer a otras personas a tu lado para ir tomando el lugar que otros han dejado, y junto a esto traerle a la iglesia o ministerio una nueva perspectiva. La mejor manera de identificar a una persona con potencial es, primeramente, orando al Señor y luego manteniendo tus ojos y oídos bien atentos.

No veamos esta oración solamente como una responsabilidad diaria, pero sí como la búsqueda de la perspectiva de Dios y una manera de mostrar nuestra dependencia en el Espíritu Santo para darnos mejor visión y sabiduría. Necesitamos esta perspectiva para percatarnos de aquellas personas a quienes Dios pudiera estar preparando y llamando para el servicio. Después de que ores, mantén tus ojos y oídos bien abiertos. 

He aquí algunas preguntas que pueden ayudarte a identificar a una persona con potencial:

  • ¿Quién suele tener la palabra en las discusiones grupales?
  • ¿Quién tiende a querer ser voluntaria para una tarea determinada ?
  • ¿Quién invita a otras mujeres a los servicios de adoración, eventos o estudios bíblicos?
  • ¿Quién comparte gentil y honestamente una perspectiva diferente o una verdad difícil?
  • ¿Quién sirve voluntariamente cuando otras no?
  • ¿Quién tiene una habilidad, un don o un entrenamiento que sean únicos?
  • ¿Quién viene a ti u otros líderes para compartir sus pasiones y hacer preguntas profundas?

Estas son las jóvenes en las que deberías invertir tu tiempo, con las que deberías conversar y buscar oportunidades que les permitan servir juntas para conocerlas; con la intención de ir formando una futura y verdadera sierva. También, recuerda que no eres la única persona que puede invertir su tiempo en ellas. 

Parte de nuestra responsabilidad y privilegio como parte del cuerpo de Cristo, es invitar a que otras se unan a nuestra tarea. Así que, mientras sigues tu búsqueda de estas futuras siervas, pide ayuda a tus compañeras y mujeres más maduras. Usemos la riqueza y diversidad que se encuentra en nuestra familia de la iglesia local, así como en todo el Cuerpo de Cristo. 

Consideraciones espirituales: conecta a las nuevas siervas con las necesidades de tu Iglesia

Las necesidades espirituales de las maestras actuales, futuras siervas, y de todas las demás mujeres que se encuentran en la iglesia y en tu ministerio; necesitan ser atendidas. Esto implica a muchas personas y muchas necesidades.

Ciertamente, nunca podremos atender las necesidades de todos por completo, esa consideración debería ser parte de nuestro panorama general. Comenzando de nuevo con la oración, pídele al Señor que te dé conciencia y entendimiento de las necesidades espirituales de las mujeres a las que diriges actualmente, así como las necesidades espirituales de las mujeres con las que sirves. Esta comprensión implica conversación intencional y observación.

Una vez que comprendas cuáles son las necesidades espirituales, empieza a identificar a las mujeres jóvenes que puedan ayudar a satisfacer esas necesidades. Aquí hay otra lista de preguntas útiles (y algunas respuestas) para ayudarte a comenzar:

  • ¿Has identificado una falta de conocimiento bíblico entre tus mujeres?
    Busca una mujer más joven que sea una voraz lectora y estudiante de la Biblia, quien también sea capaz de enseñar.
  • ¿Has identificado luchas comunes o problemas de pecado?
    Busca una mujer más joven que haya experimentado problemas similares y esté confiando y obedeciendo a Dios para superarlos.
  • ¿Has identificado una comprensión superficial de la teología?
    Busca una mujer más joven que se sumerja en aprender y discutir conceptos teológicos esenciales y la verdad.
  • ¿Has identificado que las mujeres no viven su fe dentro de la comunidad?
    Busca una mujer más joven que participe significativamente en tu comunidad, que pueda invitar y movilizar a otras para que hagan lo mismo.
  • ¿Has identificado que las mujeres que sirven junto a ti actualmente se están cansando o necesitan apoyo?
    Busca a una mujer más joven para que las acompañe o las apoye.
  • ¿Has identificado mujeres en tu comunidad, iglesia o ministerio que no tienen un conocimiento de la salvación por medio de Cristo?
    Busca una mujer más joven con una carga evidente por los perdidos.

(Espero que esto último sea obvio, pero es tan completamente necesario que lo estoy incluyendo).

Perspectiva esencial: confía en que Dios hará la obra

Todo cristiano debe buscar fortalecer y hacer crecer el reino de Dios. Todos tenemos roles únicos y necesarios dentro de ese reino, y como mujeres que servimos en el ministerio, eso incluye exhortar y equipar a otras para que se unan a la misión.

No hay una descripción establecida o una fórmula para el liderazgo. Sin embargo, el único distintivo que debe marcar a cada cristiano que sirve a otros es su dependencia a Dios y a Su Palabra. Esto puede variar en grado dependiendo de la madurez del creyente, pero esa confianza debe ser evidente en la vida de un líder. Cuando veas evidencia de una mujer que confía en Dios, incluso si es solo una pequeña semilla, tómala bajo tu protección, permitiéndole el espacio para crecer y nutrir una fe profunda y permanente.

Mientras buscas levantar a siervas más jóvenes, mantente alerta a esa confianza y dependencia de Dios que deben ser notorias. Busca siervas y aprendices dispuestas. Busca habilidades y talentos dados por Dios que se puedan pulir bajo la guía de una mujer mayor. Luego, haz el buen trabajo de desarrollar mujeres más jóvenes para servir y liderar para que juntas podamos avanzar el reino.

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Sobre el autor

Heidi Jo Fulk

Heidi Jo Fulk

Heidi Jo desea conocer y vivir la Palabra de Dios para enseñar y retar a otras mujeres a hacer lo mismo. Ella y su esposo, Dan, viven en Michigan con sus cuatro hijos y ella dirige el ministerio de mujeres en su iglesia.

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