Los filtros deben ser eliminados para alcanzar a las adolescentes

Silencio.

Soy saludada una vez más con silencio.

Una adolescente ha sido arrastrada hasta mi oficina por su madre y está sentada frente a mí sin nada que decir. No hay ninguna emoción en ella, solo sus ojos que se mueven hacia todas partes.

Como trabajo a tiempo completo ministrando a chicas jóvenes en una iglesia, a menudo me encuentro en esta situación: adolescentes quebrantadas, solitarias, confundidas, resistentes y silenciosas.

La mayoría de las veces le pido a cada madre que abra su corazón en presencia de su hija, y luego le pregunto si puedo hablar con su hija a solas por unos minutos.

Nueve de cada diez veces, cuando la puerta se cierra, el silencio se convierte en el sutil sonido del llanto. La barrera se rompe, las palabras fluyen y el corazón se abre.

¿Por qué ocurre eso? ¿Por qué muchas de estas chicas se comportan como estatuas? ¿Por qué sienten que no pueden expresar lo que hay dentro de sus corazones?

Lo que he encontrado es que estas chicas son expertas en lo que es falso y evitan todo lo que es auténtico. No porque sean superficiales o densas. No porque no sean capaces y les falte emoción. Sino porque el mundo les ha enseñado que lo que realmente son y lo que realmente sienten no está bien. La autenticidad se cambia por filtros y falsos Instagrams que esconden las emociones reales.

Entonces, ¿qué nos revela esto? Chicas adolescentes tratando con problemas del mundo real que intentan «estar bien», y madres confundidas con corazones rotos porque sienten que ya no saben cómo comunicarse con «su niña».

Guau.

Nos encontramos aquí, con una generación de mujeres jóvenes que estamos llamadas a levantar como guerreras del reino. Y estamos luchando para pasar a través de sus duros y hermosos filtros exteriores con el propósito de llegar al corazón de lo que realmente son.

¿Por dónde empezamos?

Sé Auténtica

Paso uno: Mírate en el espejo.

Acabamos de conocernos, pero estoy a punto de meterme en tus asuntos. Voy a pedirte que des un pequeño paseo conmigo a las partes de tu vida y de tu corazón que mantienes ocultas. Abre ese armario donde guardas todos tus trastos viejos. 

Hermana, antes de sentarnos ante nuestras hijas o jóvenes que Dios ha puesto en nuestra mano y pedirles que sean reales y vulnerables, debemos primero estar dispuestas a ser nosotras mismas.

Posiblemente, no tengamos un Instagram falso, pero ciertamente filtramos nuestra propia vida para que solo las partes más bonitas y admirables de mi mundo estén en exhibición. No quería que nadie me viera cuando entré en el banco después de tener un problema antes de salir de casa. No quiero que nadie sepa que subí una talla en mis pantalones. No quiero darle al mundo un asiento en primera fila para que vean que mi matrimonio no es perfecto.

Quiero ocultarlo. Quiero poner un filtro. Quiero que la gente vea los tulipanes bonitos y mi situación de velas/diario/café perfectamente colocada. Quiero que vean algo más que yo.

Y en los momentos en los que estoy entre mis compañeras dispuesta a abrirme sobre mis luchas y los lugares oscuros de mi corazón, constantemente respondo con silencio... Sin palabras... ¿Te suena familiar? Y de repente veo que estas chicas solo están modelando su autenticidad, o la falta de ella, a partir de mí.

¿Has visto alguna vez Los juegos del hambre?

Imagina por un momento... La Capital.

Un lugar glamuroso, hermoso y brillante.

¿Y de qué está lleno?

De gente quebrantada, triste, atrapada y muy bien vestida.

Era impresionante. Esto complacía a las masas, pero era totalmente falso.

¿La mención de este escenario de cine te trae a la mente una metrópoli bíblica?

Babilonia.

¡Oh, la hermosa Babilonia!

Una maravilla para los ojos.

Impresionante en su belleza y grandeza.

Qué admirable y fácil es deleitarnos en ella.

Sin embargo, estaba llena de gente quebrantada, bajo el reinado de un rey tirano que solo se preocupaba por la apariencia de las cosas y no por lo que realmente eran.

La autenticidad es arriesgada

Lo que el rey Nabucodonosor exigió a sus seguidores era bastante similar a los estándares que nuestro mundo nos pide que cumplamos hoy en día:

«Estos jóvenes no debían tener defecto alguno, serían de buen parecer, inteligentes en toda rama del saber, dotados de entendimiento y habilidad para discernir y que tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey» (Dn. 1:4).

Como muchos de ustedes saben, un joven llamado Daniel se encontró viviendo en esta hermosa ciudad. Una y otra vez se le dio a elegir: ser el verdadero hombre para el que Dios lo creó, sin importar el costo, o comer la comida del rey, inclinarse ante los ídolos y parecerse a todos los demás… Es decir, ponerse el filtro de Babilonia.

Échale un vistazo a los siguientes pasajes que contienen sólo algunos ejemplos de cómo Daniel y sus amigos eligieron ser quienes Dios los llamó a ser, sin importar cómo los hizo ver o qué tan severas fueron las consecuencias.

Daniel 1:8-16 Daniel propuso no contaminarse con la comida del rey. 

Daniel 2:17-24 Daniel arriesgó su vida para interpretar el sueño del rey. 

Daniel 3 Daniel se negó a adorar la estatua de oro del rey

Oro para que veas en estos pasajes que la autenticidad (ser lo que realmente somos) es arriesgada y viene a menudo con un costo mundano. Para Daniel y sus amigos significaba ser visto como extraño o diferente, ser arrojado a un horno de fuego y ser compañero de cuarto con un león. Para nosotras, podría significar que nuestros amigos, nuestras hijas, nuestras chicas vean nuestras luchas, pecados y grietas de nuestra armadura.

La autenticidad apunta a las jóvenes hacia Jesús

Sin embargo, hermana, eso también significa que cada falta y mancha que ven en nosotras es una oportunidad para que les muestres a Jesús.

Para dejarles ver cómo tu ruptura halla la bondad de Dios, para permitirles escucharte reconocer el pecado y luego señalar a un Dios que rompe todas las cadenas, para mostrarles que no eres perfecta, pero que Dios es bueno y eso es suficiente.

Estoy llorando porque sé lo que estoy pidiendo.

Pero si cierro mis ojos también puedo ver las paredes siendo derribadas y los corazones siendo ablandados cuando nosotras, las mujeres que están a la cabeza de estas chicas, les mostramos lo que significa ser lo que Dios nos creó para ser. 

Imagina la luz en sus ojos cuando te escuchen decir...

«Dulce niña, yo también».

«He caminado por ese camino».

«¡Estoy luchando con eso ahora mismo!».

Los filtros caerán y la gloria de Dios brillará.

No porque les decimos que son perfectas, sino porque les aseguramos que no lo son, pero que no están solas y que la gracia de Dios es grande. Mujeres imperfectas con un perfecto, infalible y Santo Creador.

A veces me siento con mis hijas y me dicen que se sienten solas y destrozadas. Yo las miro a los ojos y les digo que yo también me siento así.

La autenticidad nos lleva a la honestidad. La honestidad nos lleva a la verdad de quién soy yo y quién es Dios. Y todas estas cosas son mucho mejores que una imagen falsa y perfecta de cualquier otro mundo que podría estar tentada a crear para mí misma.

Hermanas, modelemos la autenticidad ante las jóvenes de nuestras vidas y oremos para que Dios use el desorden que pueden ver en nosotras para magnificar al Dios poderoso. La autenticidad comienza con nosotras.

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